La plasticidad de la Semana Santa de Córdoba es para vivirse con todos los sentidos, pero, ante todo, con la vista. La delicadeza de una flor, el gesto de una imagen, la terminación de un farol, el bordado de un manto cuando el palio acaba de pasar fugazmente tienen una lectura propia para cada persona que la admira y forman parte del gran puzle sensorial de esta fiesta. Avanzando cada uno de los días, como pétalos que forman una misma flor, parecidos pero no calcados, el Jueves Santo lleva el tono serio que le corresponde como eje central para entender la Pasión de Jesús a poco de querer comprenderla y recordarla. A partir de las cinco de la tarde en un arco horario de solo media hora se ponen en camino tres cofradías en el Centro bajo el sol de primavera largamente soñado para descender hasta la carrera oficial. Muchos nazarenos en infinitas filas y muchos niños de esclavina toca ver hasta adivinar a lo lejos a las imágenes.Noticia relacionada general No No Las mejores imágenes del Jueves Santo de la Semana Santa de Córdoba 2026 ABC Córdoba El Jueves Santo se hace el silencio absoluto por la tarde cuando se divisa a Nuestro Padre Jesús Nazareno en su paso, con la túnica de cola bordada en oro en terciopelo granate inspirada en un modelo francés de finales del XVIII. Los iris y el helecho son su alfombra clásica, su impronta invariable. Él mira hacia dentro, sin grandes alardes, apelando a la reflexión de cómo asume el peso de la singular cruz. En tanta sencillez y sobriedad cuánto se puede alcanzar a transmitir. La carrera oficial lo recibe a Él el primero, cuando hay mucha luz del sol todavía. Muy atrás en el tiempo queda ya su participación en la Madrugada.La Nazarena María Santísima Nazarena deslumbra con su manto y saya bordada habituales de cada Jueves Santo. Es tiempo de deleitarse en sus grandes ojos suplicantes que alzan la vista hacia el cielo, con las abundantes lágrimas, antes de que la Dolorosa se separe de sus devotos para ser objeto de una restauración . Oraciones y plegarias se arremolinan ante Ella desde las aceras, los balcones repletos de colgaduras y las azoteas. El paso, rico en elementos en los que fijarse, es armonía en plata y color caoba que avanza por las calles. Las notas de su exorno floral clásico son a base de rosas blancas, pittosporino y helecho. La hermandad de Villaviciosa comparte corporativamente la estación de penitencia cerrando el cortejo tras la bendita imagen de María Santísima Nazarena, como experiencia de fe a la par que la Congregación de Hermanas Hospitalarias Franciscanas de Jesús Nazareno por la devoción común hacia el Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina.Es un secreto a voces que Córdoba tiene rincones únicos que emanan belleza y no resultan tan archiconocidos como otros Son estos los más apreciados estos días para disfrutar fe las cofradías. En medio del encanto que solo dan el compás de San Francisco y la fachada de la iglesia, se recibe al Señor de la Caridad , que en pocos instantes y mientras le cantan una saeta ya tiene la altura precisa para ponerse en camino. La cofradía atesora un rico patrimonio y va mostrando todas sus insignias, que son pura historia. Las cantoneras de la cruz brillan especialmente tras su restauración, son el marco de orfebrería del sufrimiento al que asiste la Madre a los pies, con su exquisita estética granadina. Las cornetas y tambores de Coronación de Espinas ponen el acompañamiento musical, que este año no es de los legionarios , con un repertorio de corte clásico. Los naranjos a rebosar de azahares son el punto de partida desde el que llegar al corazón de la Catedral y cumplir la estación de penitencia ante el Santísimo. La perfección existe y se materializa esta Semana Santa que disfruta a todas y cada una de sus cofradías en las calles: no hay lluvia, si acaso de azahares, hay temperaturas suaves y el cielo no castiga esta vez, no hay tacha posible, el escenario es idílico. Imposible no quedar embelesado ante esa mirada de Jesús Caído. La corona de espinas dorada, las potencias, la larga melena resaltan su belleza, pero la primera impresión es para sus ojos. Los toreros de la tierra siempre van tras Él, es parte de la tradición de la propia ciudad y de la historia de esta tradición, y aquí se encuentran Rafael González ‘Chiquilín’, José Luis Torres y Antonio Tejero entre ellos.Jesús Caído , con la túnica de San Juan de la Cruz, con bordados de Francisco Pérez Artés es un claro signo que alude al Año Jubilar Sanjuanista que celebra por los 300 años de su canonización y el centenario desde que fue declarado Doctor de la Iglesia. Un vistoso exorno floral a base de rosas rojas, algunas rosas de pitiminí y esparraguera teñida evocan la sangre derramada por la redención. Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad en su palio resplandece con un tocado lamé de plata en el que resalta el puñal y entre sus joyas lleva un broche de filigrana en cuyo centro va una imagen de San Juan de la Cruz. El blanco de la flor habla de sobriedad con variedad de rosas y flor de cera, y todo es sublime cuando toca la música la banda de la Esperanza.Sagrada Cena Más dosis de Jueves Santo. No lo es sin la Sagrada Cena y la evocación de la institución de la eucaristía. El Señor de la Fe, con túnica blanca y mantolín burdeos, vuelve a emocionar sabiendo que no puede rehusar el cáliz y que en su mesa se sienta el traidor. En su mirada se aprecia el temor por las horas más duras que han de llegar. Primero en sus calles de Poniente, después por Vallellano y luego en la Catedral, la Sagrada Cena es un signo más de que la Pasión va a suceder. La Esperanza del Valle siente más cerca el calor de sus devotos, que le han ofrecido sus joyas para enriquecer la corona que luce con estas nuevas piezas y con doce estrellas. La banda de música Tubamirum interpreta entre las muchas marchas ‘El Valle de la Fe’, compuesta por Antonio Jesús Hernández Carmona, en el 25 aniversario de la bendición de la Virgen a la que reza Poniente. El exorno floral del palio en colores blancos y champán, con minicalas, dos variedades de rosa y helecho, pone la clave de luz de esta virtud teologal.Cae la tarde y dan las siete en la plaza de San Agustín. Parece que era ayer aquella tarde de octubre en la que comenzaba su camino de ida al Vía Crucis Magno y el sol le daba en el rostro. Aquella vez lucía el manto morado. Este Jueves Santo comparece con el manto negro y en el regazo yace el hijo muerto. Córdoba llora y se conmueve ante el prodigio de Juan de Mesa, que legó a esta ciudad su maestría de escultor, su obra póstuma. Nuestra Señora de las Angustias vuelve a lucir una toca antigua en encaje de plata y sedas, por lo que se reproduce una estampa antigua de otras décadas. Las flores vuelven a estar en la línea de color de anteriores ocasiones, de gran viveza que contrasta con la palidez de las policromías. Se para el tiempo admirando los ojos de la Virgen. A la Virgen la ve desde el cielo un niño que vio truncado el anhelo de acompañarla este Jueves Santo, pero está presente en el corazón y las oraciones de los hermanos de la cofradía. Si la plaza de San Agustín rebosa de bulla, otra plaza llena cae rendida a la devoción. Los balcones llevan días engalanados para recibirlo y ahora todo adquiere un sentido.Los arbóreos y respiraderos del paso dorado del Cristo de Gracia relucen esplendoros tras someterse a una restauración El Cristo de Gracia es el último en ponerse en camino, la noche y la madrugada lo esperan, también las saetas. De Gracia sin duda, pero también Esparraguero. No faltan las aves del paraíso ni los espárragos en su calvario, eco de las esparragueras que brotaban entre los muros del convento de los frailes trinitarios y que ellos cortaban y ofrecían al Cristo de Gracia como muestra de devoción.También familias enteras acudían y acuden al convento con flores, calas, lirios de agua y espárragos para ofrecer lo mejor de la tierra al Señor en forma de petición, una costumbre que se perpetúa a día de hoy.La carrera oficial del Jueves Santo concluye con quince minutos de retraso Los brazos del Cristo siempre reconfortan. La madrugada lo aguarda y, aunque la jornada concluye en la carrera oficial con quince minutos de retraso, el Jueves Santo invita a soñar, a sentir que ha sido redondo. El paso del Cristo de Gracia es más dorado que nunca. La restauración da sus frutos y se aprecia en los arbóreos y en las capillas de los respiraderos. La corona de la Virgen de los Dolores reluce también recién recuperada, al igual que los resplandores de San Juan y maría Magdalena. Los músicos de