Aston Martin ha logrado en este arranque del Mundial aquello que hace solo unos meses parecía increíble: robarle protagonismo a Ferrari, el equipo más universal del mundo de las carreras, además del más laureado en la historia de la Fórmula 1. El problema para la escudería británica es que los titulares que protagoniza no hablan precisamente de sus éxitos o su buena gestión, sino de la pesadilla en la que anda metida, por una serie de desajustes que no estaban previstos cuando el proyecto actual comenzó a parirse. El petardazo que ha supuesto la flojera y la falta de pegada del motor Honda se combina ahora con un galimatías organizativo que se podía intuir desde hace meses. Concretamente, desde que se hizo saber que Adrian Newey, el gurú de la aerodinámica que firmó como corresponsable de los ocho títulos que Red Bull fue capaz de acumular en los últimos 16 años, no solo se haría cargo de la dirección técnica de la estructura de Silverstone, sino que ampliaría sus atribuciones a la general. Este nuevo rol, que reporta directamente a Lawrence Stroll, el propietario de todo el tinglado, subrayó al ingeniero de Stratfor-upon-Avon como socio del magnate canadiense. Precisamente, por eso no es fácil de interpretar el movimiento que parece estar a punto de precipitarse, y que llevaría a Newey a dejar la vertiente ejecutiva, para centrarse en lo suyo, el aspecto técnico.
El Gran Premio de Japón llega en el peor momento para el equipo británico, con Adrian Newey en foco, y para Honda, que no atina a reducir las vibraciones de su motor
Aston Martin ha logrado en este arranque del Mundial aquello que hace solo unos meses parecía increíble: robarle protagonismo a Ferrari, el equipo más universal del mundo de las carreras, además del más laureado en la historia de la Fórmula 1. El problema para la escudería británica es que los titulares que protagoniza no hablan precisamente de sus éxitos o su buena gestión, sino de la pesadilla en la que anda metida, por una serie de desajustes que no estaban previstos cuando el proyecto actual comenzó a parirse. El petardazo que ha supuesto la flojera y la falta de pegada del motor Honda se combina ahora con un galimatías organizativo que se podía intuir desde hace meses. Concretamente, desde que se hizo saber que Adrian Newey, el gurú de la aerodinámica que firmó como corresponsable de los ocho títulos que Red Bull fue capaz de acumular en los últimos 16 años, no solo se haría cargo de la dirección técnica de la estructura de Silverstone, sino que ampliaría sus atribuciones a la general. Este nuevo rol, que reporta directamente a Lawrence Stroll, el propietario de todo el tinglado, subrayó al ingeniero de Stratfor-upon-Avon como socio del magnate canadiense. Precisamente, por eso no es fácil de interpretar el movimiento que parece estar a punto de precipitarse, y que llevaría a Newey a dejar la vertiente ejecutiva, para centrarse en lo suyo, el aspecto técnico.
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