Pocas cosas son tan personales como la manera de moverse. Pero la capacidad de imitar o reaccionar a estos gestos se ha convertido en el gran obstáculo para la multimillonaria industria de los robots autónomos, que incluye no solo los humanoides capaces de correr o ejecutar rutinas de kung fu, sino también los coches autónomos y los drones. Este desafío lo ha vivido en carne propia el ingeniero Adrián Jiménez Loygorri. A sus 33 años, este navarro de Tudela ha construido un andador capaz de reaccionar por cuenta propia para contener una caída.
Pese a las adversidades, el sector se multiplicará por diez y superará los 870.000 millones de euros en 2035 gracias al impulso de la IA, según un estudio
Pocas cosas son tan personales como la manera de moverse. Pero la capacidad de imitar o reaccionar a estos gestos se ha convertido en el gran obstáculo para la multimillonaria industria de los robots autónomos, que incluye no solo los humanoides capaces de correr o ejecutar rutinas de kung fu, sino también los coches autónomos y los drones. Este desafío lo ha vivido en carne propia el ingeniero Adrián Jiménez Loygorri. A sus 33 años, este navarro de Tudela ha construido un andador capaz de reaccionar por cuenta propia para contener una caída.
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