De tapadillo, sin más publicidad que su inclusión en un decreto que firma el ministro Bolaños, Ernest Urtasun ha modificado el Estatuto de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Desde ahora, cualquier profesional «de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura» podrá dirigir el organismo en lugar de un funcionario de carrera o un especialista en la materia, como ocurría desde 2009, tras la traumática salida de Rosa Regàs . El ministro de Cultura recupera así el dedazo para designar al máximo responsable de «una de las principales instituciones culturales» del país y asumirá además el control de la dirección estratégica del organismo.En un decreto publicado el 12 de junio que actualiza la estructura administrativa de una veintena de organismos autónomos, como el Instituto de Estudios Fiscales o la Entidad Estatal de Seguros Agrarios, Urtasun coló una reforma de gran calado en la BNE que supone volver a la filosofía de los años 90, cuando figuras como Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi o Rosa Regàs dirigieron el organismo. El cisma que se produjo con la salida de la escritora catalana –tras el escándalo del robo de dos mapamundis incunables de 1482 y el reconocimiento de que el suyo era un puesto de confianza del ministro– llevó a César Antonio Molina a profesionalizar el cargo. El exministro socialista impulsó una reforma del Estatuto que estipulaba que el director general de la BNE debía ser nombrado «atendiendo a criterios de competencia profesional y experiencia, en este caso, en el área de bibliotecas y gestión cultural». El nombramiento, además, debía hacerse previa consulta al Real Patronato, que ganaba peso en el gobierno del organismo.Noticia relacionada general No No Grietas, pájaros muertos… CC.OO. denuncia el abandono de la Biblioteca Nacional de Alcalá Jaime G. MoraAsí llegaron Milagros del Corral, Gloria Pérez-Salmerón y Ana Santos. Durante la etapa de Santos, en 2016, se introdujo una reserva más: ser funcionario de carrera perteneciente a Cuerpos o Escalas del Subgrupo A1 para poder ser nombrado, tras celebrarse un sistema de selección previo. Esta exigencia se alineaba con la ley de Régimen Jurídico del Sector Público, aprobada a finales del año anterior, según la cual los directores generales de la Administración debían pertenecer a este grupo funcionarial. Se introducía, eso sí, una salvedad: un director general podía no reunir esa condición si se motivaba «la concurrencia de las especiales características» que justificaran esa «circunstancia excepcional». Ese es el atajo al que ha recurrido ahora el ministerio de Urtasun para asegurarse, con la misma ley, un nombramiento político para el sustituto de Óscar Arroyo , director de la BNE desde 2024.Cultura asumirá el control de la dirección estratégica de la principal biblioteca del paísA Arroyo lo confirmó Urtasun como máximo responsable de la primera institución bibliotecaria del país, pero el proceso de selección lo había puesto en marcha su predecesor, el socialista Miquel Iceta . Al actual ministro y portavoz de Sumar, en cambio, le parece que asignar ese puesto a un perfil técnico es desaprovechar un altavoz para su causa. El preámbulo del decreto que modifica estos términos afirma que «la relevancia e impacto de esta institución, que constituye una de las principales instituciones culturales de nuestro país, va más allá del ámbito bibliotecario y archivístico». Y añade: «Como ya ocurre en las demás instituciones culturales públicas de referencia de nuestro país y así ha sido también en este organismo tradicionalmente, la dirección de la BNE […], cuyas funciones exceden del ámbito estrictamente administrativo, precisa de perfiles de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura en español, con una trayectoria de especial sensibilidad para con el patrimonio cultural o que destaquen por su capacidad innovadora».A partir de ahora, por tanto, no será necesario ser funcionario, ni siquiera tener una trayectoria vinculada a la gestión bibliotecaria. Bastará con tener «experiencia en relación a los fines y objetivos de la BNE». Se celebrará un «sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia», con participación del Patronato, pero como Urtasun ya ha demostrado en su etapa al frente de Cultura, en la que se han conocido nombramientos antes incluso de convocar las plazas , esta reforma supone el regreso del dedazo a la Biblioteca Nacional.La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun, con varios episodios graves de goterasLa presidencia del organismo, que recae en el ministro, pasa además a encargarse de «elaborar» los planes estratégicos de actuación, cuando hasta ahora su