El timbre sonando a horas intempestivas, un trajín de toxicómanos subiendo y bajando las escaleras, peleas y el riesgo de que un incendio, consecuencia de venganzas o de las condiciones insalubres de los inmuebles, pueda incluso comprometer sus vidas. Convivir con un narcopiso es un auténtico calvario para muchos vecinos: «Mucha gente ha optado por vender e irse; esto es un infierno diario». Lo explica a ABC un vecino de un bloque de pisos de Noia (La Coruña), donde desde hace meses se asienta un narcopiso que trae de cabeza a todo un barrio.El piso está ubicado en un edificio de la calle Pintor Arximiro Suárez, muy céntrica, frente a un parque y cerca del paseo marítimo. Lo regenta una pareja con un hijo menor de edad. Hacía años que sospechaban que traficaban: el hombre entraba y salía a altas horas y había trajín y ruido por la noche. Pero el trasiego ha ido a más en los últimos dos años y ahora son ya los clientes los que acuden allí directamente a comprar.«Es una comunidad donde hay niños y personas mayores, ese trasiego de gente extraña genera inseguridad»Al principio, los damnificados eran los habitantes del mismo bloque, pero el número de afectados ha ido creciendo a medida que aumentaba la clientela del narcopiso. Ahora ya lo sufre todo el barrio: «Es una comunidad donde hay niños, hay personas mayores y ese trasiego constante de gente extraña genera inseguridad. Hay una guardería y un parque donde ahora ya no ves a nadie, porque los individuos que rondan por ahí generan desconfianza y miedo», describe el mismo vecino.Noticia relacionada No No Así fue el complicado rescate de los cuatro narcos colombianos que hundieron un semisumergible cargado de ‘coca’Algunos residentes que tienen la fortuna de contar con otra vivienda cada vez se dejan ver menos por allí: «Es que allí no se puede estar, porque no hay quien duerma». Pero quienes no tienen alternativa siguen soportando un trasiego de toxicómanos que no les deja dormir.Bloque donde se encuentra el narcopiso de Noia. Miguel MuñizEl aumento del número de narcopisos —y esto es una realidad en toda España— ha ido en paralelo a la presión policial sobre el trapicheo en la calle o en los poblados. Sin embargo, actuar cuando se trata de propiedades privadas resulta más complicado. Y cuando sienten esa presión, los responsables cambian de edificio o de barrio. En definitiva, se reproducen como setas y los vecinos que lo sufren se ven impotentes.No hay una receta mágica: eliminarlos no es tarea fácil. Pero en las últimas semanas este barrio de Noia ha cobrado protagonismo en los medios de comunicación y en las redes sociales. Y la movilización vecinal puede ser fundamental para intensificar la acción policial, judicial y política frente a esta plaga. Al menos, para evitar que la situación vaya a más.Movilización en SantiagoLo saben bien en otras localidades y barrios gallegos: en La Coruña, en Vigo o en Santiago de Compostela. En la capital gallega, por ejemplo, la presunta responsable de un narcopiso en el Ensanche, que se sintió señalada por el movimiento vecinal, ha llegado a decir a sus caseros que este mes se irá a buscar una comunidad más tranquila donde poder traficar «sin tanta presión». Los vecinos rezan para que así sea.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque el problema que no se visibiliza es como si no existiera», explica a ABC Xosé Manuel Durán, presidente de la asociación vecinal Raigame. Hicieron ruido y consiguieron que muchos vecinos que sufrían en silencio las consecuencias de convivir con un narcopiso en su escalera o en el edificio alzaran la voz, superando ese miedo inicial que les paralizaba.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque si no se visibiliza es como si no existiera»Y ese ruido, sin ser ni mucho menos una panacea, está dando resultados. Contribuyó a que la Policía y la Justicia desmantelaran dos narcopisos, uno en la calle Santiago de Chile y otro en la de Alfredo Brañas. Pero en el Ensanche — y en otros barrios de la ciudad — tienen localizados al menos otros siete más. Uno de ellos, también en la calle Alfredo Brañas, sufrió recientemente un incendio. Al parecer, un toxicómano había prendido fuego a la puerta por algún tipo de desavenencia con los traficantes.Esa movilización, además de poner el foco mediático en esta problemática, está provocando que los propios traficantes, como la mencionada inquilina de la calle Santiago de Chile, se inquietaran. «Queríamos visibilizar el problema para que los traficantes se sintieran incómodos, pero también que fuera una llamada de atención a la Policía y a los políticos, tanto del Concello como de la Subdelegación del Gobierno», detalla el