Dios, los de la agrupación musical del Cristo de Gracia, que comenzaron su periplo el Sábado de Bondad, dan lo mejor de sí mismos esta tarde y noche. En sus acordes se funde el amargo cáliz del Jueves Santo, pero la mirada es caprichosa y de repente se acuerda de que son los mismos que ponen toda su alma en repartir ilusión en Navidad. Es Jueves Santo en las calles y en las iglesias, con las visitas a los monumentos en iglesias y conventos. El puñado de patios que suele abrir a las visitas, al canto de saetas y a los altares no ha podido hacerlo este año, pero en esos recintos también es Jueves Santo, en el encanto de lo cotidiano y lo propio, a la espera del mes de Mayo y de una reedición en la próxima Semana Santa de los Patios en Jueves Santo.Buena Muerte Ya en la Madrugada, la hermandad de la Buena Muerte comienza en la Real Colegiata de San Hipólito su estación de penitencia con el silencio del Cristo de la Buena Muerte. La Reina de los Mártires, en los 75 años de su primera salida procesional, evoca aquel lejano día con el collar, el fajín y luce radiante con el manto restaurado en el Instituto Andaluz de Patrimoni Histórico, que es joya del bordaado de las cofradías cordobesas. Cuatro años después de la última vez la candelería reúne de nuevo cera rizada, aun siendo un paso de silencio, lo que le confiere una belleza y personalidad única. El Jueves Santo casi roza la perfección. La plasticidad de la Semana Santa de Córdoba es para vivirse con todos los sentidos, pero, ante todo, con la vista. La delicadeza de una flor, el gesto de una imagen, la terminación de un farol, el bordado de un manto cuando el palio acaba de pasar fugazmente tienen una lectura propia para cada persona que la admira y forman parte del gran puzle sensorial de esta fiesta. Avanzando cada uno de los días, como pétalos que forman una misma flor, parecidos pero no calcados, el Jueves Santo lleva el tono serio que le corresponde como eje central para entender la Pasión de Jesús a poco de querer comprenderla y recordarla. A partir de las cinco de la tarde en un arco horario de solo media hora se ponen en camino tres cofradías en el Centro bajo el sol de primavera largamente soñado para descender hasta la carrera oficial. Muchos nazarenos en infinitas filas y muchos niños de esclavina toca ver hasta adivinar a lo lejos a las imágenes.Noticia relacionada general No No Las mejores imágenes del Jueves Santo de la Semana Santa de Córdoba 2026 ABC Córdoba El Jueves Santo se hace el silencio absoluto por la tarde cuando se divisa a Nuestro Padre Jesús Nazareno en su paso, con la túnica de cola bordada en oro en terciopelo granate inspirada en un modelo francés de finales del XVIII. Los iris y el helecho son su alfombra clásica, su impronta invariable. Él mira hacia dentro, sin grandes alardes, apelando a la reflexión de cómo asume el peso de la singular cruz. En tanta sencillez y sobriedad cuánto se puede alcanzar a transmitir. La carrera oficial lo recibe a Él el primero, cuando hay mucha luz del sol todavía. Muy atrás en el tiempo queda ya su participación en la Madrugada.La Nazarena María Santísima Nazarena deslumbra con su manto y saya bordada habituales de cada Jueves Santo. Es tiempo de deleitarse en sus grandes ojos suplicantes que alzan la vista hacia el cielo, con las abundantes lágrimas, antes de que la Dolorosa se separe de sus devotos para ser objeto de una restauración . Oraciones y plegarias se arremolinan ante Ella desde las aceras, los balcones repletos de colgaduras y las azoteas. El paso, rico en elementos en los que fijarse, es armonía en plata y color caoba que avanza por las calles. Las notas de su exorno floral clásico son a base de rosas blancas, pittosporino y helecho. La hermandad de Villaviciosa comparte corporativamente la estación de penitencia cerrando el cortejo tras la bendita imagen de María Santísima Nazarena, como experiencia de fe a la par que la Congregación de Hermanas Hospitalarias Franciscanas de Jesús Nazareno por la devoción común hacia el Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina.Es un secreto a voces que Córdoba tiene rincones únicos que emanan belleza y no resultan tan archiconocidos como otros Son estos los más apreciados estos días para disfrutar fe las cofradías. En medio del encanto que solo dan el