El hospital Reina Sofía está de cumpleaños , y no uno cualquiera: el 3 de abril sopló las 50 velas, convertido en un referente. ABC repasa aquellos primeros años y algunos de sus grandes hitos con cuatro figuras médicas clave en su nacimiento y sus cinco décadas de vida: Manuel Concha; José Suárez de Lezo; Ángel Salvatierra; y Francisco Pérez Jiménez que fueron en él jefes de Servicio de Cirugía Cardiovascular; Cardiología; Cirugía Torácica; y Medicina Interna, respectivamente.El doctor Concha llegó al poco de abrirse: en 1977 . Arribó como jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular -cargo que mantuvo hasta 2005, cuando se incorporó a la sanidad privada-. Tras formarse en el hospital Puerta de Hierro de Madrid y pasar seis años en Valencia (La Fe), explica, tenía «muchas ganas» de regresar a su tierra. Fue uno de los profesionales que arribaron «ilusionados» en «crear» un complejo sanitario que cambiara lo conocido aquí hasta entonces: «En Córdoba, hasta el Reina Sofía, la medicina era normal, la que se dio en la Teniente Coronel Noreña. Pero aquella era una época de nacimiento de grandes hospitales, de cambio de mentalidad con su surgimiento». Y «con un liderazgo de todos», Córdoba vivió esa revolución.Noticia relacionada galeria No No Los primeros años del hospital Reina Sofía de Córdoba, en imágenes ABC CórdobaAunque los comienzos no fueron sencillos. El Reina Sofía , avisa, estaba «muy carente de muchas cosas ». El «plan global» para su puesta en marcha total estaba «parado»: «Fuimos a hablar con el Insalud [la Sanidad era aún competencia del Gobierno central] para que activara el plan y nos decían que era mucho dinero. Pero se logró abrir Cuidados Intensivos, los quirófanos…».Era, sigue, un « trabajo duro . Todo estaba por hacer. Pero era ilusionante ». Sembraban la semilla del éxito, del que da una clave: «Vino gente bien formada en centros nacionales, donde se vivía otro espíritu de la medicina. Teníamos ganas de trabajar y de desarrollar aquí todo lo que veíamos hacer en el extranjero. Tuvimos profesionales que creyeron en este proyecto mientras otros centros, por ejemplo, no se plantearon los trasplantes [acabaron siendo buque insignia del complejo cordobés]».«Fue duro. Todo estaba por hacer, pero era ilusionante» Manuel Concha Exjefe del Servicio de Cirugía CardiovascularUno de esos jóvenes bien formados que arribó al Reina Sofía también en 1977 era José Suárez de Lezo . Nacido en Córdoba, pero formado en Madrid, dejó su plaza en esa región [en el Ramón y Cajal] tras contactarle Concha para enrolarlo en el Reina Sofía. «Él buscaba a alguien interesado en la cardiología. Salió la plaza de jefe de sección en ese campo [entonces inmerso en Medicina Interna], la gané y no dudé. Dejé un futuro que parecía bueno en Madrid y vine a mi querida ciudad », añade.Del ambiente existente cuando llegó, recuerda «que había el deseo de crear un gran hospital , que despuntó desde el principio. Habíamos viajado, conocíamos los grandes centros sanitarios y queríamos que un paciente de nuestra tierra pudiera tener el mismo tratamiento que uno de París. Y hoy, y es un orgullo de todos los cordobeses, es un centro sanitario de primer orden, a nivel mundial». Pero introduce un matiz: «Es uno de los grandes complejos sanitarios consolidados del país, pero palpo cierto estancamiento en cuanto al progreso. Quizás influye el descontento médico, con los profesionales haciendo una huelga justa en todo el país [luchan por cuestiones como lograr un estatuto marco propio]», reflexiona.Hacer «algo distinto»Él también considera que el arranque implicó «un trabajo muy duro , con mucha renuncia, incluso familiar». «Lo mismo atendíamos a un paciente que llevábamos sillas. Y estábamos en el Reina Sofía mañana, tarde y noche». Esa labor en el centro, expone, se acompañaba de viajes «a congresos y reuniones científicas importantes». «A la vuelta siempre había un estímulo para continuar y crecer. Y crecimos», sentencia.Concha señala que vieron que su labor empezaba a « dar fruto », forjando «uno de los hospitales más importantes de España desde una capital de provincia». «Estábamos haciendo algo distinto y era muy gratificante. Siento mucha alegría por la evolución que ha tenido» en