La misión más importante de Mark Rutte es mantener viva a la OTAN. Eso significa que su principal objetivo, puede que el único en estos momentos, es aplacar los cambios de humor del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque tenga que humillarse e incluso rozar el insulto a los aliados europeos. Rutte ha decidido convertirse en una alfombra bajo los pies del inquilino de la Casa Blanca con el único objetivo de amortiguar sus reacciones extemporáneas, lo que ha creado un ambiente muy poco constructivo en la organización.El ex primer ministro holandés es probablemente uno de los pocos personajes que se puede permitir este tipo de comportamientos. Después de casi 14 años al frente de su país no se le conoce ningún tipo de actividad fuera de la política. Vivió con su madre hasta que esta falleció, por lo que a estas alturas, con 59 años, no tiene familia ni hijos conocidos. Su único afán es cumplir con el objetivo de preservar a la Alianza, aunque sea a base de crear este inédito desequilibrio en las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países miembros.Sin embargo, nadie puede discutir sus habilidades como político y su capacidad de generar consensos aún en circunstancias complejas. Para los analistas habituales de la Alianza Atlántica, la posición del secretario general está cumpliendo su objetivo de mantener la unidad de la organización, aunque esté pendiente de un hilo que aguanta él mismo con su servilismo.Noticia relacionada No No ¿Hasta dónde llegan las ambiciones militares de la Unión Europea? The EconomistRutte carga con resignación con los comentarios despectivos que le supuso referirse a Trump como «papá» durante la cumbre de La Haya el año pasado, que fue uno de los primeros gestos de complacencia extrema que exhibió el holandés. La semana pasada, cuando estaba en Washington para intentar calmar al presidente norteamericano después de que este hubiera expresado varias veces su deseo de sacar a su país de la OTAN , en una televisión le preguntaron si todavía seguía considerando a Trump como su padre. Haciendo malabarismos lingüísticos, tuvo que explicar lo que, según su sorprendente punto de vista, es apenas una cuestión semántica: «Bueno, sobre el asunto de ‘papá’, se trata de un problema de idioma. En holandés, la traducción de ‘tu padre’ es ‘papá’. Y yo dije: bueno, sí, a veces un ‘papá’ tiene que estar enojado . Así que no lo estaba llamando ‘papá’. Claro, la palabra ‘papá’ también tiene otra connotación. Y ahora tengo que vivir con esto… ¿Será así el resto de mi vida? No tengo más remedio que asumirlo y, por cierto, el presidente también».Al holandés no le importa ni siquiera que Trump hiciera una referencia sarcástica a su exagerada sumisión en un video en el que se refería con cierto desprecio a este hecho de llamarle ‘papá’. «Era una película muy divertida. Por eso Trump me cae tan bien» ha llegado a decir Rutte sin ningún tipo de pudor. De hecho, Rutte ha publicado numerosos mensajes en los que se deshace en elogios a Trump y sostiene sin rubor que su papel y su actitud alcanza proporciones «históricas» en beneficio de la seguridad de Occidente.Después de que la actitud de la Casa Blanca haya dañado hasta las relaciones especiales que mantenían históricamente Estados Unidos y el Reino Unido y que se consideraban como blindadas, por ahora, el holandés es el único que mantiene relaciones fluidas con Trump. Para ello ha tenido que darle la razón en el escandaloso incidente de Groenlandia , en el que Washington amenazó con invadir un territorio de otro aliado, algo que no se había producido jamás en toda la historia de la OTAN.Hacer la pelotaY, sin embargo, Rutte no parece tener otra estrategia que hacer la pelota al presidente norteamericano. Al salir de su última entrevista en la Casa Blanca, afirmó que había sido una conversación «franca». En lenguaje diplomático, eso significa que su interlocutor no se había ahorrado las interjecciones a la hora de expresar su ánimo. Según dijo después, porque no hubo una comparecencia conjunta como era habitual, había sido un intercambio «entre dos buenos amigos» en el que Trump demostró estar «claramente decepcionado» por la negativa de los aliados europeos a unirse a la guerra contra Irán que el norteamericano lanzó sin ningún tipo de consultas previas con la organización. «La OTAN no estuvo ahí cuando lo necesitábamos y no estará tampoco si la volvemos a necesitar. ¡Recuerden