Tuviste que dejarlo marchar. No se puede decir que no lo tuviste, pero antes de que te dieras cuenta había volado. Pasó. Pensaste que era eterno y que te ibas a poder quedar en sus calles, que el sol no iba a caer y que el caminar de las cofradías no iba a un final. Te resistías y por un momento escuchabas alguna voz que parecía venir de Aquel al que mirabas encima del paso: «Quédate. No lo intentes que no es posible. Guárdame y déjame ir». Por su voz no te parecía cruel. Lo notaste en la calle Agustín Moreno, cuando habías esperado al Cristo de las Penas y se te acercó con la parsimonia que siempre le recuerdas allí donde está naciendo a los suyos, un paso detrás de oro, creciendo segundo a segundo de cruz lejana a silueta cercana, de algo intuido a presencia próxima. Desde aquel momento, en la tarde madrugadora, quizás desde la mañana radiante en que había nacido Jesús de los Reyes , y por supuesto al caer la tarde del Dulce Nombre en el Puente Romano, te diste cuenta de que se te daba para marcharse, que tenías que amasar recuerdos que después tuvieras presentes, porque salían las hermandades para entrar. Eres feliz entre nazarenos , pero no iban a estar siempre en la calle.Noticia relacionada galeria No No La pletórica salida de la Entrada Triunfal en Córdoba, en imágenes Rafael CarmonaQuién lo iba a decir cuando una parte de Córdoba parecía dormir y otra parecía que no había podido dormir, ni siquiera con una hora menos. La Semana Santa era en la plaza de San Lorenzo tan nueva y joven como el sol que llegaba por los barrios del este. Siempre es mucho más que una cofradía que sale, porque en realidad está abriendo el camino a todas las que tienen que venir después, como si a partir de su cruz de guía, de sus palmas y de sus niños vestidos de blanco en tantas calles de Córdoba no pudiera pasar otra cosa que la Semana Santa . La bulla era de gozo, el ir y venir de gente se recibía con alegría y en la risa de los niños estaba la promesa del día. Al ver a Jesús de los Reyes justo delante del paso, protagonista único de lo que se estaba narrando con palmas en el interior de las iglesias quisiste no dejarlo marchar y mirabas los huecos de las aceras , para encontrarlo otra vez, tan recién amanecido y tan ilusionado como todos los demás.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Rescatado engalana el Domingo de Ramos Fran PérezLo viste venir en majestad, pletórico en fuerzas de las cornetas y de los costaleros y mirarías luego el aire de primavera que tenía en las flores multicolores que estaban junto a las rosas rojas, todo exuberancia como si el Señor entrara en Jerusalén con la belleza de una primavera como la de este año. Porque el Domingo de Ramos amaneció como se decía: luminoso, sin asomo de nubes, pero también fresco , sin ese calor que ha obligado a buscar la sombra en algunos años. Ideal.FamiliasEl palio de la Virgen de la Palma recibía la luz y la tamizaba y en un andar como si más que zancadas patinara dulcemente, ganaba metros y quien podía aguantaba una marcha detrás de otra, una lágrima encima de otra y algún detalle en las rosas blancas y en las palmas que se habían entremetido en las jarras para que se supiera qué día se estaba viviendo.Había familias al entrar y salir de la carrera oficial y como al volver la hermandad, siempre acompañada, iban naciendo las demás, quedaba la sensación de que la fiesta no se iba a terminar. Una Semana Santa es siempre un tiempo en que los hábitos se abolen y el ritmo es distinto, un momento en que pasan cosas de una forma distinta. Por eso el alma la recuerda con tanto detalle, incluso de un año a otro. Entonces te pasó que sabías que la tenías y te decía que la disfrutaras, que se tendría que terminar.Pasó cuando el Cristo de las Penas se acercó sin prisa, te dejó ver el rostro dormido, escuchaste el canto de las clarisas de Santa Cruz y después se marchó y no pudiste seguirlo. Te dejó como huérfano. Se te grabaron, claro, el llanto de la Virgen, las rosas rojas y las flores moradas que recuerdan a otros años en aquel mismo lugar, desde luego la música, pero se había marchado por la calle larga y