Con la alerta por otra ola de calor activada cuando el verano todavía no ha consumido ni un mes, el estío de 2026 se estrenaba con registros de récord en los mercurios y una primera andanada de altas temperaturas que no sólo tenía efectos en la estadística de efermérides de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en la que se pulverizaban valores tanto de máximas como de mínimas más elevadas para el sexto mes del año. También repercutía efectos directos en la salud en unos días difíciles de llevar. E incluso cobrándose vidas. De hecho, según el denominado índice de monitorización de la mortalidad (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en Castilla y León se registraron casi cien muertes -96- atribuibles a las altas temperaturas durante el sexto mes del año. Supone más que septuplicar las defunciones achacables a los termómetros desbocados de un año atrás, cuando en junio el mismo estudio contabiliza 13 decesos por esta causa. Eso sí, fue un mes en los que la temperaturas no alcanzaron niveles tan altos.Los datos de la Aemet lo certifican. En su conjunto, además de «muy seco» y con déficit de precipitaciones del 54 por ciento respecto al valor medio, junio resultó «extremadamente cálido» en Castilla y León, con una anomalía de 3,5 grados centígrados.En una Comunidad con gran longevidad, la edad también es clave en esta estadística, pues si bien no anota ninguna muerte en menores de 45 años, sólo apunta dos en la franja hasta los 65, es a partir de ese guarismo cuando contabiliza los fallecimientos achacables al elevado calor, con más de 70 que habían alcanzado al menos los 85 años. La mayor longevidad de las mujeres también se acusa, pues son muchas más las féminas víctimas de las altas temperaturas tanto en el cómputo global como por edades. Por las casi 60 mujeres muertas por calor, 36 hombres. Una proporción que se mantiene en el tramo de más edad.«Todos los veranos sucede lo mismo», reconoce Isabel Gutiérrez, presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria (Socalemfyc). Las olas de calor no son nuevas, aunque ahora se prolongan «más días», apunta. Y eso se nota en las consultas. «Damos la información, pero no cala», lamenta sobre la falta de concienciación de los riesgos para la salud e incluso la vida que supone no sólo el sol sino la elevada temperatura. «Puedes tener un golpe de calor sin sol», advierte la doctora, quien incide en señalar los grupos de mayor riesgo. Por un lado, los menores de cinco años. Por otro, los mayores -pues muchas veces no son conscientes del calor y es necesario decirles que se hidraten- y quienes presentan comorbilidad por padecer varias patologías como la hipertensión, diabetes o insuficiencias cardiovasculares.«He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente» Isabel Gutiérrez Presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y ComunitariaTambién trabajar a elevadas temperaturas, no necesariamente bajo el astro rey, y «los jóvenes deportistas», alerta Gutiérrez, en una llamada a «no hacer deporte» en las horas centrales del día. Como esa persona a la que un día vio en bici «a las cuatro de la tarde» a pleno sol. «¡Una locura!», incide sobre los riesgos incluso de sufrir secuelas de por vida por un golpe de calor. Fue la semana del 21 al 28 de junio, coincidiendo con la ola calor, y sobre todo a partir del 24 -justo con el pico- la que se cobró la mayor parte de las vidas por el exceso de temperaturas registradas, según ese índice, que en el conjunto de España eleva por encima del millar las muertes por atribuibles a esta causa, por lo que casi un diez por ciento se han registrado en Castilla y León.