La vida de Antonio Rüdiger comenzó muy lejos de las ostentaciones de un futbolista de élite. El central alemán fue el último de los seis hijos que tuvieron sus padres, dos refugiados que habían escapado de la guerra civil en Sierra Leona al vibrante y multicultural distrito berlinés de Neukölln. Allí creció entre balones de fútbol y familias humildes, vecinos que se ayudaban unos a otros si alguien necesitaba un poco de comida o un cartón de leche. El jugador del Real Madrid ya ha conocido a lo largo de sus 33 años muchas de las caras de la vida. La pobreza. El éxito. La discriminación. El señalamiento. La riqueza. La fama. La condición de un defensa que se ha curtido en mil batallas, que escaló desde abajo metro a metro para llegar a donde está, la simboliza también su situación en Alemania, que este lunes se mide en Boston con Paraguay (22.30; Dazn) en los dieciseisavos del Mundial.
El central del Madrid, criticado por su comportamiento en el campo, ocupa tras la lesión de Schlotterbeck un puesto en el once de la Mannschaft, que este lunes se enfrenta a Paraguay en Boston en los dieciseisavos del Mundial
La vida de Antonio Rüdiger comenzó muy lejos de las ostentaciones de un futbolista de élite. El central alemán fue el último de los seis hijos que tuvieron sus padres, dos refugiados que habían escapado de la guerra civil en Sierra Leona al vibrante y multicultural distrito berlinés de Neukölln. Allí creció entre balones de fútbol y familias humildes, vecinos que se ayudaban unos a otros si alguien necesitaba un poco de comida o un cartón de leche. El jugador del Real Madrid ya ha conocido a lo largo de sus 33 años muchas de las caras de la vida. La pobreza. El éxito. La discriminación. El señalamiento. La riqueza. La fama. La condición de un defensa que se ha curtido en mil batallas, que escaló desde abajo metro a metro para llegar a donde está, la simboliza también su situación en Alemania, que este lunes se mide en Boston con Paraguay (22.30; Dazn) en los dieciseisavos del Mundial.
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