No. No se repite. Es tan fresca como las flores que a esta hora ya están pidiendo la calle porque saben que son fugaces y que sólo tendrán sentido al aire y los ojos de la primavera . Tan nueva como los niños sin capirote y con medalla que pronto empezarán a andar un camino que si se hace bien no habrá terminado en el lugar en que los retiren. Tan de estreno como la ropa de adultos a medio terminar de los jovencitos. Tan efímera como el momento justo en que llega la imagen y hay que ni parpadear para escuchar con todo el corazón lo que digan.El que llegó al medio siglo pelea para que las grietas de la memoria no le amontonen los recuerdos y por eso intenta siempre enseñar y explicar la Semana Santa a quienes todavía pueden verla como una catarata de novedades. Él mismo sabe que esos nazarenos o aquella insignia no son los mismos todos los años, en parte porque quién sabe quién habrá detrás o debajo, pero sobre todo porque procura contarlo y verlo con ojos distintos. Ellas después decidirán si van a seguir aquello que se les señala, si elegirán otra cosa o si no escogerán nada, pero quien habla e invita a mirar siente que así hace una y otra vez primera la Semana Santa que vuelve como un ciclo y sin embargo llega nueva y en su tiempo.Ahora que todo tiembla de impaciencia reza para que todos los años queden en un olvido provisional y para que la cabeza no se acuerde del hartazgo de las extraordinarias . Para volver a sorprenderse de que a la Esperanza le canten campanitas que suenan a verde, de que la dulzura de una trompeta le alivie el abatimiento al Señor de la Redención, de que Jesús del Calvario haga de la calle capilla íntima y de no dudar de la promesa de vida eterna escrita en la urna que por ser de oro enseña que la muerte del que allí yace no será un fracaso. Ellas no lo saben, pero en cada sonrisa que les adivina y en cada momento en que piden seguir un rato más, el que llegó al medio siglo se siente tan joven como las que le escuchan y como esta semana que cada año es nueva. No. No se repite. Es tan fresca como las flores que a esta hora ya están pidiendo la calle porque saben que son fugaces y que sólo tendrán sentido al aire y los ojos de la primavera . Tan nueva como los niños sin capirote y con medalla que pronto empezarán a andar un camino que si se hace bien no habrá terminado en el lugar en que los retiren. Tan de estreno como la ropa de adultos a medio terminar de los jovencitos. Tan efímera como el momento justo en que llega la imagen y hay que ni parpadear para escuchar con todo el corazón lo que digan.El que llegó al medio siglo pelea para que las grietas de la memoria no le amontonen los recuerdos y por eso intenta siempre enseñar y explicar la Semana Santa a quienes todavía pueden verla como una catarata de novedades. Él mismo sabe que esos nazarenos o aquella insignia no son los mismos todos los años, en parte porque quién sabe quién habrá detrás o debajo, pero sobre todo porque procura contarlo y verlo con ojos distintos. Ellas después decidirán si van a seguir aquello que se les señala, si elegirán otra cosa o si no escogerán nada, pero quien habla e invita a mirar siente que así hace una y otra vez primera la Semana Santa que vuelve como un ciclo y sin embargo llega nueva y en su tiempo.Ahora que todo tiembla de impaciencia reza para que todos los años queden en un olvido provisional y para que la cabeza no se acuerde del hartazgo de las extraordinarias . Para volver a sorprenderse de que a la Esperanza le canten campanitas que suenan a verde, de que la dulzura de una trompeta le alivie el abatimiento al Señor de la Redención, de que Jesús del Calvario haga de la calle capilla íntima y de no dudar de la promesa de vida eterna escrita en la urna que por ser de oro enseña que la muerte del que allí yace no será un fracaso. Ellas no lo saben, pero en cada sonrisa que les adivina y en cada momento en que piden seguir un rato más, el que llegó al medio siglo se siente tan joven como las que le escuchan y como esta semana que cada año es nueva. No. No se repite. Es tan fresca como las flores que a esta hora ya están pidiendo la calle porque saben que son fugaces y que sólo tendrán sentido al aire y los ojos de la primavera . Tan nueva como los niños sin capirote y con medalla que pronto empezarán a andar un camino que si se hace bien no habrá terminado en el lugar en que los retiren. Tan de estreno como la ropa de adultos a medio terminar de los jovencitos. Tan efímera como el momento justo en que llega la imagen y hay que ni parpadear para escuchar con todo el corazón lo que digan.El que llegó al medio siglo pelea para que las grietas de la memoria no le amontonen los recuerdos y por eso intenta siempre enseñar y explicar la Semana Santa a quienes todavía pueden verla como una catarata de novedades. Él mismo sabe que esos nazarenos o aquella insignia no son los mismos todos los años, en parte porque quién sabe quién habrá detrás o debajo, pero sobre todo porque procura contarlo y verlo con ojos distintos. Ellas después decidirán si van a seguir aquello que se les señala, si elegirán otra cosa o si no escogerán nada, pero quien habla e invita a mirar siente que así hace una y otra vez primera la Semana Santa que vuelve como un ciclo y sin embargo llega nueva y en su tiempo.Ahora que todo tiembla de impaciencia reza para que todos los años queden en un olvido provisional y para que la cabeza no se acuerde del hartazgo de las extraordinarias . Para volver a sorprenderse de que a la Esperanza le canten campanitas que suenan a verde, de que la dulzura de una trompeta le alivie el abatimiento al Señor de la Redención, de que Jesús del Calvario haga de la calle capilla íntima y de no dudar de la promesa de vida eterna escrita en la urna que por ser de oro enseña que la muerte del que allí yace no será un fracaso. Ellas no lo saben, pero en cada sonrisa que les adivina y en cada momento en que piden seguir un rato más, el que llegó al medio siglo se siente tan joven como las que le escuchan y como esta semana que cada año es nueva. RSS de noticias de espana/andalucia
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