El ‘lobby’ marroquí en Bruselas es uno de los más activos y probablemente también uno de los más discretos. Aunque su objetivo son las instituciones europeas, Marruecos cuenta con una intensa red de contactos en toda Europa, dedicados a tratar de favorecer las posiciones de Rabat en los asuntos que considera estratégicos. El principal centro de interés es el Parlamento Europeo, no tanto por su valor intrínseco, sino porque es seguramente la institución más vulnerable. Pero la atención de Marruecos no se centra únicamente en la Unión Europea, sino que extiende sus tentáculos hacia las capitales de los Estados miembros, empezando por París y Madrid, cuyos Gobiernos se sabe que están sometidos a una intensa vigilancia por parte del vecino norteafricano.Los grupos de presión no son necesariamente ilegales. Todos los Estados y grandes intereses económicos intentan influir en Bruselas. Lo excepcional del caso marroquí es que, junto al ‘lobby’ digamos convencional, aparecieron ciertas pruebas de corrupción, pagos y utilización de personas vinculadas a los servicios de inteligencia marroquíes. Aunque Marruecos ha negado las acusaciones y Bélgica decidió no procesar a los sospechosos marroquíes, hay muchas versiones que encuadran a las actividades de los grupos marroquíes de presión en comportamientos como el que sí que llegó a los tribunales y que involucraba a los intereses de otro país árabe como Catar y que llevó a prisión preventiva a una vicepresidenta del Parlamento Europeo. Para algunos, el mero hecho de que Bélgica hubiera archivado el expediente marroquí es el síntoma más evidente de esa capacidad para intervenir en decisiones clave en Europa.Para Marruecos, el asunto del Sahara es particularmente importante porque la UE no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio y el Tribunal de Justicia de la UE ha dictaminado además que los acuerdos UE-Marruecos no pueden aplicarse automáticamente a la antigua provincia española sin tener en cuenta el estatuto específico del territorio y el consentimiento de su población. Sin embargo, en la renovación de cada acuerdo y después de cada una de las sentencias que ratifica que se trata de un caso claro de descolonización pendiente, el ‘lobby’ marroquí, con la inestimable ayuda de Francia, consigue que siempre se haga una nueva versión de los acuerdos acorde con los intereses de Rabat, aun sabiendo que volverá a ser rechazada por los tribunales.Durante años Marruecos ha implantado en Bruselas una estrategia común a otros grupos de interés, que parte de la embajada ante la UE y que es particularmente activa entre funcionarios, eurodiputados, empresarios, antiguos miembros del Parlamento Europeo que conservan cierta capacidad de maniobra dentro de la institución, asociaciones supuestamente culturales y los llamados grupos de amistad. El objetivo que ha logrado imponer a través de esta estrategia es que se considere que Marruecos no sea tratado solamente como un país extranjero cualquiera con intereses en Europa, sino como un socio mediterráneo imprescindible en distintos campos estratégicos, por encima, por ejemplo, de Argelia, que es un país que puede proporcionar energía al mercado europeo y que tiene una política exterior global, menos centrada en los asuntos domésticos. Pero Marruecos ha jugado bien sus cartas. En materia migratoria, ha conseguido que en Bruselas estén convencidos de que su ayuda es imprescindible para regular el tráfico de seres humanos aunque no siempre sea cierto, como se acaba de demostrar en Ceuta. En otras ocasiones les resulta muy favorable utilizar sus relaciones con Israel como representante del ala moderada del mundo árabe y en otras se reivindica como un socio esencial en la lucha contra el terrorismo. En ese trabajo subterráneo de Marruecos ha jugado un papel esencial el italiano Pier Antonio Panzeri que fue eurodiputado socialista entre 2004 y 2019. En los años de actividad pública se reveló como un eurodiputado muy involucrado en asuntos de derechos humanos y relaciones exteriores, incluyendo una relación particularmente estrecha con Marruecos. Primero presidió la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo y cuando no renovó su acta creó una ONG llamada Fight Impunity (Lucha contra la Impunidad) que le permitió seguir en Bruselas en labores de influencia política y acabó siendo uno de los principales intermediarios de una red que habría trabajado para Marruecos y Catar.Sin embargo, no ha sido Panzeri el más importante eslabón de esta cadena. La otra figura fundamental es Abderrahim Atmoun, diplomático marroquí, actualmente embajador en Polonia, que fue copresidente, junto con Panzeri, de la comisión parlamentaria mixta UE-Marruecos. Los servicios belgas de información han documentado que Atmoun habría sido uno de los principales enlaces entre Panzeri y las estructuras marroquíes. Y que este había intervenido políticamente en beneficio de Marruecos y Catar a cambio de dinero.Sin embargo, el principal cimiento de la capacidad de influencia de Marruecos en la UE tiene que ver con el hecho de que en total hay entre cuatro y cinco millones de europeos de origen marroquí y que en su gran mayoría mantienen vínculos de lealtad hacia Rabat. Y la capacidad eventual de desestabilizar determinadas zonas, por ejemplo en los suburbios de las capitales francesas, es algo que no necesita ser demostrado. El ‘lobby’ marroquí en