‘Suaviter in modo, fortiter in re’. Suave en las formas, fuerte en el contenido. Antonio Maíllo es un hombre de otro tiempo, un político de otra época en la era del Tik Tok, los ‘influencers’ y la Inteligencia Artificial. Posee una profunda riqueza cultural, un vasto conocimiento histórico y un apasionado amor por la música clásica y la poesía. Devora libros, manuales y ensayos, una querencia que le acercó a Almudena Grandes y resultó clave de bóveda de su relación de amistad con Luis García Montero.No en vano, ya preso de una relevante inspiración marxista , se declaró en ‘rebeldía’ en casa, en su Lucena natal, negándose a estudiar Derecho y decantándose por la Filología Clásica. Profesor de latín y griego por la Universidad de Sevilla, en su primera odisea por tierra hispalense no se desprendió de su pueblo, donde ayudó a crear la Asamblea Local de Izquierda Unida espoleado por la entrada de España en la OTAN (1986). Ahora se celebran 40 años de aquella aventura.La educación y la cultura forman un vértice del triángulo que marca su vida. Hijo de talabartero (trabajador del cuero) y panadera, Maíllo le debe su formación a las ayudas que concede el Estado, a las becas, a la ‘res’ pública. Mantiene esa vocación de profesor (también de la pública) con tres puntos cardinales: Sanlúcar en sus inicios (IES Francisco Pacheco), Aracena en su plenitud (IES San Blas) y Sevilla (IES Martínez Montañés) en su madurez. Tras ser nombrado coordinador federal de Izquierda Unida, mantuvo su lugar en la enseñanza hasta acabar el curso, en una muestra de compromiso con sus alumnos y consigo mismo.Otra esquina de su pirámide es su orientación afectivo-sexual. El candidato de Por Andalucía declaraba públicamente su homosexualidad en el 95, años duros tanto por la intransigencia social como por el contexto coyuntural, recordado por el SIDA y los miles de fallecimientos a causa de esta enfermedad. No siempre fue tan fácil, ni siquiera ahora. Maíllo es un referente LGTBI desde mucho antes de su reducción a este popurrí de siglas: « dentro del armario no hay belleza porque no hay espacio para la libertad . Hay oscuridad y mucho sufrimiento», se ha sincerado. Su objetivo en sus primeras elecciones autonómicas era «ser el primer presidente gay de la Junta de Andalucía», unas palabras que ya bien entrado este milenio generaron un buen caudal de comentarios.El último ángulo se remonta a una década atrás. El líder izquierdista sufría una hemorragia estomacal que reveló un cáncer de estómago. Se aferró al levísimo hilo de vida, agarró y tiró hasta anudar una nueva oportunidad, y la sanidad pública hizo el resto, con el abrazo agradecido de Dios (de familia católica, es un incondicional de la doctrina social de la Iglesia y seguidor confeso de Francisco I y León XIV). El compromiso con la salud universal y gratuita le ha empujado a regresar a la primera línea de fuego, y su convencimiento de afrontar una etapa ominosa en cuanto al recorte de derechos y libertades.Muy aficionado al fútbol , sigue el desarrollo de todas las jornadas ligueras y disfruta con el Barcelona y el Sevilla. Hay quien le tilda de merengón hasta que llegó Florentino Pérez (eso queda por contrastar en una tertulia pachanguera). De pequeño -es el segundo de cuatro hermanos-, practicó el noble arte del balompié por los campos cordobeses , en infantiles y juveniles del cuadro califal. Era zurdo pero le corrigieron y obligaron a utilizar la derecha, tanto sobre el césped como frente a una pizarra.Le gusta conducir mientras se evade del mundanal ruido, y conecta ya sea con la música clásica, los carnavales o el flamenco. En precampaña andaba inmerso en la lectura de ‘La compasión en un mundo injusto’, del teólogo palentino Juan José Tamayo; no obstante, se mantiene actualizado con los informativos y un ojo en la prensa diaria. Como Bergoglio en la Iglesia, entiende que la política se ha de trabajar en la periferia, y al ser elegido coordinador nacional se negó a marchar a la capital y se quedó cerquita de la Macarena. «A Madrid hay que ir, pero no hay que irse», y además, «en Andalucía se ama muy bien» (esto último es