compás de San Francisco y la fachada de la iglesia, se recibe al Señor de la Caridad , que en pocos instantes y mientras le cantan una saeta ya tiene la altura precisa para ponerse en camino. La cofradía atesora un rico patrimonio y va mostrando todas sus insignias, que son pura historia. Las cantoneras de la cruz brillan especialmente tras su restauración, son el marco de orfebrería del sufrimiento al que asiste la Madre a los pies, con su exquisita estética granadina. Las cornetas y tambores de Coronación de Espinas ponen el acompañamiento musical, que este año no es de los legionarios , con un repertorio de corte clásico. Los naranjos a rebosar de azahares son el punto de partida desde el que llegar al corazón de la Catedral y cumplir la estación de penitencia ante el Santísimo. La perfección existe y se materializa esta Semana Santa que disfruta a todas y cada una de sus cofradías en las calles: no hay lluvia, si acaso de azahares, hay temperaturas suaves y el cielo no castiga esta vez, no hay tacha posible, el escenario es idílico. Imposible no quedar embelesado ante esa mirada de Jesús Caído. La corona de espinas dorada, las potencias, la larga melena resaltan su belleza, pero la primera impresión es para sus ojos. Los toreros de la tierra siempre van tras Él, es parte de la tradición de la propia ciudad y de la historia de esta tradición, y aquí se encuentran Rafael González ‘Chiquilín’, José Luis Torres y Antonio Tejero entre ellos.Jesús Caído , con la túnica de San Juan de la Cruz, con bordados de Francisco Pérez Artés es un claro signo que alude al Año Jubilar Sanjuanista que celebra por los 300 años de su canonización y el centenario desde que fue declarado Doctor de la Iglesia. Un vistoso exorno floral a base de rosas rojas, algunas rosas de pitiminí y esparraguera teñida evocan la sangre derramada por la redención. Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad en su palio resplandece con un tocado lamé de plata en el que resalta el puñal y entre sus joyas lleva un broche de filigrana en cuyo centro va una imagen de San Juan de la Cruz. El blanco de la flor habla de sobriedad con variedad de rosas y flor de cera, y todo es sublime cuando toca la música la banda de la Esperanza.Sagrada Cena Más dosis de Jueves Santo. No lo es sin la Sagrada Cena y la evocación de la institución de la eucaristía. El Señor de la Fe, con túnica blanca y mantolín burdeos, vuelve a emocionar sabiendo que no puede rehusar el cáliz y que en su mesa se sienta el traidor. En su mirada se aprecia el temor por las horas más duras que han de llegar. Primero en sus calles de Poniente, después por Vallellano y luego en la Catedral, la Sagrada Cena es un signo más de que la Pasión va a suceder. La Esperanza del Valle siente más cerca el calor de sus devotos, que le han ofrecido sus joyas para enriquecer la corona que luce con estas nuevas piezas y con doce estrellas. La banda de música Tubamirum interpreta entre las muchas marchas ‘El Valle de la Fe’, compuesta por Antonio Jesús Hernández Carmona, en el 25 aniversario de la bendición de la Virgen a la que reza Poniente. El exorno floral del palio en colores blancos y champán, con minicalas, dos variedades de rosa y helecho, pone la clave de luz de esta virtud teologal.Cae la tarde y dan las siete en la plaza de San Agustín. Parece que era ayer aquella tarde de octubre en la que comenzaba su camino de ida al Vía Crucis Magno y el sol le daba en el rostro. Aquella vez lucía el manto morado. Este Jueves Santo comparece con el manto negro y en el regazo yace el hijo muerto. Córdoba llora y se conmueve ante el prodigio de Juan de Mesa, que legó a esta ciudad su maestría de escultor, su obra póstuma. Nuestra Señora de las Angustias vuelve a lucir una toca antigua en encaje de plata y sedas, por lo que se reproduce una estampa antigua de otras décadas. Las flores vuelven a estar en la línea de color de anteriores ocasiones, de gran viveza que contrasta con la palidez de las policromías. Se para el tiempo admirando los ojos de la Virgen. A la Virgen la ve desde el cielo un niño que vio truncado el anhelo de acompañarla este Jueves Santo, pero está presente en el corazón y las oraciones de los hermanos de la cofradía. Si la plaza de San Agustín rebosa de bulla, otra plaza llena cae rendida a la