portavoz de Raigame. Pero buscaban, como primer paso, que tanto los propietarios como los presidentes de las comunidades de vecinos cogieran el toro por los cuernos, que «tomaran cartas en el asunto».Una mesa redondaCon ese objetivo, la asociación organizó en marzo una mesa redonda. Participaron en ella el gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico, Fernando Alonso; el psiquiatra Jorge López, que trabaja en una unidad de atención a drogodependientes, y la abogada Montserrat Arza. En el acto, además de recoger ideas y propuestas, se pusieron sobre la mesa las diferentes opciones sobre cómo actuar ante la tesitura de sufrir un narcopiso en el vecindario.Hay tres vías. Una, la administrativa, muy lenta, al depender de un Concello como el compostelano, donde los trámites burocráticos suelen atascarse. Otra, la vía penal, que tampoco destaca por su agilidad, debido a la dificultad para reunir pruebas y a unos procedimientos judiciales poco dinámicos. Y, en tercer lugar, la vía civil, por la que apuesta esta asociación, recurriendo al artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), que «prohíbe a propietarios y ocupantes realizar actividades prohibidas en los estatutos, así como aquellas que resulten dañosas, peligrosas, insalubres, nocivas o ilícitas en el inmueble».En el Ensanche de la capital gallega son ya varias las comunidades que han optado por esta última opción para intentar desterrar los narcopisos de sus bloques. Además de ser más ágil que las otras vías, tiene una ventaja adicional: no cuesta dinero a los vecinos porque va con cargo al seguro de responsabilidad civil que toda comunidad tiene que tener contratado.Hay más narcopisos en Santiago —el del Banco do Pobre, muy mediático en su momento; en las Algalias del casco histórico; en Fontiñas o en Vite—, pero la idiosincrasia del Ensanche contribuye a su proliferación: un barrio con una gran población flotante, con muchos universitarios y muchos propietarios que no viven en sus pisos y los tienen alquilados facilita a los traficantes pasar desapercibidos.La lucha siguePara los habitantes del Ensanche compostelano la lucha sigue. Después de Semana Santa está prevista una reunión entre todos los presidentes de las comunidades de vecinos para tratar de seguir limpiando el barrio de narcopisos: «Decidimos no cruzarnos de brazos y actuar; parece que lo que hacemos está dando sus frutos, pero en el momento en que bajemos la presión caeremos de la bicicleta».Tienen la experiencia de otras problemáticas que sacuden al barrio, como los excesos del ocio nocturno, en una zona donde los vecinos perciben un descenso del nivel de renta: «Cierran comercios tradicionales y abren casas de apuestas. En el Ensanche ya tenemos siete», lamenta el portavoz de Raigame en conversación con este diario. «Tenemos que estar continuamente activos y visibilizando el problema», remacha Xosé Manuel Durán. Pero tanto en Noia como en Santiago hay, al menos, una lección aprendida: la movilización colectiva y la visibilización del problema, aunque de forma lenta, suelen acabar dando sus frutos. El timbre sonando a horas intempestivas, un trajín de toxicómanos subiendo y bajando las escaleras, peleas y el riesgo de que un incendio, consecuencia de venganzas o de las condiciones insalubres de los inmuebles, pueda incluso comprometer sus vidas. Convivir con un narcopiso es un auténtico calvario para muchos vecinos: «Mucha gente ha optado por vender e irse; esto es un infierno diario». Lo explica a ABC un vecino de un bloque de pisos de Noia (La Coruña), donde desde hace meses se asienta un narcopiso que trae de cabeza a todo un barrio.El piso está ubicado en un edificio de la calle Pintor Arximiro Suárez, muy céntrica, frente a un parque y cerca del paseo marítimo. Lo regenta una pareja con un hijo menor de edad. Hacía años que sospechaban que traficaban: el hombre entraba y salía a altas horas y había trajín y ruido por la noche. Pero el trasiego ha ido a más en los últimos dos años y ahora son ya los clientes los que acuden allí directamente a comprar.