este medio siglo, dice.El doctor Concha con Arantxa, una niña trasplantada en el Reina Sofía de corazón en 1989 con 8 años y que hoy tiene 37 años ABCY los éxitos se sucedieron . Por ejemplo, Suárez de Lezo [que salió en 2016, al cumplir la edad obligatoria de jubilación, del Reina Sofía, dejando su cargo de jefe del Servicio de Cardiología] fue uno de los protagonistas de que fuera el primer hospital español en crear un programa para la fase aguda y precoz del infarto de miocardio. En 1982, cambiaron la estrategia al tratarlo, actuando sobre la causa inicial de la obstrucción arterial coronaria. Se logró bajar drásticamente su mortalidad. «Siempre innovábamos», apostilla.Los hitos se multiplicaron; sobre todo con su programa de trasplantes . Éste arrancó en 1979 -con el de riñón-. Una jornada inolvidable fue la del 10 de mayo de 1986 cuando el centro hizo el primero de corazón en Andalucía , con Concha como gran responsable. «Queríamos crear un gran centro. Desde el principio, despuntó» José Suárez de Lezo Exjefe del Servicio de CardiologíaEste doctor avisa de que «aquello vino precedido de mucho aprendizaje , de conocer los avances para dominar el rechazo, de ir a Inglaterra para acreditarnos en dos centros pioneros en trasplantes, de trabajo experimental en quirófano… Fue una labor de mucha gente». Entre sus sentimientos, antes de esa operación, estuvo también el peso de la «responsabilidad» por el prestigio del hospital: «Si salía mal, algunos dirían: »¿A quién se le ocurre hacer ese trasplante en Córdoba?». Éramos los terceros en España en realizarlo». Pero todo fue bien y, mientras observaba la buena evolución del paciente, confiesa que sintió «mucha alegría».Otro injerto histórico lo protagonizó años después el doctor Salvatierra : fue responsable el 28 de octubre de 1993 del primero de pulmón en Andalucía. Este profesional sanitario gaditano se incorporó al Reina Sofía en 1984 y lo hizo con una idea en mente: «Quería hacer el trasplante de ese órgano y sabía que allí podía hacerlo». Y así fue.Cateterismo cardiaco en 1983 en el que participa el doctor Suárez de Lezo ABCAquella operación fue fruto, asegura como Concha, de «una preparación muy ardua y extensa»: «Al poco de aterrizar aquí [en Cirugía Torácica, Servicio del que llegó a ser jefe de 2005 a 2024, cuando se jubila] desde el Ramón y Cajal, ya se estaba creando el ambiente para hacerlo».Aunque la intervención fue exitosa, fue una jornada con dificultades. «Fuimos a por los pulmones a Granada. A la vuelta, teníamos niebla en Córdoba y nos desviaron a Sevilla. El tiempo de isquemia del pulmón es muy corto, resiste muy poco fuera del cuerpo. Y llegamos con mucho estrés », relata. Pero, añade, «la operación nos resultó enormemente sencilla, pese a ser el trasplante más complejo, a mí y a todo el grupo». Porque, destaca, «estas operaciones las hace un gran equipo. Participan todas las unidades del Reina Sofía».«El hito más importante del hospital han sido los trasplantes» Ángel Salvatierra Exjefe de Cirugía TorácicaCuando se vio que la paciente evolucionaba bien, rescata de su memoria el « orgullo » que sintió al comprobar que el «esfuerzo del grupo tenía fruto en una persona que no podía vivir hasta entonces y que ya lo hacía con normalidad». «Los trasplantes han sido el hito más importante del Reina Sofía . Fue pionero y es referencia mundial», sostiene.’Espíritu del Reina Sofía’Recuerda de su llegada al hospital en 1984 que «aquí habían aterrizado profesionales muy bien formados . Venían de grandes centros sanitarios y tenían la ilusión de crear un muy buen hospital y hoy, y estoy orgulloso de ello, está considerado uno de los mejores del país. Fueron un motor para que la evolución fuera exponencial y se impulsara una medicina de altísima calidad. Eso se ha dado en poquísimos hospitales».Entonces, detectó lo que se da en llamar el ‘ espíritu del Reina Sofía ‘. Se basa, expone, «en la cooperación entre áreas para hacer avanzar al hospital y con ello el servicio al paciente»: «Hay una constante evolución para ser pioneros. Todos contribuyen, además, a que la población se sienta cubierta por él, con lo que hay una gran conexión de ciudad y hospital. Ahí, está el hecho de que la tasa de donación de