devoción. Los balcones llevan días engalanados para recibirlo y ahora todo adquiere un sentido.Los arbóreos y respiraderos del paso dorado del Cristo de Gracia relucen esplendoros tras someterse a una restauración El Cristo de Gracia es el último en ponerse en camino, la noche y la madrugada lo esperan, también las saetas. De Gracia sin duda, pero también Esparraguero. No faltan las aves del paraíso ni los espárragos en su calvario, eco de las esparragueras que brotaban entre los muros del convento de los frailes trinitarios y que ellos cortaban y ofrecían al Cristo de Gracia como muestra de devoción.También familias enteras acudían y acuden al convento con flores, calas, lirios de agua y espárragos para ofrecer lo mejor de la tierra al Señor en forma de petición, una costumbre que se perpetúa a día de hoy.La carrera oficial del Jueves Santo concluye con quince minutos de retraso Los brazos del Cristo siempre reconfortan. La madrugada lo aguarda y, aunque la jornada concluye en la carrera oficial con quince minutos de retraso, el Jueves Santo invita a soñar, a sentir que ha sido redondo. El paso del Cristo de Gracia es más dorado que nunca. La restauración da sus frutos y se aprecia en los arbóreos y en las capillas de los respiraderos. La corona de la Virgen de los Dolores reluce también recién recuperada, al igual que los resplandores de San Juan y maría Magdalena. Los músicos de Dios, los de la agrupación musical del Cristo de Gracia, que comenzaron su periplo el Sábado de Bondad, dan lo mejor de sí mismos esta tarde y noche. En sus acordes se funde el amargo cáliz del Jueves Santo, pero la mirada es caprichosa y de repente se acuerda de que son los mismos que ponen toda su alma en repartir ilusión en Navidad. Es Jueves Santo en las calles y en las iglesias, con las visitas a los monumentos en iglesias y conventos. El puñado de patios que suele abrir a las visitas, al canto de saetas y a los altares no ha podido hacerlo este año, pero en esos recintos también es Jueves Santo, en el encanto de lo cotidiano y lo propio, a la espera del mes de Mayo y de una reedición en la próxima Semana Santa de los Patios en Jueves Santo.Buena Muerte Ya en la Madrugada, la hermandad de la Buena Muerte comienza en la Real Colegiata de San Hipólito su estación de penitencia con el silencio del Cristo de la Buena Muerte. La Reina de los Mártires, en los 75 años de su primera salida procesional, evoca aquel lejano día con el collar, el fajín y luce radiante con el manto restaurado en el Instituto Andaluz de Patrimoni Histórico, que es joya del bordaado de las cofradías cordobesas. Cuatro años después de la última vez la candelería reúne de nuevo cera rizada, aun siendo un paso de silencio, lo que le confiere una belleza y personalidad única. El Jueves Santo casi roza la perfección. La plasticidad de la Semana Santa de Córdoba es para vivirse con todos los sentidos, pero, ante todo, con la vista. La delicadeza de una flor, el gesto de una imagen, la terminación de un farol, el bordado de un manto cuando el palio acaba de pasar fugazmente tienen una lectura propia para cada persona que la admira y forman parte del gran puzle sensorial de esta fiesta. Avanzando cada uno de los días, como pétalos que forman una misma flor, parecidos pero no calcados, el Jueves Santo lleva el tono serio que le corresponde como eje central para entender la Pasión de Jesús a poco de querer comprenderla y recordarla. A partir de las cinco de la tarde en un arco horario de solo media hora se ponen en camino tres cofradías en el Centro bajo el sol de primavera largamente soñado para descender hasta la carrera oficial. Muchos nazarenos en infinitas filas y muchos niños de esclavina toca ver hasta adivinar a lo lejos a las imágenes.Noticia relacionada general No No Las mejores imágenes del Jueves Santo de la Semana Santa de Córdoba 2026 ABC Córdoba El Jueves Santo se hace el silencio absoluto por la tarde cuando se divisa a Nuestro Padre Jesús Nazareno en su paso, con la túnica de cola bordada en oro en terciopelo granate inspirada en un modelo francés de finales del XVIII. Los iris y el helecho son su alfombra clásica, su impronta invariable. Él mira hacia dentro, sin grandes alardes, apelando a la reflexión de cómo asume el peso de la singular cruz. En tanta sencillez y