Escribir, a día de hoy, un artículo sobre la misión Artemis II que resulte original supone un reto mayúsculo. Ahora que el rugido del SLS es solo un eco lejano y que la cápsula Orion descansa ya en seco tras su baño en el Pacífico, la sensación es que todo ha sido dicho. Se han vertido ríos de tinta y vías lácteas de bits sobre estos 10 días de bitácora lunar; si pudiéramos imprimir y encadenar cada crónica, cada post y cada análisis publicado desde el 1 de abril, la cinta de papel resultante se estiraría por el vacío, compitiendo en kilómetros con la propia estela de la nave.
La misión nos ha unido trazando su propio lazo en el espacio; por eso, su valor humano y científico es incalculable
Escribir, a día de hoy, un artículo sobre la misión Artemis II que resulte original supone un reto mayúsculo. Ahora que el rugido del SLS es solo un eco lejano y que la cápsula Orion descansa ya en seco tras su baño en el Pacífico, la sensación es que todo ha sido dicho. Se han vertido ríos de tinta y vías lácteas de bits sobre estos 10 días de bitácora lunar; si pudiéramos imprimir y encadenar cada crónica, cada post y cada análisis publicado desde el 1 de abril, la cinta de papel resultante se estiraría por el vacío, compitiendo en kilómetros con la propia estela de la nave.
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