En un mundo en el que la incertidumbre se ha instalado con fuerza y en el que reina el pesimismo generalizado en muchos ámbitos, el filósofo y pedagogo Francesc Torralba se pregunta qué hace que algunos seres humanos se levanten cada vez que caen, mientras que otros se hunden en el desencanto. Para hacer una reflexión sobre este asunto, ha escrito el ensayo ‘Anatomía de la esperanza’ en el que aborda qué nos mantiene en pie cuando todo parece perdido. -¿Qué es para usted la esperanza?-Es una virtud y es un valor. Es confianza en el futuro, una actitud frente a la vida que consiste en entrever posibilidades. Y, por lo tanto, es todo lo contrario al desánimo y la desesperación.-¿Cómo se puede dar la vuelta a ese desánimo y convertirlo en alivio? ¿Se puede revertir esa situación, esos pensamientos, en una sociedad marcada por informaciones que generan desánimo?-Es verdad que los estímulos que nos llegan de las informaciones son muy negativos y generan un clima de desencanto, de escepticismo, incluso de desesperación. Lo veo muchos días en en aula en el que doy clase. Tengo muchos jóvenes en los que constato este clima de desánimo y desesperación. Precisamente por ello es tan relevante y tan necesaria la esperanza como una especie de oxígeno espiritual que nos permite seguir con nuestros proyectos, ilusiones, con nuestros sueños.Noticia relacionada general No No Ana León, psicóloga «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos» Laura PeraitaNo obstante, hay dos argumentos muy fuertes. El primero es que una cosa es la noticia que nos llega y lo que vemos en las redes, y otra muy distinta es la realidad. Si un profesor maltrata a un alumno, es noticia; pero si miles de profesores se entregan en el aula cada día para mejorar los conocimientos de sus alumnos es ignorado o no es noticia. Creo que tenemos que ser capaces de distinguir lo que es la realidad. Y la realidad es que hay un ejército de personas que diariamente luchan para mejorar la calidad de vida de los demás, pero no son noticia, son invisibles, completamente ignorados. El otro argumento tiene que ver con que en la historia ha habido momentos muy críticos -guerras, posguerras…-, y el tiempo ha demostrado que somos capaces de reconstruir. Sólo hace falta recordar, por ejemplo, cómo estaba Europa en el 45 o la cantidad de países que han incorporado la democracia en los últimos 50 años. Es decir, somos capaces de construir juntos sueños difíciles. Hay una serie de datos históricos que a veces olvidamos o perdemos de vista, pero que nos permiten dar argumentos de que es posible cambiar las cosas, mejorar la situación, aunque no de manera inmediata ni solitariamente, como subrayo mucho en el libro.-¿De qué depende que unas personas sean más esperanzadoras que otras?-Es un enigma. No deja de ser un misterio que haya personas que tengan esta mirada esperanzada, a pesar de haber sufrido mucho, tenido muchos fracasos y desastres en la vida, y que otros, que han disfrutado en entornos muy cómodos y confortables, tengan muy poca esperanza y contemplen un escenario de futuro distópico. La mirada lo es todo; hay quien ve solo ruinas y quien ve los brotes verdes. La esperanza significa confiar en abrir paso a los sueños difíciles, encauzarlos y hacerlos realidad.-¿Cómo explica que haya personas que en situaciones muy difíciles, como es enfrentarse a un cáncer, se fortalezcan como nunca antes lo habían hecho?-En primer lugar destacaría que depende mucho de si el paciente se encuentra solo o acompañado. Muchas personas se desesperan porque viven una situación de soledad no deseada, y se encuentran solas ante situaciones que les sobrepasan. Hay que tener muy en cuenta el factor comunidad; si se siente atendido, cuidado, protegido, sostenido por la familia, los amigos, etc., es más fácil sobrellevar la situación. En segundo lugar, hay personas que cuando viven una situación difícil o de fracaso hacen un aprendizaje y tratan de intentarlo de nuevo. Es como cuando recibo a un estudiante que ha suspendido todas las asignaturas y en la tutoría le pregunto que qué ha aprendido y me responde que tiene que dedicar más tiempo a la Universidad, que no puede dejarlo para el último día… Es decir, hay personas que se enfrentan a situaciones de un modo distinto porque han hecho aprendizajes, fruto de sus fracasos anteriores o de sus problemas. Otras no, prefieren culpar al entorno y a los demás de sus fracasos y carencias. – En en el libro también destaca la importancia de la paciencia para no caer en el desánimo, peor lo cierto es que vivimos en el mundo de la inmediatez. ¿Qué ocurre entonces?