<p>Si las grandes religiones teístas hubiesen surgido después de saberse que la Tierra está a más de 20.000 años luz del centro de la Vía Láctea, una galaxia de tantas, habrían tenido que <strong>hacer malabarismos para convencernos de que los humanos somos protagonistas de algo</strong>. De hecho, es lo que han hecho los nuevos cultos, devolver a la humanidad a la pista central tirando de ciencia ficción clásica (la cienciología) o negando la astrofísica por la vía rápida (el terraplanismo). Los que consumimos ficción de la otra manera también andamos buscando consuelo, que conste. </p>
Somos adictos a las historias porque tienen todo lo que deseamos en nuestras vidas, estructura, propósito y hasta significado. Qué más da si son mentira.
<p>Si las grandes religiones teístas hubiesen surgido después de saberse que la Tierra está a más de 20.000 años luz del centro de la Vía Láctea, una galaxia de tantas, habrían tenido que <strong>hacer malabarismos para convencernos de que los humanos somos protagonistas de algo</strong>. De hecho, es lo que han hecho los nuevos cultos, devolver a la humanidad a la pista central tirando de ciencia ficción clásica (la cienciología) o negando la astrofísica por la vía rápida (el terraplanismo). Los que consumimos ficción de la otra manera también andamos buscando consuelo, que conste. </p>
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