El dueño de una administración que quería ser millonario, un hermano al frente de la delegación provincial de Loterías, más de 300 personas convencidas de que el boleto premiado era el suyo y una investigación policial que acabó concluyendo —spoiler— que en realidad pertenecía a un jubilado que ya había muerto. Son algunos de los ingredientes de una enrevesada historia que deberá aclararse en un juicio esta semana en la Audiencia Provincial de La Coruña. Y, en el aire, una pregunta: ¿quién acabará cobrando los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva?Un billete de la Primitiva premiado con el gordo en el sorteo del 30 de junio de 2012 había aparecido, supuestamente, sobre el mostrador de la administración número 22 de La Coruña, regentada por Manuel Reija en el mercado de San Agustín. El Ayuntamiento de La Coruña, siguiendo las directrices del Código Civil, se encargó en un principio de custodiar el boleto y tratar de dar con su propietario. De no aparecer su dueño, el premio podría acabar cobrándolo quien lo encontró, es decir, en este caso el propio lotero.Al cabo de varios meses, la causa acabó judicializándose y originó cierto bombo mediático. En la cola se pusieron más de 300 personas que decían ser las dueñas del boleto. Muchos de ellos estaban realmente convencidos, gastándose miles de euros en periciales y abogados para tratar de acreditar que eran los verdaderos propietarios. De la investigación se encargó la Policía Nacional bajo la tutela del Juzgado de Instrucción número 8 de La Coruña.Más de 300 personas decían ser las dueñas del boleto premiado, muchas realmente convencidasEl tiempo transcurrido desde el sorteo hasta que la causa se judicializó jugó en contra. No había ya, por ejemplo, imágenes de las cámaras de seguridad del mercado o de los alrededores que hubieran podido acreditar nítidamente quién era el propietario del boleto. Las pesquisas tenían que empezar de cero. El primer filtro dejó ya a la mayoría de los aspirantes fuera. El boleto se había comprobado en la administración de San Agustín, pero en realidad se había sellado —fue una apuesta automática— en la que hay en el centro comercial Carrefour, a unos tres kilómetros de allí.Aquello reducía drásticamente el número de candidatos al boleto premiado, pero la investigación no conseguía resolver quién era su propietario, si alguno de esos aspirantes o cualquier otra persona que desconociera ser su dueño. Los investigadores dieron entonces con una pista que acabaría siendo decisiva: el apostante, quien quiera que fuera, había sellado varios números. Los agentes encontraron ahí un patrón de juego y pidieron a la central de Loterías que les remitiese las apuestas que se habían hecho los últimos meses en España con esa secuencia de números.La pista decisivaBingo. Ese mismo patrón de juego alguien lo había seguido en otros puntos de la geografía española. Concretamente, en administraciones de Caldas de Reis (Pontevedra), Palma de Mallorca, Torremolinos y Fuerteventura. Para entonces, estaban ya descartados —aunque alguno de ellos todavía seguía convencido de ser el poseedor— todos los que se habían postulado como propietarios del boleto. Se buscaron entonces, sin éxito, pasajeros con origen en el aeropuerto de La Coruña que pudieran corresponderse con esos itinerarios. Pero, seguramente atendiendo al perfil de los destinos, a los agentes se les ocurrió una idea: ¿y si se correspondía con viajes del Imserso?Fue así como, cruzando datos, la Policía acreditó la identidad del propietario del billete. No era ninguno de los 300 aspirantes de La Coruña, sino un jubilado aficionado al juego que apostaba allí donde estuviera, también durante las vacaciones. Pero el hombre murió en enero de 2014 —más de año y medio después del sorteo— sin saber que había sido el afortunado. Tampoco su viuda se lo podía imaginar, pues su marido apostaba a sus espaldas. Ahora, de cara al juicio que este lunes arranca en la Audiencia de La Coruña, ella y la hija de ambos reclaman, como herederas, los 4,7 millones del boleto premiado.Las sospechas sobre el loteroPero, en paralelo a la investigación para identificar al dueño del billete, la Policía tenía otra línea de investigación sobre la mesa. Y es que el comportamiento del lotero del mercado de San Agustín, aspirante a quedarse con el boleto en ausencia de propietario conocido, levantaba sospechas. Por sus numerosas contradicciones en sus testificales, por su poca diligencia para buscar al verdadero dueño del boleto y por una cuestión que en sí misma no es un indicio, pero obligaba a centrar la atención: su hermano, Miguel Reija, era el delegado provincial de Loterías y Apuestas del Estado en La Coruña.Los hermanos Reija son, precisamente, quienes a partir de este lunes se sentarán en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial para enfrentarse a una pena