sobriedad cuánto se puede alcanzar a transmitir. La carrera oficial lo recibe a Él el primero, cuando hay mucha luz del sol todavía. Muy atrás en el tiempo queda ya su participación en la Madrugada.La Nazarena María Santísima Nazarena deslumbra con su manto y saya bordada habituales de cada Jueves Santo. Es tiempo de deleitarse en sus grandes ojos suplicantes que alzan la vista hacia el cielo, con las abundantes lágrimas, antes de que la Dolorosa se separe de sus devotos para ser objeto de una restauración . Oraciones y plegarias se arremolinan ante Ella desde las aceras, los balcones repletos de colgaduras y las azoteas. El paso, rico en elementos en los que fijarse, es armonía en plata y color caoba que avanza por las calles. Las notas de su exorno floral clásico son a base de rosas blancas, pittosporino y helecho. La hermandad de Villaviciosa comparte corporativamente la estación de penitencia cerrando el cortejo tras la bendita imagen de María Santísima Nazarena, como experiencia de fe a la par que la Congregación de Hermanas Hospitalarias Franciscanas de Jesús Nazareno por la devoción común hacia el Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina.Es un secreto a voces que Córdoba tiene rincones únicos que emanan belleza y no resultan tan archiconocidos como otros Son estos los más apreciados estos días para disfrutar fe las cofradías. En medio del encanto que solo dan el compás de San Francisco y la fachada de la iglesia, se recibe al Señor de la Caridad , que en pocos instantes y mientras le cantan una saeta ya tiene la altura precisa para ponerse en camino. La cofradía atesora un rico patrimonio y va mostrando todas sus insignias, que son pura historia. Las cantoneras de la cruz brillan especialmente tras su restauración, son el marco de orfebrería del sufrimiento al que asiste la Madre a los pies, con su exquisita estética granadina. Las cornetas y tambores de Coronación de Espinas ponen el acompañamiento musical, que este año no es de los legionarios , con un repertorio de corte clásico. Los naranjos a rebosar de azahares son el punto de partida desde el que llegar al corazón de la Catedral y cumplir la estación de penitencia ante el Santísimo. La perfección existe y se materializa esta Semana Santa que disfruta a todas y cada una de sus cofradías en las calles: no hay lluvia, si acaso de azahares, hay temperaturas suaves y el cielo no castiga esta vez, no hay tacha posible, el escenario es idílico. Imposible no quedar embelesado ante esa mirada de Jesús Caído. La corona de espinas dorada, las potencias, la larga melena resaltan su belleza, pero la primera impresión es para sus ojos. Los toreros de la tierra siempre van tras Él, es parte de la tradición de la propia ciudad y de la historia de esta tradición, y aquí se encuentran Rafael González ‘Chiquilín’, José Luis Torres y Antonio Tejero entre ellos.Jesús Caído , con la túnica de San Juan de la Cruz, con bordados de Francisco Pérez Artés es un claro signo que alude al Año Jubilar Sanjuanista que celebra por los 300 años de su canonización y el centenario desde que fue declarado Doctor de la Iglesia. Un vistoso exorno floral a base de rosas rojas, algunas rosas de pitiminí y esparraguera teñida evocan la sangre derramada por la redención. Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad en su palio resplandece con un tocado lamé de plata en el que resalta el puñal y entre sus joyas lleva un broche de filigrana en cuyo centro va una imagen de San Juan de la Cruz. El blanco de la flor habla de sobriedad con variedad de rosas y flor de cera, y todo es sublime cuando toca la música la banda de la Esperanza.Sagrada Cena Más dosis de Jueves Santo. No lo es sin la Sagrada Cena y la evocación de la institución de la eucaristía. El Señor de la Fe, con túnica blanca y mantolín burdeos, vuelve a emocionar sabiendo que no puede rehusar el cáliz y que en su mesa se sienta el traidor. En su mirada se aprecia el temor por las horas más duras que han de llegar. Primero en sus calles de Poniente, después por Vallellano y luego en la Catedral, la Sagrada Cena es un signo más de que la Pasión va a suceder. La Esperanza del Valle siente más cerca el calor de sus devotos, que le han ofrecido sus joyas para enriquecer la corona que luce con estas nuevas piezas y con doce