-Por eso la reivindico, porque todos los grandes objetivos -acabar una carrera, escribir un libro, tener una familia, educar a hijos…- requieren paciencia. -Pero, entonces, ¿considera que se puede superar la cultura de la inmediatez? -Claro, nos hemos acostumbrado que a golpe de teclado se hacen realidad todos nuestros deseos: quiero una pizza, tecleo y la tengo; quiero un libro, tecleo y lo tengo… En cambio, los objetivos nobles o difíciles requieren paciencia porque, por ejemplo, educar a un niño no se puede hacer inmediatamente, hay que repetir una y otra vez que las cosas se piden por favor para que lo integre y aprenda. El problema es que la paciencia es una virtud muy olvidada, como la esperanza. Nos hemos mal acostumbrado, especialmente con la tecnología que a golpe de teclado. Todos nuestros objetivos o deseos se hacen inmediatamente realidad y hay cada vez más intolerancia a la espera. Nos pasa en un peaje, en el ascensor, en la consulta del médico… ya no queremos esperar nada. ¡Eso es terrible! -¿Hay vuelta atrás para recuperar la paciencia y poder ser más esperanzadores?-Creo que sí hay vuelta atrás. Es más, nos damos cuenta de que los objetivos difíciles que nos planteamos requieren no solo paciencia, también constancia y creatividad porque a veces no ves la salida a una situación y hay que buscar la rendija para buscar el espacio para poder cruzar el muro. Se dice que el árbol es un árbol, pero antes fue una semilla, y de la semilla al árbol hay muchas horas de viento, sol y lluvia. -¿Mostramos actualmente más esperanza en nosotros mismos o en los demás?-Hay personas que tienen una profunda crisis de autoestima y no creen en sí mismos y que por lo tanto no confían en poder realizar ningún proyecto. «No no puedo empezar la carrera de Medicina porque no soy capaz, no seré capaz de hablar en público, no seré capaz de encontrar un trabajo… A estas personas hay que generarles confianza en sus activos, en sus potencias, en sus capacidades. Hay que hacerles ver que aunque tengan capacidades para poder desarrollar una profesión, tocar bien un instrumento o desarrollar bien un negocio, necesitarán el consejo generoso y la experiencia de otros. Por este motivo creo mucho en la relación intergeneracional. Imagina una niña que tiene grandes capacidades para las matemáticas, pero, aún así, para poder ser una física nuclear o cuántica, tendrá que ir a la facultad, acercarse a los profesores que saben de estas materias para que ella crezca. Es decir, por un lado, tiene que generar confianza en sí misma y creer en sus capacidades, pero, además, necesita de los demás, de su saber, experiencia y conocimiento para poder desarrollar su proyecto. Nadie nace aprendido.-En el libro también habla mucho de los clásicos. ¿De qué manera nos pueden beneficiar hoy sus pensamientos?-En los clásicos hay ideas y pensamientos que son perennes y válidos. Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Epicteto, Séneca, Camus… entre otros muchos, dejaron frases que son inspiradoras. Por ejemplo, Ernst Bloch dijo «toda realidad viene precedida por un sueño. Es decir, nada se hace real si no lo has soñado antes. Pienso, por ejemplo en el sufragio universal. Cuántas mujeres soñaron que algún día podrían votar. Alguien tuvo que soñarlo para poder hacerlo realidad. Tenemos que tener sueños, aprender a soñar y a encauzarlos. Lo que pasa que un sueño no se hace realidad de golpe, requiere de constancia, tenacidad, perseverancia… Al final, quizá unos siembran y otros recogen. Eso es verdad: los abuelos siembran y recogen los nietos o bisnietos, pero alguien soñó que habría una educación universal y gratuita para todos y hoy tenemos niños en los colegios y no en las fábricas. -¿Qué mensaje esperanzador daría a las nuevas generaciones para luchar contra el desencanto que les invade?