«Situación muy grave»Por provincias, en cifras absolutas destaca el caso de León, con hasta 28 fallecimientos atribuibles al calor en el conjunto junio, lo que supone casi un tercio del total; seguido de Valladolid, con 19, y Salamanca, con 17. Ninguna de las nueve lograba pasar de largo sin víctimas mortales vinculadas al mercurio. De hecho, la única registrada en Soria a lo largo de todo el año asociada a los picos térmicos ha sido en junio. En Zamora, las nueve achacables según el MoMo a las acusadas oscilaciones térmicas las anota el sexto mes del año. Por contra, en Burgos, Salamanca y Segovia son más los óbitos que ha dejado hasta ahora el frío que la canícula. Así, mientras en la primera la ola de calor que estrenaba el estío se ha cobrado siete vidas, entre enero y marzo perecieron quince personas por causas relacionadas con los bajos valores en los termómetros. En tierras salmantinas, pese a ser la tercera provincia con más muertes atribuibles al calor en Castilla y León, entre enero y abril se contabilizan hasta 25 decesos ligados a los rigores invernales. En el caso de Segovia, por los seis fallecimientos de junio se registraron ocho en enero relacionados con los valores del mercurio.Junio también ha dejado seis decesos en Ávila por elevadas temperaturas (cuatro por frío en lo que va de año) y dos en Palencia (otros tres en invierno). «He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente», advierte de la doctora para incidir en la importancia de ser consecuentes de los riesgos de que también se dispare la temperatura corporal, alcanzando hasta los 39 y 40 grados en adultos. «Es una situación muy grave», recalca. Cuando el organismo «deja de sudar» para termorregularse, explica, ahí ya se entra en al «fase peligrosa», la frecuencia cardíaca y respiratoria se dispara «porque el organismo empieza a fallar». «Quizá en la sociedad que tenemos ahora no somos conscientes de lo que nos pasa y creemos que todo tiene solución», apunta para insistir en que ante una ola de calor -fenómeno que no es nuevo- se deben tener ciertas precauciones. «Creo que no» se es consciente de los riesgos, lamenta. Y recuerda como ejemplo de la frágil memoria en este sentido la pandemia del covid. No fue hace tanto, rememora. «No hemos aprendido a cuidarnos», asume con pesar a ver cómo incluso personas con patologías cardiorrespiratorias entra en lugares con mucha gente, como un autobús, sin una mascarilla. «No cala lo suficiente»Y asume que igual desde la medicina de familia deberían incidir más. «Te juro que lo intentamos, pero no sé si cala lo suficiente», afirma la doctora GutiérrezLos decesos registrados en junio por exceso de calor suponen más de la mitad de la muertes anotadas en el índice MoMo vinculadas a la acusada oscilación del mercurio, pues también el frío causa decesos. En total, en los seis primeros meses del año, el Instituto Carlos III contabiliza 135 fallecimientos relacionados con lo que se estira o encoge el mercurio, siendo en el total también más las mujeres (77) que los hombres (58).A lo largo de todo 2025, en Castilla y León se registraron 515 muertes atribuibles a las temperaturas. También es un agosto de mercurios elevados el más luctuoso, pues con 267 muertes por esta causa acumuló más de la mitad del total. Junto a julio (68) hizo estragos. Al periodo estival, el Instituto Carlos III atribuye 357 muertes el año pasado al calor. En 2024 fueron 225. Con la alerta por otra ola de calor activada cuando el verano todavía no ha consumido ni un mes, el estío de 2026 se estrenaba con registros de récord en los mercurios y una primera andanada de altas temperaturas que no sólo tenía efectos en la estadística de efermérides de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en la que se pulverizaban valores tanto de máximas como de mínimas más elevadas para el sexto mes del año. También repercutía efectos directos en la salud en unos días difíciles de llevar. E incluso cobrándose vidas. De hecho, según el denominado índice de monitorización de la mortalidad (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en Castilla y León se registraron casi cien muertes -96- atribuibles a las altas temperaturas durante el sexto mes del año. Supone más que septuplicar las defunciones achacables a los termómetros desbocados de un año atrás, cuando en junio el mismo estudio contabiliza 13 decesos por esta causa. Eso sí, fue un mes en los que la temperaturas no alcanzaron niveles tan altos.Los datos de la Aemet lo certifican. En su conjunto, además de «muy seco» y con déficit de precipitaciones del 54 por ciento respecto al valor medio, junio resultó «extremadamente cálido» en Castilla y León, con una anomalía de 3,5 grados centígrados.En una Comunidad con gran longevidad, la edad también es clave en esta estadística, pues si bien no anota ninguna muerte en menores de 45 años, sólo apunta dos en la franja hasta los 65, es a partir de ese guarismo cuando contabiliza los fallecimientos achacables al elevado calor, con más de 70 que habían alcanzado al menos los 85 años. La mayor longevidad de las mujeres también se acusa, pues son muchas más las féminas víctimas de las altas temperaturas tanto en el cómputo global como por edades. Por las casi 60 mujeres muertas por calor, 36 hombres. Una proporción que se mantiene en el tramo de más edad.