La obesidad es una enfermedad a la que aún cuesta llamar por su nombre, pese a ser tan nociva como cualquier otra porque favorece la aparición de patologías más graves. Para su estudio, diagnóstico y tratamiento, el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) del Hospital Reina Sofía desarrolla diversas líneas de investigación. ABC recoge tres de ellas, que abordan la obesidad como un problema real y multifactorial , su relación con algunos de los cánceres más agresivos y los ensayos clínicos que están abriendo la puerta a nuevos tratamientos.María del Mar Malagón es subdirectora científica del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y además hasta hace poco era presidenta de la Sociedad Española de Obesidad. Lidera el grupo de investigación ‘Metabolismo y diferenciación adipocitaria’ con otras dos investigadoras emergentes, Ana Gordon y Rocío Guzmán. «Nos interesa la obesidad desde el punto de vista de su definición como una enfermedad que causa enfermedades. Buscamos la razón por la que las personas cuando desarrollan obesidad también tienen resistencia a la insulina, problemas hepáticos o cardiovasculares», explica la doctora Malagón. En su grupo tratan de analizar el tejido adiposo (la grasa) para conocer «qué pasa para provocar esas enfermedades». Noticia relacionada general No No 50 años del Reina Sofía: «Deseábamos crear un gran hospital en Córdoba y hoy es uno de primer orden» Baltasar LópezEn definitiva, la investigación se centra en buscar biomarcadores que anticipen las enfermedades derivadas de esta patología porque los pacientes con obesidad «son muy heterogéneos». La doctora añade que «queremos ver qué probabilidad hay de desarrollar por ejemplo una enfermedad hepática si tienes obesidad». Por ejemplo, «el porcentaje de personas que tienen diabetes asociada a la obesidad es altísimo». En relación a esa heterogeneidad en la obesidad, la doctora Guzmán relata que una de las líneas de investigación está enfocada a «la búsqueda de nuevos marcadores predictivos para terapia». Hasta hace unos años, la terapia más efectiva ha sido la cirugía bariátrica, pero «hemos detectado que no todas las personas responden igual a esa operación». La principal causa es «el estado previo en el que llegan a esa cirugía». El equipo de la doctora María del Mar Malagón F. P.La doctora Malagón explica que la baja concienciación sobre la obesidad se debe, en parte, a que «hasta hace poco no existían tratamientos farmacológicos, lo que hacía que muchos no la percibieran como una enfermedad grave». A esto se suman el «estigma social», presente incluso en el ámbito médico, y la autoculpa de los pacientes, que a menudo evita que busquen ayuda. Además, señala que los fármacos actuales «no están financiados por la Seguridad Social». Las facultativas señalan que «nosotros buscamos factores predictivos y luego otros que son marcadores de disfunción. Todo para detectar qué es lo que nos puede informar sobre la disfunción que repercuta en el desarrollo de otras enfermedades asociadas a obesidad como consecuencia de que el tejido adiposo se estropee». El índice de masa corporal (IMC), tal y como se ha utilizado hasta ahora, no resulta suficiente para detectar la obesidad , ya que la grasa corporal y sus efectos dependen en gran medida de su localización. Por ello, este grupo de investigación apuesta por analizar la composición corporal, un indicador mucho más preciso.En este sentido, también trabajan con personas aparentemente delgadas que presentan prediabetes. En estos casos, han observado que su tejido adiposo muestra características similares al de personas con obesidad. «No debemos confiarnos solo en el índice de masa corporal», advierten, ya que puede haber individuos con normopeso que, sin embargo, presenten un mayor riesgo de desarrollar obesidad. «Todos estamos expuestos a ello».Las investigadores insisten en la importancia de que la población entienda que no basta con controlar el peso. «Una persona puede pesar cincuenta, sesenta o setenta kilos, pero lo verdaderamente relevante es dónde se acumula la grasa», apuntan. Por ello, su trabajo también se centra en diferenciar entre distintos tipos de depósitos grasos, como la grasa visceral y la grasa subcutánea, y en analizar cómo se comportan en pacientes con distintos perfiles: con diferente peso, con o sin prediabetes.Además, estudian situaciones específicas como la menopausia, en la que no solo se producen cambios hormonales, sino también una redistribución de la grasa corporal. Este proceso puede generar un perfil de riesgo similar al de la obesidad y conllevar diversas complicaciones. En esta línea, desarrollan investigaciones para comprender cómo estos cambios en la distribución de la grasa pueden impactar en el bienestar de las mujeres.