«Es una comunidad donde hay niños y personas mayores, ese trasiego de gente extraña genera inseguridad»Al principio, los damnificados eran los habitantes del mismo bloque, pero el número de afectados ha ido creciendo a medida que aumentaba la clientela del narcopiso. Ahora ya lo sufre todo el barrio: «Es una comunidad donde hay niños, hay personas mayores y ese trasiego constante de gente extraña genera inseguridad. Hay una guardería y un parque donde ahora ya no ves a nadie, porque los individuos que rondan por ahí generan desconfianza y miedo», describe el mismo vecino.Noticia relacionada No No Así fue el complicado rescate de los cuatro narcos colombianos que hundieron un semisumergible cargado de ‘coca’Algunos residentes que tienen la fortuna de contar con otra vivienda cada vez se dejan ver menos por allí: «Es que allí no se puede estar, porque no hay quien duerma». Pero quienes no tienen alternativa siguen soportando un trasiego de toxicómanos que no les deja dormir.Bloque donde se encuentra el narcopiso de Noia. Miguel MuñizEl aumento del número de narcopisos —y esto es una realidad en toda España— ha ido en paralelo a la presión policial sobre el trapicheo en la calle o en los poblados. Sin embargo, actuar cuando se trata de propiedades privadas resulta más complicado. Y cuando sienten esa presión, los responsables cambian de edificio o de barrio. En definitiva, se reproducen como setas y los vecinos que lo sufren se ven impotentes.No hay una receta mágica: eliminarlos no es tarea fácil. Pero en las últimas semanas este barrio de Noia ha cobrado protagonismo en los medios de comunicación y en las redes sociales. Y la movilización vecinal puede ser fundamental para intensificar la acción policial, judicial y política frente a esta plaga. Al menos, para evitar que la situación vaya a más.Movilización en SantiagoLo saben bien en otras localidades y barrios gallegos: en La Coruña, en Vigo o en Santiago de Compostela. En la capital gallega, por ejemplo, la presunta responsable de un narcopiso en el Ensanche, que se sintió señalada por el movimiento vecinal, ha llegado a decir a sus caseros que este mes se irá a buscar una comunidad más tranquila donde poder traficar «sin tanta presión». Los vecinos rezan para que así sea.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque el problema que no se visibiliza es como si no existiera», explica a ABC Xosé Manuel Durán, presidente de la asociación vecinal Raigame. Hicieron ruido y consiguieron que muchos vecinos que sufrían en silencio las consecuencias de convivir con un narcopiso en su escalera o en el edificio alzaran la voz, superando ese miedo inicial que les paralizaba.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque si no se visibiliza es como si no existiera»Y ese ruido, sin ser ni mucho menos una panacea, está dando resultados. Contribuyó a que la Policía y la Justicia desmantelaran dos narcopisos, uno en la calle Santiago de Chile y otro en la de Alfredo Brañas. Pero en el Ensanche — y en otros barrios de la ciudad — tienen localizados al menos otros siete más. Uno de ellos, también en la calle Alfredo Brañas, sufrió recientemente un incendio. Al parecer, un toxicómano había prendido fuego a la puerta por algún tipo de desavenencia con los traficantes.Esa movilización, además de poner el foco mediático en esta problemática, está provocando que los propios traficantes, como la mencionada inquilina de la calle Santiago de Chile, se inquietaran. «Queríamos visibilizar el problema para que los traficantes se sintieran incómodos, pero también que fuera una llamada de atención a la Policía y a los políticos, tanto del Concello como de la Subdelegación del Gobierno», detalla el portavoz de Raigame. Pero buscaban, como primer paso, que tanto los propietarios como los presidentes de las comunidades de vecinos cogieran el toro por los cuernos, que «tomaran cartas en el asunto».Una mesa redondaCon ese objetivo, la asociación organizó en marzo una mesa redonda. Participaron en ella el gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico, Fernando Alonso; el psiquiatra Jorge López, que trabaja en una unidad de atención a drogodependientes, y la abogada Montserrat Arza. En el acto, además de recoger ideas y propuestas, se pusieron sobre la mesa las diferentes opciones sobre cómo actuar ante la tesitura de sufrir un narcopiso en el vecindario.Hay tres vías. Una, la administrativa, muy lenta, al depender de un Concello como el compostelano, donde los trámites burocráticos suelen atascarse. Otra, la vía penal, que tampoco destaca por su agilidad, debido a la dificultad para reunir pruebas y a unos procedimientos judiciales poco dinámicos. Y, en tercer lugar, la vía civil, por la que apuesta esta asociación, recurriendo al artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), que «prohíbe a propietarios y ocupantes realizar actividades prohibidas en los estatutos, así como aquellas que resulten dañosas, peligrosas, insalubres, nocivas o ilícitas en el inmueble».En el Ensanche de la capital gallega son ya varias las comunidades que han optado por esta última opción para intentar desterrar los narcopisos de sus bloques. Además de ser más ágil que las otras vías, tiene una ventaja adicional: no cuesta dinero a los vecinos porque va con cargo al