«Todos los veranos sucede lo mismo», reconoce Isabel Gutiérrez, presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria (Socalemfyc). Las olas de calor no son nuevas, aunque ahora se prolongan «más días», apunta. Y eso se nota en las consultas. «Damos la información, pero no cala», lamenta sobre la falta de concienciación de los riesgos para la salud e incluso la vida que supone no sólo el sol sino la elevada temperatura. «Puedes tener un golpe de calor sin sol», advierte la doctora, quien incide en señalar los grupos de mayor riesgo. Por un lado, los menores de cinco años. Por otro, los mayores -pues muchas veces no son conscientes del calor y es necesario decirles que se hidraten- y quienes presentan comorbilidad por padecer varias patologías como la hipertensión, diabetes o insuficiencias cardiovasculares.«He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente» Isabel Gutiérrez Presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y ComunitariaTambién trabajar a elevadas temperaturas, no necesariamente bajo el astro rey, y «los jóvenes deportistas», alerta Gutiérrez, en una llamada a «no hacer deporte» en las horas centrales del día. Como esa persona a la que un día vio en bici «a las cuatro de la tarde» a pleno sol. «¡Una locura!», incide sobre los riesgos incluso de sufrir secuelas de por vida por un golpe de calor. Fue la semana del 21 al 28 de junio, coincidiendo con la ola calor, y sobre todo a partir del 24 -justo con el pico- la que se cobró la mayor parte de las vidas por el exceso de temperaturas registradas, según ese índice, que en el conjunto de España eleva por encima del millar las muertes por atribuibles a esta causa, por lo que casi un diez por ciento se han registrado en Castilla y León.«Situación muy grave»Por provincias, en cifras absolutas destaca el caso de León, con hasta 28 fallecimientos atribuibles al calor en el conjunto junio, lo que supone casi un tercio del total; seguido de Valladolid, con 19, y Salamanca, con 17. Ninguna de las nueve lograba pasar de largo sin víctimas mortales vinculadas al mercurio. De hecho, la única registrada en Soria a lo largo de todo el año asociada a los picos térmicos ha sido en junio. En Zamora, las nueve achacables según el MoMo a las acusadas oscilaciones térmicas las anota el sexto mes del año. Por contra, en Burgos, Salamanca y Segovia son más los óbitos que ha dejado hasta ahora el frío que la canícula. Así, mientras en la primera la ola de calor que estrenaba el estío se ha cobrado siete vidas, entre enero y marzo perecieron quince personas por causas relacionadas con los bajos valores en los termómetros. En tierras salmantinas, pese a ser la tercera provincia con más muertes atribuibles al calor en Castilla y León, entre enero y abril se contabilizan hasta 25 decesos ligados a los rigores invernales. En el caso de Segovia, por los seis fallecimientos de junio se registraron ocho en enero relacionados con los valores del mercurio.Junio también ha dejado seis decesos en Ávila por elevadas temperaturas (cuatro por frío en lo que va de año) y dos en Palencia (otros tres en invierno). «He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente», advierte de la doctora para incidir en la importancia de ser consecuentes de los riesgos de que también se dispare la temperatura corporal, alcanzando hasta los 39 y 40 grados en adultos. «Es una situación muy grave», recalca. Cuando el organismo «deja de sudar» para termorregularse, explica, ahí ya se entra en al «fase peligrosa», la frecuencia cardíaca y respiratoria se dispara «porque el organismo empieza a fallar». «Quizá en la sociedad que tenemos ahora no somos conscientes de lo que nos pasa y creemos que todo tiene solución», apunta para insistir en que ante una ola de calor -fenómeno que no es nuevo- se deben tener ciertas precauciones. «Creo