de hasta seis años de prisión. Es la condena que la fiscal Olga Serrano —la misma que encabezó la acusación en el juicio por el crimen de Samuel Luiz— pide para ellos. Para el lotero, por un supuesto delito de estafa —y, alternativamente, uno de apropiación indebida—, y para su hermano por blanqueo de capitales —alternativamente, uno de encubrimiento—.La versión de la FiscalíaA partir de los indicios recabados por la Policía, la fiscal concluye, en su escrito de acusación previo al juicio, que las cosas sucedieron de la siguiente forma. El 2 de julio de 2012, el propietario del boleto acudió a la administración del mercado de San Agustín a comprobar si alguno de los billetes que había sellado seis días antes en el Carrefour tenía premio. Se los entregó a quien estaba detrás del mostrador, Manuel Reija, que los introdujo en la máquina para comprobar si tenían premio.Sin embargo, y siempre según la versión de la Fiscalía, el lotero, al ver que uno de los billetes tenía un premio de primera categoría, le habría dicho al apostante que sus boletos no habían sido agraciados. El hombre, convencido, se fue sin llevarse consigo resguardo alguno. Y cuando salió por la puerta, el lotero metió por segunda vez el boleto en la máquina para volver a comprobarlo y separarlo del resto.Los hermanos Reija se enfrentan a seis años de prisión por delitos de estafa y blanqueo, respectivamenteFue entonces cuando, según la tesis de la acusación pública, entró en escena el hermano del lotero. Ese mismo día el responsable de la administración del mercado de San Agustín acudió a la delegación provincial de Loterías para tratar de «acelerar los trámites del cobro» del premio. Su hermano Miguel, responsable de Loterías en La Coruña, comprobó también en la delegación el boleto premiado y «se dispuso a allanar el camino» para que Manuel cobrara el premio. Su papel, según la Fiscalía, consistió en ocultar ante terceros el verdadero origen de aquel premio.Intentó acelerar los trámites para que su hermano cobrara sin hacer movimiento alguno para identificar al verdadero propietario del boleto. Así maniobró ante diferentes cargos de la Sociedad Estatal de Apuestas y Loterías del Estado (SELAE), tratando de simular que su hermano se había encontrado con el billete. Durante el proceso judicial llegaron a estar imputados en la causa cuatro cargos de la SELAE, pero sus casos se acabaron archivando al no probarse que fueran conscientes de los supuestos tejemanejes de los hermanos Reija.El juicioPor eso serán ellos los únicos que se sentarán en el banquillo de la Audiencia de La Coruña para un juicio que se prevé que en media docena de sesiones quede visto para sentencia. Además de los acusados, ante el tribunal desfilarán quienes eran propietarios de la administración de Carrefour, ya jubilados, que nada tienen que ver con la trama. También testificarán diferentes cargos de la SELAE, además de agentes de la Policía que se encargaron de la investigación.Como en todos los juicios que se celebran en las audiencias provinciales, está en juego una pena de cárcel superior a los cinco años. Pero, en este caso, también, en qué bolsillos acabarán los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva. El dueño de una administración que quería ser millonario, un hermano al frente de la delegación provincial de Loterías, más de 300 personas convencidas de que el boleto premiado era el suyo y una investigación policial que acabó concluyendo —spoiler— que en realidad pertenecía a un jubilado que ya había muerto. Son algunos de los ingredientes de una enrevesada historia que deberá aclararse en un juicio esta semana en la Audiencia Provincial de La Coruña. Y, en el aire, una pregunta: ¿quién acabará cobrando los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva?Un billete de la Primitiva premiado con el gordo en el sorteo del 30 de junio de 2012 había aparecido, supuestamente, sobre el mostrador de la administración número 22 de La Coruña, regentada por Manuel Reija en el mercado de San Agustín. El Ayuntamiento de La Coruña, siguiendo las directrices del Código Civil, se encargó en un principio de custodiar el boleto y tratar de dar con su propietario. De no aparecer su dueño, el premio podría acabar cobrándolo quien lo encontró, es decir, en este caso el propio lotero.Al cabo de varios meses, la causa acabó judicializándose y originó cierto bombo mediático. En la cola se pusieron más de 300 personas que decían ser las dueñas del boleto. Muchos de ellos estaban realmente convencidos, gastándose miles de euros en periciales y abogados para tratar de acreditar que eran los verdaderos propietarios. De la investigación se encargó la Policía Nacional bajo la tutela del Juzgado de Instrucción número 8 de La Coruña.Más de 300 personas decían ser las dueñas del boleto premiado, muchas realmente convencidasEl tiempo