de bulla. Noticia relacionada galeria No No La sobriedad de Las Penas de Santiago, en imágenes Rafael CarmonaEsperaste a la Virgen de la Concepción y pudiste fijarte en la delicadeza de los ojos que preguntan al cielo, con ‘El Corpus’ como siempre apareció por aquella calle, más tarde con la marcha de Alfonso Lozano.Viste al Huerto nacer a una calle de la Feria distinta. Con el mismo olor a azahar , pero no de subida, como tantos Domingos de Ramos, sino de bajada, hacia la Cruz del Rastro, porque la hermandad era segunda. No veías lo que pasaba en el compás lleno, pero lo sentías. Era la marcha ‘Oración’, un himno de la tarde en que la Semana Santa parece eterna, y en el perfil de un paso que se cuenta también en la línea horizontal la escuchaste terminar y viste al Señor mirar a un cielo azul que este año no condicionaba. Ya habías aprendido que no tenías que marcharte tan rápido y aprovechabas.Al buscar la Ribera hacia la carrera oficial venía por el arco de San Francisco el Señor Amarrado a la columna, con un tapiz de flores que llamó la atención por la sutileza de la combinación en tonos alrededor del malva, y con iris morados, clásicos, en las jarras. Noticia relacionada galeria No No La popular Hermandad del Huerto del Domingo de Ramos, en imágenes Rafael CarmonaTodo lo que parecía triunfar en el primer paso, al llegar el momento de la flagelación se hacía solemne y meditativo y al seguirlo por la calle abajo no sólo se disfrutaba mucho, sino que se daba tiempo a que apareciera la Madre, la Candelaria . No es novedad su palio bordado al completo, pero sí que todavía sorprende como lo hacen todos los oros aún nuevos en una Semana Santa que no hace tanto era de palios lisos. Parecía que las rosas blancas iba a reventar y en los ojos grandes cabía la luz del día y podías seguirla por los costeros una y otra vez. Quién se iba a acordar entonces de las candelerías encendidas y gastadas, quién de los retrasos y de los tiempos medidos.Cambiaba el paisaje humano de una calle a otra. San Fernando, siempre fragante en estos días, tenía claros, antes muy raros en un día como el Domingo de Ramos, quizá por la novedad del camino, por las bullas se acumulaban en torno a los lugares por los que tenía que pasar más de una hermandad. Pasaba en la Cruz del Rastro y en especial en la plaza del Potro , por donde había cruzado las Penas y llegaba el Rescatado. Como todas las hermandades en un Domingo de Ramos de horarios tempranos, había salido muy pronto y venía majestuoso.Noticia relacionada galeria No No La deslumbrante procesión de la hermandad de la Esperanza, en imágenes Fran PérezLa túnica con bordados de un traje de luces de Rafael Sánchez Saco, restaurada por Juan Pablo Morales , resucitaba estampas antiguas en un año en que el Señor fue con la melena de pelo natural sobre los hombros. Todavía muchos recuerdan la larga fila de gente que iba los Domingos de Ramos detrás, y era comprensible, porque la mirada del Señor, siempre alto, se dirige directamente a quien le reza, y las manos prometen hacer algo por aquello que aflige tanto. Peleaste por no perderlo de vista, porque empezaste a recordar que en aquel momento ya había una hermandad que estaba en la carrera oficial y otra muy cerca y eso significaba que habían terminado la ida y empezarían la vuelta y que se te escapaba. El rato delante de la Virgen de la Amargura alivió. Era la hora también de la Esperanza y de otro paisaje urbano. No era la zona de la Victoria de bullas grandes, pero sí de gente que sabía que podría disfrutar subiendo y bajando, como hay que ver tantas veces a las hermandades.Noticia relacionada galeria No No La devota hermandad del Amor, en imágenes Ángel RodríguezHace años que el Señor de las Penas te parece que navega sobre el mar de cabezas, más que anda, por su manera de moverse. La luz se filtraba entre los árboles del Paseo de la Victoria y había que tapar el sol para verle el rostro, pero allí estaba. En la violencia de las figuras, en la fuerza de la música, siempre se imponía el gesto con que recibe la cruz con resignación . Si muchas veces era su paso una sinfonía en rojo y oro