que no» se es consciente de los riesgos, lamenta. Y recuerda como ejemplo de la frágil memoria en este sentido la pandemia del covid. No fue hace tanto, rememora. «No hemos aprendido a cuidarnos», asume con pesar a ver cómo incluso personas con patologías cardiorrespiratorias entra en lugares con mucha gente, como un autobús, sin una mascarilla. «No cala lo suficiente»Y asume que igual desde la medicina de familia deberían incidir más. «Te juro que lo intentamos, pero no sé si cala lo suficiente», afirma la doctora GutiérrezLos decesos registrados en junio por exceso de calor suponen más de la mitad de la muertes anotadas en el índice MoMo vinculadas a la acusada oscilación del mercurio, pues también el frío causa decesos. En total, en los seis primeros meses del año, el Instituto Carlos III contabiliza 135 fallecimientos relacionados con lo que se estira o encoge el mercurio, siendo en el total también más las mujeres (77) que los hombres (58).A lo largo de todo 2025, en Castilla y León se registraron 515 muertes atribuibles a las temperaturas. También es un agosto de mercurios elevados el más luctuoso, pues con 267 muertes por esta causa acumuló más de la mitad del total. Junto a julio (68) hizo estragos. Al periodo estival, el Instituto Carlos III atribuye 357 muertes el año pasado al calor. En 2024 fueron 225. Con la alerta por otra ola de calor activada cuando el verano todavía no ha consumido ni un mes, el estío de 2026 se estrenaba con registros de récord en los mercurios y una primera andanada de altas temperaturas que no sólo tenía efectos en la estadística de efermérides de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en la que se pulverizaban valores tanto de máximas como de mínimas más elevadas para el sexto mes del año. También repercutía efectos directos en la salud en unos días difíciles de llevar. E incluso cobrándose vidas. De hecho, según el denominado índice de monitorización de la mortalidad (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en Castilla y León se registraron casi cien muertes -96- atribuibles a las altas temperaturas durante el sexto mes del año. Supone más que septuplicar las defunciones achacables a los termómetros desbocados de un año atrás, cuando en junio el mismo estudio contabiliza 13 decesos por esta causa. Eso sí, fue un mes en los que la temperaturas no alcanzaron niveles tan altos.Los datos de la Aemet lo certifican. En su conjunto, además de «muy seco» y con déficit de precipitaciones del 54 por ciento respecto al valor medio, junio resultó «extremadamente cálido» en Castilla y León, con una anomalía de 3,5 grados centígrados.En una Comunidad con gran longevidad, la edad también es clave en esta estadística, pues si bien no anota ninguna muerte en menores de 45 años, sólo apunta dos en la franja hasta los 65, es a partir de ese guarismo cuando contabiliza los fallecimientos achacables al elevado calor, con más de 70 que habían alcanzado al menos los 85 años. La mayor longevidad de las mujeres también se acusa, pues son muchas más las féminas víctimas de las altas temperaturas tanto en el cómputo global como por edades. Por las casi 60 mujeres muertas por calor, 36 hombres. Una proporción que se mantiene en el tramo de más edad.«Todos los veranos sucede lo mismo», reconoce Isabel Gutiérrez, presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria (Socalemfyc). Las olas de calor no son nuevas, aunque ahora se prolongan «más días», apunta. Y eso se nota en las consultas. «Damos la información, pero no cala», lamenta sobre la falta de concienciación de los riesgos para la salud e incluso la vida que supone no sólo el sol sino la elevada temperatura. «Puedes tener un golpe de calor sin sol», advierte la doctora, quien incide en señalar los grupos de mayor riesgo. Por un lado, los menores de cinco años. Por otro, los mayores -pues muchas veces no son conscientes del calor y es necesario decirles que se hidraten- y quienes presentan comorbilidad por padecer varias patologías como la hipertensión, diabetes o insuficiencias cardiovasculares.