cosecha del propio Maíllo).Meticuloso extremo, cuenta hasta las gotas de leche que pone en el café Antoino Maíllo es una persona muy meticulosa, salvo por su impuntualidad pues tiene la ‘mala costumbre’ de llegar a la cita hasta media hora antes de la hora fijada. Le gusta cuidar todos los detalles, y entre ellos destaca que cuenta hasta las gotas de leche exactas que pone en su café. Hasta el camarero que ya le conoce le deja la jarrita para que él mismo se sirva. Le encanta escaparse a Portugal para desconectar y explorar esa Raya, la frontera hispano-lusa, la más antigua de Europa.Apela al debate ideológico sosegado, pese a que este «sistema perverso» obliga al grito para hacerse oír en el estruendo. A él le cuesta, en su extrema delgadez, romper sus propias costuras ya firmemente hilvanadas por décadas de recorrido político e intelectual. Firme defensor de la unidad de la izquierda y de su necesidad de ser transformadora, aunque sea con alianzas desesperantes que hasta cuestan la salud, en su retorno, resiliente, dedicó más tiempo a la ‘terapia’ junto a unos camaradas desolados que al ‘programa, programa, programa’ de Anguita. La pirámide sobre la que construyó su ser le ha vacunado ante los lamentos y la pesadumbre. Volvió el Maíllo de siempre, pero con otra filosofía de vida. Los sofocos de antaño se quedaron en el camino. ‘Suaviter in modo, fortiter in re’. Suave en las formas, fuerte en el contenido. Antonio Maíllo es un hombre de otro tiempo, un político de otra época en la era del Tik Tok, los ‘influencers’ y la Inteligencia Artificial. Posee una profunda riqueza cultural, un vasto conocimiento histórico y un apasionado amor por la música clásica y la poesía. Devora libros, manuales y ensayos, una querencia que le acercó a Almudena Grandes y resultó clave de bóveda de su relación de amistad con Luis García Montero.No en vano, ya preso de una relevante inspiración marxista , se declaró en ‘rebeldía’ en casa, en su Lucena natal, negándose a estudiar Derecho y decantándose por la Filología Clásica. Profesor de latín y griego por la Universidad de Sevilla, en su primera odisea por tierra hispalense no se desprendió de su pueblo, donde ayudó a crear la Asamblea Local de Izquierda Unida espoleado por la entrada de España en la OTAN (1986). Ahora se celebran 40 años de aquella aventura.La educación y la cultura forman un vértice del triángulo que marca su vida. Hijo de talabartero (trabajador del cuero) y panadera, Maíllo le debe su formación a las ayudas que concede el Estado, a las becas, a la ‘res’ pública. Mantiene esa vocación de profesor (también de la pública) con tres puntos cardinales: Sanlúcar en sus inicios (IES Francisco Pacheco), Aracena en su plenitud (IES San Blas) y Sevilla (IES Martínez Montañés) en su madurez. Tras ser nombrado coordinador federal de Izquierda Unida, mantuvo su lugar en la enseñanza hasta acabar el curso, en una muestra de compromiso con sus alumnos y consigo mismo.Otra esquina de su pirámide es su orientación afectivo-sexual. El candidato de Por Andalucía declaraba públicamente su homosexualidad en el 95, años duros tanto por la intransigencia social como por el contexto coyuntural, recordado por el SIDA y los miles de fallecimientos a causa de esta enfermedad. No siempre fue tan fácil, ni siquiera ahora. Maíllo es un referente LGTBI desde mucho antes de su reducción a este popurrí de siglas: « dentro del armario no hay belleza porque no hay espacio para la libertad . Hay oscuridad y mucho sufrimiento», se ha sincerado. Su objetivo en sus primeras elecciones autonómicas era «ser el primer presidente gay de la Junta de Andalucía», unas palabras que ya bien entrado este milenio generaron un buen caudal de comentarios.El último ángulo se remonta a una década atrás. El líder izquierdista sufría una hemorragia estomacal que reveló un cáncer de estómago. Se aferró al levísimo hilo de vida, agarró y tiró hasta anudar una nueva oportunidad, y la sanidad pública hizo el resto, con el abrazo agradecido de Dios (de familia católica, es un incondicional de la doctrina social de la Iglesia y seguidor confeso de Francisco I y León