órganos del Reina Sofía sea la mayor de España». «Sin el Imibic, no hubiera sido posible el nivel de investigación del hospital» Francisco Pérez Jiménez Exjefe del Servicio de Medicina Interna y exdirector científico del ImibicY hubo más días relevantes en estos 50 años, como los ligados a la investigación -otro campo en el que brilla, como en los trasplantes o la calidad asistencial-. Para el recuerdo, queda el 24 de abril de 2008: nacía el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica ( Imibic ), de la mano de la Junta y la Universidad de Córdoba (UCO) y cuyo núcleo es el Reina Sofía. Su primer director científico fue el doctor Pérez Jiménez -arribó al Reina Sofía en 1977-, que estuvo en el cargo hasta 2015.El Instituto, resalta, «ofrece a los médicos investigadores recursos y personal que no sería posible tener en el hospital. Contrata, por ejemplo, ingenieros o técnicos especializados en el manejo de equipamientos difíciles, que no son directamente de una formación sanitaria. A eso se le une la colaboración con los profesores de la Universidad». Da, ahonda, «un impulso tremendo » a hospital y UCO : «Año a año, produce más ciencia y más conocimiento. El nivel de investigación actual del Reina Sofía no hubiera sido posible sin este centro».El doctor Pérez Jiménez en la presentación de la memoria de actividad del Imibic de 2010 V. M.Pudo gestarse, expone, gracias a la « generosa visión de las cúpulas de la UCO y del Reina Sofía ». «Y eso no ha pasado en otros sitios, pues tradicionalmente universidades y hospitales públicos han estado enfrentados». Vencieron, además, el «escepticismo» inicial de la Consejería de Salud, rememora, y lograron poner en marcha el que fue instituto de investigación médica «número trece de España, que estaban básicamente en Madrid, donde había cuatro o cinco, y en Barcelona, que tenía otros tantos».Cuando este investigador granadino rebobina su mente hasta 1977 , año de llegada al Reina Sofía , explica que, tras formarse y lograr un puesto en La Paz (Madrid), ganó una plaza de Medicina Interna en el Reina Sofía -fue su jefe de Servicio de 2002 a 2017, cuando dejó el centro al cumplir la edad legal de jubilación-. Quiso venir aquí porque «deseaba volcar mi esfuerzo en mi tierra».Del formidable trabajo que tenían por delante -«Del que no fuimos conscientes»- da idea un aspecto que comenta: «Cuando llegamos aquí, durante años vimos un tipo de enfermo que cambiaba lo que abordábamos en Madrid: era una bolsa de pacientes que llevaban enfermos muchos años por no haber habido aquí una estructura sanitaria potente». Cincuenta años después, confiesa sentir «satisfacción» por «el éxito colectivo logrado» pero también «cierta inquietud de que no se frustre por inconvenientes como la crisis que vive la medicina en España». El hospital Reina Sofía está de cumpleaños , y no uno cualquiera: el 3 de abril sopló las 50 velas, convertido en un referente. ABC repasa aquellos primeros años y algunos de sus grandes hitos con cuatro figuras médicas clave en su nacimiento y sus cinco décadas de vida: Manuel Concha; José Suárez de Lezo; Ángel Salvatierra; y Francisco Pérez Jiménez que fueron en él jefes de Servicio de Cirugía Cardiovascular; Cardiología; Cirugía Torácica; y Medicina Interna, respectivamente.El doctor Concha llegó al poco de abrirse: en 1977 . Arribó como jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular -cargo que mantuvo hasta 2005, cuando se incorporó a la sanidad privada-. Tras formarse en el hospital Puerta de Hierro de Madrid y pasar seis años en Valencia (La Fe), explica, tenía «muchas ganas» de regresar a su tierra. Fue uno de los profesionales que arribaron «ilusionados» en «crear» un complejo sanitario que cambiara lo conocido aquí hasta entonces: «En Córdoba, hasta el Reina Sofía, la medicina era normal, la que se dio en la Teniente Coronel Noreña. Pero aquella era una época de nacimiento de grandes hospitales, de cambio de mentalidad con su surgimiento». Y «con un liderazgo de todos», Córdoba vivió esa revolución.Noticia relacionada galeria No No Los primeros años del hospital Reina Sofía de Córdoba, en imágenes ABC CórdobaAunque los comienzos no fueron sencillos. El Reina Sofía , avisa, estaba «muy carente de