Fue un final surrealista el que se vivió en el Sánchez Pizjuán. Ocho minutos de locura resumidos en un paradón de Odysseas en el 98 al lanzamiento de penalti de Stuani. Pero conviene analizar bien todo lo sucedido. Con el 0-1 en el marcador, un resbalón inoportuno de Echeverri permitió a Kike Salas anotar, con un golazo, el empate en el minuto 92. El Sevilla había mejorado en el segundo acto, pero su ejercicio de impotencia solo encontró premio en el disparo del central canterano, que le pegó con el alma. Tres minutos después, el Sevilla, volcado en ataque, se vio sorprendido en un contragolpe en el que Echeverri puso de cara al gol a Iván Martín. Suazo arrolló al jugador del Girona y Gil Manzano decretó el claro penalti. Sin embargo, el guion del partido todavía se enredó mucho más. Michel, el entrenador del Girona, decidió que Stuani, que estaba calentando en la banda, saliera solo para golpear la pena máxima. Un cambio típico del balonmano que venía avalado por el hecho de que el uruguayo solo había fallado uno de sus 28 penaltis anteriores. La decisión del entrenador, bastante arriesgada, no salió bien para sus intereses. Odysseas voló a su izquierda para detener el lanzamiento de Stuani. El portero griego puso de esta forma el colofón a su extraordinario partido.
Míchel sacó al delantero del Girona solo para lanzar la pena máxima después de que Kike Salas empatara en el minuto 92
Fue un final surrealista el que se vivió en el Sánchez Pizjuán. Ocho minutos de locura resumidos en un paradón de Odysseas en el 98 al lanzamiento de penalti de Stuani. Pero conviene analizar bien todo lo sucedido. Con el 0-1 en el marcador, un resbalón inoportuno de Echeverri permitió a Kike Salas anotar, con un golazo, el empate en el minuto 92. El Sevilla había mejorado en el segundo acto, pero su ejercicio de impotencia solo encontró premio en el disparo del central canterano, que le pegó con el alma. Tres minutos después, el Sevilla, volcado en ataque, se vio sorprendido en un contragolpe en el que Echeverri puso de cara al gol a Iván Martín. Suazo arrolló al jugador del Girona y Gil Manzano decretó el claro penalti. Sin embargo, el guion del partido todavía se enredó mucho más. Michel, el entrenador del Girona, decidió que Stuani, que estaba calentando en la banda, saliera solo para golpear la pena máxima. Un cambio típico del balonmano que venía avalado por el hecho de que el uruguayo solo había fallado uno de sus 28 penaltis anteriores. La decisión del entrenador, bastante arriesgada, no salió bien para sus intereses. Odysseas voló a su izquierda para detener el lanzamiento de Stuani. El portero griego puso de esta forma el colofón a su extraordinario partido.
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