El Estado del bienestar funciona como un gran pacto entre generaciones: quienes trabajan pagan impuestos y cotizaciones que financian la educación de los niños, la sanidad de todos los ciudadanos o las pensiones de los jubilados. Pero ese equilibrio empieza a resquebrajarse por el envejecimiento de la población. Y prueba de ello es que solo el 41% de los españoles aporta más al Estado de lo que recibe en prestaciones y servicios públicos a lo largo de su vida, mientras el 59% restante son receptores netos. Una proporción que responde al diseño normal de un modelo redistributivo, pero que se volverá cada vez más difícil de sostener conforme aumente el número de pensionistas y disminuya el peso de la población en edad de trabajar.
El saldo fiscal se disparará del 1,9% hasta el 9,1% del PIB en 2050. La rentabilidad de las pensiones roza el 2,6%, frente a un alza de ingresos del 1,4%
El Estado del bienestar funciona como un gran pacto entre generaciones: quienes trabajan pagan impuestos y cotizaciones que financian la educación de los niños, la sanidad de todos los ciudadanos o las pensiones de los jubilados. Pero ese equilibrio empieza a resquebrajarse por el envejecimiento de la población. Y prueba de ello es que solo el 41% de los españoles aporta más al Estado de lo que recibe en prestaciones y servicios públicos a lo largo de su vida, mientras el 59% restante son receptores netos. Una proporción que responde al diseño normal de un modelo redistributivo, pero que se volverá cada vez más difícil de sostener conforme aumente el número de pensionistas y disminuya el peso de la población en edad de trabajar.
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