esta vez sorprendían los iris morados, de aire silvestre.Caminaste un rato detrás y buscaste a la Virgen, porque no querrías empezar a perderla antes de tiempo. La tarde a la que las hermandades habían nacido tan pronto parecía eterna, como si el sol no quisiera despedirse, y los rayos doraban todavía más la malla del palio. El retraso en la carrera oficial llegó a acercarse a una hora en una jornada en que las hermandades salieron y entraron prontoNo hay perfil en que la Esperanza no sea Ella y te diste cuenta al buscar los dos, siempre dulce, aniñada, afligida, bella. Lucía la bambalina trasera bordada en oro por Sucesores de Caro y el proyecto de Gonzalo Navarro ya arropaba a la Virgen con un perfil tan propio que incluso parecía haberse contagiado a las partes del palio que esperan todavía el hilo de oro. Llenaron los ojos de exuberancia sus flores multicolores dispuestas en lo que era a la vez capricho y geometría.Por el Puente Romano , encapsulado en un control a los accesos que no todo el público comprendió, venía la hermandad de la Vera-Cruz. En lo ancho del cielo que siempre queda cuando cruza el Guadalquivir el Señor de los Reyes avanzaba a ser imagen simbólica con todos los símbolos de la Cruz de la Vida que enseñaba a quien después de mirarlo a los ojos buscase los detalles. Quisiste seguir un poco a la Virgen del Dulce Nombre , que lucía el estreno del bordado interior de la caída trasera, por Manuel Solano, y te conformaste con la mirada azul que resplandecía incluso en la distancia.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El gozo de la Vera Cruz, en imágenes Rafael CarmonaA esas horas la carrera oficial tenía un retraso de unos diez minutos, que llegaría después a acercarse a una hora y por el puente llegaba el Amor. El Señor del Silencio estrenaba la túnica blanca con bordados otomanos , aunque como siempre que lo tienes delante tardaras en fijarte en los detalles, porque le buscas lo que guarda en los ojos. También se había concluido el acabado en oro de todo el conjunto. Iba la hermandad echando de menos al barrio que la había aclamado y muchos no se pudieron despegar del Cristo del Amor, aunque tuvieran que hacerlo. Cuánto sabrá de oraciones quitas. La Virgen de la Encarnación derrochó otra vez alegría y cuando se la veía llegar entre flores rosas alguien reparó en que estaba la candelería encendida y eso le multiplicaba la hondura de los ojos verdes.La seguiste para reparar en que el sol se estaba yendo, que las primeras hermandades buscaban sus casas temprano y que pronto iban a quedar muchas calles vacías. Apuraste en la noche, ya tirando a fría, pero lo mismo que había llegado el Domingo de Ramos terminó por marcharse, y te habían avisado. Tuviste que dejarlo marchar. No se puede decir que no lo tuviste, pero antes de que te dieras cuenta había volado. Pasó. Pensaste que era eterno y que te ibas a poder quedar en sus calles, que el sol no iba a caer y que el caminar de las cofradías no iba a un final. Te resistías y por un momento escuchabas alguna voz que parecía venir de Aquel al que mirabas encima del paso: «Quédate. No lo intentes que no es posible. Guárdame y déjame ir». Por su voz no te parecía cruel. Lo notaste en la calle Agustín Moreno, cuando habías esperado al Cristo de las Penas y se te acercó con la parsimonia que siempre le recuerdas allí donde está naciendo a los suyos, un paso detrás de oro, creciendo segundo a segundo de cruz lejana a silueta cercana, de algo intuido a presencia próxima. Desde aquel momento, en la tarde madrugadora, quizás desde la mañana radiante en que había nacido Jesús de los Reyes , y por supuesto al caer la tarde del Dulce Nombre en el Puente Romano, te diste cuenta de que se te daba para marcharse, que tenías que amasar recuerdos que después tuvieras presentes, porque salían las hermandades para entrar. Eres feliz entre nazarenos , pero no iban a estar siempre en la calle.Noticia relacionada galeria No No La pletórica salida de la Entrada Triunfal en Córdoba, en imágenes Rafael CarmonaQuién lo iba a decir cuando una parte de Córdoba parecía dormir y otra parecía que no había