muchas cosas ». El «plan global» para su puesta en marcha total estaba «parado»: «Fuimos a hablar con el Insalud [la Sanidad era aún competencia del Gobierno central] para que activara el plan y nos decían que era mucho dinero. Pero se logró abrir Cuidados Intensivos, los quirófanos…».Era, sigue, un « trabajo duro . Todo estaba por hacer. Pero era ilusionante ». Sembraban la semilla del éxito, del que da una clave: «Vino gente bien formada en centros nacionales, donde se vivía otro espíritu de la medicina. Teníamos ganas de trabajar y de desarrollar aquí todo lo que veíamos hacer en el extranjero. Tuvimos profesionales que creyeron en este proyecto mientras otros centros, por ejemplo, no se plantearon los trasplantes [acabaron siendo buque insignia del complejo cordobés]».«Fue duro. Todo estaba por hacer, pero era ilusionante» Manuel Concha Exjefe del Servicio de Cirugía CardiovascularUno de esos jóvenes bien formados que arribó al Reina Sofía también en 1977 era José Suárez de Lezo . Nacido en Córdoba, pero formado en Madrid, dejó su plaza en esa región [en el Ramón y Cajal] tras contactarle Concha para enrolarlo en el Reina Sofía. «Él buscaba a alguien interesado en la cardiología. Salió la plaza de jefe de sección en ese campo [entonces inmerso en Medicina Interna], la gané y no dudé. Dejé un futuro que parecía bueno en Madrid y vine a mi querida ciudad », añade.Del ambiente existente cuando llegó, recuerda «que había el deseo de crear un gran hospital , que despuntó desde el principio. Habíamos viajado, conocíamos los grandes centros sanitarios y queríamos que un paciente de nuestra tierra pudiera tener el mismo tratamiento que uno de París. Y hoy, y es un orgullo de todos los cordobeses, es un centro sanitario de primer orden, a nivel mundial». Pero introduce un matiz: «Es uno de los grandes complejos sanitarios consolidados del país, pero palpo cierto estancamiento en cuanto al progreso. Quizás influye el descontento médico, con los profesionales haciendo una huelga justa en todo el país [luchan por cuestiones como lograr un estatuto marco propio]», reflexiona.Hacer «algo distinto»Él también considera que el arranque implicó «un trabajo muy duro , con mucha renuncia, incluso familiar». «Lo mismo atendíamos a un paciente que llevábamos sillas. Y estábamos en el Reina Sofía mañana, tarde y noche». Esa labor en el centro, expone, se acompañaba de viajes «a congresos y reuniones científicas importantes». «A la vuelta siempre había un estímulo para continuar y crecer. Y crecimos», sentencia.Concha señala que vieron que su labor empezaba a « dar fruto », forjando «uno de los hospitales más importantes de España desde una capital de provincia». «Estábamos haciendo algo distinto y era muy gratificante. Siento mucha alegría por la evolución que ha tenido» en este medio siglo, dice.El doctor Concha con Arantxa, una niña trasplantada en el Reina Sofía de corazón en 1989 con 8 años y que hoy tiene 37 años ABCY los éxitos se sucedieron . Por ejemplo, Suárez de Lezo [que salió en 2016, al cumplir la edad obligatoria de jubilación, del Reina Sofía, dejando su cargo de jefe del Servicio de Cardiología] fue uno de los protagonistas de que fuera el primer hospital español en crear un programa para la fase aguda y precoz del infarto de miocardio. En 1982, cambiaron la estrategia al tratarlo, actuando sobre la causa inicial de la obstrucción arterial coronaria. Se logró bajar drásticamente su mortalidad. «Siempre innovábamos», apostilla.Los hitos se multiplicaron; sobre todo con su programa de trasplantes . Éste arrancó en 1979 -con el de riñón-. Una jornada inolvidable fue la del 10 de mayo de 1986 cuando el centro hizo el primero de corazón en Andalucía , con Concha como gran responsable. «Queríamos crear un gran centro. Desde el principio, despuntó» José Suárez de Lezo Exjefe del Servicio de CardiologíaEste doctor avisa de que «aquello vino precedido de mucho aprendizaje , de conocer los avances para dominar el rechazo, de ir a Inglaterra para acreditarnos en dos centros pioneros en trasplantes, de trabajo experimental en quirófano… Fue una labor de mucha gente». Entre sus sentimientos, antes de esa operación, estuvo también el peso de la «responsabilidad» por el prestigio del