«Una persona puede pesar cincuenta o setenta kilos, pero lo relevante es dónde se acumula la grasa»» María del Mar Malagón Subdirectora del ImibicPor su parte, el grupo de investigación ‘OncObesidad y Metabolismo’ liderado por el doctor Raúl Luque se centra principalmente en los aspectos que tiene la obesidad para el desarrollo y agresividad de diferentes tipos de cáncer. «Hay muchos estudios que aseguran que hay una relación entre la obesidad y los distintos tipos de cáncer. Pero no se conocen los mecanismos de esta vinculación». El doctor Luque asegura que «la obesidad genera cáncer y, además, estos tumores suelen ser más agresivos». Su investigación analiza la relación entre obesidad y cáncer de próstata , centrándose en la grasa periprostática que rodea la glándula. «Este tejido actúa como un órgano secretor que libera moléculas capaces de enviar señales a la próstata y modificarla». Así, en personas con obesidad, «la acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer », añade el experto. Otra de las líneas de la investigación se centra en encontrar biomarcadores «no invasivos que se puedan localizar en la sangre» para poder tener un diagnóstico temprano y preciso.El equipo de investigadores del grupo que lidera Raúl Luque F. P.En definitiva, se trata de encontrar señales que indiquen que una persona con obesidad va a desarrollar «un cáncer más estable o uno más agresivo que requiera un seguimiento más corto en el tiempo». A su juicio, «en los últimos años se estudia en detalle la obesidad porque se le está dando más importancia al problema como sociedad . En España tenemos la tasa de obesidad en niños más alta de Europa». A día de hoy, el biomarcador en cáncer de próstata es la prueba del antígeno prostático específico (PSA) que mide el nivel de una proteína en sangre producida por la próstata. Sin embargo, el doctor Luque comenta que «hay que buscar otro marcador más fiable que nos diga si hay probabilidad de cáncer en menos tiempo porque el cáncer si se trata en los primeros estadíos hay muchas opciones terapéuticas». Para el experto, la obesidad «es un problema social que debemos tener muy en cuenta» y el inconveniente es su carácter multifactorial que deriva en más enfermedades. «Lleva asociada problemas metabólicos, cáncer, diabetes, problemas cardiacos, de piel. Se habla de que la obesidad es un problema de fuerza de voluntad y eso no es así, hay muchos problemas neurológicos, es una patología que se debe tratar e invertir dinero». «La acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer» Raúl Luque Médico e investigador del ImibicPor último, los doctores Francisco Fuentes y José David Torres ponen especial atención en los ensayos clínicos sobre obesidad con «moléculas de última generación». No solo se busca que el paciente «pierda grada, sino que «mejore su salud global». En su equipo investigan fármacos que, además de reducir el peso, «protegen el corazón y mejoran enfermedades asociadas como la artrosis de rodilla». Son estudios con una duración aproximada «entre 1 y 4 años» para pacientes «principalmente adultos con obesidad o sobrepeso que ya presentan complicaciones tanto cardiovasculares como de movilidad». Los ensayos van dirigidas a las personas con los que no han funcionado los métodos tradicionales. Los investigadores aseguran que «los estudios tienen el objetivo de garantizar que el fármaco no solo es eficaz para perder peso de forma segura, sino que también mejora la salud cardiovascular del paciente y su calidad de vida a largo plazo». Los resultados son «rotundamente positivos, incluso históricos con pérdidas de peso muy significativas que antes solo eran alcanzables mediante cirugía». Los doctores Francisco Fuentes (izquierda) y José David Torres (derecha) F. P.El doctor Fuentes habla de una autentica «revolución médica» con los nuevos fármacos contra la obesidad». Su compañero, el doctor Torres, apunta que «han aparecido fármacos que suponen un cambio de paradigma» y vaticina «un futuro prometedor» porque «hay muchas más moléculas en camino en fase de investigación que serán aún más potentes y específicas para cada tipo de paciente». Sin duda, lo más revolucionario es que las moléculas «no solo actúan en el cerebro regulando el apetito, sino que interactúan con receptores situados en órganos de todo el cuerpo». Todo esto permite «una tratamiento global de la obesidad, protegido todo el organismo». El futuro es una combinación personalizada de cirugía y fármacos aunque estos últimos «están ganando un terreno aunque la investigación actual también se apoya mucho en la tecnología para monitorizar al paciente». La obesidad es una enfermedad a la que aún cuesta