XIV). El compromiso con la salud universal y gratuita le ha empujado a regresar a la primera línea de fuego, y su convencimiento de afrontar una etapa ominosa en cuanto al recorte de derechos y libertades.Muy aficionado al fútbol , sigue el desarrollo de todas las jornadas ligueras y disfruta con el Barcelona y el Sevilla. Hay quien le tilda de merengón hasta que llegó Florentino Pérez (eso queda por contrastar en una tertulia pachanguera). De pequeño -es el segundo de cuatro hermanos-, practicó el noble arte del balompié por los campos cordobeses , en infantiles y juveniles del cuadro califal. Era zurdo pero le corrigieron y obligaron a utilizar la derecha, tanto sobre el césped como frente a una pizarra.Le gusta conducir mientras se evade del mundanal ruido, y conecta ya sea con la música clásica, los carnavales o el flamenco. En precampaña andaba inmerso en la lectura de ‘La compasión en un mundo injusto’, del teólogo palentino Juan José Tamayo; no obstante, se mantiene actualizado con los informativos y un ojo en la prensa diaria. Como Bergoglio en la Iglesia, entiende que la política se ha de trabajar en la periferia, y al ser elegido coordinador nacional se negó a marchar a la capital y se quedó cerquita de la Macarena. «A Madrid hay que ir, pero no hay que irse», y además, «en Andalucía se ama muy bien» (esto último es cosecha del propio Maíllo).Meticuloso extremo, cuenta hasta las gotas de leche que pone en el café Antoino Maíllo es una persona muy meticulosa, salvo por su impuntualidad pues tiene la ‘mala costumbre’ de llegar a la cita hasta media hora antes de la hora fijada. Le gusta cuidar todos los detalles, y entre ellos destaca que cuenta hasta las gotas de leche exactas que pone en su café. Hasta el camarero que ya le conoce le deja la jarrita para que él mismo se sirva. Le encanta escaparse a Portugal para desconectar y explorar esa Raya, la frontera hispano-lusa, la más antigua de Europa.Apela al debate ideológico sosegado, pese a que este «sistema perverso» obliga al grito para hacerse oír en el estruendo. A él le cuesta, en su extrema delgadez, romper sus propias costuras ya firmemente hilvanadas por décadas de recorrido político e intelectual. Firme defensor de la unidad de la izquierda y de su necesidad de ser transformadora, aunque sea con alianzas desesperantes que hasta cuestan la salud, en su retorno, resiliente, dedicó más tiempo a la ‘terapia’ junto a unos camaradas desolados que al ‘programa, programa, programa’ de Anguita. La pirámide sobre la que construyó su ser le ha vacunado ante los lamentos y la pesadumbre. Volvió el Maíllo de siempre, pero con otra filosofía de vida. Los sofocos de antaño se quedaron en el camino. ‘Suaviter in modo, fortiter in re’. Suave en las formas, fuerte en el contenido. Antonio Maíllo es un hombre de otro tiempo, un político de otra época en la era del Tik Tok, los ‘influencers’ y la Inteligencia Artificial. Posee una profunda riqueza cultural, un vasto conocimiento histórico y un apasionado amor por la música clásica y la poesía. Devora libros, manuales y ensayos, una querencia que le acercó a Almudena Grandes y resultó clave de bóveda de su relación de amistad con Luis García Montero.No en vano, ya preso de una relevante inspiración marxista , se declaró en ‘rebeldía’ en casa, en su Lucena natal, negándose a estudiar Derecho y decantándose por la Filología Clásica. Profesor de latín y griego por la Universidad de Sevilla, en su primera odisea por tierra hispalense no se desprendió de su pueblo, donde ayudó a crear la Asamblea Local de Izquierda Unida espoleado por la entrada de España en la OTAN (1986). Ahora se celebran 40 años de aquella aventura.La educación y la cultura forman un vértice del triángulo que marca su vida. Hijo de talabartero (trabajador del cuero) y panadera, Maíllo le debe su formación a las ayudas que concede el Estado, a las becas, a la ‘res’ pública. Mantiene esa vocación de profesor (también de la pública) con tres puntos cardinales: Sanlúcar en sus inicios (IES Francisco Pacheco), Aracena en su plenitud (IES San Blas) y Sevilla (IES Martínez Montañés) en su madurez. Tras