hospital: «Si salía mal, algunos dirían: »¿A quién se le ocurre hacer ese trasplante en Córdoba?». Éramos los terceros en España en realizarlo». Pero todo fue bien y, mientras observaba la buena evolución del paciente, confiesa que sintió «mucha alegría».Otro injerto histórico lo protagonizó años después el doctor Salvatierra : fue responsable el 28 de octubre de 1993 del primero de pulmón en Andalucía. Este profesional sanitario gaditano se incorporó al Reina Sofía en 1984 y lo hizo con una idea en mente: «Quería hacer el trasplante de ese órgano y sabía que allí podía hacerlo». Y así fue.Cateterismo cardiaco en 1983 en el que participa el doctor Suárez de Lezo ABCAquella operación fue fruto, asegura como Concha, de «una preparación muy ardua y extensa»: «Al poco de aterrizar aquí [en Cirugía Torácica, Servicio del que llegó a ser jefe de 2005 a 2024, cuando se jubila] desde el Ramón y Cajal, ya se estaba creando el ambiente para hacerlo».Aunque la intervención fue exitosa, fue una jornada con dificultades. «Fuimos a por los pulmones a Granada. A la vuelta, teníamos niebla en Córdoba y nos desviaron a Sevilla. El tiempo de isquemia del pulmón es muy corto, resiste muy poco fuera del cuerpo. Y llegamos con mucho estrés », relata. Pero, añade, «la operación nos resultó enormemente sencilla, pese a ser el trasplante más complejo, a mí y a todo el grupo». Porque, destaca, «estas operaciones las hace un gran equipo. Participan todas las unidades del Reina Sofía».«El hito más importante del hospital han sido los trasplantes» Ángel Salvatierra Exjefe de Cirugía TorácicaCuando se vio que la paciente evolucionaba bien, rescata de su memoria el « orgullo » que sintió al comprobar que el «esfuerzo del grupo tenía fruto en una persona que no podía vivir hasta entonces y que ya lo hacía con normalidad». «Los trasplantes han sido el hito más importante del Reina Sofía . Fue pionero y es referencia mundial», sostiene.’Espíritu del Reina Sofía’Recuerda de su llegada al hospital en 1984 que «aquí habían aterrizado profesionales muy bien formados . Venían de grandes centros sanitarios y tenían la ilusión de crear un muy buen hospital y hoy, y estoy orgulloso de ello, está considerado uno de los mejores del país. Fueron un motor para que la evolución fuera exponencial y se impulsara una medicina de altísima calidad. Eso se ha dado en poquísimos hospitales».Entonces, detectó lo que se da en llamar el ‘ espíritu del Reina Sofía ‘. Se basa, expone, «en la cooperación entre áreas para hacer avanzar al hospital y con ello el servicio al paciente»: «Hay una constante evolución para ser pioneros. Todos contribuyen, además, a que la población se sienta cubierta por él, con lo que hay una gran conexión de ciudad y hospital. Ahí, está el hecho de que la tasa de donación de órganos del Reina Sofía sea la mayor de España». «Sin el Imibic, no hubiera sido posible el nivel de investigación del hospital» Francisco Pérez Jiménez Exjefe del Servicio de Medicina Interna y exdirector científico del ImibicY hubo más días relevantes en estos 50 años, como los ligados a la investigación -otro campo en el que brilla, como en los trasplantes o la calidad asistencial-. Para el recuerdo, queda el 24 de abril de 2008: nacía el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica ( Imibic ), de la mano de la Junta y la Universidad de Córdoba (UCO) y cuyo núcleo es el Reina Sofía. Su primer director científico fue el doctor Pérez Jiménez -arribó al Reina Sofía en 1977-, que estuvo en el cargo hasta 2015.El Instituto, resalta, «ofrece a los médicos investigadores recursos y personal que no sería posible tener en el hospital. Contrata, por ejemplo, ingenieros o técnicos especializados en el manejo de equipamientos difíciles, que no son directamente de una formación sanitaria. A eso se le une la colaboración con los profesores de la Universidad». Da, ahonda, «un impulso tremendo » a hospital y UCO : «Año a año, produce más ciencia y más conocimiento. El nivel de investigación actual del Reina Sofía no hubiera sido posible sin este centro».El doctor Pérez Jiménez en la presentación de la memoria de actividad del Imibic de 2010 V. M.Pudo gestarse, expone, gracias a la « generosa visión de las cúpulas de la UCO