La economía de la atención es limitada por disputada y el control de la agenda política y -por extensión, de la mediática- se torna clave para proyectar una imagen de dominio de la escena. El Gobierno vio en la guerra de Irán la oportunidad propicia para volver a situar el debate en la esfera internacional y en las consecuencias económicas derivadas de la crisis. Un ámbito en el que se desenvuelve con comodidad, alejado de los escándalos y la precariedad parlamentaria, donde puede exhibir ciertas dotes de liderazgo. Pedro Sánchez blandió el mantra del ‘No a la guerra’ para ejecutar la enésima vuelta de cordón al cuello de Sumar, mantuvo la tensión por las medidas del escudo anticrisis y culminó con una remodelación del Ejecutivo que lanzaba el mensaje de querer ampliar horizontes electorales por el centro .Todo ha sido un espejismo. La discusión vuelve a instalarse en los tribunales, donde este martes se sentará en el banquillo del Tribunal Supremo quien fuera mano derecha del presidente en el Gobierno y en el partido. José Luis Ábalos representa los cimientos del ‘sanchismo’, desde su lucha para recuperar las riendas del PSOE tras su descabalgamiento interno hasta su llegada a La Moncloa. No en vano, fue el diputado socialista que se subió a la tribuna del Congreso en la moción de censura a Mariano Rajoy para defender la posición de su grupo. El juicio a Ábalos es un torpedo a la línea de flotación del proyecto de Sánchez y en Moncloa tratan de maniobrar para desactivar los daños colaterales que lleva aparejados. Entre ellos, ver desfilar como testigos al ministro Ángel Víctor Torres y a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, que declararán por escrito, por su etapa como presidentes de Canarias y Baleares, respectivamente, cuando contrataron con la trama de las mascarillas. Aunque la respuesta que se da por los altavoces oficiales del partido y del Gobierno es que el ‘caso Ábalos’ está «ya amortizado» y que se actuó con «diligencia», apartándole incluso antes de que hubiera una acusación formal contra él, lo cierto es que en privado sí se asume el coste reputacional que tiene la imagen del exministro rindiendo cuentas ante la justicia. Noticia relacionada general No No El PSOE pretende aplazar Kitchen para intentar llegar a Rajoy y CospedalUna dosis de recuerdo de que la mácula de la corrupción también mancha un Ejecutivo que se erigió con la encomienda de la regeneración. Las fuentes consultadas exponen que se valió de su posición para su enriquecimiento personal, pero no ocultan que los controles fallaron y que esto es un problema para el Gobierno. «Perjudica y más en campaña», sentencian en el PSOE, con la mirada puesta en las elecciones de Andalucía, donde el partido afronta una situación muy delicada y cualquier elemento exógeno puede ser determinante. De hecho, la candidata socialista, María Jesús Montero, ha tenido que dar explicaciones en una entrevista en RNE por los mensajes que se intercambió con el que fuera su compañero en el partido y el Gobierno. «Son mensajes cariñosos de un momento en el que para nada se conocía la situación de esta persona». Esta persona.Potencial desestabilizadorEn el partido sigue existiendo cierta sensación de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador que tiene el que fuera todopoderoso ministro y secretario de Organización del PSOE. Era quien controlaba el partido cuando Sánchez se enfocó en sus labores de gobierno y hay mensajes con prácticamente todos los cargos orgánicos. «¿Quién puede sobrevivir a un wasap descontextualizado?», se pregunta un dirigente con preocupación. El clima de desconfianza también se extiende a las futuras intenciones de Ábalos, dado que atesoró un volumen de información reservada de alto impacto político. El horizonte judicial al que se enfrenta es desolador. La Fiscalía pide para él 24 años de prisión y hasta ahora -con idas y venidas- no ha optado por colaborar con la justicia para aminorar la pena. Hay quienes lo asimilan con una «bomba de relojería» y disienten sobre si está a punto de explotar o desactivada. En el PSOE hay un clima de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador del exministro. «¿Quién sobrevive a un wasap descontextualizado?»Lejos de la contención que cabría mantener en la habitual tentación del ‘y tú más’, el PSOE se entregó ayer a la ofensiva contra el PP por ‘Kitchen’. A nivel judicial, tratando de involucrar a la cúpula del partido, y a nivel político, buscando vincular el pasado con el presente de Feijóo por no «condenar ni uno solo de los casos de corrupción de su partido». En Moncloa llegaron exhaustos al arranque de 2026 y se aferraban -como salvavidas- al via crucis judicial del PP para tratar de erosionar al principal partido de la oposición. Sin embargo, el Gobierno tiene su propio calendario