Si alguien se quedó con dudas la pasada campaña de que Luis García Plaza era el idóneo para ser el entrenador del Sevilla FC , puede que el madrileño se las haya despejado. En su currículo aparecen equipos de media-baja tabla con los que ha conseguido hacerse un nombre dentro del mundillo. Su nombre siempre resuena cuando un equipo está en apuros y suele torear en plazas bastante ingratas . Su esperanza estar en poder hacer algo importante en el Sevilla, consciente de que es el club más grande que, por el momento, ha contado con sus servicios. Un Sevilla descolorido, agónico y arruinado, pero que aún conserva algo de aura (ahora que está tan de moda) después de su historia más reciente. El madrileño ha trabajado mucho junto a José Ignacio Navarro para confeccionar al nuevo Sevilla. Aún está muy corto de efectivos, pero el boceto inicial de lo que perseguían ya va dando sus resultados. Trabajar siendo consciente de las limitaciones de su plantilla es la principal virtud del técnico sevillista, que no pone excusas ni apela al misticismo . Trabajo, orden y compromiso. El ABC del Luis García Plaza para sacar al Sevilla del pozo en el que lleva años sumido. Otra virtud que tiene el entrenador sevillista con respecto a su antecesor es la lectura de los partidos. Dos jornadas disputadas, dos encuentros en el que sus cambios en el descanso le han cambiado la cara al equipo . Ante el Rayo, la entrada de Robbie Ure y Peque derivó en la remontada sevillista. En San Mamés, retirar a los tres jugadores apercibidos, aunque en un primer momento parezca exagerado, es de saber anticiparse a la ruina. Un Sevilla acostumbrado a los errores individuales y a pasarse de frenada en cuanto se ve sobrepasado, podía fácilmente haberse quedado con diez jugadores y perder toda la ventaja conseguida. De ahí, que el técnico hiciera tres cambios en el descanso, con la ‘fortuna’ de que dos de ellos salieran con hambre de goles. García Plaza conoce a sus jugadores, pero también el contexto. A Almeyda le fallaba su nula experiencia en LaLiga y sus normas, algo que le penalizó enormemente. Sobre todo, con el estamento arbitral. Algo que no le va a ocurrir al madrileño, que se sabe al dedillo las reglas del juego. Esto o quiere decir que el Sevilla sea un equipo sin identidad, ni mucho menos. Si bien el curso pasado apenas le dio tiempo para impregnarle personalidad, lo trabajado este verano sí está saliendo a relucir. El Sevilla es un equipo compacto, pero valiente en la salida de balón. Tiene hambre de goles, pero se repliegan al completo cuando es necesario. Aún les falta un punto de poder desarrollar mejor las jugadas, abusan del balón largo, lo que les hace cometer pérdidas muy groseras y pasarlo peor de lo que deben. Aún así, este Sevilla sabe a lo que juega y no baja nunca los brazos. Visitó San Mamés con ganas de ganar, no conformándose con los tres puntos que se agenció la semana pasada y eso ya es un avance gigantesco. Si alguien se quedó con dudas la pasada campaña de que Luis García Plaza era el idóneo para ser el entrenador del Sevilla FC , puede que el madrileño se las haya despejado. En su currículo aparecen equipos de media-baja tabla con los que ha conseguido hacerse un nombre dentro del mundillo. Su nombre siempre resuena cuando un equipo está en apuros y suele torear en plazas bastante ingratas . Su esperanza estar en poder hacer algo importante en el Sevilla, consciente de que es el club más grande que, por el momento, ha contado con sus servicios. Un Sevilla descolorido, agónico y arruinado, pero que aún conserva algo de aura (ahora que está tan de moda) después de su historia más reciente. El madrileño ha trabajado mucho junto a José Ignacio Navarro para confeccionar al nuevo Sevilla. Aún está muy corto de efectivos, pero el boceto inicial de lo que perseguían ya va dando sus resultados. Trabajar siendo consciente de las limitaciones de su plantilla es la principal virtud del técnico sevillista, que no pone excusas ni apela al misticismo . Trabajo, orden y compromiso. El ABC del Luis García Plaza para sacar al Sevilla del pozo en el que lleva años sumido. Otra virtud que tiene el entrenador sevillista con respecto a su antecesor es la lectura de los partidos. Dos jornadas disputadas, dos encuentros en el que sus cambios en el descanso le han cambiado la cara al equipo . Ante el Rayo, la entrada de Robbie Ure y Peque derivó en la remontada sevillista. En San Mamés, retirar a los tres jugadores