y del Reina Sofía ». «Y eso no ha pasado en otros sitios, pues tradicionalmente universidades y hospitales públicos han estado enfrentados». Vencieron, además, el «escepticismo» inicial de la Consejería de Salud, rememora, y lograron poner en marcha el que fue instituto de investigación médica «número trece de España, que estaban básicamente en Madrid, donde había cuatro o cinco, y en Barcelona, que tenía otros tantos».Cuando este investigador granadino rebobina su mente hasta 1977 , año de llegada al Reina Sofía , explica que, tras formarse y lograr un puesto en La Paz (Madrid), ganó una plaza de Medicina Interna en el Reina Sofía -fue su jefe de Servicio de 2002 a 2017, cuando dejó el centro al cumplir la edad legal de jubilación-. Quiso venir aquí porque «deseaba volcar mi esfuerzo en mi tierra».Del formidable trabajo que tenían por delante -«Del que no fuimos conscientes»- da idea un aspecto que comenta: «Cuando llegamos aquí, durante años vimos un tipo de enfermo que cambiaba lo que abordábamos en Madrid: era una bolsa de pacientes que llevaban enfermos muchos años por no haber habido aquí una estructura sanitaria potente». Cincuenta años después, confiesa sentir «satisfacción» por «el éxito colectivo logrado» pero también «cierta inquietud de que no se frustre por inconvenientes como la crisis que vive la medicina en España». El hospital Reina Sofía está de cumpleaños , y no uno cualquiera: el 3 de abril sopló las 50 velas, convertido en un referente. ABC repasa aquellos primeros años y algunos de sus grandes hitos con cuatro figuras médicas clave en su nacimiento y sus cinco décadas de vida: Manuel Concha; José Suárez de Lezo; Ángel Salvatierra; y Francisco Pérez Jiménez que fueron en él jefes de Servicio de Cirugía Cardiovascular; Cardiología; Cirugía Torácica; y Medicina Interna, respectivamente.El doctor Concha llegó al poco de abrirse: en 1977 . Arribó como jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular -cargo que mantuvo hasta 2005, cuando se incorporó a la sanidad privada-. Tras formarse en el hospital Puerta de Hierro de Madrid y pasar seis años en Valencia (La Fe), explica, tenía «muchas ganas» de regresar a su tierra. Fue uno de los profesionales que arribaron «ilusionados» en «crear» un complejo sanitario que cambiara lo conocido aquí hasta entonces: «En Córdoba, hasta el Reina Sofía, la medicina era normal, la que se dio en la Teniente Coronel Noreña. Pero aquella era una época de nacimiento de grandes hospitales, de cambio de mentalidad con su surgimiento». Y «con un liderazgo de todos», Córdoba vivió esa revolución.Noticia relacionada galeria No No Los primeros años del hospital Reina Sofía de Córdoba, en imágenes ABC CórdobaAunque los comienzos no fueron sencillos. El Reina Sofía , avisa, estaba «muy carente de muchas cosas ». El «plan global» para su puesta en marcha total estaba «parado»: «Fuimos a hablar con el Insalud [la Sanidad era aún competencia del Gobierno central] para que activara el plan y nos decían que era mucho dinero. Pero se logró abrir Cuidados Intensivos, los quirófanos…».Era, sigue, un « trabajo duro . Todo estaba por hacer. Pero era ilusionante ». Sembraban la semilla del éxito, del que da una clave: «Vino gente bien formada en centros nacionales, donde se vivía otro espíritu de la medicina. Teníamos ganas de trabajar y de desarrollar aquí todo lo que veíamos hacer en el extranjero. Tuvimos profesionales que creyeron en este proyecto mientras otros centros, por ejemplo, no se plantearon los trasplantes [acabaron siendo buque insignia del complejo cordobés]».«Fue duro. Todo estaba por hacer, pero era ilusionante» Manuel Concha Exjefe del Servicio de Cirugía CardiovascularUno de esos jóvenes bien formados que arribó al Reina Sofía también en 1977 era José Suárez de Lezo . Nacido en Córdoba, pero formado en Madrid, dejó su plaza en esa región [en el Ramón y Cajal] tras contactarle Concha para enrolarlo en el Reina Sofía. «Él buscaba a alguien interesado en la cardiología. Salió la plaza de jefe de sección en ese campo [entonces inmerso en Medicina Interna], la gané y no dudé. Dejé un futuro que parecía bueno en Madrid y vine a mi querida ciudad », añade.Del ambiente existente cuando llegó, recuerda «que había el