El plató de RTVE se ha convertido en un completo asedio de «todos contra uno». Ese ‘uno’ era Juanma Moreno, que acudía al debate con la vitola de favorito en las encuestas, pero también con una diana pegada en la solapa de la chaqueta. Durante hora y media, el presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP a la reelección tuvo que achicar agua frente a las embestidas cruzadas de una izquierda coral y un Vox que tampoco no le dio respiro, aunque el dirigente popular evitó en todo momento el choque directo con su candidato, Manuel Gavira. El presidente andaluz focalizó sus críticas en Montero y, por asociación, en Antonio Maíllo, el candidato de Por Andalucía, que dejó las frases más agrias contra el dirigente del PP, al que reprochó su falta de «compasión»: «Usted no me vuelva a decir que yo desprecio a un trabajador, ese tipo de descalificaciones es impropio de usted», le contestó Moreno.En su debate fue de menos a más. A la señora Montero le afeó que «nos ha crujido a impuestos a todos españoles, a las clases medias y trabajadoras y amenaza con volver a traernos el impuesto de sus sucesiones». «Ésa es la política del PSOE: freírnos a impuestos y mientras privilegia a los separatistas. Es una traición lo que usted ha hecho, señora Montero», fue su frase más dura contra su principal rival en las urnas.Moreno logró salir a flote, especialmente cuando el debate entró en el terreno de la financiación autonómica, donde pasó de la defensiva a la ofensiva contra la candidata del PSOE, María Jesús Montero , hasta hace poco más de un mes, ministra de Hacienda.En los bloques de Sanidad y Vivienda, se le vio por momentos encorsetado. Mientras José Ignacio García (Adelante Andalucía) y Antonio Maíllo (Sumar) lanzaban dardos cargados de emotividad —hablando de malagueños que dejan de comprar medicinas o de vecinos expulsados de sus barrios—, Moreno respondía con un arsenal de datos macroeconómicos. Su insistencia en que ha «cuadruplicado las VPO» chocó frontalmente con la crítica de Montero sobre la «VPO especulativa». Blindaje de los presupuestos en sanidadEn medio del fuego cruzado, el presidente andaluz lamentó que «se han dicho muchas barbaridades y muchas mentiras sobre la sanidad» y prometió aprobar «una ley de garantía sanitaria para que no se pueda rebajar ningún presupuesto de sanidad ni la plantilla». Antes recordó que con Montero como consejera de Sanidad en Andalucía se recortaron 7.700 profesionales y 1.500 millones «en la peor etapa de la gestión sanitaria » en la comunidad. «Señora Montero, que se acuerdan de usted, me lo dicen cada vez que visito un hospital», ironizó.Moreno ha acusado a Montero de aplicar el mayor recorte de la historia a la sanidad cuando ella gestionaba esta cartera en AndalucíaSi algo penalizó al presidente fue su excesiva dependencia de la documentación. Moreno compareció con un arsenal de gráficos y notas que, si bien le daban seguridad en las cifras, le restaron esa naturalidad y cercanía que suele ser su marca de la casa. El punto de inflexión llegó en el bloque de Financiación y Corrupción. Fue aquí donde se vio la versión más sólida de Juanma Moreno. Lejos de amedrentarse por las menciones al «caso mascarillas» o las fotos con Rubiales que aireó García, Moreno encontró su zona de confort atacando directamente el talón de Aquiles del Gobierno central: los agravios territoriales.Financiación autonómica a la medida de los separatistasEn su duelo con María Jesús Montero, Moreno se creció al reclamar los 1.500 millones de euros que Andalucía pierde cada año por un modelo de financiación que la exministra reclamó hace ocho años, cuando era consejera de Hacienda y en La Moncloa estaba Mariano Rajoy (PP). Moreno acusó a la exministra de «abdicar de su responsabilidad» para «privilegiar» los acuerdos con el independentismo catalán y vasco con tal de mantener a Pedro Sánchez en el Gobierno. Fue su mejor momento; ahí Moreno no leyó, sentenció. Consiguió desplazar el foco de su gestión sanitaria —su flanco más castigado por las listas de espera— hacia un sentimiento de agravio andaluz que suele rentarle réditos electorales.Moreno sobrevivió al asedio como pudo. Du solvencia en el bloque de financiación le permitió recuperar el mando del relato. Se fue del plató habiendo aguantado el chaparrón de cuatro oponentes que buscaban dejarlo K.O. El mensaje era nítido: a un lado del ring, él y la estabilidad que representa, y al otro, el «lío». Aprovechó sus últimos 60 segundos en el debate para apelar al voto útil: «La única opción de Gobierno que existe hoy por hoy es el PP, os pido concentrar el voto para tener esa mayoría de estabilidad». El plató de RTVE se ha convertido