transcurrido desde el sorteo hasta que la causa se judicializó jugó en contra. No había ya, por ejemplo, imágenes de las cámaras de seguridad del mercado o de los alrededores que hubieran podido acreditar nítidamente quién era el propietario del boleto. Las pesquisas tenían que empezar de cero. El primer filtro dejó ya a la mayoría de los aspirantes fuera. El boleto se había comprobado en la administración de San Agustín, pero en realidad se había sellado —fue una apuesta automática— en la que hay en el centro comercial Carrefour, a unos tres kilómetros de allí.Aquello reducía drásticamente el número de candidatos al boleto premiado, pero la investigación no conseguía resolver quién era su propietario, si alguno de esos aspirantes o cualquier otra persona que desconociera ser su dueño. Los investigadores dieron entonces con una pista que acabaría siendo decisiva: el apostante, quien quiera que fuera, había sellado varios números. Los agentes encontraron ahí un patrón de juego y pidieron a la central de Loterías que les remitiese las apuestas que se habían hecho los últimos meses en España con esa secuencia de números.La pista decisivaBingo. Ese mismo patrón de juego alguien lo había seguido en otros puntos de la geografía española. Concretamente, en administraciones de Caldas de Reis (Pontevedra), Palma de Mallorca, Torremolinos y Fuerteventura. Para entonces, estaban ya descartados —aunque alguno de ellos todavía seguía convencido de ser el poseedor— todos los que se habían postulado como propietarios del boleto. Se buscaron entonces, sin éxito, pasajeros con origen en el aeropuerto de La Coruña que pudieran corresponderse con esos itinerarios. Pero, seguramente atendiendo al perfil de los destinos, a los agentes se les ocurrió una idea: ¿y si se correspondía con viajes del Imserso?Fue así como, cruzando datos, la Policía acreditó la identidad del propietario del billete. No era ninguno de los 300 aspirantes de La Coruña, sino un jubilado aficionado al juego que apostaba allí donde estuviera, también durante las vacaciones. Pero el hombre murió en enero de 2014 —más de año y medio después del sorteo— sin saber que había sido el afortunado. Tampoco su viuda se lo podía imaginar, pues su marido apostaba a sus espaldas. Ahora, de cara al juicio que este lunes arranca en la Audiencia de La Coruña, ella y la hija de ambos reclaman, como herederas, los 4,7 millones del boleto premiado.Las sospechas sobre el loteroPero, en paralelo a la investigación para identificar al dueño del billete, la Policía tenía otra línea de investigación sobre la mesa. Y es que el comportamiento del lotero del mercado de San Agustín, aspirante a quedarse con el boleto en ausencia de propietario conocido, levantaba sospechas. Por sus numerosas contradicciones en sus testificales, por su poca diligencia para buscar al verdadero dueño del boleto y por una cuestión que en sí misma no es un indicio, pero obligaba a centrar la atención: su hermano, Miguel Reija, era el delegado provincial de Loterías y Apuestas del Estado en La Coruña.Los hermanos Reija son, precisamente, quienes a partir de este lunes se sentarán en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial para enfrentarse a una pena de hasta seis años de prisión. Es la condena que la fiscal Olga Serrano —la misma que encabezó la acusación en el juicio por el crimen de Samuel Luiz— pide para ellos. Para el lotero, por un supuesto delito de estafa —y, alternativamente, uno de apropiación indebida—, y para su hermano por blanqueo de capitales —alternativamente, uno de encubrimiento—.La versión de la FiscalíaA partir de los indicios recabados por la Policía, la fiscal concluye, en su escrito de acusación previo al juicio, que las cosas sucedieron de la siguiente forma. El 2 de julio de 2012, el propietario del boleto acudió a la administración del mercado de San Agustín a comprobar si alguno de los billetes que había sellado seis días antes en el Carrefour tenía premio. Se los entregó a quien estaba detrás del mostrador, Manuel Reija, que los introdujo en la máquina para comprobar si tenían premio.Sin embargo, y siempre según la versión de la Fiscalía, el lotero, al ver que uno de los billetes tenía un premio de primera categoría, le habría dicho al apostante que sus boletos no habían sido agraciados. El hombre, convencido, se fue sin llevarse consigo resguardo alguno. Y cuando salió por la puerta, el lotero metió por segunda vez el boleto en la máquina para volver a comprobarlo y separarlo del resto.Los hermanos Reija se enfrentan a seis años de prisión por delitos de estafa y blanqueo, respectivamenteFue entonces cuando, según la tesis de la acusación pública, entró en escena el hermano del lotero. Ese mismo día el responsable de la administración del mercado de San Agustín acudió a la delegación provincial de Loterías para tratar de «acelerar