-El mensaje sería que aprendan a ver las posibilidades que hay en su ser y en la realidad en la que vive. Unos las tienen para la música, otros para las matemáticas, otros para la literatura, otros para la vida social… Deben saber desarrollarlas y darles cauce. El problema es cuando uno cae en el «no sirvo para nada», «soy un cero a la izquierda», «no tengo ninguna capacidad». Esto es autodestrucción. La clave es aprender a identificar las propias posibilidades.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» noticia No Ricardo Cariaga: «Tener la razón no repara una relación; buscar soluciones, sí»-¿Qué difícil es quitarse la venda de los ojos para ver esas posibilidades cuando poco se enseña a descubrirlas?-Creo que la tarea educativa debería ser eso; es decir, aprender el autoconocimiento. ¿Para qué sirvo, para qué no sirvo? ¿Dónde están mis activos, mis pasivos, dónde tengo realmente habilidades y dónde tengo verdaderas resistencias? Es un ejercicio de transparencia. La clave es identificar las propias posibilidades y desarrolladas. Y para eso se requiere tiempo, como la semilla que necesita agua, luz, nutrientes para convertirse en árbol. En un mundo en el que la incertidumbre se ha instalado con fuerza y en el que reina el pesimismo generalizado en muchos ámbitos, el filósofo y pedagogo Francesc Torralba se pregunta qué hace que algunos seres humanos se levanten cada vez que caen, mientras que otros se hunden en el desencanto. Para hacer una reflexión sobre este asunto, ha escrito el ensayo ‘Anatomía de la esperanza’ en el que aborda qué nos mantiene en pie cuando todo parece perdido. -¿Qué es para usted la esperanza?-Es una virtud y es un valor. Es confianza en el futuro, una actitud frente a la vida que consiste en entrever posibilidades. Y, por lo tanto, es todo lo contrario al desánimo y la desesperación.-¿Cómo se puede dar la vuelta a ese desánimo y convertirlo en alivio? ¿Se puede revertir esa situación, esos pensamientos, en una sociedad marcada por informaciones que generan desánimo?-Es verdad que los estímulos que nos llegan de las informaciones son muy negativos y generan un clima de desencanto, de escepticismo, incluso de desesperación. Lo veo muchos días en en aula en el que doy clase. Tengo muchos jóvenes en los que constato este clima de desánimo y desesperación. Precisamente por ello es tan relevante y tan necesaria la esperanza como una especie de oxígeno espiritual que nos permite seguir con nuestros proyectos, ilusiones, con nuestros sueños.Noticia relacionada general No No Ana León, psicóloga «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos» Laura PeraitaNo obstante, hay dos argumentos muy fuertes. El primero es que una cosa es la noticia que nos llega y lo que vemos en las redes, y otra muy distinta es la realidad. Si un profesor maltrata a un alumno, es noticia; pero si miles de profesores se entregan en el aula cada día para mejorar los conocimientos de sus alumnos es ignorado o no es noticia. Creo que tenemos que ser capaces de distinguir lo que es la realidad. Y la realidad es que hay un ejército de personas que diariamente luchan para mejorar la calidad de vida de los demás, pero no son noticia, son invisibles, completamente ignorados. El otro argumento tiene que ver con que en la historia ha habido momentos muy críticos -guerras, posguerras…-, y el tiempo ha demostrado que somos capaces de reconstruir. Sólo hace falta recordar, por ejemplo, cómo estaba Europa en el 45 o la cantidad de países que han incorporado la democracia en los últimos 50 años. Es decir, somos capaces de construir juntos sueños difíciles. Hay una serie de datos históricos que a veces olvidamos o perdemos de vista, pero que nos permiten dar argumentos de que es posible cambiar las cosas, mejorar la situación, aunque no de manera inmediata ni solitariamente, como subrayo mucho en el libro.-¿De qué depende que unas personas sean más esperanzadoras que otras?