Bruselas es uno de los más activos y probablemente también uno de los más discretos. Aunque su objetivo son las instituciones europeas, Marruecos cuenta con una intensa red de contactos en toda Europa, dedicados a tratar de favorecer las posiciones de Rabat en los asuntos que considera estratégicos. El principal centro de interés es el Parlamento Europeo, no tanto por su valor intrínseco, sino porque es seguramente la institución más vulnerable. Pero la atención de Marruecos no se centra únicamente en la Unión Europea, sino que extiende sus tentáculos hacia las capitales de los Estados miembros, empezando por París y Madrid, cuyos Gobiernos se sabe que están sometidos a una intensa vigilancia por parte del vecino norteafricano.Los grupos de presión no son necesariamente ilegales. Todos los Estados y grandes intereses económicos intentan influir en Bruselas. Lo excepcional del caso marroquí es que, junto al ‘lobby’ digamos convencional, aparecieron ciertas pruebas de corrupción, pagos y utilización de personas vinculadas a los servicios de inteligencia marroquíes. Aunque Marruecos ha negado las acusaciones y Bélgica decidió no procesar a los sospechosos marroquíes, hay muchas versiones que encuadran a las actividades de los grupos marroquíes de presión en comportamientos como el que sí que llegó a los tribunales y que involucraba a los intereses de otro país árabe como Catar y que llevó a prisión preventiva a una vicepresidenta del Parlamento Europeo. Para algunos, el mero hecho de que Bélgica hubiera archivado el expediente marroquí es el síntoma más evidente de esa capacidad para intervenir en decisiones clave en Europa.Para Marruecos, el asunto del Sahara es particularmente importante porque la UE no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio y el Tribunal de Justicia de la UE ha dictaminado además que los acuerdos UE-Marruecos no pueden aplicarse automáticamente a la antigua provincia española sin tener en cuenta el estatuto específico del territorio y el consentimiento de su población. Sin embargo, en la renovación de cada acuerdo y después de cada una de las sentencias que ratifica que se trata de un caso claro de descolonización pendiente, el ‘lobby’ marroquí, con la inestimable ayuda de Francia, consigue que siempre se haga una nueva versión de los acuerdos acorde con los intereses de Rabat, aun sabiendo que volverá a ser rechazada por los tribunales.Durante años Marruecos ha implantado en Bruselas una estrategia común a otros grupos de interés, que parte de la embajada ante la UE y que es particularmente activa entre funcionarios, eurodiputados, empresarios, antiguos miembros del Parlamento Europeo que conservan cierta capacidad de maniobra dentro de la institución, asociaciones supuestamente culturales y los llamados grupos de amistad. El objetivo que ha logrado imponer a través de esta estrategia es que se considere que Marruecos no sea tratado solamente como un país extranjero cualquiera con intereses en Europa, sino como un socio mediterráneo imprescindible en distintos campos estratégicos, por encima, por ejemplo, de Argelia, que es un país que puede proporcionar energía al mercado europeo y que tiene una política exterior global, menos centrada en los asuntos domésticos. Pero Marruecos ha jugado bien sus cartas. En materia migratoria, ha conseguido que en Bruselas estén convencidos de que su ayuda es imprescindible para regular el tráfico de seres humanos aunque no siempre sea cierto, como se acaba de demostrar en Ceuta. En otras ocasiones les resulta muy favorable utilizar sus relaciones con Israel como representante del ala moderada del mundo árabe y en otras se reivindica como un socio esencial en la lucha contra el terrorismo. En ese trabajo subterráneo de Marruecos ha jugado un papel esencial el italiano Pier Antonio Panzeri que fue eurodiputado socialista entre 2004 y 2019. En los años de actividad pública se reveló como un eurodiputado muy involucrado en asuntos de derechos humanos y relaciones exteriores, incluyendo una relación particularmente estrecha con Marruecos. Primero presidió la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo y cuando no renovó su acta creó una ONG llamada Fight Impunity (Lucha contra la Impunidad) que le permitió seguir en Bruselas en labores de influencia política y acabó siendo uno de los principales intermediarios de una red que habría trabajado para Marruecos y Catar.Sin embargo, no ha sido Panzeri el más importante eslabón de esta cadena. La otra figura fundamental es Abderrahim Atmoun, diplomático marroquí, actualmente embajador en Polonia, que fue copresidente, junto con Panzeri, de la comisión parlamentaria mixta UE-Marruecos. Los servicios belgas de información han documentado que Atmoun habría sido uno de los principales enlaces entre Panzeri y las estructuras marroquíes. Y que este había intervenido políticamente en beneficio de Marruecos y Catar a cambio de dinero.Sin embargo, el principal cimiento de la capacidad de influencia de Marruecos en la UE tiene que ver con el hecho de que en total hay entre cuatro y cinco millones de europeos de origen marroquí y que en su gran mayoría mantienen vínculos de lealtad hacia Rabat. Y la capacidad eventual de desestabilizar determinadas zonas, por ejemplo en los suburbios de las capitales francesas, es algo que no necesita ser demostrado. El ‘lobby’ marroquí en Bruselas es uno de los más