los trámites del cobro» del premio. Su hermano Miguel, responsable de Loterías en La Coruña, comprobó también en la delegación el boleto premiado y «se dispuso a allanar el camino» para que Manuel cobrara el premio. Su papel, según la Fiscalía, consistió en ocultar ante terceros el verdadero origen de aquel premio.Intentó acelerar los trámites para que su hermano cobrara sin hacer movimiento alguno para identificar al verdadero propietario del boleto. Así maniobró ante diferentes cargos de la Sociedad Estatal de Apuestas y Loterías del Estado (SELAE), tratando de simular que su hermano se había encontrado con el billete. Durante el proceso judicial llegaron a estar imputados en la causa cuatro cargos de la SELAE, pero sus casos se acabaron archivando al no probarse que fueran conscientes de los supuestos tejemanejes de los hermanos Reija.El juicioPor eso serán ellos los únicos que se sentarán en el banquillo de la Audiencia de La Coruña para un juicio que se prevé que en media docena de sesiones quede visto para sentencia. Además de los acusados, ante el tribunal desfilarán quienes eran propietarios de la administración de Carrefour, ya jubilados, que nada tienen que ver con la trama. También testificarán diferentes cargos de la SELAE, además de agentes de la Policía que se encargaron de la investigación.Como en todos los juicios que se celebran en las audiencias provinciales, está en juego una pena de cárcel superior a los cinco años. Pero, en este caso, también, en qué bolsillos acabarán los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva. El dueño de una administración que quería ser millonario, un hermano al frente de la delegación provincial de Loterías, más de 300 personas convencidas de que el boleto premiado era el suyo y una investigación policial que acabó concluyendo —spoiler— que en realidad pertenecía a un jubilado que ya había muerto. Son algunos de los ingredientes de una enrevesada historia que deberá aclararse en un juicio esta semana en la Audiencia Provincial de La Coruña. Y, en el aire, una pregunta: ¿quién acabará cobrando los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva?Un billete de la Primitiva premiado con el gordo en el sorteo del 30 de junio de 2012 había aparecido, supuestamente, sobre el mostrador de la administración número 22 de La Coruña, regentada por Manuel Reija en el mercado de San Agustín. El Ayuntamiento de La Coruña, siguiendo las directrices del Código Civil, se encargó en un principio de custodiar el boleto y tratar de dar con su propietario. De no aparecer su dueño, el premio podría acabar cobrándolo quien lo encontró, es decir, en este caso el propio lotero.Al cabo de varios meses, la causa acabó judicializándose y originó cierto bombo mediático. En la cola se pusieron más de 300 personas que decían ser las dueñas del boleto. Muchos de ellos estaban realmente convencidos, gastándose miles de euros en periciales y abogados para tratar de acreditar que eran los verdaderos propietarios. De la investigación se encargó la Policía Nacional bajo la tutela del Juzgado de Instrucción número 8 de La Coruña.Más de 300 personas decían ser las dueñas del boleto premiado, muchas realmente convencidasEl tiempo transcurrido desde el sorteo hasta que la causa se judicializó jugó en contra. No había ya, por ejemplo, imágenes de las cámaras de seguridad del mercado o de los alrededores que hubieran podido acreditar nítidamente quién era el propietario del boleto. Las pesquisas tenían que empezar de cero. El primer filtro dejó ya a la mayoría de los aspirantes fuera. El boleto se había comprobado en la administración de San Agustín, pero en realidad se había sellado —fue una apuesta automática— en la que hay en el centro comercial Carrefour, a unos tres kilómetros de allí.Aquello reducía drásticamente el número de candidatos al boleto premiado, pero la investigación no conseguía resolver quién era su propietario, si alguno de esos aspirantes o cualquier otra persona que desconociera ser su dueño. Los investigadores dieron entonces con una pista que acabaría siendo decisiva: el apostante, quien quiera que fuera, había sellado varios números. Los agentes encontraron ahí un patrón de juego y pidieron a la central de Loterías que les remitiese las apuestas que se habían hecho los últimos meses en España con esa secuencia de números.La pista decisivaBingo. Ese mismo patrón de juego alguien lo había seguido en otros puntos de la geografía española. Concretamente, en administraciones de Caldas de Reis (Pontevedra), Palma de Mallorca, Torremolinos y Fuerteventura. Para entonces, estaban ya descartados —aunque alguno de ellos todavía seguía convencido de ser el poseedor— todos los que se habían postulado como propietarios del boleto. Se buscaron entonces, sin éxito, pasajeros con origen en el aeropuerto de La Coruña que pudieran corresponderse