llamar por su nombre, pese a ser tan nociva como cualquier otra porque favorece la aparición de patologías más graves. Para su estudio, diagnóstico y tratamiento, el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) del Hospital Reina Sofía desarrolla diversas líneas de investigación. ABC recoge tres de ellas, que abordan la obesidad como un problema real y multifactorial , su relación con algunos de los cánceres más agresivos y los ensayos clínicos que están abriendo la puerta a nuevos tratamientos.María del Mar Malagón es subdirectora científica del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y además hasta hace poco era presidenta de la Sociedad Española de Obesidad. Lidera el grupo de investigación ‘Metabolismo y diferenciación adipocitaria’ con otras dos investigadoras emergentes, Ana Gordon y Rocío Guzmán. «Nos interesa la obesidad desde el punto de vista de su definición como una enfermedad que causa enfermedades. Buscamos la razón por la que las personas cuando desarrollan obesidad también tienen resistencia a la insulina, problemas hepáticos o cardiovasculares», explica la doctora Malagón. En su grupo tratan de analizar el tejido adiposo (la grasa) para conocer «qué pasa para provocar esas enfermedades». Noticia relacionada general No No 50 años del Reina Sofía: «Deseábamos crear un gran hospital en Córdoba y hoy es uno de primer orden» Baltasar LópezEn definitiva, la investigación se centra en buscar biomarcadores que anticipen las enfermedades derivadas de esta patología porque los pacientes con obesidad «son muy heterogéneos». La doctora añade que «queremos ver qué probabilidad hay de desarrollar por ejemplo una enfermedad hepática si tienes obesidad». Por ejemplo, «el porcentaje de personas que tienen diabetes asociada a la obesidad es altísimo». En relación a esa heterogeneidad en la obesidad, la doctora Guzmán relata que una de las líneas de investigación está enfocada a «la búsqueda de nuevos marcadores predictivos para terapia». Hasta hace unos años, la terapia más efectiva ha sido la cirugía bariátrica, pero «hemos detectado que no todas las personas responden igual a esa operación». La principal causa es «el estado previo en el que llegan a esa cirugía». El equipo de la doctora María del Mar Malagón F. P.La doctora Malagón explica que la baja concienciación sobre la obesidad se debe, en parte, a que «hasta hace poco no existían tratamientos farmacológicos, lo que hacía que muchos no la percibieran como una enfermedad grave». A esto se suman el «estigma social», presente incluso en el ámbito médico, y la autoculpa de los pacientes, que a menudo evita que busquen ayuda. Además, señala que los fármacos actuales «no están financiados por la Seguridad Social». Las facultativas señalan que «nosotros buscamos factores predictivos y luego otros que son marcadores de disfunción. Todo para detectar qué es lo que nos puede informar sobre la disfunción que repercuta en el desarrollo de otras enfermedades asociadas a obesidad como consecuencia de que el tejido adiposo se estropee». El índice de masa corporal (IMC), tal y como se ha utilizado hasta ahora, no resulta suficiente para detectar la obesidad , ya que la grasa corporal y sus efectos dependen en gran medida de su localización. Por ello, este grupo de investigación apuesta por analizar la composición corporal, un indicador mucho más preciso.En este sentido, también trabajan con personas aparentemente delgadas que presentan prediabetes. En estos casos, han observado que su tejido adiposo muestra características similares al de personas con obesidad. «No debemos confiarnos solo en el índice de masa corporal», advierten, ya que puede haber individuos con normopeso que, sin embargo, presenten un mayor riesgo de desarrollar obesidad. «Todos estamos expuestos a ello».Las investigadores insisten en la importancia de que la población entienda que no basta con controlar el peso. «Una persona puede pesar cincuenta, sesenta o setenta kilos, pero lo verdaderamente relevante es dónde se acumula la grasa», apuntan. Por ello, su trabajo también se centra en diferenciar entre distintos tipos de depósitos grasos, como la grasa visceral y la grasa subcutánea, y en analizar cómo se comportan en pacientes con distintos perfiles: con diferente peso, con o sin prediabetes.Además, estudian situaciones específicas como la menopausia, en la que no solo se producen cambios hormonales, sino también una redistribución de la grasa corporal. Este proceso puede generar un perfil de riesgo similar al de la obesidad y conllevar diversas complicaciones. En esta línea, desarrollan investigaciones para comprender cómo estos cambios en la distribución de la grasa pueden impactar en el bienestar de las mujeres.