Pocos días antes de la dolorosísima ida a los altares de mi padre, tuve la ocasión de visitar ese feudo cuasi sagrado que es Gómez Cardeña, el cual no había pisado nunca.Al áurea belmontina se sumaba la emoción de saber que Rafael de Paula vivió los años más felices de su vida en aquel campo, cuando don Juan mandaba a su chófer o a Diego Mateos (hijo del mayoral con el mismo nombre) a recogerlo en el barrio de Santiago. «Coge el coche y ve por el gitano», me dijo Mateos que le decía don Juan. Y allá que iba Rafael, lavándose la cara y ‘embriagao’ de sentimiento cuando escuchaba que el chófer llamaba a la puerta y le abría su madre Tomasa. Y ya estaba Rafael en el redondel cuando de repente escucha a don Juan desde el balcón de arriba: «Fijaos cómo le pega el natural ligao con el de pecho». Y Rafael, ungido de emoción, que le pegaba el natural ligado con el de pecho de una punta a otra de la plaza, sólo por darle el gusto al trianero. En mi visita estaba Espartaco padre, ‘el Remendao’ le llamaban, el cual convivió en el mismo Gómez Cardeña, y me dice: «Don Juan, con el que de verdad disfrutaba, era con Paula». Puedo asegurar, pues, que Rafael de Paula fue el último enamoramiento torero de Belmonte, justamente por eso o aquello de ver lo que otros no ven: intuición duendística, que es el lenguaje del sentimiento. Andaba yo como sonámbulo por aquellos patios y salones, disfrutando de ese cuadro de Zuloaga, con ese corinto y azabache, y soñaba cómo el joven gitano miraría una y otra vez entre tímido y callado ese terno que, como saben, fue santo y seña de sus grandes tardes, porque Belmonte, para Paula, era su dios espiritual. Nadie podrá imaginar la ilusión que me hizo comentarle al día siguiente a mi padre aquella visita, incluso mostrarle un par de fotos. «¿Ése soy yo?», me espetó extrañado debido al parecido. «No, papá, soy yo soñando contigo». Pocos días antes de la dolorosísima ida a los altares de mi padre, tuve la ocasión de visitar ese feudo cuasi sagrado que es Gómez Cardeña, el cual no había pisado nunca.Al áurea belmontina se sumaba la emoción de saber que Rafael de Paula vivió los años más felices de su vida en aquel campo, cuando don Juan mandaba a su chófer o a Diego Mateos (hijo del mayoral con el mismo nombre) a recogerlo en el barrio de Santiago. «Coge el coche y ve por el gitano», me dijo Mateos que le decía don Juan. Y allá que iba Rafael, lavándose la cara y ‘embriagao’ de sentimiento cuando escuchaba que el chófer llamaba a la puerta y le abría su madre Tomasa. Y ya estaba Rafael en el redondel cuando de repente escucha a don Juan desde el balcón de arriba: «Fijaos cómo le pega el natural ligao con el de pecho». Y Rafael, ungido de emoción, que le pegaba el natural ligado con el de pecho de una punta a otra de la plaza, sólo por darle el gusto al trianero. En mi visita estaba Espartaco padre, ‘el Remendao’ le llamaban, el cual convivió en el mismo Gómez Cardeña, y me dice: «Don Juan, con el que de verdad disfrutaba, era con Paula». Puedo asegurar, pues, que Rafael de Paula fue el último enamoramiento torero de Belmonte, justamente por eso o aquello de ver lo que otros no ven: intuición duendística, que es el lenguaje del sentimiento. Andaba yo como sonámbulo por aquellos patios y salones, disfrutando de ese cuadro de Zuloaga, con ese corinto y azabache, y soñaba cómo el joven gitano miraría una y otra vez entre tímido y callado ese terno que, como saben, fue santo y seña de sus grandes tardes, porque Belmonte, para Paula, era su dios espiritual. Nadie podrá imaginar la ilusión que me hizo comentarle al día siguiente a mi padre aquella visita, incluso mostrarle un par de fotos. «¿Ése soy yo?», me espetó extrañado debido al parecido. «No, papá, soy yo soñando contigo». Pocos días antes de la dolorosísima ida a los altares de mi padre, tuve la ocasión de visitar ese feudo cuasi sagrado que es Gómez Cardeña, el cual no había pisado nunca.Al áurea belmontina se sumaba la emoción de saber que Rafael de Paula vivió los años más felices de su vida en aquel campo, cuando don Juan mandaba a su chófer o a Diego Mateos (hijo del mayoral con el mismo nombre) a recogerlo en el barrio de Santiago. «Coge el coche y ve por el gitano», me dijo Mateos que le decía don Juan. Y allá que iba Rafael, lavándose la cara y ‘embriagao’ de sentimiento cuando escuchaba que el chófer llamaba a la puerta y le abría su madre Tomasa. Y ya estaba Rafael en el redondel cuando de repente escucha a don Juan desde el balcón de arriba: «Fijaos cómo le pega el natural ligao con el de pecho». Y Rafael, ungido de emoción, que le pegaba el natural ligado con el de pecho de una punta a otra de la plaza, sólo por darle el gusto al trianero. En mi visita estaba Espartaco padre, ‘el Remendao’ le llamaban, el cual convivió en el mismo Gómez Cardeña, y me dice: «Don Juan, con el que de verdad disfrutaba, era con Paula». Puedo asegurar, pues, que Rafael de Paula fue el último enamoramiento torero de Belmonte, justamente por eso o aquello de ver lo que otros no ven: intuición duendística, que es el lenguaje del sentimiento. Andaba yo como sonámbulo por aquellos patios y salones, disfrutando de ese cuadro de Zuloaga, con ese corinto y azabache, y soñaba cómo el joven gitano miraría una y otra vez entre tímido y callado ese terno que, como saben, fue santo y seña de sus grandes tardes, porque Belmonte, para Paula, era su dios espiritual. Nadie podrá imaginar la ilusión que me hizo comentarle al día siguiente a mi padre aquella visita, incluso mostrarle un par de fotos. «¿Ése soy yo?», me espetó extrañado debido al parecido. «No, papá, soy yo soñando contigo». RSS de noticias de cultura
Cultura De Jerez al cielo
De Jerez al cielo
abril 5, 2026
Noticias Similares
