
Paula Haro ya no podía más. Había días en los que esta estudiante de bachillerato de 18 años llegaba del instituto, se tumbaba en la cama, abría TikTok y no lo cerraba hasta la una de la madrugada. Podía pasar más de cinco horas al día con el móvil y después apenas se acordaba de lo que había visto. “Lo único que recordaba es que había perdido el tiempo”, lamenta. Hasta que un amigo subió un post a Instagram anunciando que empezaría un reto: desinstalar todas las redes sociales durante un mes. “Esta va a ser mi excusa para dejarlo”, se dijo a sí misma. Haro no es la única. Muchos usuarios, especialmente jóvenes, empezaron a publicar ideas para volverse más analógicos en 2026 o a pronosticar que este sería “el año analógico”. Pero hay una contradicción: el paso a paso de esa nueva rutina offline se registra y se comparte con miles de usuarios anónimos en Instagram y TikTok.


Crece entre los jóvenes el impulso por desconectarse de las redes y explorar actividades presenciales. Pero algunos siguen compartiendo su paso a paso online 
Paula Haro ya no podía más. Había días en los que esta estudiante de bachillerato de 18 años llegaba del instituto, se tumbaba en la cama, abría TikTok y no lo cerraba hasta la una de la madrugada. Podía pasar más de cinco horas al día con el móvil y después apenas se acordaba de lo que había visto. “Lo único que recordaba es que había perdido el tiempo”, lamenta. Hasta que un amigo subió un post a Instagram anunciando que empezaría un reto: desinstalar todas las redes sociales durante un mes. “Esta va a ser mi excusa para dejarlo”, se dijo a sí misma. Haro no es la única. Muchos usuarios, especialmente jóvenes, empezaron a publicar ideas para volverse más analógicos en 2026 o a pronosticar que este sería “el año analógico”. Pero hay una contradicción: el paso a paso de esa nueva rutina offline se registra y se comparte con miles de usuarios anónimos en Instagram y TikTok.


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