estrellas. La banda de música Tubamirum interpreta entre las muchas marchas ‘El Valle de la Fe’, compuesta por Antonio Jesús Hernández Carmona, en el 25 aniversario de la bendición de la Virgen a la que reza Poniente. El exorno floral del palio en colores blancos y champán, con minicalas, dos variedades de rosa y helecho, pone la clave de luz de esta virtud teologal.Cae la tarde y dan las siete en la plaza de San Agustín. Parece que era ayer aquella tarde de octubre en la que comenzaba su camino de ida al Vía Crucis Magno y el sol le daba en el rostro. Aquella vez lucía el manto morado. Este Jueves Santo comparece con el manto negro y en el regazo yace el hijo muerto. Córdoba llora y se conmueve ante el prodigio de Juan de Mesa, que legó a esta ciudad su maestría de escultor, su obra póstuma. Nuestra Señora de las Angustias vuelve a lucir una toca antigua en encaje de plata y sedas, por lo que se reproduce una estampa antigua de otras décadas. Las flores vuelven a estar en la línea de color de anteriores ocasiones, de gran viveza que contrasta con la palidez de las policromías. Se para el tiempo admirando los ojos de la Virgen. A la Virgen la ve desde el cielo un niño que vio truncado el anhelo de acompañarla este Jueves Santo, pero está presente en el corazón y las oraciones de los hermanos de la cofradía. Si la plaza de San Agustín rebosa de bulla, otra plaza llena cae rendida a la devoción. Los balcones llevan días engalanados para recibirlo y ahora todo adquiere un sentido.Los arbóreos y respiraderos del paso dorado del Cristo de Gracia relucen esplendoros tras someterse a una restauración El Cristo de Gracia es el último en ponerse en camino, la noche y la madrugada lo esperan, también las saetas. De Gracia sin duda, pero también Esparraguero. No faltan las aves del paraíso ni los espárragos en su calvario, eco de las esparragueras que brotaban entre los muros del convento de los frailes trinitarios y que ellos cortaban y ofrecían al Cristo de Gracia como muestra de devoción.También familias enteras acudían y acuden al convento con flores, calas, lirios de agua y espárragos para ofrecer lo mejor de la tierra al Señor en forma de petición, una costumbre que se perpetúa a día de hoy.La carrera oficial del Jueves Santo concluye con quince minutos de retraso Los brazos del Cristo siempre reconfortan. La madrugada lo aguarda y, aunque la jornada concluye en la carrera oficial con quince minutos de retraso, el Jueves Santo invita a soñar, a sentir que ha sido redondo. El paso del Cristo de Gracia es más dorado que nunca. La restauración da sus frutos y se aprecia en los arbóreos y en las capillas de los respiraderos. La corona de la Virgen de los Dolores reluce también recién recuperada, al igual que los resplandores de San Juan y maría Magdalena. Los músicos de Dios, los de la agrupación musical del Cristo de Gracia, que comenzaron su periplo el Sábado de Bondad, dan lo mejor de sí mismos esta tarde y noche. En sus acordes se funde el amargo cáliz del Jueves Santo, pero la mirada es caprichosa y de repente se acuerda de que son los mismos que ponen toda su alma en repartir ilusión en Navidad. Es Jueves Santo en las calles y en las iglesias, con las visitas a los monumentos en iglesias y conventos. El puñado de patios que suele abrir a las visitas, al canto de saetas y a los altares no ha podido hacerlo este año, pero en esos recintos también es Jueves Santo, en el encanto de lo cotidiano y lo propio, a la espera del mes de Mayo y de una reedición en la próxima Semana Santa de los Patios en Jueves Santo.Buena Muerte Ya en la Madrugada, la hermandad de la Buena Muerte comienza en la Real Colegiata de San Hipólito su estación de penitencia con el silencio del Cristo de la Buena Muerte. La Reina de los Mártires, en los 75 años de su primera salida procesional, evoca aquel lejano día con el collar, el fajín y luce radiante con el manto restaurado en el Instituto Andaluz de Patrimoni Histórico, que es joya del bordaado de las cofradías cordobesas. Cuatro años después de la última vez la candelería reúne de nuevo cera rizada, aun siendo un paso de silencio, lo que le confiere una belleza y personalidad única. El Jueves Santo casi roza la perfección. RSS de noticias de espana/andalucia
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