Dice un refrán castellano que hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión. Ayer, el cielo se lo tomó en serio y el astro brilló con fuerza, lo que permitió el lucimiento de las tallas que salieron en procesión para alegría de cofrades, vecinos y visitantes, que llenaron las calles para vivir con fervor y devoción la Pasión, y rememorar las últimas horas de Jesús. Lo hicieron en una manifestación religiosa que, año tras año, convierte las calles en un museo al aire libre que reúne tallas y conjuntos escultóricos realizados por los mejores imagineros, algunas con siglos de historia tras sí.Las escenas de la Pasión se repitieron en ciudades y pueblos, cuyas calles se llenaron para regocijo de restauradores y hosteleros, que esperan que esta Semana Santa suponga el inicio de la temporada turística tras los primeros difíciles meses del año . Desde por la mañana se sucedieron los desfiles procesionales, que continuarían por la tarde y bien entrada la noche, no en vano es el primero de los días grandes de la Pasión. Hasta catorce desfiles procesionales se pudieron ver a lo largo del día en la capital vallisoletana, entre ellos los del Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre, la Amargura en el Monte Calvario y el de Humildad y Penitencia. Uno de los más madrugadores del día fue el protagonizado por la Virgen de la Esperanza en Zamora, que volvió a partir puntual de la iglesia conventual de las Dominicas Dueñas de Cabañales. La emoción se apoderó de los zamoranos al ver pasar la imagen por el puente de piedra camino de la empinada Cuesta de Balborraz a hombros de sus cargadores. Lo hizo custodiada por las damas vestidas de luto, peineta y mantilla, y de los hermanos vestidos con túnica y ‘caperuz’ -así se denomina en Zamora- de raso blanco y verde. Ya por la tarde, una de las protagonistas fue la Virgen de la Vera Cruz.En Valladolid, a las 11.00 daba comienzo la procesión más ‘tempranera’ del Jueves Santo, y también una de las más queridas, la protagonizada por la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz. Pocos minutos después de las 11.00 horas cruzaba el umbral de la puerta principal del Colegio de Santa Cruz ‘La Perla’ de Gregorio Fernández . Este momento inicial es uno de los más delicados de la procesión, pues obliga a los cofrades a descender las andas con precisión milimétrica el paso hasta casi rozar el suelo para que la talla pueda cruzar la puerta. En la calle, visitantes y vallisoletanos esperaban el instante en un silencio sepulcral, el mismo que minutos antes había acompañado la salida de los capuchones, solo roto primero por el roce de los farolillos con el suelo empedrado, y posteriormente por los cánticos entonados por el coro de la Universidad. Más de una veintena de cofrades llevaban las andas del extraordinario paso, cuya talla data del siglo XVII. A sus pies, un monte de lirios y una rosa roja en recuerdo de los cofrades de la Hermandad Universitaria fallecidos. Antes de enfirlar la calle Librería camino de la plaza de la Universidad, espectadores y cofrades vivieron otro emocionante momento cuando la talla se paró ante el balcón de la Casa de Galicia y el gaitero tocó otra pieza para el Santísimo.Noticia relacionada galeria No No Las procesiones del Jueves Santo en Valladolid, en imágenesLeón también se echó a la calle desde primera hora de la mañana para presenciar el pregón a caballo de la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz que Manuel Jáñez Gallego, «papón desde el nacimiento» pronunció «henchido de emoción». En él, invitó a «abrir de par en par todas las puertas» para que «troten los corceles desbocado» puedan «llevar a la ciudad la buena nueva» y «anunciar, con voz de enamorado, la séptima palabra, que es la prueba, de que, al Padre, mi Señor se ha encomendado».El fervor en calles y plazas se repitió en municipios como Medina de Rioseco (Valladolid), cuyas procesiones están declaradas de Interés Turístico Internacional, y en otros mucho más pequeños, como la palentina Grijota, que vivó uno de sus actos principales de Semana Santa con la celebración del Vía Crucis viviente. También en el interior de iglesias y templos, donde oriundos y visitantes entraban para contemplar los pasos que luego desfilarían en procesiones. En la Catedral de Valladolid, el arzobispo y máximo representante de la Iglesia católica en España, Luis Argüello, aprovechaba su homilía para clamar contra las «enfermedades sociales que generan desigualdad, guerras y la falta de vivienda» y censurar las guerras abiertas en el mundo: «Qué decir cuando los hombres piensan que la única manera de responder al mal es hacer el mal, que la única manera de responder a la soberbia son respuestas soberbias». Dice un refrán castellano que hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión. Ayer, el cielo se lo tomó en serio y el astro brilló con fuerza, lo que permitió el lucimiento de las tallas que salieron en procesión para alegría de cofrades, vecinos y visitantes, que llenaron las calles para vivir con fervor y devoción la Pasión, y rememorar las últimas horas de Jesús. Lo hicieron en una manifestación religiosa que, año tras año, convierte las calles en un museo al aire libre que reúne tallas y conjuntos escultóricos realizados por los mejores imagineros, algunas con siglos de historia tras sí.Las escenas de la Pasión se repitieron en ciudades y pueblos, cuyas calles se llenaron para regocijo de restauradores y hosteleros, que esperan que esta Semana Santa suponga el inicio de la temporada turística tras los primeros difíciles meses del año . Desde por la mañana se sucedieron los desfiles procesionales, que continuarían por la tarde y bien entrada la noche, no en vano es el primero de los días grandes de la Pasión. Hasta catorce desfiles procesionales se pudieron ver a lo largo del día en la capital vallisoletana, entre ellos los del Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre, la Amargura en el Monte Calvario y el de Humildad y Penitencia. Uno de los más madrugadores del día fue el protagonizado por la Virgen de la Esperanza en Zamora, que volvió a partir puntual de la iglesia conventual de las Dominicas Dueñas de Cabañales. La emoción se apoderó de los zamoranos al ver pasar la imagen por el puente de piedra camino de la empinada Cuesta de Balborraz a hombros de sus cargadores. Lo hizo custodiada por las damas vestidas de luto, peineta y mantilla, y de los hermanos vestidos con túnica y ‘caperuz’ -así se denomina en Zamora- de raso blanco y verde. Ya por la tarde, una de las protagonistas fue la Virgen de la Vera Cruz.En Valladolid, a las 11.00 daba comienzo la procesión más ‘tempranera’ del Jueves Santo, y también una de las más queridas, la protagonizada por la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz. Pocos minutos después de las 11.00 horas cruzaba el umbral de la puerta principal del Colegio de Santa Cruz ‘La Perla’ de Gregorio Fernández . Este momento inicial es uno de los más delicados de la procesión, pues obliga a los cofrades a descender las andas con precisión milimétrica el paso hasta casi rozar el suelo para que la talla pueda cruzar la puerta. En la calle, visitantes y vallisoletanos esperaban el instante en un silencio sepulcral, el mismo que minutos antes había acompañado la salida de los capuchones, solo roto primero por el roce de los farolillos con el suelo empedrado, y posteriormente por los cánticos entonados por el coro de la Universidad. Más de una veintena de cofrades llevaban las andas del extraordinario paso, cuya talla data del siglo XVII. A sus pies, un monte de lirios y una rosa roja en recuerdo de los cofrades de la Hermandad Universitaria fallecidos. Antes de enfirlar la calle Librería camino de la plaza de la Universidad, espectadores y cofrades vivieron otro emocionante momento cuando la talla se paró ante el balcón de la Casa de Galicia y el gaitero tocó otra pieza para el Santísimo.Noticia relacionada galeria No No Las procesiones del Jueves Santo en Valladolid, en imágenesLeón también se echó a la calle desde primera hora de la mañana para presenciar el pregón a caballo de la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz que Manuel Jáñez Gallego, «papón desde el nacimiento» pronunció «henchido de emoción». En él, invitó a «abrir de par en par todas las puertas» para que «troten los corceles desbocado» puedan «llevar a la ciudad la buena nueva» y «anunciar, con voz de enamorado, la séptima palabra, que es la prueba, de que, al Padre, mi Señor se ha encomendado».El fervor en calles y plazas se repitió en municipios como Medina de Rioseco (Valladolid), cuyas procesiones están declaradas de Interés Turístico Internacional, y en otros mucho más pequeños, como la palentina Grijota, que vivó uno de sus actos principales de Semana Santa con la celebración del Vía Crucis viviente. También en el interior de iglesias y templos, donde oriundos y visitantes entraban para contemplar los pasos que luego desfilarían en procesiones. En la Catedral de Valladolid, el arzobispo y máximo representante de la Iglesia católica en España, Luis Argüello, aprovechaba su homilía para clamar contra las «enfermedades sociales que generan desigualdad, guerras y la falta de vivienda» y censurar las guerras abiertas en el mundo: «Qué decir cuando los hombres piensan que la única manera de responder al mal es hacer el mal, que la única manera de responder a la soberbia son respuestas soberbias». Dice un refrán castellano que hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión. Ayer, el cielo se lo tomó en serio y el astro brilló con fuerza, lo que permitió el lucimiento de las tallas que salieron en procesión para alegría de cofrades, vecinos y visitantes, que llenaron las calles para vivir con fervor y devoción la Pasión, y rememorar las últimas horas de Jesús. Lo hicieron en una manifestación religiosa que, año tras año, convierte las calles en un museo al aire libre que reúne tallas y conjuntos escultóricos realizados por los mejores imagineros, algunas con siglos de historia tras sí.Las escenas de la Pasión se repitieron en ciudades y pueblos, cuyas calles se llenaron para regocijo de restauradores y hosteleros, que esperan que esta Semana Santa suponga el inicio de la temporada turística tras los primeros difíciles meses del año . Desde por la mañana se sucedieron los desfiles procesionales, que continuarían por la tarde y bien entrada la noche, no en vano es el primero de los días grandes de la Pasión. Hasta catorce desfiles procesionales se pudieron ver a lo largo del día en la capital vallisoletana, entre ellos los del Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre, la Amargura en el Monte Calvario y el de Humildad y Penitencia. Uno de los más madrugadores del día fue el protagonizado por la Virgen de la Esperanza en Zamora, que volvió a partir puntual de la iglesia conventual de las Dominicas Dueñas de Cabañales. La emoción se apoderó de los zamoranos al ver pasar la imagen por el puente de piedra camino de la empinada Cuesta de Balborraz a hombros de sus cargadores. Lo hizo custodiada por las damas vestidas de luto, peineta y mantilla, y de los hermanos vestidos con túnica y ‘caperuz’ -así se denomina en Zamora- de raso blanco y verde. Ya por la tarde, una de las protagonistas fue la Virgen de la Vera Cruz.En Valladolid, a las 11.00 daba comienzo la procesión más ‘tempranera’ del Jueves Santo, y también una de las más queridas, la protagonizada por la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz. Pocos minutos después de las 11.00 horas cruzaba el umbral de la puerta principal del Colegio de Santa Cruz ‘La Perla’ de Gregorio Fernández . Este momento inicial es uno de los más delicados de la procesión, pues obliga a los cofrades a descender las andas con precisión milimétrica el paso hasta casi rozar el suelo para que la talla pueda cruzar la puerta. En la calle, visitantes y vallisoletanos esperaban el instante en un silencio sepulcral, el mismo que minutos antes había acompañado la salida de los capuchones, solo roto primero por el roce de los farolillos con el suelo empedrado, y posteriormente por los cánticos entonados por el coro de la Universidad. Más de una veintena de cofrades llevaban las andas del extraordinario paso, cuya talla data del siglo XVII. A sus pies, un monte de lirios y una rosa roja en recuerdo de los cofrades de la Hermandad Universitaria fallecidos. Antes de enfirlar la calle Librería camino de la plaza de la Universidad, espectadores y cofrades vivieron otro emocionante momento cuando la talla se paró ante el balcón de la Casa de Galicia y el gaitero tocó otra pieza para el Santísimo.Noticia relacionada galeria No No Las procesiones del Jueves Santo en Valladolid, en imágenesLeón también se echó a la calle desde primera hora de la mañana para presenciar el pregón a caballo de la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz que Manuel Jáñez Gallego, «papón desde el nacimiento» pronunció «henchido de emoción». En él, invitó a «abrir de par en par todas las puertas» para que «troten los corceles desbocado» puedan «llevar a la ciudad la buena nueva» y «anunciar, con voz de enamorado, la séptima palabra, que es la prueba, de que, al Padre, mi Señor se ha encomendado».El fervor en calles y plazas se repitió en municipios como Medina de Rioseco (Valladolid), cuyas procesiones están declaradas de Interés Turístico Internacional, y en otros mucho más pequeños, como la palentina Grijota, que vivó uno de sus actos principales de Semana Santa con la celebración del Vía Crucis viviente. También en el interior de iglesias y templos, donde oriundos y visitantes entraban para contemplar los pasos que luego desfilarían en procesiones. En la Catedral de Valladolid, el arzobispo y máximo representante de la Iglesia católica en España, Luis Argüello, aprovechaba su homilía para clamar contra las «enfermedades sociales que generan desigualdad, guerras y la falta de vivienda» y censurar las guerras abiertas en el mundo: «Qué decir cuando los hombres piensan que la única manera de responder al mal es hacer el mal, que la única manera de responder a la soberbia son respuestas soberbias». RSS de noticias de espana
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