-Es un enigma. No deja de ser un misterio que haya personas que tengan esta mirada esperanzada, a pesar de haber sufrido mucho, tenido muchos fracasos y desastres en la vida, y que otros, que han disfrutado en entornos muy cómodos y confortables, tengan muy poca esperanza y contemplen un escenario de futuro distópico. La mirada lo es todo; hay quien ve solo ruinas y quien ve los brotes verdes. La esperanza significa confiar en abrir paso a los sueños difíciles, encauzarlos y hacerlos realidad.-¿Cómo explica que haya personas que en situaciones muy difíciles, como es enfrentarse a un cáncer, se fortalezcan como nunca antes lo habían hecho?-En primer lugar destacaría que depende mucho de si el paciente se encuentra solo o acompañado. Muchas personas se desesperan porque viven una situación de soledad no deseada, y se encuentran solas ante situaciones que les sobrepasan. Hay que tener muy en cuenta el factor comunidad; si se siente atendido, cuidado, protegido, sostenido por la familia, los amigos, etc., es más fácil sobrellevar la situación. En segundo lugar, hay personas que cuando viven una situación difícil o de fracaso hacen un aprendizaje y tratan de intentarlo de nuevo. Es como cuando recibo a un estudiante que ha suspendido todas las asignaturas y en la tutoría le pregunto que qué ha aprendido y me responde que tiene que dedicar más tiempo a la Universidad, que no puede dejarlo para el último día… Es decir, hay personas que se enfrentan a situaciones de un modo distinto porque han hecho aprendizajes, fruto de sus fracasos anteriores o de sus problemas. Otras no, prefieren culpar al entorno y a los demás de sus fracasos y carencias. – En en el libro también destaca la importancia de la paciencia para no caer en el desánimo, peor lo cierto es que vivimos en el mundo de la inmediatez. ¿Qué ocurre entonces?-Por eso la reivindico, porque todos los grandes objetivos -acabar una carrera, escribir un libro, tener una familia, educar a hijos…- requieren paciencia. -Pero, entonces, ¿considera que se puede superar la cultura de la inmediatez? -Claro, nos hemos acostumbrado que a golpe de teclado se hacen realidad todos nuestros deseos: quiero una pizza, tecleo y la tengo; quiero un libro, tecleo y lo tengo… En cambio, los objetivos nobles o difíciles requieren paciencia porque, por ejemplo, educar a un niño no se puede hacer inmediatamente, hay que repetir una y otra vez que las cosas se piden por favor para que lo integre y aprenda. El problema es que la paciencia es una virtud muy olvidada, como la esperanza. Nos hemos mal acostumbrado, especialmente con la tecnología que a golpe de teclado. Todos nuestros objetivos o deseos se hacen inmediatamente realidad y hay cada vez más intolerancia a la espera. Nos pasa en un peaje, en el ascensor, en la consulta del médico… ya no queremos esperar nada. ¡Eso es terrible! -¿Hay vuelta atrás para recuperar la paciencia y poder ser más esperanzadores?-Creo que sí hay vuelta atrás. Es más, nos damos cuenta de que los objetivos difíciles que nos planteamos requieren no solo paciencia, también constancia y creatividad porque a veces no ves la salida a una situación y hay que buscar la rendija para buscar el espacio para poder cruzar el muro. Se dice que el árbol es un árbol, pero antes fue una semilla, y de la semilla al árbol hay muchas horas de viento, sol y lluvia. -¿Mostramos actualmente más esperanza en nosotros mismos o en los demás?-Hay personas que tienen una profunda crisis de autoestima y no creen en sí mismos y que por lo tanto no confían en poder realizar ningún proyecto. «No no puedo empezar la carrera de Medicina porque no soy capaz, no seré capaz de hablar en público, no seré capaz de encontrar un trabajo… A estas personas hay que generarles confianza en sus activos, en sus potencias, en sus capacidades. Hay que hacerles ver que aunque tengan capacidades para poder desarrollar una profesión, tocar bien un instrumento o desarrollar bien un negocio, necesitarán el consejo generoso y la experiencia de otros. Por este motivo creo mucho en la relación intergeneracional. Imagina una niña que tiene grandes capacidades para las matemáticas, pero, aún así, para poder ser una física nuclear o cuántica, tendrá que ir a la facultad, acercarse a los profesores que saben de estas materias para que ella crezca. Es decir, por un lado, tiene que generar confianza en sí misma y creer en sus capacidades, pero, además, necesita de los demás, de su saber, experiencia y conocimiento para poder desarrollar su proyecto. Nadie nace aprendido.