en un completo asedio de «todos contra uno». Ese ‘uno’ era Juanma Moreno, que acudía al debate con la vitola de favorito en las encuestas, pero también con una diana pegada en la solapa de la chaqueta. Durante hora y media, el presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP a la reelección tuvo que achicar agua frente a las embestidas cruzadas de una izquierda coral y un Vox que tampoco no le dio respiro, aunque el dirigente popular evitó en todo momento el choque directo con su candidato, Manuel Gavira. El presidente andaluz focalizó sus críticas en Montero y, por asociación, en Antonio Maíllo, el candidato de Por Andalucía, que dejó las frases más agrias contra el dirigente del PP, al que reprochó su falta de «compasión»: «Usted no me vuelva a decir que yo desprecio a un trabajador, ese tipo de descalificaciones es impropio de usted», le contestó Moreno.En su debate fue de menos a más. A la señora Montero le afeó que «nos ha crujido a impuestos a todos españoles, a las clases medias y trabajadoras y amenaza con volver a traernos el impuesto de sus sucesiones». «Ésa es la política del PSOE: freírnos a impuestos y mientras privilegia a los separatistas. Es una traición lo que usted ha hecho, señora Montero», fue su frase más dura contra su principal rival en las urnas.Moreno logró salir a flote, especialmente cuando el debate entró en el terreno de la financiación autonómica, donde pasó de la defensiva a la ofensiva contra la candidata del PSOE, María Jesús Montero , hasta hace poco más de un mes, ministra de Hacienda.En los bloques de Sanidad y Vivienda, se le vio por momentos encorsetado. Mientras José Ignacio García (Adelante Andalucía) y Antonio Maíllo (Sumar) lanzaban dardos cargados de emotividad —hablando de malagueños que dejan de comprar medicinas o de vecinos expulsados de sus barrios—, Moreno respondía con un arsenal de datos macroeconómicos. Su insistencia en que ha «cuadruplicado las VPO» chocó frontalmente con la crítica de Montero sobre la «VPO especulativa». Blindaje de los presupuestos en sanidadEn medio del fuego cruzado, el presidente andaluz lamentó que «se han dicho muchas barbaridades y muchas mentiras sobre la sanidad» y prometió aprobar «una ley de garantía sanitaria para que no se pueda rebajar ningún presupuesto de sanidad ni la plantilla». Antes recordó que con Montero como consejera de Sanidad en Andalucía se recortaron 7.700 profesionales y 1.500 millones «en la peor etapa de la gestión sanitaria » en la comunidad. «Señora Montero, que se acuerdan de usted, me lo dicen cada vez que visito un hospital», ironizó.Moreno ha acusado a Montero de aplicar el mayor recorte de la historia a la sanidad cuando ella gestionaba esta cartera en AndalucíaSi algo penalizó al presidente fue su excesiva dependencia de la documentación. Moreno compareció con un arsenal de gráficos y notas que, si bien le daban seguridad en las cifras, le restaron esa naturalidad y cercanía que suele ser su marca de la casa. El punto de inflexión llegó en el bloque de Financiación y Corrupción. Fue aquí donde se vio la versión más sólida de Juanma Moreno. Lejos de amedrentarse por las menciones al «caso mascarillas» o las fotos con Rubiales que aireó García, Moreno encontró su zona de confort atacando directamente el talón de Aquiles del Gobierno central: los agravios territoriales.Financiación autonómica a la medida de los separatistasEn su duelo con María Jesús Montero, Moreno se creció al reclamar los 1.500 millones de euros que Andalucía pierde cada año por un modelo de financiación que la exministra reclamó hace ocho años, cuando era consejera de Hacienda y en La Moncloa estaba Mariano Rajoy (PP). Moreno acusó a la exministra de «abdicar de su responsabilidad» para «privilegiar» los acuerdos con el independentismo catalán y vasco con tal de mantener a Pedro Sánchez en el Gobierno. Fue su mejor momento; ahí Moreno no leyó, sentenció. Consiguió desplazar el foco de su gestión sanitaria —su flanco más castigado por las listas de espera— hacia un sentimiento de agravio andaluz que suele rentarle réditos electorales.Moreno sobrevivió al asedio como pudo. Du solvencia en el bloque de financiación le permitió recuperar el mando del relato. Se fue del plató habiendo aguantado el chaparrón de cuatro oponentes que buscaban dejarlo K.O. El mensaje era nítido: a un lado del ring, él y la estabilidad que representa, y al otro, el «lío». Aprovechó sus últimos 60 segundos en el debate para apelar al voto útil: «La única opción de Gobierno que existe hoy por hoy es el PP, os pido concentrar el voto para tener esa mayoría de estabilidad». El plató de RTVE se ha convertido en un completo asedio de «todos contra uno». Ese ‘uno’ era Juanma Moreno, que acudía al debate con la vitola de favorito en las encuestas, pero también con una diana pegada en la solapa de la chaqueta. Durante hora y media, el presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP a la reelección tuvo que achicar agua frente a las embestidas cruzadas de una izquierda coral y un Vox que tampoco no le dio respiro, aunque el dirigente popular evitó en todo momento el choque directo con su candidato, Manuel Gavira. El presidente andaluz focalizó sus críticas en Montero y, por asociación, en Antonio Maíllo, el candidato de Por Andalucía, que dejó las frases más agrias contra el dirigente del PP, al que reprochó su falta de «compasión»: «Usted no me vuelva a decir que yo desprecio a un trabajador, ese tipo de descalificaciones es impropio de usted», le contestó Moreno.En su debate fue de menos a más. A la señora Montero le afeó que «nos ha crujido a impuestos a todos españoles, a las clases medias y trabajadoras y amenaza con volver a traernos el impuesto de sus sucesiones». «Ésa es la política del PSOE: freírnos a impuestos y mientras privilegia a los separatistas. Es una traición lo que usted ha hecho, señora Montero», fue su frase más dura contra su principal rival en las urnas.Moreno logró salir a flote, especialmente cuando el debate entró en el terreno de la financiación autonómica, donde pasó de la defensiva a la ofensiva contra la candidata del PSOE, María Jesús Montero , hasta hace poco más de un mes, ministra de Hacienda.En los bloques de Sanidad y Vivienda, se le vio por momentos encorsetado. Mientras José Ignacio García (Adelante Andalucía) y Antonio Maíllo (Sumar) lanzaban dardos cargados de emotividad —hablando de malagueños que dejan de comprar medicinas o de vecinos expulsados de sus barrios—, Moreno respondía con un arsenal de datos macroeconómicos. Su insistencia en que ha «cuadruplicado las VPO» chocó frontalmente con la crítica de Montero sobre la «VPO especulativa». Blindaje de los presupuestos en sanidadEn medio del fuego cruzado, el presidente andaluz lamentó que «se han dicho muchas barbaridades y muchas mentiras sobre la sanidad» y prometió aprobar «una ley de garantía sanitaria para que no se pueda rebajar ningún presupuesto de sanidad ni la plantilla». Antes recordó que con Montero como consejera de Sanidad en Andalucía se recortaron 7.700 profesionales y 1.500 millones «en la peor etapa de la gestión sanitaria » en la comunidad. «Señora Montero, que se acuerdan de usted, me lo dicen cada vez que visito un hospital», ironizó.Moreno ha acusado a Montero de aplicar el mayor recorte de la historia a la sanidad cuando ella gestionaba esta cartera en AndalucíaSi algo penalizó al presidente fue su excesiva dependencia de la documentación. Moreno compareció con un arsenal de gráficos y notas que, si bien le daban seguridad en las cifras, le restaron esa naturalidad y cercanía que suele ser su marca de la casa. El punto de inflexión llegó en el bloque de Financiación y Corrupción. Fue aquí donde se vio la versión más sólida de Juanma Moreno. Lejos de amedrentarse por las menciones al «caso mascarillas» o las fotos con Rubiales que aireó García, Moreno encontró su zona de confort atacando directamente el talón de Aquiles del Gobierno central: los agravios territoriales.Financiación autonómica a la medida de los separatistasEn su duelo con María Jesús Montero, Moreno se creció al reclamar los 1.500 millones de euros que Andalucía pierde cada año por un modelo de financiación que la exministra reclamó hace ocho años, cuando era consejera de Hacienda y en La Moncloa estaba Mariano Rajoy (PP). Moreno acusó a la exministra de «abdicar de su responsabilidad» para «privilegiar» los acuerdos con el independentismo catalán y vasco con tal de mantener a Pedro Sánchez en el Gobierno. Fue su mejor momento; ahí Moreno no leyó, sentenció. Consiguió desplazar el foco de su gestión sanitaria —su flanco más castigado por las listas de espera— hacia un sentimiento de agravio andaluz que suele rentarle réditos electorales.Moreno sobrevivió al asedio como pudo. Du solvencia en el bloque de financiación le permitió recuperar el mando del relato. Se fue del plató habiendo aguantado el chaparrón de cuatro oponentes que buscaban dejarlo K.O. El mensaje era nítido: a un lado del ring, él y la estabilidad que representa, y al otro, el «lío». Aprovechó sus últimos 60 segundos en el debate para apelar al voto útil: «La única opción de Gobierno que existe hoy por hoy es el PP, os pido concentrar el voto para tener esa mayoría de estabilidad». RSS de noticias de espana/andalucia
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