paralelo, tras la sentencia del fiscal general del Estado, está previsto que este mes de abril se juzgue a Ábalos por las mascarillas y que en mayo se dirima la causa del hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez. Todo pendiente de que avance la instrucción del caso Begoña Gómez, la investigación de la Audiencia Nacional sobre las cuentas del PSOE y lo relativo a la coloquialmente denominada ‘fontanera’ Leire Díaz. No pasó desapercibido la exhibición de fuegos de artificio desplegados por Moncloa este lunes, cuando Sánchez lanzó un vídeo para celebrar el hito de haber alcanzado los 22 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social. Un dato histórico, sí; pero que no se acaba de compadecer con la realidad y que supone aplicarle un cocina interesada -desestacionalizada- para alcanzar el récord antes de tiempo. La maniobra forzada y la manera efectista en la que se ejecutó: con un enigmático «22» en forma de mensaje previo para generar expectación y saltándose el tradicional embargo que opera en la publicación de los datos, denota la necesidad de Moncloa de volver a colocar el foco informativo en asuntos relativos a la economía y la gestión. Mención aparte merece la estética ‘tiktokera’ del vídeo presidencial. De nuevo, se exhibe el afán por rentabilizar electoralmente un anuncio que corresponde al Ministerio de Trabajo, el de la vicepresidenta Yolanda Díaz, y se utiliza un símbolo nacional -la camiseta de la selección- para promover el sentimiento de pertenencia y el sentido de patriotismo. Sánchez cree haber dado con la tecla. La economía de la atención es limitada por disputada y el control de la agenda política y -por extensión, de la mediática- se torna clave para proyectar una imagen de dominio de la escena. El Gobierno vio en la guerra de Irán la oportunidad propicia para volver a situar el debate en la esfera internacional y en las consecuencias económicas derivadas de la crisis. Un ámbito en el que se desenvuelve con comodidad, alejado de los escándalos y la precariedad parlamentaria, donde puede exhibir ciertas dotes de liderazgo. Pedro Sánchez blandió el mantra del ‘No a la guerra’ para ejecutar la enésima vuelta de cordón al cuello de Sumar, mantuvo la tensión por las medidas del escudo anticrisis y culminó con una remodelación del Ejecutivo que lanzaba el mensaje de querer ampliar horizontes electorales por el centro .Todo ha sido un espejismo. La discusión vuelve a instalarse en los tribunales, donde este martes se sentará en el banquillo del Tribunal Supremo quien fuera mano derecha del presidente en el Gobierno y en el partido. José Luis Ábalos representa los cimientos del ‘sanchismo’, desde su lucha para recuperar las riendas del PSOE tras su descabalgamiento interno hasta su llegada a La Moncloa. No en vano, fue el diputado socialista que se subió a la tribuna del Congreso en la moción de censura a Mariano Rajoy para defender la posición de su grupo. El juicio a Ábalos es un torpedo a la línea de flotación del proyecto de Sánchez y en Moncloa tratan de maniobrar para desactivar los daños colaterales que lleva aparejados. Entre ellos, ver desfilar como testigos al ministro Ángel Víctor Torres y a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, que declararán por escrito, por su etapa como presidentes de Canarias y Baleares, respectivamente, cuando contrataron con la trama de las mascarillas. Aunque la respuesta que se da por los altavoces oficiales del partido y del Gobierno es que el ‘caso Ábalos’ está «ya amortizado» y que se actuó con «diligencia», apartándole incluso antes de que hubiera una acusación formal contra él, lo cierto es que en privado sí se asume el coste reputacional que tiene la imagen del exministro rindiendo cuentas ante la justicia. Noticia relacionada general No No El PSOE pretende aplazar Kitchen para intentar llegar a Rajoy y CospedalUna dosis de recuerdo de que la mácula de la corrupción también mancha un Ejecutivo que se erigió con la encomienda de la regeneración. Las fuentes consultadas exponen que se valió de su posición para su enriquecimiento personal, pero no ocultan que los controles fallaron y que esto es un problema para el Gobierno. «Perjudica y más en campaña», sentencian en el PSOE, con la mirada puesta en las elecciones de Andalucía, donde el partido afronta una situación muy delicada y cualquier elemento exógeno puede ser determinante. De hecho, la candidata socialista, María Jesús Montero, ha tenido que dar explicaciones en una entrevista en RNE por los mensajes que se intercambió con el que fuera su compañero en el partido y el Gobierno. «Son mensajes cariñosos de un momento en el que para nada se conocía la situación de esta persona». Esta persona.Potencial desestabilizadorEn el partido sigue existiendo cierta sensación