papel se limitaba a la «aprobación» de los proyectos que elevaba el director general de turno. Que Urtasun quiere asumir el control de la BNE se reafirma en la inclusión de un punto en el articulado de los Estatutos según el cual «corresponde al Ministerio de Cultura la dirección estratégica, la evaluación de los resultados de su actividad, así como el control de eficacia del organismo».La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun. Después de varios episodios de goteras –que provocaron imágenes tan grotescas como la de trabajadores protegiendo libros con paraguas–, el ministro se vio obligado a comparecer ante el Congreso para informar de que había un problema estructural que afectaba a 117 bajantes. La situación obligó a invertir 8 millones de euros en una reforma que, no obstante, el ministerio tardó 14 meses en licitar . Y eso que durante ese tiempo informes internos de la BNE alertaban del «grave peligro» que estos retrasos suponían para el patrimonio bibliográfico español.La figura de Arroyo, que en estos dos años no ha concedido ninguna entrevista a los principales medios del país porque Cultura no le ha dejado, está en entredicho. Internamente, hay dudas sobre su capacidad de gestión. Y Comisiones Obreras, el sindicato amigo de Sumar, ha pedido en varias ocasiones la destitución. Urtasun siempre se ha puesto de perfil, al menos públicamente, pero su número dos, Jordi Martí , sí que lo censuró en una comparecencia al decir que «lo que no puede ser es que sea un coladero de agua por todas partes» . En una de esas crisis, Arroyo llegó a decir que «de todo lo que puede pasar climatológicamente, los daños del agua son casi lo de menos », pues «el agua hay veces que no es un elemento que destruya, consolida las fibras».Trabajadores tratan de salvar del agua ejemplares con paraguas ABCOtra de las polémicas que ha vivido la BNE durante el mandato de Arroyo tiene que ver con los planes para retirar la corona de su imagen institucional , que desveló ABC el verano pasado. La propuesta para renovar la imagen corporativa del organismo, que quedó guardada en un cajón, formaba parte del plan anual que Arroyo había presentado para el ejercicio anterior. El Plan Estratégico 2026-2028 de la BNE, presentado hace dos semanas, tiene como objetivo la «puesta en marcha de un amplio plan de comunicación institucional […] para llegar de manera eficaz a todo tipo de públicos».Al actual director de la BNE también se le ha censurado la gestión de la segunda sede, la de Alcalá de Henares, aunque aquí, igual que con las goteras, los problemas vienen de lejos. No en vano, la sede lleva abierta tres décadas sin disponer de la licencia municipal necesaria para trabajar con todas las de la ley, para abrir al público y para afrontar, como se viene reclamando desde hace tiempo, unas obras de ampliación de los depósitos de libros. El Ministerio de Cultura ha terminado adquiriendo, por 5,8 millones de euros, un inmueble en Tres Cantos que será reformado para destinarlo al depósito y conservación de colecciones documentales. Será la tercera sede de la BNE. De tapadillo, sin más publicidad que su inclusión en un decreto que firma el ministro Bolaños, Ernest Urtasun ha modificado el Estatuto de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Desde ahora, cualquier profesional «de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura» podrá dirigir el organismo en lugar de un funcionario de carrera o un especialista en la materia, como ocurría desde 2009, tras la traumática salida de Rosa Regàs . El ministro de Cultura recupera así el dedazo para designar al máximo responsable de «una de las principales instituciones culturales» del país y asumirá además el control de la dirección estratégica del organismo.En un decreto publicado el 12 de junio que actualiza la estructura administrativa de una veintena de organismos autónomos, como el Instituto de Estudios Fiscales o la Entidad Estatal de Seguros Agrarios, Urtasun coló una reforma de gran calado en la BNE que supone volver a la filosofía de los años 90, cuando figuras como Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi o Rosa Regàs dirigieron el organismo. El cisma que se produjo con la salida de la escritora catalana –tras el escándalo del robo de dos mapamundis incunables de 1482 y el reconocimiento de que el suyo era un puesto de confianza del ministro– llevó a César Antonio Molina a profesionalizar el cargo. El exministro socialista impulsó una reforma del Estatuto que estipulaba que el director general de la BNE debía ser nombrado «atendiendo a criterios de competencia profesional y experiencia, en este caso, en el área de bibliotecas y gestión cultural». El