«Una persona puede pesar cincuenta o setenta kilos, pero lo relevante es dónde se acumula la grasa»» María del Mar Malagón Subdirectora del ImibicPor su parte, el grupo de investigación ‘OncObesidad y Metabolismo’ liderado por el doctor Raúl Luque se centra principalmente en los aspectos que tiene la obesidad para el desarrollo y agresividad de diferentes tipos de cáncer. «Hay muchos estudios que aseguran que hay una relación entre la obesidad y los distintos tipos de cáncer. Pero no se conocen los mecanismos de esta vinculación». El doctor Luque asegura que «la obesidad genera cáncer y, además, estos tumores suelen ser más agresivos». Su investigación analiza la relación entre obesidad y cáncer de próstata , centrándose en la grasa periprostática que rodea la glándula. «Este tejido actúa como un órgano secretor que libera moléculas capaces de enviar señales a la próstata y modificarla». Así, en personas con obesidad, «la acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer », añade el experto. Otra de las líneas de la investigación se centra en encontrar biomarcadores «no invasivos que se puedan localizar en la sangre» para poder tener un diagnóstico temprano y preciso.El equipo de investigadores del grupo que lidera Raúl Luque F. P.En definitiva, se trata de encontrar señales que indiquen que una persona con obesidad va a desarrollar «un cáncer más estable o uno más agresivo que requiera un seguimiento más corto en el tiempo». A su juicio, «en los últimos años se estudia en detalle la obesidad porque se le está dando más importancia al problema como sociedad . En España tenemos la tasa de obesidad en niños más alta de Europa». A día de hoy, el biomarcador en cáncer de próstata es la prueba del antígeno prostático específico (PSA) que mide el nivel de una proteína en sangre producida por la próstata. Sin embargo, el doctor Luque comenta que «hay que buscar otro marcador más fiable que nos diga si hay probabilidad de cáncer en menos tiempo porque el cáncer si se trata en los primeros estadíos hay muchas opciones terapéuticas». Para el experto, la obesidad «es un problema social que debemos tener muy en cuenta» y el inconveniente es su carácter multifactorial que deriva en más enfermedades. «Lleva asociada problemas metabólicos, cáncer, diabetes, problemas cardiacos, de piel. Se habla de que la obesidad es un problema de fuerza de voluntad y eso no es así, hay muchos problemas neurológicos, es una patología que se debe tratar e invertir dinero». «La acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer» Raúl Luque Médico e investigador del ImibicPor último, los doctores Francisco Fuentes y José David Torres ponen especial atención en los ensayos clínicos sobre obesidad con «moléculas de última generación». No solo se busca que el paciente «pierda grada, sino que «mejore su salud global». En su equipo investigan fármacos que, además de reducir el peso, «protegen el corazón y mejoran enfermedades asociadas como la artrosis de rodilla». Son estudios con una duración aproximada «entre 1 y 4 años» para pacientes «principalmente adultos con obesidad o sobrepeso que ya presentan complicaciones tanto cardiovasculares como de movilidad». Los ensayos van dirigidas a las personas con los que no han funcionado los métodos tradicionales. Los investigadores aseguran que «los estudios tienen el objetivo de garantizar que el fármaco no solo es eficaz para perder peso de forma segura, sino que también mejora la salud cardiovascular del paciente y su calidad de vida a largo plazo». Los resultados son «rotundamente positivos, incluso históricos con pérdidas de peso muy significativas que antes solo eran alcanzables mediante cirugía». Los doctores Francisco Fuentes (izquierda) y José David Torres (derecha) F. P.El doctor Fuentes habla de una autentica «revolución médica» con los nuevos fármacos contra la obesidad». Su compañero, el doctor Torres, apunta que «han aparecido fármacos que suponen un cambio de paradigma» y vaticina «un futuro prometedor» porque «hay muchas más moléculas en camino en fase de investigación que serán aún más potentes y específicas para cada tipo de paciente». Sin duda, lo más revolucionario es que las moléculas «no solo actúan en el cerebro regulando el apetito, sino que interactúan con receptores situados en órganos de todo el cuerpo». Todo esto permite «una tratamiento global de la obesidad, protegido todo el organismo». El futuro es una combinación personalizada de cirugía y fármacos aunque estos últimos «están ganando un terreno aunque la investigación actual también se apoya mucho en la tecnología para monitorizar al paciente». La obesidad es una enfermedad a la que aún cuesta llamar por su nombre, pese a ser tan nociva