con esos itinerarios. Pero, seguramente atendiendo al perfil de los destinos, a los agentes se les ocurrió una idea: ¿y si se correspondía con viajes del Imserso?Fue así como, cruzando datos, la Policía acreditó la identidad del propietario del billete. No era ninguno de los 300 aspirantes de La Coruña, sino un jubilado aficionado al juego que apostaba allí donde estuviera, también durante las vacaciones. Pero el hombre murió en enero de 2014 —más de año y medio después del sorteo— sin saber que había sido el afortunado. Tampoco su viuda se lo podía imaginar, pues su marido apostaba a sus espaldas. Ahora, de cara al juicio que este lunes arranca en la Audiencia de La Coruña, ella y la hija de ambos reclaman, como herederas, los 4,7 millones del boleto premiado.Las sospechas sobre el loteroPero, en paralelo a la investigación para identificar al dueño del billete, la Policía tenía otra línea de investigación sobre la mesa. Y es que el comportamiento del lotero del mercado de San Agustín, aspirante a quedarse con el boleto en ausencia de propietario conocido, levantaba sospechas. Por sus numerosas contradicciones en sus testificales, por su poca diligencia para buscar al verdadero dueño del boleto y por una cuestión que en sí misma no es un indicio, pero obligaba a centrar la atención: su hermano, Miguel Reija, era el delegado provincial de Loterías y Apuestas del Estado en La Coruña.Los hermanos Reija son, precisamente, quienes a partir de este lunes se sentarán en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial para enfrentarse a una pena de hasta seis años de prisión. Es la condena que la fiscal Olga Serrano —la misma que encabezó la acusación en el juicio por el crimen de Samuel Luiz— pide para ellos. Para el lotero, por un supuesto delito de estafa —y, alternativamente, uno de apropiación indebida—, y para su hermano por blanqueo de capitales —alternativamente, uno de encubrimiento—.La versión de la FiscalíaA partir de los indicios recabados por la Policía, la fiscal concluye, en su escrito de acusación previo al juicio, que las cosas sucedieron de la siguiente forma. El 2 de julio de 2012, el propietario del boleto acudió a la administración del mercado de San Agustín a comprobar si alguno de los billetes que había sellado seis días antes en el Carrefour tenía premio. Se los entregó a quien estaba detrás del mostrador, Manuel Reija, que los introdujo en la máquina para comprobar si tenían premio.Sin embargo, y siempre según la versión de la Fiscalía, el lotero, al ver que uno de los billetes tenía un premio de primera categoría, le habría dicho al apostante que sus boletos no habían sido agraciados. El hombre, convencido, se fue sin llevarse consigo resguardo alguno. Y cuando salió por la puerta, el lotero metió por segunda vez el boleto en la máquina para volver a comprobarlo y separarlo del resto.Los hermanos Reija se enfrentan a seis años de prisión por delitos de estafa y blanqueo, respectivamenteFue entonces cuando, según la tesis de la acusación pública, entró en escena el hermano del lotero. Ese mismo día el responsable de la administración del mercado de San Agustín acudió a la delegación provincial de Loterías para tratar de «acelerar los trámites del cobro» del premio. Su hermano Miguel, responsable de Loterías en La Coruña, comprobó también en la delegación el boleto premiado y «se dispuso a allanar el camino» para que Manuel cobrara el premio. Su papel, según la Fiscalía, consistió en ocultar ante terceros el verdadero origen de aquel premio.Intentó acelerar los trámites para que su hermano cobrara sin hacer movimiento alguno para identificar al verdadero propietario del boleto. Así maniobró ante diferentes cargos de la Sociedad Estatal de Apuestas y Loterías del Estado (SELAE), tratando de simular que su hermano se había encontrado con el billete. Durante el proceso judicial llegaron a estar imputados en la causa cuatro cargos de la SELAE, pero sus casos se acabaron archivando al no probarse que fueran conscientes de los supuestos tejemanejes de los hermanos Reija.El juicioPor eso serán ellos los únicos que se sentarán en el banquillo de la Audiencia de La Coruña para un juicio que se prevé que en media docena de sesiones quede visto para sentencia. Además de los acusados, ante el tribunal desfilarán quienes eran propietarios de la administración de Carrefour, ya jubilados, que nada tienen que ver con la trama. También testificarán diferentes cargos de la SELAE, además de agentes de la Policía que se encargaron de la investigación.Como en todos los juicios que se celebran en las audiencias provinciales, está en juego una pena de cárcel superior a los cinco años. Pero, en este caso, también, en qué bolsillos acabarán los 4,7 millones de euros de aquella Primitiva. RSS de noticias de espana
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