Pedro Sánchez no es responsable de que Marruecos sea un vecino muy complicado de gestionar. Ni de que ese vecino se haya organizado políticamente como una autocracia caprichosa y despreocupada ante el sufrimiento de sus súbditos. Tampoco es responsable de que Rabat no reconozca la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y reivindique la suya propia sobre el Sáhara. Ni tampoco es responsable de que ese país sea fundamental para combatir la inmigración irregular, el terrorismo yihadista o el narcotráfico.
Sánchez no inventó esa manera de tratar a nuestro vecino más conflictivo, pero sí la ha hecho propia y la ha llevado a extremos asombrosos
Pedro Sánchez no es responsable de que Marruecos sea un vecino muy complicado de gestionar. Ni de que ese vecino se haya organizado políticamente como una autocracia caprichosa y despreocupada ante el sufrimiento de sus súbditos. Tampoco es responsable de que Rabat no reconozca la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y reivindique la suya propia sobre el Sáhara. Ni tampoco es responsable de que ese país sea fundamental para combatir la inmigración irregular, el terrorismo yihadista o el narcotráfico.
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