-En el libro también habla mucho de los clásicos. ¿De qué manera nos pueden beneficiar hoy sus pensamientos?-En los clásicos hay ideas y pensamientos que son perennes y válidos. Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Epicteto, Séneca, Camus… entre otros muchos, dejaron frases que son inspiradoras. Por ejemplo, Ernst Bloch dijo «toda realidad viene precedida por un sueño. Es decir, nada se hace real si no lo has soñado antes. Pienso, por ejemplo en el sufragio universal. Cuántas mujeres soñaron que algún día podrían votar. Alguien tuvo que soñarlo para poder hacerlo realidad. Tenemos que tener sueños, aprender a soñar y a encauzarlos. Lo que pasa que un sueño no se hace realidad de golpe, requiere de constancia, tenacidad, perseverancia… Al final, quizá unos siembran y otros recogen. Eso es verdad: los abuelos siembran y recogen los nietos o bisnietos, pero alguien soñó que habría una educación universal y gratuita para todos y hoy tenemos niños en los colegios y no en las fábricas. -¿Qué mensaje esperanzador daría a las nuevas generaciones para luchar contra el desencanto que les invade?-El mensaje sería que aprendan a ver las posibilidades que hay en su ser y en la realidad en la que vive. Unos las tienen para la música, otros para las matemáticas, otros para la literatura, otros para la vida social… Deben saber desarrollarlas y darles cauce. El problema es cuando uno cae en el «no sirvo para nada», «soy un cero a la izquierda», «no tengo ninguna capacidad». Esto es autodestrucción. La clave es aprender a identificar las propias posibilidades.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» noticia No Ricardo Cariaga: «Tener la razón no repara una relación; buscar soluciones, sí»-¿Qué difícil es quitarse la venda de los ojos para ver esas posibilidades cuando poco se enseña a descubrirlas?-Creo que la tarea educativa debería ser eso; es decir, aprender el autoconocimiento. ¿Para qué sirvo, para qué no sirvo? ¿Dónde están mis activos, mis pasivos, dónde tengo realmente habilidades y dónde tengo verdaderas resistencias? Es un ejercicio de transparencia. La clave es identificar las propias posibilidades y desarrolladas. Y para eso se requiere tiempo, como la semilla que necesita agua, luz, nutrientes para convertirse en árbol. En un mundo en el que la incertidumbre se ha instalado con fuerza y en el que reina el pesimismo generalizado en muchos ámbitos, el filósofo y pedagogo Francesc Torralba se pregunta qué hace que algunos seres humanos se levanten cada vez que caen, mientras que otros se hunden en el desencanto. Para hacer una reflexión sobre este asunto, ha escrito el ensayo ‘Anatomía de la esperanza’ en el que aborda qué nos mantiene en pie cuando todo parece perdido. -¿Qué es para usted la esperanza?-Es una virtud y es un valor. Es confianza en el futuro, una actitud frente a la vida que consiste en entrever posibilidades. Y, por lo tanto, es todo lo contrario al desánimo y la desesperación.-¿Cómo se puede dar la vuelta a ese desánimo y convertirlo en alivio? ¿Se puede revertir esa situación, esos pensamientos, en una sociedad marcada por informaciones que generan desánimo?-Es verdad que los estímulos que nos llegan de las informaciones son muy negativos y generan un clima de desencanto, de escepticismo, incluso de desesperación. Lo veo muchos días en en aula en el que doy clase. Tengo muchos jóvenes en los que constato este clima de desánimo y desesperación. Precisamente por ello es tan relevante y tan necesaria la esperanza como una especie de oxígeno espiritual que nos permite seguir con nuestros proyectos, ilusiones, con nuestros sueños.Noticia relacionada general No No Ana León, psicóloga «Buscamos la aprobación externa y somos maestros en esconder cómo somos» Laura PeraitaNo obstante, hay dos argumentos muy fuertes. El