podido dormir, ni siquiera con una hora menos. La Semana Santa era en la plaza de San Lorenzo tan nueva y joven como el sol que llegaba por los barrios del este. Siempre es mucho más que una cofradía que sale, porque en realidad está abriendo el camino a todas las que tienen que venir después, como si a partir de su cruz de guía, de sus palmas y de sus niños vestidos de blanco en tantas calles de Córdoba no pudiera pasar otra cosa que la Semana Santa . La bulla era de gozo, el ir y venir de gente se recibía con alegría y en la risa de los niños estaba la promesa del día. Al ver a Jesús de los Reyes justo delante del paso, protagonista único de lo que se estaba narrando con palmas en el interior de las iglesias quisiste no dejarlo marchar y mirabas los huecos de las aceras , para encontrarlo otra vez, tan recién amanecido y tan ilusionado como todos los demás.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Rescatado engalana el Domingo de Ramos Fran PérezLo viste venir en majestad, pletórico en fuerzas de las cornetas y de los costaleros y mirarías luego el aire de primavera que tenía en las flores multicolores que estaban junto a las rosas rojas, todo exuberancia como si el Señor entrara en Jerusalén con la belleza de una primavera como la de este año. Porque el Domingo de Ramos amaneció como se decía: luminoso, sin asomo de nubes, pero también fresco , sin ese calor que ha obligado a buscar la sombra en algunos años. Ideal.FamiliasEl palio de la Virgen de la Palma recibía la luz y la tamizaba y en un andar como si más que zancadas patinara dulcemente, ganaba metros y quien podía aguantaba una marcha detrás de otra, una lágrima encima de otra y algún detalle en las rosas blancas y en las palmas que se habían entremetido en las jarras para que se supiera qué día se estaba viviendo.Había familias al entrar y salir de la carrera oficial y como al volver la hermandad, siempre acompañada, iban naciendo las demás, quedaba la sensación de que la fiesta no se iba a terminar. Una Semana Santa es siempre un tiempo en que los hábitos se abolen y el ritmo es distinto, un momento en que pasan cosas de una forma distinta. Por eso el alma la recuerda con tanto detalle, incluso de un año a otro. Entonces te pasó que sabías que la tenías y te decía que la disfrutaras, que se tendría que terminar.Pasó cuando el Cristo de las Penas se acercó sin prisa, te dejó ver el rostro dormido, escuchaste el canto de las clarisas de Santa Cruz y después se marchó y no pudiste seguirlo. Te dejó como huérfano. Se te grabaron, claro, el llanto de la Virgen, las rosas rojas y las flores moradas que recuerdan a otros años en aquel mismo lugar, desde luego la música, pero se había marchado por la calle larga y de bulla. Noticia relacionada galeria No No La sobriedad de Las Penas de Santiago, en imágenes Rafael CarmonaEsperaste a la Virgen de la Concepción y pudiste fijarte en la delicadeza de los ojos que preguntan al cielo, con ‘El Corpus’ como siempre apareció por aquella calle, más tarde con la marcha de Alfonso Lozano.Viste al Huerto nacer a una calle de la Feria distinta. Con el mismo olor a azahar , pero no de subida, como tantos Domingos de Ramos, sino de bajada, hacia la Cruz del Rastro, porque la hermandad era segunda. No veías lo que pasaba en el compás lleno, pero lo sentías. Era la marcha ‘Oración’, un himno de la tarde en que la Semana Santa parece eterna, y en el perfil de un paso que se cuenta también en la línea horizontal la escuchaste terminar y viste al Señor mirar a un cielo azul que este año no condicionaba. Ya habías aprendido que no tenías que marcharte tan rápido y aprovechabas.Al buscar la Ribera hacia la carrera oficial venía por el arco de San Francisco el Señor Amarrado a la columna, con un tapiz de flores que llamó la atención por la sutileza de la combinación en tonos alrededor del malva, y con iris morados, clásicos, en las jarras. Noticia relacionada galeria No No La popular Hermandad del Huerto del Domingo de Ramos, en imágenes Rafael CarmonaTodo lo que parecía triunfar en el primer paso, al llegar el momento de la flagelación se hacía solemne y meditativo