Groenlandia, ese gran pedazo de hielo mal administrado!» dijo en sus redes sociales. Hasta ahora, sus acciones de complacencia exagerada hacia Trump se centraban en el asunto del aumento de los gastos militares de los aliados europeos, que era un objetivo que ya habían planteado anteriores presidentes norteamericanos. Aunque no es cierto que Estados Unidos cargue con la mayoría de los gastos de la OTAN (Alemania paga tanto como EE.UU. para cubrir el funcionamiento de la organización y entre los dos suman cerca del 30%), sí lo es que, a efectos prácticos, las misiones militares se basan fundamentalmente en el poder de Estados Unidos . De algún modo, esta política de fomentar la autonomía militar de los europeos también puede acabar convirtiéndose en un camino para desvincular a las dos orillas del Atlántico.El ex primer ministro no duda en humillarse en público para tener contento al inquilino de la Casa BlancaPor ahora, el papel de Rutte sigue siendo evitar a toda costa que Trump lleve su contrariedad hacia el extremo, aunque para ello le tenga que dar sistemáticamente la razón. Respecto a la reticencia de los europeos a apoyar sus operaciones contra Irán, el holandés reconoció que Trump «me dejó muy claro lo que pensaba de lo ocurrido en las últimas semanas», pero no quiso responder a las preguntas específicas sobre si había expresado su deseo de abandonar la OTAN. Su última teoría es que en estos momentos «la situación es compleja» . La misión más importante de Mark Rutte es mantener viva a la OTAN. Eso significa que su principal objetivo, puede que el único en estos momentos, es aplacar los cambios de humor del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque tenga que humillarse e incluso rozar el insulto a los aliados europeos. Rutte ha decidido convertirse en una alfombra bajo los pies del inquilino de la Casa Blanca con el único objetivo de amortiguar sus reacciones extemporáneas, lo que ha creado un ambiente muy poco constructivo en la organización.El ex primer ministro holandés es probablemente uno de los pocos personajes que se puede permitir este tipo de comportamientos. Después de casi 14 años al frente de su país no se le conoce ningún tipo de actividad fuera de la política. Vivió con su madre hasta que esta falleció, por lo que a estas alturas, con 59 años, no tiene familia ni hijos conocidos. Su único afán es cumplir con el objetivo de preservar a la Alianza, aunque sea a base de crear este inédito desequilibrio en las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países miembros.Sin embargo, nadie puede discutir sus habilidades como político y su capacidad de generar consensos aún en circunstancias complejas. Para los analistas habituales de la Alianza Atlántica, la posición del secretario general está cumpliendo su objetivo de mantener la unidad de la organización, aunque esté pendiente de un hilo que aguanta él mismo con su servilismo.Noticia relacionada No No ¿Hasta dónde llegan las ambiciones militares de la Unión Europea? The EconomistRutte carga con resignación con los comentarios despectivos que le supuso referirse a Trump como «papá» durante la cumbre de La Haya el año pasado, que fue uno de los primeros gestos de complacencia extrema que exhibió el holandés. La semana pasada, cuando estaba en Washington para intentar calmar al presidente norteamericano después de que este hubiera expresado varias veces su deseo de sacar a su país de la OTAN , en una televisión le preguntaron si todavía seguía considerando a Trump como su padre. Haciendo malabarismos lingüísticos, tuvo que explicar lo que, según su sorprendente punto de vista, es apenas una cuestión semántica: «Bueno, sobre el asunto de ‘papá’, se trata de un problema de idioma. En holandés, la traducción de ‘tu padre’ es ‘papá’. Y yo dije: bueno, sí, a veces un ‘papá’ tiene que estar enojado . Así que no lo estaba llamando ‘papá’. Claro, la palabra ‘papá’ también tiene otra connotación. Y ahora tengo que vivir con esto… ¿Será así el resto de mi vida? No tengo más remedio que asumirlo y, por cierto, el presidente también».Al holandés no le importa ni siquiera que Trump hiciera una referencia sarcástica a su exagerada sumisión en un video en el que se refería con cierto desprecio a este hecho de llamarle ‘papá’. «Era una película muy divertida. Por eso Trump me cae tan bien» ha llegado a decir Rutte sin ningún tipo de pudor. De hecho, Rutte ha publicado numerosos mensajes en los que