La tarde del 22 de julio de 2011, una bomba de casi una tonelada sacudió el centro de Oslo. Mientras el caos y el pánico se apoderaban de la capital noruega, Anders Breivik, disfrazado de policía, se dirigía a la diminuta isla de Utoya, donde asesinó a decenas de adolescentes que participaban en un campamento de verano organizado por las Juventudes Laboristas. En total, 77 personas murieron en el peor ataque en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. Algunas heridas permanecen abiertas, pero el trauma y el duelo han dado paso, en buena medida, al recuerdo y la reflexión. Varios de los supervivientes ocupan hoy puestos de responsabilidad en la política noruega. Y aunque las ideas extremistas que Breivik plasmó en un manifiesto nunca calaron en el país escandinavo, algunos de los asuntos que le obsesionaban —la inmigración y la convivencia en sociedades cada vez más diversas— han ganado relevancia en el debate público europeo desde entonces.
“Para muchos de nosotros, la lucha contra el extremismo se transformó en una cuestión de supervivencia”, sostiene Astrid Hoem, quien se escondió en una cueva durante la matanza que conmocionó a Noruega
La tarde del 22 de julio de 2011, una bomba de casi una tonelada sacudió el centro de Oslo. Mientras el caos y el pánico se apoderaban de la capital noruega, Anders Breivik, disfrazado de policía, se dirigía a la diminuta isla de Utoya, donde asesinó a decenas de adolescentes que participaban en un campamento de verano organizado por las Juventudes Laboristas. En total, 77 personas murieron en el peor ataque en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. Algunas heridas permanecen abiertas, pero el trauma y el duelo han dado paso, en buena medida, al recuerdo y la reflexión. Varios de los supervivientes ocupan hoy puestos de responsabilidad en la política noruega. Y aunque las ideas extremistas que Breivik plasmó en un manifiesto nunca calaron en el país escandinavo, algunos de los asuntos que le obsesionaban —la inmigración y la convivencia en sociedades cada vez más diversas— han ganado relevancia en el debate público europeo desde entonces.
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