seguro de responsabilidad civil que toda comunidad tiene que tener contratado.Hay más narcopisos en Santiago —el del Banco do Pobre, muy mediático en su momento; en las Algalias del casco histórico; en Fontiñas o en Vite—, pero la idiosincrasia del Ensanche contribuye a su proliferación: un barrio con una gran población flotante, con muchos universitarios y muchos propietarios que no viven en sus pisos y los tienen alquilados facilita a los traficantes pasar desapercibidos.La lucha siguePara los habitantes del Ensanche compostelano la lucha sigue. Después de Semana Santa está prevista una reunión entre todos los presidentes de las comunidades de vecinos para tratar de seguir limpiando el barrio de narcopisos: «Decidimos no cruzarnos de brazos y actuar; parece que lo que hacemos está dando sus frutos, pero en el momento en que bajemos la presión caeremos de la bicicleta».Tienen la experiencia de otras problemáticas que sacuden al barrio, como los excesos del ocio nocturno, en una zona donde los vecinos perciben un descenso del nivel de renta: «Cierran comercios tradicionales y abren casas de apuestas. En el Ensanche ya tenemos siete», lamenta el portavoz de Raigame en conversación con este diario. «Tenemos que estar continuamente activos y visibilizando el problema», remacha Xosé Manuel Durán. Pero tanto en Noia como en Santiago hay, al menos, una lección aprendida: la movilización colectiva y la visibilización del problema, aunque de forma lenta, suelen acabar dando sus frutos. El timbre sonando a horas intempestivas, un trajín de toxicómanos subiendo y bajando las escaleras, peleas y el riesgo de que un incendio, consecuencia de venganzas o de las condiciones insalubres de los inmuebles, pueda incluso comprometer sus vidas. Convivir con un narcopiso es un auténtico calvario para muchos vecinos: «Mucha gente ha optado por vender e irse; esto es un infierno diario». Lo explica a ABC un vecino de un bloque de pisos de Noia (La Coruña), donde desde hace meses se asienta un narcopiso que trae de cabeza a todo un barrio.El piso está ubicado en un edificio de la calle Pintor Arximiro Suárez, muy céntrica, frente a un parque y cerca del paseo marítimo. Lo regenta una pareja con un hijo menor de edad. Hacía años que sospechaban que traficaban: el hombre entraba y salía a altas horas y había trajín y ruido por la noche. Pero el trasiego ha ido a más en los últimos dos años y ahora son ya los clientes los que acuden allí directamente a comprar.«Es una comunidad donde hay niños y personas mayores, ese trasiego de gente extraña genera inseguridad»Al principio, los damnificados eran los habitantes del mismo bloque, pero el número de afectados ha ido creciendo a medida que aumentaba la clientela del narcopiso. Ahora ya lo sufre todo el barrio: «Es una comunidad donde hay niños, hay personas mayores y ese trasiego constante de gente extraña genera inseguridad. Hay una guardería y un parque donde ahora ya no ves a nadie, porque los individuos que rondan por ahí generan desconfianza y miedo», describe el mismo vecino.Noticia relacionada No No Así fue el complicado rescate de los cuatro narcos colombianos que hundieron un semisumergible cargado de ‘coca’Algunos residentes que tienen la fortuna de contar con otra vivienda cada vez se dejan ver menos por allí: «Es que allí no se puede estar, porque no hay quien duerma». Pero quienes no tienen alternativa siguen soportando un trasiego de toxicómanos que no les deja dormir.Bloque donde se encuentra el narcopiso de Noia. Miguel MuñizEl aumento del número de narcopisos —y esto es una realidad en toda España— ha ido en paralelo a la presión policial sobre el trapicheo en la calle o en los poblados. Sin embargo, actuar cuando se trata de propiedades privadas resulta más complicado. Y cuando sienten esa presión, los responsables cambian de edificio o de barrio. En definitiva, se reproducen como setas y los vecinos que lo sufren se ven impotentes.No hay una receta mágica: eliminarlos no es tarea fácil. Pero en las últimas semanas este barrio de Noia ha cobrado protagonismo en los medios de comunicación y en las redes sociales. Y la movilización vecinal puede ser fundamental para intensificar la acción policial, judicial y política frente a esta plaga. Al menos, para evitar que la situación vaya a más.Movilización en SantiagoLo saben bien en otras localidades y barrios gallegos: en La Coruña, en Vigo o en Santiago de Compostela. En la capital gallega, por ejemplo, la presunta responsable de un narcopiso en el Ensanche, que se sintió señalada por el movimiento vecinal, ha llegado a decir a sus caseros que este mes se irá a buscar una comunidad más tranquila donde poder traficar «sin tanta presión». Los vecinos rezan para que así sea.