se deshace en elogios a Trump y sostiene sin rubor que su papel y su actitud alcanza proporciones «históricas» en beneficio de la seguridad de Occidente.Después de que la actitud de la Casa Blanca haya dañado hasta las relaciones especiales que mantenían históricamente Estados Unidos y el Reino Unido y que se consideraban como blindadas, por ahora, el holandés es el único que mantiene relaciones fluidas con Trump. Para ello ha tenido que darle la razón en el escandaloso incidente de Groenlandia , en el que Washington amenazó con invadir un territorio de otro aliado, algo que no se había producido jamás en toda la historia de la OTAN.Hacer la pelotaY, sin embargo, Rutte no parece tener otra estrategia que hacer la pelota al presidente norteamericano. Al salir de su última entrevista en la Casa Blanca, afirmó que había sido una conversación «franca». En lenguaje diplomático, eso significa que su interlocutor no se había ahorrado las interjecciones a la hora de expresar su ánimo. Según dijo después, porque no hubo una comparecencia conjunta como era habitual, había sido un intercambio «entre dos buenos amigos» en el que Trump demostró estar «claramente decepcionado» por la negativa de los aliados europeos a unirse a la guerra contra Irán que el norteamericano lanzó sin ningún tipo de consultas previas con la organización. «La OTAN no estuvo ahí cuando lo necesitábamos y no estará tampoco si la volvemos a necesitar. ¡Recuerden Groenlandia, ese gran pedazo de hielo mal administrado!» dijo en sus redes sociales. Hasta ahora, sus acciones de complacencia exagerada hacia Trump se centraban en el asunto del aumento de los gastos militares de los aliados europeos, que era un objetivo que ya habían planteado anteriores presidentes norteamericanos. Aunque no es cierto que Estados Unidos cargue con la mayoría de los gastos de la OTAN (Alemania paga tanto como EE.UU. para cubrir el funcionamiento de la organización y entre los dos suman cerca del 30%), sí lo es que, a efectos prácticos, las misiones militares se basan fundamentalmente en el poder de Estados Unidos . De algún modo, esta política de fomentar la autonomía militar de los europeos también puede acabar convirtiéndose en un camino para desvincular a las dos orillas del Atlántico.El ex primer ministro no duda en humillarse en público para tener contento al inquilino de la Casa BlancaPor ahora, el papel de Rutte sigue siendo evitar a toda costa que Trump lleve su contrariedad hacia el extremo, aunque para ello le tenga que dar sistemáticamente la razón. Respecto a la reticencia de los europeos a apoyar sus operaciones contra Irán, el holandés reconoció que Trump «me dejó muy claro lo que pensaba de lo ocurrido en las últimas semanas», pero no quiso responder a las preguntas específicas sobre si había expresado su deseo de abandonar la OTAN. Su última teoría es que en estos momentos «la situación es compleja» . La misión más importante de Mark Rutte es mantener viva a la OTAN. Eso significa que su principal objetivo, puede que el único en estos momentos, es aplacar los cambios de humor del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque tenga que humillarse e incluso rozar el insulto a los aliados europeos. Rutte ha decidido convertirse en una alfombra bajo los pies del inquilino de la Casa Blanca con el único objetivo de amortiguar sus reacciones extemporáneas, lo que ha creado un ambiente muy poco constructivo en la organización.El ex primer ministro holandés es probablemente uno de los pocos personajes que se puede permitir este tipo de comportamientos. Después de casi 14 años al frente de su país no se le conoce ningún tipo de actividad fuera de la política. Vivió con su madre hasta que esta falleció, por lo que a estas alturas, con 59 años, no tiene familia ni hijos conocidos. Su único afán es cumplir con el objetivo de preservar a la Alianza, aunque sea a base de crear este inédito desequilibrio en las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países miembros.Sin embargo, nadie puede discutir sus habilidades como político y su capacidad de generar consensos aún en circunstancias complejas. Para los analistas habituales de la Alianza Atlántica, la posición del secretario general está cumpliendo su objetivo de mantener la unidad de la organización, aunque esté pendiente de un hilo que aguanta él mismo con su servilismo.Noticia relacionada No No ¿Hasta dónde llegan las ambiciones militares de la Unión