El pasado agosto fue excepcional incluso para Galicia. Una comunidad acostumbrada a convivir con veranos duros tuvo que enfrentarse a fuegos de una magnitud pocas veces vista. Su virulencia puso al límite a miles de efectivos, desde bomberos y agentes medioambientales hasta miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME). El más devastador fue el de Laroco, declarado en Orense y extendido después a León, que arrasó más de 37.000 hectáreas y se convirtió en el símbolo de una campaña negra en la que ardieron cerca de 119.000.
Con la mirada puesta en la devastadora ola de incendios de 2025, la Xunta reorganiza su estrategia para hacer frente a una amenaza cada vez más compleja
El pasado agosto fue excepcional incluso para Galicia. Una comunidad acostumbrada a convivir con veranos duros tuvo que enfrentarse a fuegos de una magnitud pocas veces vista. Su virulencia puso al límite a miles de efectivos, desde bomberos y agentes medioambientales hasta miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME). El más devastador fue el de Laroco, declarado en Orense y extendido después a León, que arrasó más de 37.000 hectáreas y se convirtió en el símbolo de una campaña negra en la que ardieron cerca de 119.000.
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