nombramiento, además, debía hacerse previa consulta al Real Patronato, que ganaba peso en el gobierno del organismo.Noticia relacionada general No No Grietas, pájaros muertos… CC.OO. denuncia el abandono de la Biblioteca Nacional de Alcalá Jaime G. MoraAsí llegaron Milagros del Corral, Gloria Pérez-Salmerón y Ana Santos. Durante la etapa de Santos, en 2016, se introdujo una reserva más: ser funcionario de carrera perteneciente a Cuerpos o Escalas del Subgrupo A1 para poder ser nombrado, tras celebrarse un sistema de selección previo. Esta exigencia se alineaba con la ley de Régimen Jurídico del Sector Público, aprobada a finales del año anterior, según la cual los directores generales de la Administración debían pertenecer a este grupo funcionarial. Se introducía, eso sí, una salvedad: un director general podía no reunir esa condición si se motivaba «la concurrencia de las especiales características» que justificaran esa «circunstancia excepcional». Ese es el atajo al que ha recurrido ahora el ministerio de Urtasun para asegurarse, con la misma ley, un nombramiento político para el sustituto de Óscar Arroyo , director de la BNE desde 2024.Cultura asumirá el control de la dirección estratégica de la principal biblioteca del paísA Arroyo lo confirmó Urtasun como máximo responsable de la primera institución bibliotecaria del país, pero el proceso de selección lo había puesto en marcha su predecesor, el socialista Miquel Iceta . Al actual ministro y portavoz de Sumar, en cambio, le parece que asignar ese puesto a un perfil técnico es desaprovechar un altavoz para su causa. El preámbulo del decreto que modifica estos términos afirma que «la relevancia e impacto de esta institución, que constituye una de las principales instituciones culturales de nuestro país, va más allá del ámbito bibliotecario y archivístico». Y añade: «Como ya ocurre en las demás instituciones culturales públicas de referencia de nuestro país y así ha sido también en este organismo tradicionalmente, la dirección de la BNE […], cuyas funciones exceden del ámbito estrictamente administrativo, precisa de perfiles de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura en español, con una trayectoria de especial sensibilidad para con el patrimonio cultural o que destaquen por su capacidad innovadora».A partir de ahora, por tanto, no será necesario ser funcionario, ni siquiera tener una trayectoria vinculada a la gestión bibliotecaria. Bastará con tener «experiencia en relación a los fines y objetivos de la BNE». Se celebrará un «sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia», con participación del Patronato, pero como Urtasun ya ha demostrado en su etapa al frente de Cultura, en la que se han conocido nombramientos antes incluso de convocar las plazas , esta reforma supone el regreso del dedazo a la Biblioteca Nacional.La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun, con varios episodios graves de goterasLa presidencia del organismo, que recae en el ministro, pasa además a encargarse de «elaborar» los planes estratégicos de actuación, cuando hasta ahora su papel se limitaba a la «aprobación» de los proyectos que elevaba el director general de turno. Que Urtasun quiere asumir el control de la BNE se reafirma en la inclusión de un punto en el articulado de los Estatutos según el cual «corresponde al Ministerio de Cultura la dirección estratégica, la evaluación de los resultados de su actividad, así como el control de eficacia del organismo».La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun. Después de varios episodios de goteras –que provocaron imágenes tan grotescas como la de trabajadores protegiendo libros con paraguas–, el ministro se vio obligado a comparecer ante el Congreso para informar de que había un problema estructural que afectaba a 117 bajantes. La situación obligó a invertir 8 millones de euros en una reforma que, no obstante, el ministerio tardó 14 meses en licitar . Y eso que durante ese tiempo informes internos de la BNE alertaban del «grave peligro» que estos retrasos suponían para el patrimonio bibliográfico español.La figura de Arroyo, que en estos dos años no ha concedido ninguna entrevista a los principales medios del país porque Cultura no le ha dejado, está en entredicho. Internamente, hay dudas sobre su capacidad de gestión. Y Comisiones Obreras, el sindicato amigo de Sumar, ha pedido en varias ocasiones la destitución. Urtasun siempre se ha puesto de perfil, al menos públicamente, pero su número dos, Jordi Martí , sí que lo censuró en una comparecencia al decir que «lo que no puede ser es que sea un coladero de agua por todas partes» . En una de esas crisis, Arroyo llegó a decir que «de todo