deseo de crear un gran hospital , que despuntó desde el principio. Habíamos viajado, conocíamos los grandes centros sanitarios y queríamos que un paciente de nuestra tierra pudiera tener el mismo tratamiento que uno de París. Y hoy, y es un orgullo de todos los cordobeses, es un centro sanitario de primer orden, a nivel mundial». Pero introduce un matiz: «Es uno de los grandes complejos sanitarios consolidados del país, pero palpo cierto estancamiento en cuanto al progreso. Quizás influye el descontento médico, con los profesionales haciendo una huelga justa en todo el país [luchan por cuestiones como lograr un estatuto marco propio]», reflexiona.Hacer «algo distinto»Él también considera que el arranque implicó «un trabajo muy duro , con mucha renuncia, incluso familiar». «Lo mismo atendíamos a un paciente que llevábamos sillas. Y estábamos en el Reina Sofía mañana, tarde y noche». Esa labor en el centro, expone, se acompañaba de viajes «a congresos y reuniones científicas importantes». «A la vuelta siempre había un estímulo para continuar y crecer. Y crecimos», sentencia.Concha señala que vieron que su labor empezaba a « dar fruto », forjando «uno de los hospitales más importantes de España desde una capital de provincia». «Estábamos haciendo algo distinto y era muy gratificante. Siento mucha alegría por la evolución que ha tenido» en este medio siglo, dice.El doctor Concha con Arantxa, una niña trasplantada en el Reina Sofía de corazón en 1989 con 8 años y que hoy tiene 37 años ABCY los éxitos se sucedieron . Por ejemplo, Suárez de Lezo [que salió en 2016, al cumplir la edad obligatoria de jubilación, del Reina Sofía, dejando su cargo de jefe del Servicio de Cardiología] fue uno de los protagonistas de que fuera el primer hospital español en crear un programa para la fase aguda y precoz del infarto de miocardio. En 1982, cambiaron la estrategia al tratarlo, actuando sobre la causa inicial de la obstrucción arterial coronaria. Se logró bajar drásticamente su mortalidad. «Siempre innovábamos», apostilla.Los hitos se multiplicaron; sobre todo con su programa de trasplantes . Éste arrancó en 1979 -con el de riñón-. Una jornada inolvidable fue la del 10 de mayo de 1986 cuando el centro hizo el primero de corazón en Andalucía , con Concha como gran responsable. «Queríamos crear un gran centro. Desde el principio, despuntó» José Suárez de Lezo Exjefe del Servicio de CardiologíaEste doctor avisa de que «aquello vino precedido de mucho aprendizaje , de conocer los avances para dominar el rechazo, de ir a Inglaterra para acreditarnos en dos centros pioneros en trasplantes, de trabajo experimental en quirófano… Fue una labor de mucha gente». Entre sus sentimientos, antes de esa operación, estuvo también el peso de la «responsabilidad» por el prestigio del hospital: «Si salía mal, algunos dirían: »¿A quién se le ocurre hacer ese trasplante en Córdoba?». Éramos los terceros en España en realizarlo». Pero todo fue bien y, mientras observaba la buena evolución del paciente, confiesa que sintió «mucha alegría».Otro injerto histórico lo protagonizó años después el doctor Salvatierra : fue responsable el 28 de octubre de 1993 del primero de pulmón en Andalucía. Este profesional sanitario gaditano se incorporó al Reina Sofía en 1984 y lo hizo con una idea en mente: «Quería hacer el trasplante de ese órgano y sabía que allí podía hacerlo». Y así fue.Cateterismo cardiaco en 1983 en el que participa el doctor Suárez de Lezo ABCAquella operación fue fruto, asegura como Concha, de «una preparación muy ardua y extensa»: «Al poco de aterrizar aquí [en Cirugía Torácica, Servicio del que llegó a ser jefe de 2005 a 2024, cuando se jubila] desde el Ramón y Cajal, ya se estaba creando el ambiente para hacerlo».Aunque la intervención fue exitosa, fue una jornada con dificultades. «Fuimos a por los pulmones a Granada. A la vuelta, teníamos niebla en Córdoba y nos desviaron a Sevilla. El tiempo de isquemia del pulmón es muy corto, resiste muy poco fuera del cuerpo. Y llegamos con mucho estrés », relata. Pero, añade, «la operación nos resultó enormemente sencilla, pese a ser el trasplante más complejo, a mí y a todo el grupo». Porque, destaca, «estas operaciones las hace un gran equipo. Participan todas las unidades del Reina Sofía».