Ya no importa que todo gire en torno a las presuntas bondades de Sánchez y las presuntas maldades de Díaz Ayuso. Lo que está haciendo TVE no es periodismo, es la aberración del concepto de emisora pública, de pluralidad, de democracia. Un medio privado podrá establecer los límites de su línea editorial allí donde considere oportuno, porque la libertad de expresión no se asienta en lo acertado de una línea editorial sino en la oportunidad irrenunciable de la existencia de cuantas la sociedad esté dispuesta a comprar. Un medio público ha de dejar hueco no sólo a la mayoría obtenida en las urnas, sino que ha de hacerlo con todo aquello que periodísticamente pueda suscitar atención. Afortunadamente eso es lo mismo que debiera ocurrir en cualquier democracia donde tras la victoria en unas elecciones, la mayoría no tiene derecho a expulsar del país a los perdedores.TVE se reduce a media docena de presentadores y una veintena de tertulianos que se extienden como una mancha de petróleo por toda la parrilla. Lo único importante para ellos es que el mensaje sea único, sin resquicio para la disensión.Eso ni es periodismo ni es democracia. Poco importa que, como dice el presidente del Gobierno, si ahora se celebraran elecciones, su partido o cualquier otro obtuviera una mayoría aplastante. El periodismo debería seguir siendo el altavoz de los que no tienen voz y el Congreso el lugar donde hasta las minorías más exiguas tuvieran la oportunidad de ser escuchadas con respeto. En cincuenta años este país ha hecho realidad ideas que cuando nacieron eran minoritarias «ocurrencias».TVE ha conseguido destruir los dos principios del periodismo y de la democracia. Olvídense de que a quien defiendan sin cuartel sea a Pedro Sánchez, lo importante es que censuran al discrepante y silencian a esa inmensa minoría pese a que, curiosamente, ya está hablando en las urnas de forma mayoritaria. Ya no importa que todo gire en torno a las presuntas bondades de Sánchez y las presuntas maldades de Díaz Ayuso. Lo que está haciendo TVE no es periodismo, es la aberración del concepto de emisora pública, de pluralidad, de democracia. Un medio privado podrá establecer los límites de su línea editorial allí donde considere oportuno, porque la libertad de expresión no se asienta en lo acertado de una línea editorial sino en la oportunidad irrenunciable de la existencia de cuantas la sociedad esté dispuesta a comprar. Un medio público ha de dejar hueco no sólo a la mayoría obtenida en las urnas, sino que ha de hacerlo con todo aquello que periodísticamente pueda suscitar atención. Afortunadamente eso es lo mismo que debiera ocurrir en cualquier democracia donde tras la victoria en unas elecciones, la mayoría no tiene derecho a expulsar del país a los perdedores.TVE se reduce a media docena de presentadores y una veintena de tertulianos que se extienden como una mancha de petróleo por toda la parrilla. Lo único importante para ellos es que el mensaje sea único, sin resquicio para la disensión.Eso ni es periodismo ni es democracia. Poco importa que, como dice el presidente del Gobierno, si ahora se celebraran elecciones, su partido o cualquier otro obtuviera una mayoría aplastante. El periodismo debería seguir siendo el altavoz de los que no tienen voz y el Congreso el lugar donde hasta las minorías más exiguas tuvieran la oportunidad de ser escuchadas con respeto. En cincuenta años este país ha hecho realidad ideas que cuando nacieron eran minoritarias «ocurrencias».TVE ha conseguido destruir los dos principios del periodismo y de la democracia. Olvídense de que a quien defiendan sin cuartel sea a Pedro Sánchez, lo importante es que censuran al discrepante y silencian a esa inmensa minoría pese a que, curiosamente, ya está hablando en las urnas de forma mayoritaria. Ya no importa que todo gire en torno a las presuntas bondades de Sánchez y las presuntas maldades de Díaz Ayuso. Lo que está haciendo TVE no es periodismo, es la aberración del concepto de emisora pública, de pluralidad, de democracia. Un medio privado podrá establecer los límites de su línea editorial allí donde considere oportuno, porque la libertad de expresión no se asienta en lo acertado de una línea editorial sino en la oportunidad irrenunciable de la existencia de cuantas la sociedad esté dispuesta a comprar. Un medio público ha de dejar hueco no sólo a la mayoría obtenida en las urnas, sino que ha de hacerlo con todo aquello que periodísticamente pueda suscitar atención. Afortunadamente eso es lo mismo que debiera ocurrir en cualquier democracia donde tras la victoria en unas elecciones, la mayoría no tiene derecho a expulsar del país a los perdedores.TVE se reduce a media docena de presentadores y una veintena de tertulianos que se extienden como una mancha de petróleo por toda la parrilla. Lo único importante para ellos es que el mensaje sea único, sin resquicio para la disensión.Eso ni es periodismo ni es democracia. Poco importa que, como dice el presidente del Gobierno, si ahora se celebraran elecciones, su partido o cualquier otro obtuviera una mayoría aplastante. El periodismo debería seguir siendo el altavoz de los que no tienen voz y el Congreso el lugar donde hasta las minorías más exiguas tuvieran la oportunidad de ser escuchadas con respeto. En cincuenta años este país ha hecho realidad ideas que cuando nacieron eran minoritarias «ocurrencias».TVE ha conseguido destruir los dos principios del periodismo y de la democracia. Olvídense de que a quien defiendan sin cuartel sea a Pedro Sánchez, lo importante es que censuran al discrepante y silencian a esa inmensa minoría pese a que, curiosamente, ya está hablando en las urnas de forma mayoritaria. RSS de noticias de espana
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