activos y probablemente también uno de los más discretos. Aunque su objetivo son las instituciones europeas, Marruecos cuenta con una intensa red de contactos en toda Europa, dedicados a tratar de favorecer las posiciones de Rabat en los asuntos que considera estratégicos. El principal centro de interés es el Parlamento Europeo, no tanto por su valor intrínseco, sino porque es seguramente la institución más vulnerable. Pero la atención de Marruecos no se centra únicamente en la Unión Europea, sino que extiende sus tentáculos hacia las capitales de los Estados miembros, empezando por París y Madrid, cuyos Gobiernos se sabe que están sometidos a una intensa vigilancia por parte del vecino norteafricano.Los grupos de presión no son necesariamente ilegales. Todos los Estados y grandes intereses económicos intentan influir en Bruselas. Lo excepcional del caso marroquí es que, junto al ‘lobby’ digamos convencional, aparecieron ciertas pruebas de corrupción, pagos y utilización de personas vinculadas a los servicios de inteligencia marroquíes. Aunque Marruecos ha negado las acusaciones y Bélgica decidió no procesar a los sospechosos marroquíes, hay muchas versiones que encuadran a las actividades de los grupos marroquíes de presión en comportamientos como el que sí que llegó a los tribunales y que involucraba a los intereses de otro país árabe como Catar y que llevó a prisión preventiva a una vicepresidenta del Parlamento Europeo. Para algunos, el mero hecho de que Bélgica hubiera archivado el expediente marroquí es el síntoma más evidente de esa capacidad para intervenir en decisiones clave en Europa.Para Marruecos, el asunto del Sahara es particularmente importante porque la UE no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio y el Tribunal de Justicia de la UE ha dictaminado además que los acuerdos UE-Marruecos no pueden aplicarse automáticamente a la antigua provincia española sin tener en cuenta el estatuto específico del territorio y el consentimiento de su población. Sin embargo, en la renovación de cada acuerdo y después de cada una de las sentencias que ratifica que se trata de un caso claro de descolonización pendiente, el ‘lobby’ marroquí, con la inestimable ayuda de Francia, consigue que siempre se haga una nueva versión de los acuerdos acorde con los intereses de Rabat, aun sabiendo que volverá a ser rechazada por los tribunales.Durante años Marruecos ha implantado en Bruselas una estrategia común a otros grupos de interés, que parte de la embajada ante la UE y que es particularmente activa entre funcionarios, eurodiputados, empresarios, antiguos miembros del Parlamento Europeo que conservan cierta capacidad de maniobra dentro de la institución, asociaciones supuestamente culturales y los llamados grupos de amistad. El objetivo que ha logrado imponer a través de esta estrategia es que se considere que Marruecos no sea tratado solamente como un país extranjero cualquiera con intereses en Europa, sino como un socio mediterráneo imprescindible en distintos campos estratégicos, por encima, por ejemplo, de Argelia, que es un país que puede proporcionar energía al mercado europeo y que tiene una política exterior global, menos centrada en los asuntos domésticos. Pero Marruecos ha jugado bien sus cartas. En materia migratoria, ha conseguido que en Bruselas estén convencidos de que su ayuda es imprescindible para regular el tráfico de seres humanos aunque no siempre sea cierto, como se acaba de demostrar en Ceuta. En otras ocasiones les resulta muy favorable utilizar sus relaciones con Israel como representante del ala moderada del mundo árabe y en otras se reivindica como un socio esencial en la lucha contra el terrorismo. En ese trabajo subterráneo de Marruecos ha jugado un papel esencial el italiano Pier Antonio Panzeri que fue eurodiputado socialista entre 2004 y 2019. En los años de actividad pública se reveló como un eurodiputado muy involucrado en asuntos de derechos humanos y relaciones exteriores, incluyendo una relación particularmente estrecha con Marruecos. Primero presidió la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo y cuando no renovó su acta creó una ONG llamada Fight Impunity (Lucha contra la Impunidad) que le permitió seguir en Bruselas en labores de influencia política y acabó siendo uno de los principales intermediarios de una red que habría trabajado para Marruecos y Catar.Sin embargo, no ha sido Panzeri el más importante eslabón de esta cadena. La otra figura fundamental es Abderrahim Atmoun, diplomático marroquí, actualmente embajador en Polonia, que fue copresidente, junto con Panzeri, de la comisión parlamentaria mixta UE-Marruecos. Los servicios belgas de información han documentado que Atmoun habría sido uno de los principales enlaces entre Panzeri y las estructuras marroquíes. Y que este había intervenido políticamente en beneficio de Marruecos y Catar a cambio de dinero.Sin embargo, el principal cimiento de la capacidad de influencia de Marruecos en la UE tiene que ver con el hecho de que en total hay entre cuatro y cinco millones de europeos de origen marroquí y que en su gran mayoría mantienen vínculos de lealtad hacia Rabat. Y la capacidad eventual de desestabilizar determinadas zonas, por ejemplo en los suburbios de las capitales francesas, es algo que no necesita ser demostrado. RSS de noticias de espana
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