y al seguirlo por la calle abajo no sólo se disfrutaba mucho, sino que se daba tiempo a que apareciera la Madre, la Candelaria . No es novedad su palio bordado al completo, pero sí que todavía sorprende como lo hacen todos los oros aún nuevos en una Semana Santa que no hace tanto era de palios lisos. Parecía que las rosas blancas iba a reventar y en los ojos grandes cabía la luz del día y podías seguirla por los costeros una y otra vez. Quién se iba a acordar entonces de las candelerías encendidas y gastadas, quién de los retrasos y de los tiempos medidos.Cambiaba el paisaje humano de una calle a otra. San Fernando, siempre fragante en estos días, tenía claros, antes muy raros en un día como el Domingo de Ramos, quizá por la novedad del camino, por las bullas se acumulaban en torno a los lugares por los que tenía que pasar más de una hermandad. Pasaba en la Cruz del Rastro y en especial en la plaza del Potro , por donde había cruzado las Penas y llegaba el Rescatado. Como todas las hermandades en un Domingo de Ramos de horarios tempranos, había salido muy pronto y venía majestuoso.Noticia relacionada galeria No No La deslumbrante procesión de la hermandad de la Esperanza, en imágenes Fran PérezLa túnica con bordados de un traje de luces de Rafael Sánchez Saco, restaurada por Juan Pablo Morales , resucitaba estampas antiguas en un año en que el Señor fue con la melena de pelo natural sobre los hombros. Todavía muchos recuerdan la larga fila de gente que iba los Domingos de Ramos detrás, y era comprensible, porque la mirada del Señor, siempre alto, se dirige directamente a quien le reza, y las manos prometen hacer algo por aquello que aflige tanto. Peleaste por no perderlo de vista, porque empezaste a recordar que en aquel momento ya había una hermandad que estaba en la carrera oficial y otra muy cerca y eso significaba que habían terminado la ida y empezarían la vuelta y que se te escapaba. El rato delante de la Virgen de la Amargura alivió. Era la hora también de la Esperanza y de otro paisaje urbano. No era la zona de la Victoria de bullas grandes, pero sí de gente que sabía que podría disfrutar subiendo y bajando, como hay que ver tantas veces a las hermandades.Noticia relacionada galeria No No La devota hermandad del Amor, en imágenes Ángel RodríguezHace años que el Señor de las Penas te parece que navega sobre el mar de cabezas, más que anda, por su manera de moverse. La luz se filtraba entre los árboles del Paseo de la Victoria y había que tapar el sol para verle el rostro, pero allí estaba. En la violencia de las figuras, en la fuerza de la música, siempre se imponía el gesto con que recibe la cruz con resignación . Si muchas veces era su paso una sinfonía en rojo y oro esta vez sorprendían los iris morados, de aire silvestre.Caminaste un rato detrás y buscaste a la Virgen, porque no querrías empezar a perderla antes de tiempo. La tarde a la que las hermandades habían nacido tan pronto parecía eterna, como si el sol no quisiera despedirse, y los rayos doraban todavía más la malla del palio. El retraso en la carrera oficial llegó a acercarse a una hora en una jornada en que las hermandades salieron y entraron prontoNo hay perfil en que la Esperanza no sea Ella y te diste cuenta al buscar los dos, siempre dulce, aniñada, afligida, bella. Lucía la bambalina trasera bordada en oro por Sucesores de Caro y el proyecto de Gonzalo Navarro ya arropaba a la Virgen con un perfil tan propio que incluso parecía haberse contagiado a las partes del palio que esperan todavía el hilo de oro. Llenaron los ojos de exuberancia sus flores multicolores dispuestas en lo que era a la vez capricho y geometría.Por el Puente Romano , encapsulado en un control a los accesos que no todo el público comprendió, venía la hermandad de la Vera-Cruz. En lo ancho del cielo que siempre queda cuando cruza el Guadalquivir el Señor de los Reyes avanzaba a ser imagen simbólica con todos los símbolos de la Cruz de la Vida que enseñaba a quien después de mirarlo a los ojos buscase los detalles. Quisiste seguir un poco a la Virgen del Dulce Nombre , que lucía el estreno del bordado interior de la caída trasera, por Manuel Solano, y te conformaste con la mirada azul que resplandecía incluso en la distancia.