Europea? The EconomistRutte carga con resignación con los comentarios despectivos que le supuso referirse a Trump como «papá» durante la cumbre de La Haya el año pasado, que fue uno de los primeros gestos de complacencia extrema que exhibió el holandés. La semana pasada, cuando estaba en Washington para intentar calmar al presidente norteamericano después de que este hubiera expresado varias veces su deseo de sacar a su país de la OTAN , en una televisión le preguntaron si todavía seguía considerando a Trump como su padre. Haciendo malabarismos lingüísticos, tuvo que explicar lo que, según su sorprendente punto de vista, es apenas una cuestión semántica: «Bueno, sobre el asunto de ‘papá’, se trata de un problema de idioma. En holandés, la traducción de ‘tu padre’ es ‘papá’. Y yo dije: bueno, sí, a veces un ‘papá’ tiene que estar enojado . Así que no lo estaba llamando ‘papá’. Claro, la palabra ‘papá’ también tiene otra connotación. Y ahora tengo que vivir con esto… ¿Será así el resto de mi vida? No tengo más remedio que asumirlo y, por cierto, el presidente también».Al holandés no le importa ni siquiera que Trump hiciera una referencia sarcástica a su exagerada sumisión en un video en el que se refería con cierto desprecio a este hecho de llamarle ‘papá’. «Era una película muy divertida. Por eso Trump me cae tan bien» ha llegado a decir Rutte sin ningún tipo de pudor. De hecho, Rutte ha publicado numerosos mensajes en los que se deshace en elogios a Trump y sostiene sin rubor que su papel y su actitud alcanza proporciones «históricas» en beneficio de la seguridad de Occidente.Después de que la actitud de la Casa Blanca haya dañado hasta las relaciones especiales que mantenían históricamente Estados Unidos y el Reino Unido y que se consideraban como blindadas, por ahora, el holandés es el único que mantiene relaciones fluidas con Trump. Para ello ha tenido que darle la razón en el escandaloso incidente de Groenlandia , en el que Washington amenazó con invadir un territorio de otro aliado, algo que no se había producido jamás en toda la historia de la OTAN.Hacer la pelotaY, sin embargo, Rutte no parece tener otra estrategia que hacer la pelota al presidente norteamericano. Al salir de su última entrevista en la Casa Blanca, afirmó que había sido una conversación «franca». En lenguaje diplomático, eso significa que su interlocutor no se había ahorrado las interjecciones a la hora de expresar su ánimo. Según dijo después, porque no hubo una comparecencia conjunta como era habitual, había sido un intercambio «entre dos buenos amigos» en el que Trump demostró estar «claramente decepcionado» por la negativa de los aliados europeos a unirse a la guerra contra Irán que el norteamericano lanzó sin ningún tipo de consultas previas con la organización. «La OTAN no estuvo ahí cuando lo necesitábamos y no estará tampoco si la volvemos a necesitar. ¡Recuerden Groenlandia, ese gran pedazo de hielo mal administrado!» dijo en sus redes sociales. Hasta ahora, sus acciones de complacencia exagerada hacia Trump se centraban en el asunto del aumento de los gastos militares de los aliados europeos, que era un objetivo que ya habían planteado anteriores presidentes norteamericanos. Aunque no es cierto que Estados Unidos cargue con la mayoría de los gastos de la OTAN (Alemania paga tanto como EE.UU. para cubrir el funcionamiento de la organización y entre los dos suman cerca del 30%), sí lo es que, a efectos prácticos, las misiones militares se basan fundamentalmente en el poder de Estados Unidos . De algún modo, esta política de fomentar la autonomía militar de los europeos también puede acabar convirtiéndose en un camino para desvincular a las dos orillas del Atlántico.El ex primer ministro no duda en humillarse en público para tener contento al inquilino de la Casa BlancaPor ahora, el papel de Rutte sigue siendo evitar a toda costa que Trump lleve su contrariedad hacia el extremo, aunque para ello le tenga que dar sistemáticamente la razón. Respecto a la reticencia de los europeos a apoyar sus operaciones contra Irán, el holandés reconoció que Trump «me dejó muy claro lo que pensaba de lo ocurrido en las últimas semanas», pero no quiso responder a las preguntas específicas sobre si había expresado su deseo de abandonar la OTAN. Su última teoría es que en estos momentos «la situación es compleja» . RSS de noticias de internacional
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