ser nombrado coordinador federal de Izquierda Unida, mantuvo su lugar en la enseñanza hasta acabar el curso, en una muestra de compromiso con sus alumnos y consigo mismo.Otra esquina de su pirámide es su orientación afectivo-sexual. El candidato de Por Andalucía declaraba públicamente su homosexualidad en el 95, años duros tanto por la intransigencia social como por el contexto coyuntural, recordado por el SIDA y los miles de fallecimientos a causa de esta enfermedad. No siempre fue tan fácil, ni siquiera ahora. Maíllo es un referente LGTBI desde mucho antes de su reducción a este popurrí de siglas: « dentro del armario no hay belleza porque no hay espacio para la libertad . Hay oscuridad y mucho sufrimiento», se ha sincerado. Su objetivo en sus primeras elecciones autonómicas era «ser el primer presidente gay de la Junta de Andalucía», unas palabras que ya bien entrado este milenio generaron un buen caudal de comentarios.El último ángulo se remonta a una década atrás. El líder izquierdista sufría una hemorragia estomacal que reveló un cáncer de estómago. Se aferró al levísimo hilo de vida, agarró y tiró hasta anudar una nueva oportunidad, y la sanidad pública hizo el resto, con el abrazo agradecido de Dios (de familia católica, es un incondicional de la doctrina social de la Iglesia y seguidor confeso de Francisco I y León XIV). El compromiso con la salud universal y gratuita le ha empujado a regresar a la primera línea de fuego, y su convencimiento de afrontar una etapa ominosa en cuanto al recorte de derechos y libertades.Muy aficionado al fútbol , sigue el desarrollo de todas las jornadas ligueras y disfruta con el Barcelona y el Sevilla. Hay quien le tilda de merengón hasta que llegó Florentino Pérez (eso queda por contrastar en una tertulia pachanguera). De pequeño -es el segundo de cuatro hermanos-, practicó el noble arte del balompié por los campos cordobeses , en infantiles y juveniles del cuadro califal. Era zurdo pero le corrigieron y obligaron a utilizar la derecha, tanto sobre el césped como frente a una pizarra.Le gusta conducir mientras se evade del mundanal ruido, y conecta ya sea con la música clásica, los carnavales o el flamenco. En precampaña andaba inmerso en la lectura de ‘La compasión en un mundo injusto’, del teólogo palentino Juan José Tamayo; no obstante, se mantiene actualizado con los informativos y un ojo en la prensa diaria. Como Bergoglio en la Iglesia, entiende que la política se ha de trabajar en la periferia, y al ser elegido coordinador nacional se negó a marchar a la capital y se quedó cerquita de la Macarena. «A Madrid hay que ir, pero no hay que irse», y además, «en Andalucía se ama muy bien» (esto último es cosecha del propio Maíllo).Meticuloso extremo, cuenta hasta las gotas de leche que pone en el café Antoino Maíllo es una persona muy meticulosa, salvo por su impuntualidad pues tiene la ‘mala costumbre’ de llegar a la cita hasta media hora antes de la hora fijada. Le gusta cuidar todos los detalles, y entre ellos destaca que cuenta hasta las gotas de leche exactas que pone en su café. Hasta el camarero que ya le conoce le deja la jarrita para que él mismo se sirva. Le encanta escaparse a Portugal para desconectar y explorar esa Raya, la frontera hispano-lusa, la más antigua de Europa.Apela al debate ideológico sosegado, pese a que este «sistema perverso» obliga al grito para hacerse oír en el estruendo. A él le cuesta, en su extrema delgadez, romper sus propias costuras ya firmemente hilvanadas por décadas de recorrido político e intelectual. Firme defensor de la unidad de la izquierda y de su necesidad de ser transformadora, aunque sea con alianzas desesperantes que hasta cuestan la salud, en su retorno, resiliente, dedicó más tiempo a la ‘terapia’ junto a unos camaradas desolados que al ‘programa, programa, programa’ de Anguita. La pirámide sobre la que construyó su ser le ha vacunado ante los lamentos y la pesadumbre. Volvió el Maíllo de siempre, pero con otra filosofía de vida. Los sofocos de antaño se quedaron en el camino. RSS de noticias de espana/andalucia
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