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El gozo de la Vera Cruz, en imágenes Rafael CarmonaA esas horas la carrera oficial tenía un retraso de unos diez minutos, que llegaría después a acercarse a una hora y por el puente llegaba el Amor. El Señor del Silencio estrenaba la túnica blanca con bordados otomanos , aunque como siempre que lo tienes delante tardaras en fijarte en los detalles, porque le buscas lo que guarda en los ojos. También se había concluido el acabado en oro de todo el conjunto. Iba la hermandad echando de menos al barrio que la había aclamado y muchos no se pudieron despegar del Cristo del Amor, aunque tuvieran que hacerlo. Cuánto sabrá de oraciones quitas. La Virgen de la Encarnación derrochó otra vez alegría y cuando se la veía llegar entre flores rosas alguien reparó en que estaba la candelería encendida y eso le multiplicaba la hondura de los ojos verdes.La seguiste para reparar en que el sol se estaba yendo, que las primeras hermandades buscaban sus casas temprano y que pronto iban a quedar muchas calles vacías. Apuraste en la noche, ya tirando a fría, pero lo mismo que había llegado el Domingo de Ramos terminó por marcharse, y te habían avisado. Tuviste que dejarlo marchar. No se puede decir que no lo tuviste, pero antes de que te dieras cuenta había volado. Pasó. Pensaste que era eterno y que te ibas a poder quedar en sus calles, que el sol no iba a caer y que el caminar de las cofradías no iba a un final. Te resistías y por un momento escuchabas alguna voz que parecía venir de Aquel al que mirabas encima del paso: «Quédate. No lo intentes que no es posible. Guárdame y déjame ir». Por su voz no te parecía cruel. Lo notaste en la calle Agustín Moreno, cuando habías esperado al Cristo de las Penas y se te acercó con la parsimonia que siempre le recuerdas allí donde está naciendo a los suyos, un paso detrás de oro, creciendo segundo a segundo de cruz lejana a silueta cercana, de algo intuido a presencia próxima. Desde aquel momento, en la tarde madrugadora, quizás desde la mañana radiante en que había nacido Jesús de los Reyes , y por supuesto al caer la tarde del Dulce Nombre en el Puente Romano, te diste cuenta de que se te daba para marcharse, que tenías que amasar recuerdos que después tuvieras presentes, porque salían las hermandades para entrar. Eres feliz entre nazarenos , pero no iban a estar siempre en la calle.Noticia relacionada galeria No No La pletórica salida de la Entrada Triunfal en Córdoba, en imágenes Rafael CarmonaQuién lo iba a decir cuando una parte de Córdoba parecía dormir y otra parecía que no había podido dormir, ni siquiera con una hora menos. La Semana Santa era en la plaza de San Lorenzo tan nueva y joven como el sol que llegaba por los barrios del este. Siempre es mucho más que una cofradía que sale, porque en realidad está abriendo el camino a todas las que tienen que venir después, como si a partir de su cruz de guía, de sus palmas y de sus niños vestidos de blanco en tantas calles de Córdoba no pudiera pasar otra cosa que la Semana Santa . La bulla era de gozo, el ir y venir de gente se recibía con alegría y en la risa de los niños estaba la promesa del día. Al ver a Jesús de los Reyes justo delante del paso, protagonista único de lo que se estaba narrando con palmas en el interior de las iglesias quisiste no dejarlo marchar y mirabas los huecos de las aceras , para encontrarlo otra vez, tan recién amanecido y tan ilusionado como todos los demás.