lo que puede pasar climatológicamente, los daños del agua son casi lo de menos », pues «el agua hay veces que no es un elemento que destruya, consolida las fibras».Trabajadores tratan de salvar del agua ejemplares con paraguas ABCOtra de las polémicas que ha vivido la BNE durante el mandato de Arroyo tiene que ver con los planes para retirar la corona de su imagen institucional , que desveló ABC el verano pasado. La propuesta para renovar la imagen corporativa del organismo, que quedó guardada en un cajón, formaba parte del plan anual que Arroyo había presentado para el ejercicio anterior. El Plan Estratégico 2026-2028 de la BNE, presentado hace dos semanas, tiene como objetivo la «puesta en marcha de un amplio plan de comunicación institucional […] para llegar de manera eficaz a todo tipo de públicos».Al actual director de la BNE también se le ha censurado la gestión de la segunda sede, la de Alcalá de Henares, aunque aquí, igual que con las goteras, los problemas vienen de lejos. No en vano, la sede lleva abierta tres décadas sin disponer de la licencia municipal necesaria para trabajar con todas las de la ley, para abrir al público y para afrontar, como se viene reclamando desde hace tiempo, unas obras de ampliación de los depósitos de libros. El Ministerio de Cultura ha terminado adquiriendo, por 5,8 millones de euros, un inmueble en Tres Cantos que será reformado para destinarlo al depósito y conservación de colecciones documentales. Será la tercera sede de la BNE. De tapadillo, sin más publicidad que su inclusión en un decreto que firma el ministro Bolaños, Ernest Urtasun ha modificado el Estatuto de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Desde ahora, cualquier profesional «de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura» podrá dirigir el organismo en lugar de un funcionario de carrera o un especialista en la materia, como ocurría desde 2009, tras la traumática salida de Rosa Regàs . El ministro de Cultura recupera así el dedazo para designar al máximo responsable de «una de las principales instituciones culturales» del país y asumirá además el control de la dirección estratégica del organismo.En un decreto publicado el 12 de junio que actualiza la estructura administrativa de una veintena de organismos autónomos, como el Instituto de Estudios Fiscales o la Entidad Estatal de Seguros Agrarios, Urtasun coló una reforma de gran calado en la BNE que supone volver a la filosofía de los años 90, cuando figuras como Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi o Rosa Regàs dirigieron el organismo. El cisma que se produjo con la salida de la escritora catalana –tras el escándalo del robo de dos mapamundis incunables de 1482 y el reconocimiento de que el suyo era un puesto de confianza del ministro– llevó a César Antonio Molina a profesionalizar el cargo. El exministro socialista impulsó una reforma del Estatuto que estipulaba que el director general de la BNE debía ser nombrado «atendiendo a criterios de competencia profesional y experiencia, en este caso, en el área de bibliotecas y gestión cultural». El nombramiento, además, debía hacerse previa consulta al Real Patronato, que ganaba peso en el gobierno del organismo.Noticia relacionada general No No Grietas, pájaros muertos… CC.OO. denuncia el abandono de la Biblioteca Nacional de Alcalá Jaime G. MoraAsí llegaron Milagros del Corral, Gloria Pérez-Salmerón y Ana Santos. Durante la etapa de Santos, en 2016, se introdujo una reserva más: ser funcionario de carrera perteneciente a Cuerpos o Escalas del Subgrupo A1 para poder ser nombrado, tras celebrarse un sistema de selección previo. Esta exigencia se alineaba con la ley de Régimen Jurídico del Sector Público, aprobada a finales del año anterior, según la cual los directores generales de la Administración debían pertenecer a este grupo funcionarial. Se introducía, eso sí, una salvedad: un director general podía no reunir esa condición si se motivaba «la concurrencia de las especiales características» que justificaran esa «circunstancia excepcional». Ese es el atajo al que ha recurrido ahora el ministerio de Urtasun para asegurarse, con la misma ley, un nombramiento político para el sustituto de Óscar Arroyo , director de la BNE desde 2024.Cultura asumirá el control de la dirección estratégica de la principal biblioteca del paísA Arroyo lo confirmó Urtasun como máximo responsable de la primera institución bibliotecaria del país, pero el proceso de selección lo había puesto en marcha su predecesor, el socialista Miquel Iceta . Al actual ministro y portavoz de Sumar, en cambio, le parece que asignar ese puesto a un perfil técnico es desaprovechar un altavoz para su causa. El