de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador que tiene el que fuera todopoderoso ministro y secretario de Organización del PSOE. Era quien controlaba el partido cuando Sánchez se enfocó en sus labores de gobierno y hay mensajes con prácticamente todos los cargos orgánicos. «¿Quién puede sobrevivir a un wasap descontextualizado?», se pregunta un dirigente con preocupación. El clima de desconfianza también se extiende a las futuras intenciones de Ábalos, dado que atesoró un volumen de información reservada de alto impacto político. El horizonte judicial al que se enfrenta es desolador. La Fiscalía pide para él 24 años de prisión y hasta ahora -con idas y venidas- no ha optado por colaborar con la justicia para aminorar la pena. Hay quienes lo asimilan con una «bomba de relojería» y disienten sobre si está a punto de explotar o desactivada. En el PSOE hay un clima de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador del exministro. «¿Quién sobrevive a un wasap descontextualizado?»Lejos de la contención que cabría mantener en la habitual tentación del ‘y tú más’, el PSOE se entregó ayer a la ofensiva contra el PP por ‘Kitchen’. A nivel judicial, tratando de involucrar a la cúpula del partido, y a nivel político, buscando vincular el pasado con el presente de Feijóo por no «condenar ni uno solo de los casos de corrupción de su partido». En Moncloa llegaron exhaustos al arranque de 2026 y se aferraban -como salvavidas- al via crucis judicial del PP para tratar de erosionar al principal partido de la oposición. Sin embargo, el Gobierno tiene su propio calendario paralelo, tras la sentencia del fiscal general del Estado, está previsto que este mes de abril se juzgue a Ábalos por las mascarillas y que en mayo se dirima la causa del hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez. Todo pendiente de que avance la instrucción del caso Begoña Gómez, la investigación de la Audiencia Nacional sobre las cuentas del PSOE y lo relativo a la coloquialmente denominada ‘fontanera’ Leire Díaz. No pasó desapercibido la exhibición de fuegos de artificio desplegados por Moncloa este lunes, cuando Sánchez lanzó un vídeo para celebrar el hito de haber alcanzado los 22 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social. Un dato histórico, sí; pero que no se acaba de compadecer con la realidad y que supone aplicarle un cocina interesada -desestacionalizada- para alcanzar el récord antes de tiempo. La maniobra forzada y la manera efectista en la que se ejecutó: con un enigmático «22» en forma de mensaje previo para generar expectación y saltándose el tradicional embargo que opera en la publicación de los datos, denota la necesidad de Moncloa de volver a colocar el foco informativo en asuntos relativos a la economía y la gestión. Mención aparte merece la estética ‘tiktokera’ del vídeo presidencial. De nuevo, se exhibe el afán por rentabilizar electoralmente un anuncio que corresponde al Ministerio de Trabajo, el de la vicepresidenta Yolanda Díaz, y se utiliza un símbolo nacional -la camiseta de la selección- para promover el sentimiento de pertenencia y el sentido de patriotismo. Sánchez cree haber dado con la tecla. La economía de la atención es limitada por disputada y el control de la agenda política y -por extensión, de la mediática- se torna clave para proyectar una imagen de dominio de la escena. El Gobierno vio en la guerra de Irán la oportunidad propicia para volver a situar el debate en la esfera internacional y en las consecuencias económicas derivadas de la crisis. Un ámbito en el que se desenvuelve con comodidad, alejado de los escándalos y la precariedad parlamentaria, donde puede exhibir ciertas dotes de liderazgo. Pedro Sánchez blandió el mantra del ‘No a la guerra’ para ejecutar la enésima vuelta de cordón al cuello de Sumar, mantuvo la tensión por las medidas del escudo anticrisis y culminó con una remodelación del Ejecutivo que lanzaba el mensaje de querer ampliar horizontes electorales por el centro .Todo ha sido un espejismo. La discusión vuelve a instalarse en los tribunales, donde este martes se sentará en el banquillo del Tribunal Supremo quien fuera mano derecha del presidente en el Gobierno y en el partido. José Luis Ábalos representa los cimientos del ‘sanchismo’, desde su lucha para recuperar las riendas del PSOE tras su descabalgamiento interno hasta su llegada a La Moncloa. No en vano, fue el diputado socialista que se subió a la tribuna del Congreso en la moción de censura a Mariano Rajoy para defender la posición de su grupo. El juicio a Ábalos es un torpedo a la línea de flotación del proyecto de Sánchez y en Moncloa tratan de maniobrar para desactivar los daños colaterales que lleva aparejados. Entre ellos, ver desfilar como testigos al ministro Ángel Víctor Torres y a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, que