apercibidos, aunque en un primer momento parezca exagerado, es de saber anticiparse a la ruina. Un Sevilla acostumbrado a los errores individuales y a pasarse de frenada en cuanto se ve sobrepasado, podía fácilmente haberse quedado con diez jugadores y perder toda la ventaja conseguida. De ahí, que el técnico hiciera tres cambios en el descanso, con la ‘fortuna’ de que dos de ellos salieran con hambre de goles. García Plaza conoce a sus jugadores, pero también el contexto. A Almeyda le fallaba su nula experiencia en LaLiga y sus normas, algo que le penalizó enormemente. Sobre todo, con el estamento arbitral. Algo que no le va a ocurrir al madrileño, que se sabe al dedillo las reglas del juego. Esto o quiere decir que el Sevilla sea un equipo sin identidad, ni mucho menos. Si bien el curso pasado apenas le dio tiempo para impregnarle personalidad, lo trabajado este verano sí está saliendo a relucir. El Sevilla es un equipo compacto, pero valiente en la salida de balón. Tiene hambre de goles, pero se repliegan al completo cuando es necesario. Aún les falta un punto de poder desarrollar mejor las jugadas, abusan del balón largo, lo que les hace cometer pérdidas muy groseras y pasarlo peor de lo que deben. Aún así, este Sevilla sabe a lo que juega y no baja nunca los brazos. Visitó San Mamés con ganas de ganar, no conformándose con los tres puntos que se agenció la semana pasada y eso ya es un avance gigantesco. Si alguien se quedó con dudas la pasada campaña de que Luis García Plaza era el idóneo para ser el entrenador del Sevilla FC , puede que el madrileño se las haya despejado. En su currículo aparecen equipos de media-baja tabla con los que ha conseguido hacerse un nombre dentro del mundillo. Su nombre siempre resuena cuando un equipo está en apuros y suele torear en plazas bastante ingratas . Su esperanza estar en poder hacer algo importante en el Sevilla, consciente de que es el club más grande que, por el momento, ha contado con sus servicios. Un Sevilla descolorido, agónico y arruinado, pero que aún conserva algo de aura (ahora que está tan de moda) después de su historia más reciente. El madrileño ha trabajado mucho junto a José Ignacio Navarro para confeccionar al nuevo Sevilla. Aún está muy corto de efectivos, pero el boceto inicial de lo que perseguían ya va dando sus resultados. Trabajar siendo consciente de las limitaciones de su plantilla es la principal virtud del técnico sevillista, que no pone excusas ni apela al misticismo . Trabajo, orden y compromiso. El ABC del Luis García Plaza para sacar al Sevilla del pozo en el que lleva años sumido. Otra virtud que tiene el entrenador sevillista con respecto a su antecesor es la lectura de los partidos. Dos jornadas disputadas, dos encuentros en el que sus cambios en el descanso le han cambiado la cara al equipo . Ante el Rayo, la entrada de Robbie Ure y Peque derivó en la remontada sevillista. En San Mamés, retirar a los tres jugadores apercibidos, aunque en un primer momento parezca exagerado, es de saber anticiparse a la ruina. Un Sevilla acostumbrado a los errores individuales y a pasarse de frenada en cuanto se ve sobrepasado, podía fácilmente haberse quedado con diez jugadores y perder toda la ventaja conseguida. De ahí, que el técnico hiciera tres cambios en el descanso, con la ‘fortuna’ de que dos de ellos salieran con hambre de goles. García Plaza conoce a sus jugadores, pero también el contexto. A Almeyda le fallaba su nula experiencia en LaLiga y sus normas, algo que le penalizó enormemente. Sobre todo, con el estamento arbitral. Algo que no le va a ocurrir al madrileño, que se sabe al dedillo las reglas del juego. Esto o quiere decir que el Sevilla sea un equipo sin identidad, ni mucho menos. Si bien el curso pasado apenas le dio tiempo para impregnarle personalidad, lo trabajado este verano sí está saliendo a relucir. El Sevilla es un equipo compacto, pero valiente en la salida de balón. Tiene hambre de goles, pero se repliegan al completo cuando es necesario. Aún les falta un punto de poder desarrollar mejor las jugadas, abusan del balón largo, lo que les hace cometer pérdidas muy groseras y pasarlo peor de lo que deben. Aún así, este Sevilla sabe a lo que juega y no baja nunca los brazos. Visitó San Mamés con ganas de ganar, no conformándose con los tres puntos que se agenció la semana pasada y eso ya es un avance gigantesco. RSS de noticias de deportes
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