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Rescatado engalana el Domingo de Ramos Fran PérezLo viste venir en majestad, pletórico en fuerzas de las cornetas y de los costaleros y mirarías luego el aire de primavera que tenía en las flores multicolores que estaban junto a las rosas rojas, todo exuberancia como si el Señor entrara en Jerusalén con la belleza de una primavera como la de este año. Porque el Domingo de Ramos amaneció como se decía: luminoso, sin asomo de nubes, pero también fresco , sin ese calor que ha obligado a buscar la sombra en algunos años. Ideal.FamiliasEl palio de la Virgen de la Palma recibía la luz y la tamizaba y en un andar como si más que zancadas patinara dulcemente, ganaba metros y quien podía aguantaba una marcha detrás de otra, una lágrima encima de otra y algún detalle en las rosas blancas y en las palmas que se habían entremetido en las jarras para que se supiera qué día se estaba viviendo.Había familias al entrar y salir de la carrera oficial y como al volver la hermandad, siempre acompañada, iban naciendo las demás, quedaba la sensación de que la fiesta no se iba a terminar. Una Semana Santa es siempre un tiempo en que los hábitos se abolen y el ritmo es distinto, un momento en que pasan cosas de una forma distinta. Por eso el alma la recuerda con tanto detalle, incluso de un año a otro. Entonces te pasó que sabías que la tenías y te decía que la disfrutaras, que se tendría que terminar.Pasó cuando el Cristo de las Penas se acercó sin prisa, te dejó ver el rostro dormido, escuchaste el canto de las clarisas de Santa Cruz y después se marchó y no pudiste seguirlo. Te dejó como huérfano. Se te grabaron, claro, el llanto de la Virgen, las rosas rojas y las flores moradas que recuerdan a otros años en aquel mismo lugar, desde luego la música, pero se había marchado por la calle larga y de bulla. Noticia relacionada galeria No No La sobriedad de Las Penas de Santiago, en imágenes Rafael CarmonaEsperaste a la Virgen de la Concepción y pudiste fijarte en la delicadeza de los ojos que preguntan al cielo, con ‘El Corpus’ como siempre apareció por aquella calle, más tarde con la marcha de Alfonso Lozano.Viste al Huerto nacer a una calle de la Feria distinta. Con el mismo olor a azahar , pero no de subida, como tantos Domingos de Ramos, sino de bajada, hacia la Cruz del Rastro, porque la hermandad era segunda. No veías lo que pasaba en el compás lleno, pero lo sentías. Era la marcha ‘Oración’, un himno de la tarde en que la Semana Santa parece eterna, y en el perfil de un paso que se cuenta también en la línea horizontal la escuchaste terminar y viste al Señor mirar a un cielo azul que este año no condicionaba. Ya habías aprendido que no tenías que marcharte tan rápido y aprovechabas.Al buscar la Ribera hacia la carrera oficial venía por el arco de San Francisco el Señor Amarrado a la columna, con un tapiz de flores que llamó la atención por la sutileza de la combinación en tonos alrededor del malva, y con iris morados, clásicos, en las jarras. Noticia relacionada galeria No No La popular Hermandad del Huerto del Domingo de Ramos, en imágenes Rafael CarmonaTodo lo que parecía triunfar en el primer paso, al llegar el momento de la flagelación se hacía solemne y meditativo y al seguirlo por la calle abajo no sólo se disfrutaba mucho, sino que se daba tiempo a que apareciera la Madre, la Candelaria . No es novedad su palio bordado al completo, pero sí que todavía sorprende como lo hacen todos los oros aún nuevos en una Semana Santa que no hace tanto era de palios lisos. Parecía que las rosas blancas iba a reventar y en los ojos grandes cabía la luz del día y podías seguirla por los costeros una y otra vez. Quién se iba a acordar entonces de las candelerías encendidas y gastadas, quién de los retrasos y de los tiempos medidos.Cambiaba el paisaje humano de una calle a otra. San Fernando, siempre fragante en estos días, tenía claros, antes muy raros en un día como el Domingo de Ramos, quizá por la novedad del camino, por las bullas se acumulaban en torno a los lugares por los que tenía que pasar más de una hermandad. Pasaba en la Cruz del Rastro y en especial en la plaza del Potro , por donde había cruzado las Penas y llegaba el Rescatado. Como todas las hermandades en un Domingo de Ramos de horarios tempranos, había salido muy pronto y venía majestuoso.Noticia relacionada galeria No No La deslumbrante procesión de la hermandad de la Esperanza, en imágenes Fran PérezLa túnica con bordados de un traje de luces de Rafael Sánchez Saco, restaurada por Juan Pablo Morales , resucitaba estampas antiguas en un año en que el Señor fue con la melena de pelo natural