como cualquier otra porque favorece la aparición de patologías más graves. Para su estudio, diagnóstico y tratamiento, el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) del Hospital Reina Sofía desarrolla diversas líneas de investigación. ABC recoge tres de ellas, que abordan la obesidad como un problema real y multifactorial , su relación con algunos de los cánceres más agresivos y los ensayos clínicos que están abriendo la puerta a nuevos tratamientos.María del Mar Malagón es subdirectora científica del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y además hasta hace poco era presidenta de la Sociedad Española de Obesidad. Lidera el grupo de investigación ‘Metabolismo y diferenciación adipocitaria’ con otras dos investigadoras emergentes, Ana Gordon y Rocío Guzmán. «Nos interesa la obesidad desde el punto de vista de su definición como una enfermedad que causa enfermedades. Buscamos la razón por la que las personas cuando desarrollan obesidad también tienen resistencia a la insulina, problemas hepáticos o cardiovasculares», explica la doctora Malagón. En su grupo tratan de analizar el tejido adiposo (la grasa) para conocer «qué pasa para provocar esas enfermedades». Noticia relacionada general No No 50 años del Reina Sofía: «Deseábamos crear un gran hospital en Córdoba y hoy es uno de primer orden» Baltasar LópezEn definitiva, la investigación se centra en buscar biomarcadores que anticipen las enfermedades derivadas de esta patología porque los pacientes con obesidad «son muy heterogéneos». La doctora añade que «queremos ver qué probabilidad hay de desarrollar por ejemplo una enfermedad hepática si tienes obesidad». Por ejemplo, «el porcentaje de personas que tienen diabetes asociada a la obesidad es altísimo». En relación a esa heterogeneidad en la obesidad, la doctora Guzmán relata que una de las líneas de investigación está enfocada a «la búsqueda de nuevos marcadores predictivos para terapia». Hasta hace unos años, la terapia más efectiva ha sido la cirugía bariátrica, pero «hemos detectado que no todas las personas responden igual a esa operación». La principal causa es «el estado previo en el que llegan a esa cirugía». El equipo de la doctora María del Mar Malagón F. P.La doctora Malagón explica que la baja concienciación sobre la obesidad se debe, en parte, a que «hasta hace poco no existían tratamientos farmacológicos, lo que hacía que muchos no la percibieran como una enfermedad grave». A esto se suman el «estigma social», presente incluso en el ámbito médico, y la autoculpa de los pacientes, que a menudo evita que busquen ayuda. Además, señala que los fármacos actuales «no están financiados por la Seguridad Social». Las facultativas señalan que «nosotros buscamos factores predictivos y luego otros que son marcadores de disfunción. Todo para detectar qué es lo que nos puede informar sobre la disfunción que repercuta en el desarrollo de otras enfermedades asociadas a obesidad como consecuencia de que el tejido adiposo se estropee». El índice de masa corporal (IMC), tal y como se ha utilizado hasta ahora, no resulta suficiente para detectar la obesidad , ya que la grasa corporal y sus efectos dependen en gran medida de su localización. Por ello, este grupo de investigación apuesta por analizar la composición corporal, un indicador mucho más preciso.En este sentido, también trabajan con personas aparentemente delgadas que presentan prediabetes. En estos casos, han observado que su tejido adiposo muestra características similares al de personas con obesidad. «No debemos confiarnos solo en el índice de masa corporal», advierten, ya que puede haber individuos con normopeso que, sin embargo, presenten un mayor riesgo de desarrollar obesidad. «Todos estamos expuestos a ello».Las investigadores insisten en la importancia de que la población entienda que no basta con controlar el peso. «Una persona puede pesar cincuenta, sesenta o setenta kilos, pero lo verdaderamente relevante es dónde se acumula la grasa», apuntan. Por ello, su trabajo también se centra en diferenciar entre distintos tipos de depósitos grasos, como la grasa visceral y la grasa subcutánea, y en analizar cómo se comportan en pacientes con distintos perfiles: con diferente peso, con o sin prediabetes.Además, estudian situaciones específicas como la menopausia, en la que no solo se producen cambios hormonales, sino también una redistribución de la grasa corporal. Este proceso puede generar un perfil de riesgo similar al de la obesidad y conllevar diversas complicaciones. En esta línea, desarrollan investigaciones para comprender cómo estos cambios en la distribución de la grasa pueden impactar en el bienestar de las mujeres.