Tenemos un problema: las ganas de ver a Fernando Alonso luchando por podios, victorias y títulos van a mucha más velocidad que las mejoras que Aston Martin introduce en su AMR26. Nos puede la impaciencia. En nuestra calidad de «creyentes», mantenemos una fe ciega en que todavía es posible, en que el piloto conserva el talento, la experiencia, la ambición y las ganas para luchar por cualquier objetivo. Sin embargo, el inexorable paso del tiempo también nos asusta. Nos habíamos hecho un cálculo mental para que nos salieran las cuentas.
Tenemos un problema: las ganas de ver a Fernando Alonso luchando por podios, victorias y títulos van a mucha más velocidad que las mejoras que Aston Martin intr
Tenemos un problema: las ganas de ver a Fernando Alonso luchando por podios, victorias y títulos van a mucha más velocidad que las mejoras que Aston Martin introduce en su AMR26. Nos puede la impaciencia. En nuestra calidad de «creyentes», mantenemos una fe ciega en que todavía es posible, en que el piloto conserva el talento, la experiencia, la ambición y las ganas para luchar por cualquier objetivo. Sin embargo, el inexorable paso del tiempo también nos asusta. Nos habíamos hecho un cálculo mental para que nos salieran las cuentas.
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