preámbulo del decreto que modifica estos términos afirma que «la relevancia e impacto de esta institución, que constituye una de las principales instituciones culturales de nuestro país, va más allá del ámbito bibliotecario y archivístico». Y añade: «Como ya ocurre en las demás instituciones culturales públicas de referencia de nuestro país y así ha sido también en este organismo tradicionalmente, la dirección de la BNE […], cuyas funciones exceden del ámbito estrictamente administrativo, precisa de perfiles de reconocido prestigio intelectual en el mundo de las letras o de la cultura en español, con una trayectoria de especial sensibilidad para con el patrimonio cultural o que destaquen por su capacidad innovadora».A partir de ahora, por tanto, no será necesario ser funcionario, ni siquiera tener una trayectoria vinculada a la gestión bibliotecaria. Bastará con tener «experiencia en relación a los fines y objetivos de la BNE». Se celebrará un «sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia», con participación del Patronato, pero como Urtasun ya ha demostrado en su etapa al frente de Cultura, en la que se han conocido nombramientos antes incluso de convocar las plazas , esta reforma supone el regreso del dedazo a la Biblioteca Nacional.La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun, con varios episodios graves de goterasLa presidencia del organismo, que recae en el ministro, pasa además a encargarse de «elaborar» los planes estratégicos de actuación, cuando hasta ahora su papel se limitaba a la «aprobación» de los proyectos que elevaba el director general de turno. Que Urtasun quiere asumir el control de la BNE se reafirma en la inclusión de un punto en el articulado de los Estatutos según el cual «corresponde al Ministerio de Cultura la dirección estratégica, la evaluación de los resultados de su actividad, así como el control de eficacia del organismo».La gestión de la BNE ha sido un quebradero de cabeza para Urtasun. Después de varios episodios de goteras –que provocaron imágenes tan grotescas como la de trabajadores protegiendo libros con paraguas–, el ministro se vio obligado a comparecer ante el Congreso para informar de que había un problema estructural que afectaba a 117 bajantes. La situación obligó a invertir 8 millones de euros en una reforma que, no obstante, el ministerio tardó 14 meses en licitar . Y eso que durante ese tiempo informes internos de la BNE alertaban del «grave peligro» que estos retrasos suponían para el patrimonio bibliográfico español.La figura de Arroyo, que en estos dos años no ha concedido ninguna entrevista a los principales medios del país porque Cultura no le ha dejado, está en entredicho. Internamente, hay dudas sobre su capacidad de gestión. Y Comisiones Obreras, el sindicato amigo de Sumar, ha pedido en varias ocasiones la destitución. Urtasun siempre se ha puesto de perfil, al menos públicamente, pero su número dos, Jordi Martí , sí que lo censuró en una comparecencia al decir que «lo que no puede ser es que sea un coladero de agua por todas partes» . En una de esas crisis, Arroyo llegó a decir que «de todo lo que puede pasar climatológicamente, los daños del agua son casi lo de menos », pues «el agua hay veces que no es un elemento que destruya, consolida las fibras».Trabajadores tratan de salvar del agua ejemplares con paraguas ABCOtra de las polémicas que ha vivido la BNE durante el mandato de Arroyo tiene que ver con los planes para retirar la corona de su imagen institucional , que desveló ABC el verano pasado. La propuesta para renovar la imagen corporativa del organismo, que quedó guardada en un cajón, formaba parte del plan anual que Arroyo había presentado para el ejercicio anterior. El Plan Estratégico 2026-2028 de la BNE, presentado hace dos semanas, tiene como objetivo la «puesta en marcha de un amplio plan de comunicación institucional […] para llegar de manera eficaz a todo tipo de públicos».Al actual director de la BNE también se le ha censurado la gestión de la segunda sede, la de Alcalá de Henares, aunque aquí, igual que con las goteras, los problemas vienen de lejos. No en vano, la sede lleva abierta tres décadas sin disponer de la licencia municipal necesaria para trabajar con todas las de la ley, para abrir al público y para afrontar, como se viene reclamando desde hace tiempo, unas obras de ampliación de los depósitos de libros. El Ministerio de Cultura ha terminado adquiriendo, por 5,8 millones de euros, un inmueble en Tres Cantos que será reformado para destinarlo al depósito y conservación de colecciones documentales. Será la tercera sede de la BNE. RSS de noticias de cultura
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