Lo retro está de moda. Todo lo que apela a la nostalgia es un producto con garantías de éxito, porque el paso del tiempo depura lo malo y sólo deja el buen regusto. Sin embargo, hay que calibrar bien a qué pasado remontarse, puesto que algunos dejan más dulzura que otros. En el Sevilla, no es lo mismo 2000, que 2006, como tampoco lo fue la década de los 80. Aunque parezca increíble, la primera UEFA sevillista ya es retro, tanto como la Sevilla de Marcos Alonso. Dos décadas han pasado desde que Eindhoven rompiera con la mediocridad instaurada en el club hispalense. Más de veinte años de éxitos y muchísimos entrenadores después, la historia ha demostrado una vez más ser circular y en Nervión ha vuelto a cuajar lo mediocre. Un retro menos glamouroso.Lo que no cabe duda es que, en el Sevilla, el pasado está muy presente. Que Matías Almeyda vuelva a portar el escudo y Sergio Ramos amenace con volver son una clara muestra de esto. Lo único nuevo que, al menos sobre el papel, sigue adelante es el proyecto del nuevo Sánchez-Pizjuán. Una obra que mira todo el mundo con escepticismo, excepto el propio Ayuntamiento de Sevilla. Porque a LaLiga sólo le gusta el retro en las camisetas, pero los estadios los quiere modernos, que generen ingresos y, a ser posible, sin vinculación en ningún tipo de mordida o trama de corrupción o, al menos, que no salga a la luz.Sí tiene claro el Sevilla, que va a seguir con el plan establecido hasta que el banco o el nuevo propietario cambien el rumbo. Porque el pasado está bien para ciertas cosas, pero en Nervión urgen aires de cambio para devolver al club a la senda del éxito o, al menos, de la construcción y no de la destrucción. Ahora, lo más urgente pasa por ganar la final ante el Valencia y evitar que este equipo se convierta en el del descenso del Tartiere. Lo retro está de moda. Todo lo que apela a la nostalgia es un producto con garantías de éxito, porque el paso del tiempo depura lo malo y sólo deja el buen regusto. Sin embargo, hay que calibrar bien a qué pasado remontarse, puesto que algunos dejan más dulzura que otros. En el Sevilla, no es lo mismo 2000, que 2006, como tampoco lo fue la década de los 80. Aunque parezca increíble, la primera UEFA sevillista ya es retro, tanto como la Sevilla de Marcos Alonso. Dos décadas han pasado desde que Eindhoven rompiera con la mediocridad instaurada en el club hispalense. Más de veinte años de éxitos y muchísimos entrenadores después, la historia ha demostrado una vez más ser circular y en Nervión ha vuelto a cuajar lo mediocre. Un retro menos glamouroso.Lo que no cabe duda es que, en el Sevilla, el pasado está muy presente. Que Matías Almeyda vuelva a portar el escudo y Sergio Ramos amenace con volver son una clara muestra de esto. Lo único nuevo que, al menos sobre el papel, sigue adelante es el proyecto del nuevo Sánchez-Pizjuán. Una obra que mira todo el mundo con escepticismo, excepto el propio Ayuntamiento de Sevilla. Porque a LaLiga sólo le gusta el retro en las camisetas, pero los estadios los quiere modernos, que generen ingresos y, a ser posible, sin vinculación en ningún tipo de mordida o trama de corrupción o, al menos, que no salga a la luz.Sí tiene claro el Sevilla, que va a seguir con el plan establecido hasta que el banco o el nuevo propietario cambien el rumbo. Porque el pasado está bien para ciertas cosas, pero en Nervión urgen aires de cambio para devolver al club a la senda del éxito o, al menos, de la construcción y no de la destrucción. Ahora, lo más urgente pasa por ganar la final ante el Valencia y evitar que este equipo se convierta en el del descenso del Tartiere. Lo retro está de moda. Todo lo que apela a la nostalgia es un producto con garantías de éxito, porque el paso del tiempo depura lo malo y sólo deja el buen regusto. Sin embargo, hay que calibrar bien a qué pasado remontarse, puesto que algunos dejan más dulzura que otros. En el Sevilla, no es lo mismo 2000, que 2006, como tampoco lo fue la década de los 80. Aunque parezca increíble, la primera UEFA sevillista ya es retro, tanto como la Sevilla de Marcos Alonso. Dos décadas han pasado desde que Eindhoven rompiera con la mediocridad instaurada en el club hispalense. Más de veinte años de éxitos y muchísimos entrenadores después, la historia ha demostrado una vez más ser circular y en Nervión ha vuelto a cuajar lo mediocre. Un retro menos glamouroso.Lo que no cabe duda es que, en el Sevilla, el pasado está muy presente. Que Matías Almeyda vuelva a portar el escudo y Sergio Ramos amenace con volver son una clara muestra de esto. Lo único nuevo que, al menos sobre el papel, sigue adelante es el proyecto del nuevo Sánchez-Pizjuán. Una obra que mira todo el mundo con escepticismo, excepto el propio Ayuntamiento de Sevilla. Porque a LaLiga sólo le gusta el retro en las camisetas, pero los estadios los quiere modernos, que generen ingresos y, a ser posible, sin vinculación en ningún tipo de mordida o trama de corrupción o, al menos, que no salga a la luz.Sí tiene claro el Sevilla, que va a seguir con el plan establecido hasta que el banco o el nuevo propietario cambien el rumbo. Porque el pasado está bien para ciertas cosas, pero en Nervión urgen aires de cambio para devolver al club a la senda del éxito o, al menos, de la construcción y no de la destrucción. Ahora, lo más urgente pasa por ganar la final ante el Valencia y evitar que este equipo se convierta en el del descenso del Tartiere. RSS de noticias de deportes
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marzo 21, 2026
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