«He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente» Isabel Gutiérrez Presidenta de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y ComunitariaTambién trabajar a elevadas temperaturas, no necesariamente bajo el astro rey, y «los jóvenes deportistas», alerta Gutiérrez, en una llamada a «no hacer deporte» en las horas centrales del día. Como esa persona a la que un día vio en bici «a las cuatro de la tarde» a pleno sol. «¡Una locura!», incide sobre los riesgos incluso de sufrir secuelas de por vida por un golpe de calor. Fue la semana del 21 al 28 de junio, coincidiendo con la ola calor, y sobre todo a partir del 24 -justo con el pico- la que se cobró la mayor parte de las vidas por el exceso de temperaturas registradas, según ese índice, que en el conjunto de España eleva por encima del millar las muertes por atribuibles a esta causa, por lo que casi un diez por ciento se han registrado en Castilla y León.«Situación muy grave»Por provincias, en cifras absolutas destaca el caso de León, con hasta 28 fallecimientos atribuibles al calor en el conjunto junio, lo que supone casi un tercio del total; seguido de Valladolid, con 19, y Salamanca, con 17. Ninguna de las nueve lograba pasar de largo sin víctimas mortales vinculadas al mercurio. De hecho, la única registrada en Soria a lo largo de todo el año asociada a los picos térmicos ha sido en junio. En Zamora, las nueve achacables según el MoMo a las acusadas oscilaciones térmicas las anota el sexto mes del año. Por contra, en Burgos, Salamanca y Segovia son más los óbitos que ha dejado hasta ahora el frío que la canícula. Así, mientras en la primera la ola de calor que estrenaba el estío se ha cobrado siete vidas, entre enero y marzo perecieron quince personas por causas relacionadas con los bajos valores en los termómetros. En tierras salmantinas, pese a ser la tercera provincia con más muertes atribuibles al calor en Castilla y León, entre enero y abril se contabilizan hasta 25 decesos ligados a los rigores invernales. En el caso de Segovia, por los seis fallecimientos de junio se registraron ocho en enero relacionados con los valores del mercurio.Junio también ha dejado seis decesos en Ávila por elevadas temperaturas (cuatro por frío en lo que va de año) y dos en Palencia (otros tres en invierno). «He asistido golpes de calor en casas herméticamente cerradas y la persona estaba inconsciente», advierte de la doctora para incidir en la importancia de ser consecuentes de los riesgos de que también se dispare la temperatura corporal, alcanzando hasta los 39 y 40 grados en adultos. «Es una situación muy grave», recalca. Cuando el organismo «deja de sudar» para termorregularse, explica, ahí ya se entra en al «fase peligrosa», la frecuencia cardíaca y respiratoria se dispara «porque el organismo empieza a fallar». «Quizá en la sociedad que tenemos ahora no somos conscientes de lo que nos pasa y creemos que todo tiene solución», apunta para insistir en que ante una ola de calor -fenómeno que no es nuevo- se deben tener ciertas precauciones. «Creo que no» se es consciente de los riesgos, lamenta. Y recuerda como ejemplo de la frágil memoria en este sentido la pandemia del covid. No fue hace tanto, rememora. «No hemos aprendido a cuidarnos», asume con pesar a ver cómo incluso personas con patologías cardiorrespiratorias entra en lugares con mucha gente, como un autobús, sin una mascarilla. «No cala lo suficiente»Y asume que igual desde la medicina de familia deberían incidir más. «Te juro que lo intentamos, pero no sé si cala lo suficiente», afirma la doctora GutiérrezLos decesos registrados en junio por exceso de calor suponen más de la mitad de la muertes anotadas en el índice MoMo vinculadas a la acusada oscilación del mercurio, pues también el frío causa decesos. En total, en los seis primeros meses del año, el Instituto Carlos III contabiliza 135 fallecimientos relacionados con lo que se estira o encoge el mercurio, siendo en el total también más las mujeres (77) que los hombres (58).A lo largo de todo 2025, en Castilla y León se registraron 515 muertes atribuibles a las temperaturas. También es un agosto de mercurios elevados el más luctuoso, pues con 267 muertes por esta causa acumuló más de la mitad del total. Junto a julio (68) hizo estragos. Al periodo estival, el Instituto Carlos III atribuye 357 muertes el año pasado al calor. En 2024 fueron 225. RSS de noticias de espana
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