primero es que una cosa es la noticia que nos llega y lo que vemos en las redes, y otra muy distinta es la realidad. Si un profesor maltrata a un alumno, es noticia; pero si miles de profesores se entregan en el aula cada día para mejorar los conocimientos de sus alumnos es ignorado o no es noticia. Creo que tenemos que ser capaces de distinguir lo que es la realidad. Y la realidad es que hay un ejército de personas que diariamente luchan para mejorar la calidad de vida de los demás, pero no son noticia, son invisibles, completamente ignorados. El otro argumento tiene que ver con que en la historia ha habido momentos muy críticos -guerras, posguerras…-, y el tiempo ha demostrado que somos capaces de reconstruir. Sólo hace falta recordar, por ejemplo, cómo estaba Europa en el 45 o la cantidad de países que han incorporado la democracia en los últimos 50 años. Es decir, somos capaces de construir juntos sueños difíciles. Hay una serie de datos históricos que a veces olvidamos o perdemos de vista, pero que nos permiten dar argumentos de que es posible cambiar las cosas, mejorar la situación, aunque no de manera inmediata ni solitariamente, como subrayo mucho en el libro.-¿De qué depende que unas personas sean más esperanzadoras que otras?-Es un enigma. No deja de ser un misterio que haya personas que tengan esta mirada esperanzada, a pesar de haber sufrido mucho, tenido muchos fracasos y desastres en la vida, y que otros, que han disfrutado en entornos muy cómodos y confortables, tengan muy poca esperanza y contemplen un escenario de futuro distópico. La mirada lo es todo; hay quien ve solo ruinas y quien ve los brotes verdes. La esperanza significa confiar en abrir paso a los sueños difíciles, encauzarlos y hacerlos realidad.-¿Cómo explica que haya personas que en situaciones muy difíciles, como es enfrentarse a un cáncer, se fortalezcan como nunca antes lo habían hecho?-En primer lugar destacaría que depende mucho de si el paciente se encuentra solo o acompañado. Muchas personas se desesperan porque viven una situación de soledad no deseada, y se encuentran solas ante situaciones que les sobrepasan. Hay que tener muy en cuenta el factor comunidad; si se siente atendido, cuidado, protegido, sostenido por la familia, los amigos, etc., es más fácil sobrellevar la situación. En segundo lugar, hay personas que cuando viven una situación difícil o de fracaso hacen un aprendizaje y tratan de intentarlo de nuevo. Es como cuando recibo a un estudiante que ha suspendido todas las asignaturas y en la tutoría le pregunto que qué ha aprendido y me responde que tiene que dedicar más tiempo a la Universidad, que no puede dejarlo para el último día… Es decir, hay personas que se enfrentan a situaciones de un modo distinto porque han hecho aprendizajes, fruto de sus fracasos anteriores o de sus problemas. Otras no, prefieren culpar al entorno y a los demás de sus fracasos y carencias. – En en el libro también destaca la importancia de la paciencia para no caer en el desánimo, peor lo cierto es que vivimos en el mundo de la inmediatez. ¿Qué ocurre entonces?-Por eso la reivindico, porque todos los grandes objetivos -acabar una carrera, escribir un libro, tener una familia, educar a hijos…- requieren paciencia. -Pero, entonces, ¿considera que se puede superar la cultura de la inmediatez? -Claro, nos hemos acostumbrado que a golpe de teclado se hacen realidad todos nuestros deseos: quiero una pizza, tecleo y la tengo; quiero un libro, tecleo y lo tengo… En cambio, los objetivos nobles o difíciles requieren paciencia porque, por ejemplo, educar a un niño no se puede hacer inmediatamente, hay que repetir una y otra vez que las cosas se piden por favor para que lo integre y aprenda. El problema es que la paciencia es una virtud muy olvidada, como la esperanza. Nos hemos mal acostumbrado, especialmente con la tecnología que a golpe de teclado. Todos nuestros objetivos o deseos se hacen inmediatamente realidad y hay cada vez más intolerancia a la espera. Nos pasa en un peaje, en el ascensor, en la consulta del médico… ya no queremos esperar nada. ¡Eso es terrible! -¿Hay vuelta atrás para recuperar la paciencia y poder ser más esperanzadores?