«El hito más importante del hospital han sido los trasplantes» Ángel Salvatierra Exjefe de Cirugía TorácicaCuando se vio que la paciente evolucionaba bien, rescata de su memoria el « orgullo » que sintió al comprobar que el «esfuerzo del grupo tenía fruto en una persona que no podía vivir hasta entonces y que ya lo hacía con normalidad». «Los trasplantes han sido el hito más importante del Reina Sofía . Fue pionero y es referencia mundial», sostiene.’Espíritu del Reina Sofía’Recuerda de su llegada al hospital en 1984 que «aquí habían aterrizado profesionales muy bien formados . Venían de grandes centros sanitarios y tenían la ilusión de crear un muy buen hospital y hoy, y estoy orgulloso de ello, está considerado uno de los mejores del país. Fueron un motor para que la evolución fuera exponencial y se impulsara una medicina de altísima calidad. Eso se ha dado en poquísimos hospitales».Entonces, detectó lo que se da en llamar el ‘ espíritu del Reina Sofía ‘. Se basa, expone, «en la cooperación entre áreas para hacer avanzar al hospital y con ello el servicio al paciente»: «Hay una constante evolución para ser pioneros. Todos contribuyen, además, a que la población se sienta cubierta por él, con lo que hay una gran conexión de ciudad y hospital. Ahí, está el hecho de que la tasa de donación de órganos del Reina Sofía sea la mayor de España». «Sin el Imibic, no hubiera sido posible el nivel de investigación del hospital» Francisco Pérez Jiménez Exjefe del Servicio de Medicina Interna y exdirector científico del ImibicY hubo más días relevantes en estos 50 años, como los ligados a la investigación -otro campo en el que brilla, como en los trasplantes o la calidad asistencial-. Para el recuerdo, queda el 24 de abril de 2008: nacía el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica ( Imibic ), de la mano de la Junta y la Universidad de Córdoba (UCO) y cuyo núcleo es el Reina Sofía. Su primer director científico fue el doctor Pérez Jiménez -arribó al Reina Sofía en 1977-, que estuvo en el cargo hasta 2015.El Instituto, resalta, «ofrece a los médicos investigadores recursos y personal que no sería posible tener en el hospital. Contrata, por ejemplo, ingenieros o técnicos especializados en el manejo de equipamientos difíciles, que no son directamente de una formación sanitaria. A eso se le une la colaboración con los profesores de la Universidad». Da, ahonda, «un impulso tremendo » a hospital y UCO : «Año a año, produce más ciencia y más conocimiento. El nivel de investigación actual del Reina Sofía no hubiera sido posible sin este centro».El doctor Pérez Jiménez en la presentación de la memoria de actividad del Imibic de 2010 V. M.Pudo gestarse, expone, gracias a la « generosa visión de las cúpulas de la UCO y del Reina Sofía ». «Y eso no ha pasado en otros sitios, pues tradicionalmente universidades y hospitales públicos han estado enfrentados». Vencieron, además, el «escepticismo» inicial de la Consejería de Salud, rememora, y lograron poner en marcha el que fue instituto de investigación médica «número trece de España, que estaban básicamente en Madrid, donde había cuatro o cinco, y en Barcelona, que tenía otros tantos».Cuando este investigador granadino rebobina su mente hasta 1977 , año de llegada al Reina Sofía , explica que, tras formarse y lograr un puesto en La Paz (Madrid), ganó una plaza de Medicina Interna en el Reina Sofía -fue su jefe de Servicio de 2002 a 2017, cuando dejó el centro al cumplir la edad legal de jubilación-. Quiso venir aquí porque «deseaba volcar mi esfuerzo en mi tierra».Del formidable trabajo que tenían por delante -«Del que no fuimos conscientes»- da idea un aspecto que comenta: «Cuando llegamos aquí, durante años vimos un tipo de enfermo que cambiaba lo que abordábamos en Madrid: era una bolsa de pacientes que llevaban enfermos muchos años por no haber habido aquí una estructura sanitaria potente». Cincuenta años después, confiesa sentir «satisfacción» por «el éxito colectivo logrado» pero también «cierta inquietud de que no se frustre por inconvenientes como la crisis que vive la medicina en España». RSS de noticias de espana/andalucia
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