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque el problema que no se visibiliza es como si no existiera», explica a ABC Xosé Manuel Durán, presidente de la asociación vecinal Raigame. Hicieron ruido y consiguieron que muchos vecinos que sufrían en silencio las consecuencias de convivir con un narcopiso en su escalera o en el edificio alzaran la voz, superando ese miedo inicial que les paralizaba.«Nos dimos cuenta de que había que visibilizar el problema, porque si no se visibiliza es como si no existiera»Y ese ruido, sin ser ni mucho menos una panacea, está dando resultados. Contribuyó a que la Policía y la Justicia desmantelaran dos narcopisos, uno en la calle Santiago de Chile y otro en la de Alfredo Brañas. Pero en el Ensanche — y en otros barrios de la ciudad — tienen localizados al menos otros siete más. Uno de ellos, también en la calle Alfredo Brañas, sufrió recientemente un incendio. Al parecer, un toxicómano había prendido fuego a la puerta por algún tipo de desavenencia con los traficantes.Esa movilización, además de poner el foco mediático en esta problemática, está provocando que los propios traficantes, como la mencionada inquilina de la calle Santiago de Chile, se inquietaran. «Queríamos visibilizar el problema para que los traficantes se sintieran incómodos, pero también que fuera una llamada de atención a la Policía y a los políticos, tanto del Concello como de la Subdelegación del Gobierno», detalla el portavoz de Raigame. Pero buscaban, como primer paso, que tanto los propietarios como los presidentes de las comunidades de vecinos cogieran el toro por los cuernos, que «tomaran cartas en el asunto».Una mesa redondaCon ese objetivo, la asociación organizó en marzo una mesa redonda. Participaron en ella el gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico, Fernando Alonso; el psiquiatra Jorge López, que trabaja en una unidad de atención a drogodependientes, y la abogada Montserrat Arza. En el acto, además de recoger ideas y propuestas, se pusieron sobre la mesa las diferentes opciones sobre cómo actuar ante la tesitura de sufrir un narcopiso en el vecindario.Hay tres vías. Una, la administrativa, muy lenta, al depender de un Concello como el compostelano, donde los trámites burocráticos suelen atascarse. Otra, la vía penal, que tampoco destaca por su agilidad, debido a la dificultad para reunir pruebas y a unos procedimientos judiciales poco dinámicos. Y, en tercer lugar, la vía civil, por la que apuesta esta asociación, recurriendo al artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), que «prohíbe a propietarios y ocupantes realizar actividades prohibidas en los estatutos, así como aquellas que resulten dañosas, peligrosas, insalubres, nocivas o ilícitas en el inmueble».En el Ensanche de la capital gallega son ya varias las comunidades que han optado por esta última opción para intentar desterrar los narcopisos de sus bloques. Además de ser más ágil que las otras vías, tiene una ventaja adicional: no cuesta dinero a los vecinos porque va con cargo al seguro de responsabilidad civil que toda comunidad tiene que tener contratado.Hay más narcopisos en Santiago —el del Banco do Pobre, muy mediático en su momento; en las Algalias del casco histórico; en Fontiñas o en Vite—, pero la idiosincrasia del Ensanche contribuye a su proliferación: un barrio con una gran población flotante, con muchos universitarios y muchos propietarios que no viven en sus pisos y los tienen alquilados facilita a los traficantes pasar desapercibidos.La lucha siguePara los habitantes del Ensanche compostelano la lucha sigue. Después de Semana Santa está prevista una reunión entre todos los presidentes de las comunidades de vecinos para tratar de seguir limpiando el barrio de narcopisos: «Decidimos no cruzarnos de brazos y actuar; parece que lo que hacemos está dando sus frutos, pero en el momento en que bajemos la presión caeremos de la bicicleta».Tienen la experiencia de otras problemáticas que sacuden al barrio, como los excesos del ocio nocturno, en una zona donde los vecinos perciben un descenso del nivel de renta: «Cierran comercios tradicionales y abren casas de apuestas. En el Ensanche ya tenemos siete», lamenta el portavoz de Raigame en conversación con este diario. «Tenemos que estar continuamente activos y visibilizando el problema», remacha Xosé Manuel Durán. Pero tanto en Noia como en Santiago hay, al menos, una lección aprendida: la movilización colectiva y la visibilización del problema, aunque de forma lenta, suelen acabar dando sus frutos. RSS de noticias de espana
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