sobre los hombros. Todavía muchos recuerdan la larga fila de gente que iba los Domingos de Ramos detrás, y era comprensible, porque la mirada del Señor, siempre alto, se dirige directamente a quien le reza, y las manos prometen hacer algo por aquello que aflige tanto. Peleaste por no perderlo de vista, porque empezaste a recordar que en aquel momento ya había una hermandad que estaba en la carrera oficial y otra muy cerca y eso significaba que habían terminado la ida y empezarían la vuelta y que se te escapaba. El rato delante de la Virgen de la Amargura alivió. Era la hora también de la Esperanza y de otro paisaje urbano. No era la zona de la Victoria de bullas grandes, pero sí de gente que sabía que podría disfrutar subiendo y bajando, como hay que ver tantas veces a las hermandades.Noticia relacionada galeria No No La devota hermandad del Amor, en imágenes Ángel RodríguezHace años que el Señor de las Penas te parece que navega sobre el mar de cabezas, más que anda, por su manera de moverse. La luz se filtraba entre los árboles del Paseo de la Victoria y había que tapar el sol para verle el rostro, pero allí estaba. En la violencia de las figuras, en la fuerza de la música, siempre se imponía el gesto con que recibe la cruz con resignación . Si muchas veces era su paso una sinfonía en rojo y oro esta vez sorprendían los iris morados, de aire silvestre.Caminaste un rato detrás y buscaste a la Virgen, porque no querrías empezar a perderla antes de tiempo. La tarde a la que las hermandades habían nacido tan pronto parecía eterna, como si el sol no quisiera despedirse, y los rayos doraban todavía más la malla del palio. El retraso en la carrera oficial llegó a acercarse a una hora en una jornada en que las hermandades salieron y entraron prontoNo hay perfil en que la Esperanza no sea Ella y te diste cuenta al buscar los dos, siempre dulce, aniñada, afligida, bella. Lucía la bambalina trasera bordada en oro por Sucesores de Caro y el proyecto de Gonzalo Navarro ya arropaba a la Virgen con un perfil tan propio que incluso parecía haberse contagiado a las partes del palio que esperan todavía el hilo de oro. Llenaron los ojos de exuberancia sus flores multicolores dispuestas en lo que era a la vez capricho y geometría.Por el Puente Romano , encapsulado en un control a los accesos que no todo el público comprendió, venía la hermandad de la Vera-Cruz. En lo ancho del cielo que siempre queda cuando cruza el Guadalquivir el Señor de los Reyes avanzaba a ser imagen simbólica con todos los símbolos de la Cruz de la Vida que enseñaba a quien después de mirarlo a los ojos buscase los detalles. Quisiste seguir un poco a la Virgen del Dulce Nombre , que lucía el estreno del bordado interior de la caída trasera, por Manuel Solano, y te conformaste con la mirada azul que resplandecía incluso en la distancia.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El gozo de la Vera Cruz, en imágenes Rafael CarmonaA esas horas la carrera oficial tenía un retraso de unos diez minutos, que llegaría después a acercarse a una hora y por el puente llegaba el Amor. El Señor del Silencio estrenaba la túnica blanca con bordados otomanos , aunque como siempre que lo tienes delante tardaras en fijarte en los detalles, porque le buscas lo que guarda en los ojos. También se había concluido el acabado en oro de todo el conjunto. Iba la hermandad echando de menos al barrio que la había aclamado y muchos no se pudieron despegar del Cristo del Amor, aunque tuvieran que hacerlo. Cuánto sabrá de oraciones quitas. La Virgen de la Encarnación derrochó otra vez alegría y cuando se la veía llegar entre flores rosas alguien reparó en que estaba la candelería encendida y eso le multiplicaba la hondura de los ojos verdes.La seguiste para reparar en que el sol se estaba yendo, que las primeras hermandades buscaban sus casas temprano y que pronto iban a quedar muchas calles vacías. Apuraste en la noche, ya tirando a fría, pero lo mismo que había llegado el Domingo de Ramos terminó por marcharse, y te habían avisado. RSS de noticias de espana/andalucia
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