«Una persona puede pesar cincuenta o setenta kilos, pero lo relevante es dónde se acumula la grasa»» María del Mar Malagón Subdirectora del ImibicPor su parte, el grupo de investigación ‘OncObesidad y Metabolismo’ liderado por el doctor Raúl Luque se centra principalmente en los aspectos que tiene la obesidad para el desarrollo y agresividad de diferentes tipos de cáncer. «Hay muchos estudios que aseguran que hay una relación entre la obesidad y los distintos tipos de cáncer. Pero no se conocen los mecanismos de esta vinculación». El doctor Luque asegura que «la obesidad genera cáncer y, además, estos tumores suelen ser más agresivos». Su investigación analiza la relación entre obesidad y cáncer de próstata , centrándose en la grasa periprostática que rodea la glándula. «Este tejido actúa como un órgano secretor que libera moléculas capaces de enviar señales a la próstata y modificarla». Así, en personas con obesidad, «la acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer », añade el experto. Otra de las líneas de la investigación se centra en encontrar biomarcadores «no invasivos que se puedan localizar en la sangre» para poder tener un diagnóstico temprano y preciso.El equipo de investigadores del grupo que lidera Raúl Luque F. P.En definitiva, se trata de encontrar señales que indiquen que una persona con obesidad va a desarrollar «un cáncer más estable o uno más agresivo que requiera un seguimiento más corto en el tiempo». A su juicio, «en los últimos años se estudia en detalle la obesidad porque se le está dando más importancia al problema como sociedad . En España tenemos la tasa de obesidad en niños más alta de Europa». A día de hoy, el biomarcador en cáncer de próstata es la prueba del antígeno prostático específico (PSA) que mide el nivel de una proteína en sangre producida por la próstata. Sin embargo, el doctor Luque comenta que «hay que buscar otro marcador más fiable que nos diga si hay probabilidad de cáncer en menos tiempo porque el cáncer si se trata en los primeros estadíos hay muchas opciones terapéuticas». Para el experto, la obesidad «es un problema social que debemos tener muy en cuenta» y el inconveniente es su carácter multifactorial que deriva en más enfermedades. «Lleva asociada problemas metabólicos, cáncer, diabetes, problemas cardiacos, de piel. Se habla de que la obesidad es un problema de fuerza de voluntad y eso no es así, hay muchos problemas neurológicos, es una patología que se debe tratar e invertir dinero». «La acumulación de grasa puede favorecer cambios que contribuyen al desarrollo y la mayor agresividad del cáncer» Raúl Luque Médico e investigador del ImibicPor último, los doctores Francisco Fuentes y José David Torres ponen especial atención en los ensayos clínicos sobre obesidad con «moléculas de última generación». No solo se busca que el paciente «pierda grada, sino que «mejore su salud global». En su equipo investigan fármacos que, además de reducir el peso, «protegen el corazón y mejoran enfermedades asociadas como la artrosis de rodilla». Son estudios con una duración aproximada «entre 1 y 4 años» para pacientes «principalmente adultos con obesidad o sobrepeso que ya presentan complicaciones tanto cardiovasculares como de movilidad». Los ensayos van dirigidas a las personas con los que no han funcionado los métodos tradicionales. Los investigadores aseguran que «los estudios tienen el objetivo de garantizar que el fármaco no solo es eficaz para perder peso de forma segura, sino que también mejora la salud cardiovascular del paciente y su calidad de vida a largo plazo». Los resultados son «rotundamente positivos, incluso históricos con pérdidas de peso muy significativas que antes solo eran alcanzables mediante cirugía». Los doctores Francisco Fuentes (izquierda) y José David Torres (derecha) F. P.El doctor Fuentes habla de una autentica «revolución médica» con los nuevos fármacos contra la obesidad». Su compañero, el doctor Torres, apunta que «han aparecido fármacos que suponen un cambio de paradigma» y vaticina «un futuro prometedor» porque «hay muchas más moléculas en camino en fase de investigación que serán aún más potentes y específicas para cada tipo de paciente». Sin duda, lo más revolucionario es que las moléculas «no solo actúan en el cerebro regulando el apetito, sino que interactúan con receptores situados en órganos de todo el cuerpo». Todo esto permite «una tratamiento global de la obesidad, protegido todo el organismo». El futuro es una combinación personalizada de cirugía y fármacos aunque estos últimos «están ganando un terreno aunque la investigación actual también se apoya mucho en la tecnología para monitorizar al paciente». RSS de noticias de espana/andalucia
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