declararán por escrito, por su etapa como presidentes de Canarias y Baleares, respectivamente, cuando contrataron con la trama de las mascarillas. Aunque la respuesta que se da por los altavoces oficiales del partido y del Gobierno es que el ‘caso Ábalos’ está «ya amortizado» y que se actuó con «diligencia», apartándole incluso antes de que hubiera una acusación formal contra él, lo cierto es que en privado sí se asume el coste reputacional que tiene la imagen del exministro rindiendo cuentas ante la justicia. Noticia relacionada general No No El PSOE pretende aplazar Kitchen para intentar llegar a Rajoy y CospedalUna dosis de recuerdo de que la mácula de la corrupción también mancha un Ejecutivo que se erigió con la encomienda de la regeneración. Las fuentes consultadas exponen que se valió de su posición para su enriquecimiento personal, pero no ocultan que los controles fallaron y que esto es un problema para el Gobierno. «Perjudica y más en campaña», sentencian en el PSOE, con la mirada puesta en las elecciones de Andalucía, donde el partido afronta una situación muy delicada y cualquier elemento exógeno puede ser determinante. De hecho, la candidata socialista, María Jesús Montero, ha tenido que dar explicaciones en una entrevista en RNE por los mensajes que se intercambió con el que fuera su compañero en el partido y el Gobierno. «Son mensajes cariñosos de un momento en el que para nada se conocía la situación de esta persona». Esta persona.Potencial desestabilizadorEn el partido sigue existiendo cierta sensación de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador que tiene el que fuera todopoderoso ministro y secretario de Organización del PSOE. Era quien controlaba el partido cuando Sánchez se enfocó en sus labores de gobierno y hay mensajes con prácticamente todos los cargos orgánicos. «¿Quién puede sobrevivir a un wasap descontextualizado?», se pregunta un dirigente con preocupación. El clima de desconfianza también se extiende a las futuras intenciones de Ábalos, dado que atesoró un volumen de información reservada de alto impacto político. El horizonte judicial al que se enfrenta es desolador. La Fiscalía pide para él 24 años de prisión y hasta ahora -con idas y venidas- no ha optado por colaborar con la justicia para aminorar la pena. Hay quienes lo asimilan con una «bomba de relojería» y disienten sobre si está a punto de explotar o desactivada. En el PSOE hay un clima de psicosis colectiva por el potencial desestabilizador del exministro. «¿Quién sobrevive a un wasap descontextualizado?»Lejos de la contención que cabría mantener en la habitual tentación del ‘y tú más’, el PSOE se entregó ayer a la ofensiva contra el PP por ‘Kitchen’. A nivel judicial, tratando de involucrar a la cúpula del partido, y a nivel político, buscando vincular el pasado con el presente de Feijóo por no «condenar ni uno solo de los casos de corrupción de su partido». En Moncloa llegaron exhaustos al arranque de 2026 y se aferraban -como salvavidas- al via crucis judicial del PP para tratar de erosionar al principal partido de la oposición. Sin embargo, el Gobierno tiene su propio calendario paralelo, tras la sentencia del fiscal general del Estado, está previsto que este mes de abril se juzgue a Ábalos por las mascarillas y que en mayo se dirima la causa del hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez. Todo pendiente de que avance la instrucción del caso Begoña Gómez, la investigación de la Audiencia Nacional sobre las cuentas del PSOE y lo relativo a la coloquialmente denominada ‘fontanera’ Leire Díaz. No pasó desapercibido la exhibición de fuegos de artificio desplegados por Moncloa este lunes, cuando Sánchez lanzó un vídeo para celebrar el hito de haber alcanzado los 22 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social. Un dato histórico, sí; pero que no se acaba de compadecer con la realidad y que supone aplicarle un cocina interesada -desestacionalizada- para alcanzar el récord antes de tiempo. La maniobra forzada y la manera efectista en la que se ejecutó: con un enigmático «22» en forma de mensaje previo para generar expectación y saltándose el tradicional embargo que opera en la publicación de los datos, denota la necesidad de Moncloa de volver a colocar el foco informativo en asuntos relativos a la economía y la gestión. Mención aparte merece la estética ‘tiktokera’ del vídeo presidencial. De nuevo, se exhibe el afán por rentabilizar electoralmente un anuncio que corresponde al Ministerio de Trabajo, el de la vicepresidenta Yolanda Díaz, y se utiliza un símbolo nacional -la camiseta de la selección- para promover el sentimiento de pertenencia y el sentido de patriotismo. Sánchez cree haber dado con la tecla. RSS de noticias de espana
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