-Creo que sí hay vuelta atrás. Es más, nos damos cuenta de que los objetivos difíciles que nos planteamos requieren no solo paciencia, también constancia y creatividad porque a veces no ves la salida a una situación y hay que buscar la rendija para buscar el espacio para poder cruzar el muro. Se dice que el árbol es un árbol, pero antes fue una semilla, y de la semilla al árbol hay muchas horas de viento, sol y lluvia. -¿Mostramos actualmente más esperanza en nosotros mismos o en los demás?-Hay personas que tienen una profunda crisis de autoestima y no creen en sí mismos y que por lo tanto no confían en poder realizar ningún proyecto. «No no puedo empezar la carrera de Medicina porque no soy capaz, no seré capaz de hablar en público, no seré capaz de encontrar un trabajo… A estas personas hay que generarles confianza en sus activos, en sus potencias, en sus capacidades. Hay que hacerles ver que aunque tengan capacidades para poder desarrollar una profesión, tocar bien un instrumento o desarrollar bien un negocio, necesitarán el consejo generoso y la experiencia de otros. Por este motivo creo mucho en la relación intergeneracional. Imagina una niña que tiene grandes capacidades para las matemáticas, pero, aún así, para poder ser una física nuclear o cuántica, tendrá que ir a la facultad, acercarse a los profesores que saben de estas materias para que ella crezca. Es decir, por un lado, tiene que generar confianza en sí misma y creer en sus capacidades, pero, además, necesita de los demás, de su saber, experiencia y conocimiento para poder desarrollar su proyecto. Nadie nace aprendido.-En el libro también habla mucho de los clásicos. ¿De qué manera nos pueden beneficiar hoy sus pensamientos?-En los clásicos hay ideas y pensamientos que son perennes y válidos. Santo Tomás de Aquino, Sócrates, Epicteto, Séneca, Camus… entre otros muchos, dejaron frases que son inspiradoras. Por ejemplo, Ernst Bloch dijo «toda realidad viene precedida por un sueño. Es decir, nada se hace real si no lo has soñado antes. Pienso, por ejemplo en el sufragio universal. Cuántas mujeres soñaron que algún día podrían votar. Alguien tuvo que soñarlo para poder hacerlo realidad. Tenemos que tener sueños, aprender a soñar y a encauzarlos. Lo que pasa que un sueño no se hace realidad de golpe, requiere de constancia, tenacidad, perseverancia… Al final, quizá unos siembran y otros recogen. Eso es verdad: los abuelos siembran y recogen los nietos o bisnietos, pero alguien soñó que habría una educación universal y gratuita para todos y hoy tenemos niños en los colegios y no en las fábricas. -¿Qué mensaje esperanzador daría a las nuevas generaciones para luchar contra el desencanto que les invade?-El mensaje sería que aprendan a ver las posibilidades que hay en su ser y en la realidad en la que vive. Unos las tienen para la música, otros para las matemáticas, otros para la literatura, otros para la vida social… Deben saber desarrollarlas y darles cauce. El problema es cuando uno cae en el «no sirvo para nada», «soy un cero a la izquierda», «no tengo ninguna capacidad». Esto es autodestrucción. La clave es aprender a identificar las propias posibilidades.MÁS INFORMACIÓN noticia No El bienestar laboral ya es clave para mejorar la productividad noticia No Daniel Lumera, biólogo: «Nuestra mente maneja 79 gigas diarios: meditar nos ayudaría a vivir más» noticia No Ricardo Cariaga: «Tener la razón no repara una relación; buscar soluciones, sí»-¿Qué difícil es quitarse la venda de los ojos para ver esas posibilidades cuando poco se enseña a descubrirlas?-Creo que la tarea educativa debería ser eso; es decir, aprender el autoconocimiento. ¿Para qué sirvo, para qué no sirvo? ¿Dónde están mis activos, mis pasivos, dónde tengo realmente habilidades y dónde tengo verdaderas resistencias? Es un ejercicio de transparencia. La clave es identificar las propias posibilidades y desarrolladas. Y para eso se requiere tiempo, como la semilla que necesita agua, luz, nutrientes para convertirse en árbol. RSS de noticias de bienestar
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