Una certeza les acompaña cuando, cada mañana, abren sus negocios. Serán, eso creen algunos, la última generación de comerciantes de proximidad, pues el transcurso de los años ha conformado una capital a golpe de cierre . Las cifras reflejan la presión que se ciñe sobre quienes abren sus puertas cada día sin más superficie que los metros cuadrados que ocupan. En la Comunidad de Madrid, cerraron 124 comercios al mes durante 2025 , según datos de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos. En toda España, cada mes desaparecieron 1.132 pequeños negocios.José Antonio, al ser preguntado sobre su situación, enumera sin urgencia las múltiples dificultades que cada mes enfrenta para mantener viva la tienda de vinilos y CD’s que su padre abrió en la calle Montera en los 80, cuando «Montera era movida tras movida». Recuerda el frenético ir y venir de madrileños en busca de ese algo, de una sensación. La subida del alquiler fue determinante para que trasladasen el establecimiento a Postigo de San Martín hace más de 25 años.Cuando llegaron a este local todavía se pagaba en pesetas y su alquiler equivalía a unos 1.000 euros al mes, cuantía que con el tiempo se ha elevado varios miles de euros. «Hay que vender mucho para sacar esa cantidad de alquiler», dice. Y podrían subírselo, pero la propietaria respeta la antigüedad y su puntualidad con los pagos. A la renta se añaden los impuestos trimestrales, su cuota de autónomo y la de sus hermanos, además del porcentaje que reservan para su madre. Entre sus clientes habituales también se escondían propietarios de comercios de la zona, con quien compartía música y conversaciones. Uno de ellos, propietario de una tienda de alpargatas manufacturadas, hubo de cerrar «porque no conseguía pagar el alquiler». Su caso dista mucho de ser una excepción, pues hace años que el centro, convertido en una suerte de escaparate para turistas, ha relegado a un desagradecido segundo plano a los comercios de proximidad. Pero todavía resisten establecimientos de toda la vida, disimulados entre tabernas con apariencia castiza pero cuyas cartas se visten con imágenes de los platos del menú. Cerca de Sol, en una calle con su mismo nombre, sobrevive un establecimiento de 1860, la Farmacia La Victoria.Aunque su actividad no ha cambiado, sí lo ha hecho la identidad de la zona. «Cuando llegué había zapaterías, joyerías, papelerías y ópticas, un tejido comercial muchísimo más amplio del que hay ahora», cuenta Francisca Yeste, la actual dueña, que lleva 26 años tras su mostrador. Una mujer para por delante de un comercio centenario en el centro de Madrid. tania sieiraHa presenciado la metamorfosis de la sociedad a través de un vaivén de comercios que, en los últimos años, se ha intensificado. Dice comprender la diversificación del consumo, pero no puede evitar lamentar la pérdida del trato cercano con los vendedores de las inmediaciones y con unos clientes que, de vecinos, han pasado a ser turistas. «Es una población flotante, no sabemos a quién vamos a atender porque fijos no tenemos muchos», asegura, mientras un empleado atiende a un par de extranjeros.A dos kilómetros de su farmacia está la plaza de Olavide, cuyas calles aledañas se han convertido en un constante abrir y cerrar de negocios que ven en la permanencia una utopía. «El alquiler ya es caro de por sí, pero hay mucha gente que se ha ido porque lo han subido muchísimo», cuenta la empleada de una tintorería de la zona, mientras pliega con delicadeza las recién lavadas servilletas de un restaurante cercano. Acude a recogerlas con un carrito, sin furgoneta, todo a mano. Gracias a este tipo de servicios, el local se mantiene abierto y pueden permitirse contratar varios trabajadores. «Te reinventas», cuenta, pues no ha sido fácil competir con las lavanderías de autoservicio. «Es más barato y la gente va más», declara. Al salir de su local, en las calles se vislumbran espacios cuyo desaliño delata un largo tiempo de abandono.Más allá del centroEl centro de Madrid parece ser el foco de un debate que lleva tiempo instalado en la ciudadanía y que volvió a emerger tras el cierre de la librería Tipos Infames . Pero aunque el fenómeno sea más sonado en esta zona, no es exclusivo de ella. «El centro es turístico y por lo menos tienes garantizado el tránsito del ciudadano, otros barrios ni siquiera eso», advierte Armando Rodríguez, presidente de la Confederación de Comercio de Madrid (Cocem). En Alcobendas, «hay señoras que no pueden comprarse unas medias porque no hay mercerías ni tiendas». «Tienen que pedir a sus hijas que las lleven a un centro comercial», asegura Pilar, propietaria de una tienda de moda para comuniones, eventos y bebés en Alcobendas, Queens & Babies, que linda con San Sebastián de los Reyes. Pasear por este municipio es presenciar una sucesión de locales cerrados. Así lo cuenta Patricia Bardullas, propietaria de la cerrada librería infantil El Movimiento del Caracol, que trata de sobrevivir, aunque no sea con tienda física. Hace meses, tuvo que despedirse del lugar que vio nacer porque el dueño del local tenía «otros planes» para él. Ahora, trata de encontrar un nuevo espacio al que mudarse, pero «los alquileres están desorbitados». «Casi todos los locales los están haciendo viviendas», cuenta.124 comercios cerrados al mes en Madrid en 2025 «Dejamos de habitar los barrios, pero la gente tendrá que comprar en algún sitio y, cuantos menos comercios haya, más fácil será para las grandes empresas lucrarse», asegura. Temen que la desaparición de negocios propicie que el consumidor se olvide de los que todavía resisten.Todos los consultados coinciden en que ninguna administración ofrece soluciones a su problema. Al contrario. «Es una sangría a nivel fiscal», arguye Patricia. «Poner en marcha las cuatro últimas medidas que ha dictado el Ministerio de Trabajo puede tener un impacto de 6.000 o 7.000 euros. En una gran empresa no tiene repercusión, en pequeños comercios sí. Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño», declara el presidente de Cocem. Y en la Comunidad de Madrid, «a nivel presupuestario, la dotación de promoción del comercio es insignificante en relación a lo que representa». Rodríguez asegura que uno de los principales problemas, además de la ausencia de un diagnóstico real de la situación, es la incertidumbre que enfrentan los jóvenes que deben decidir si heredan los negocios. «No quiero que mi hija se meta en esto, estoy convencida de que mi generación es la última», sentencia la propietaria de Queens & Babies. Ha visto a muchos de sus vecinos bajar la persiana, y también a fabricantes españoles que, en consecuencia, se ven obligados a abandonar su trabajo.«Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño» Armando Rodríguez Presidente de CocemComo último acto desesperado, son muchos los que tratan de reinventarse, como la tintorería que da servicio a restaurantes, la tienda de comuniones que ahora vende ropa para bebés o los quioscos que ofrecen, junto a periódicos y revistas, cafés o chicles. Pero, para muchos, el esfuerzo no sirve para mantener vivo el negocio. «No está en tu mano porque la gente cada vez compra más online y son muy pocos los que se acuerdan de nosotros. No se puede competir con las grandes porque no se apoya nuestro producto», asegura Pilar. El dueño de la tienda de discos coincide. Con un orgullo melancólico, acaricia la portada roja de uno de sus vinilos mientras recuerda que una pantalla es la pared que bloquea un acercamiento con la realidad. Pero admite ser uno más de los subordinados a esta tendencia a la que el mundo parece haberse doblegado. Como la mayoría, cada vez compra más por Internet. Patricia, la librera, lo tiene claro: «Compras fácil, pero hipotecas tu futuro». Una certeza les acompaña cuando, cada mañana, abren sus negocios. Serán, eso creen algunos, la última generación de comerciantes de proximidad, pues el transcurso de los años ha conformado una capital a golpe de cierre . Las cifras reflejan la presión que se ciñe sobre quienes abren sus puertas cada día sin más superficie que los metros cuadrados que ocupan. En la Comunidad de Madrid, cerraron 124 comercios al mes durante 2025 , según datos de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos. En toda España, cada mes desaparecieron 1.132 pequeños negocios.José Antonio, al ser preguntado sobre su situación, enumera sin urgencia las múltiples dificultades que cada mes enfrenta para mantener viva la tienda de vinilos y CD’s que su padre abrió en la calle Montera en los 80, cuando «Montera era movida tras movida». Recuerda el frenético ir y venir de madrileños en busca de ese algo, de una sensación. La subida del alquiler fue determinante para que trasladasen el establecimiento a Postigo de San Martín hace más de 25 años.Cuando llegaron a este local todavía se pagaba en pesetas y su alquiler equivalía a unos 1.000 euros al mes, cuantía que con el tiempo se ha elevado varios miles de euros. «Hay que vender mucho para sacar esa cantidad de alquiler», dice. Y podrían subírselo, pero la propietaria respeta la antigüedad y su puntualidad con los pagos. A la renta se añaden los impuestos trimestrales, su cuota de autónomo y la de sus hermanos, además del porcentaje que reservan para su madre. Entre sus clientes habituales también se escondían propietarios de comercios de la zona, con quien compartía música y conversaciones. Uno de ellos, propietario de una tienda de alpargatas manufacturadas, hubo de cerrar «porque no conseguía pagar el alquiler». Su caso dista mucho de ser una excepción, pues hace años que el centro, convertido en una suerte de escaparate para turistas, ha relegado a un desagradecido segundo plano a los comercios de proximidad. Pero todavía resisten establecimientos de toda la vida, disimulados entre tabernas con apariencia castiza pero cuyas cartas se visten con imágenes de los platos del menú. Cerca de Sol, en una calle con su mismo nombre, sobrevive un establecimiento de 1860, la Farmacia La Victoria.Aunque su actividad no ha cambiado, sí lo ha hecho la identidad de la zona. «Cuando llegué había zapaterías, joyerías, papelerías y ópticas, un tejido comercial muchísimo más amplio del que hay ahora», cuenta Francisca Yeste, la actual dueña, que lleva 26 años tras su mostrador. Una mujer para por delante de un comercio centenario en el centro de Madrid. tania sieiraHa presenciado la metamorfosis de la sociedad a través de un vaivén de comercios que, en los últimos años, se ha intensificado. Dice comprender la diversificación del consumo, pero no puede evitar lamentar la pérdida del trato cercano con los vendedores de las inmediaciones y con unos clientes que, de vecinos, han pasado a ser turistas. «Es una población flotante, no sabemos a quién vamos a atender porque fijos no tenemos muchos», asegura, mientras un empleado atiende a un par de extranjeros.A dos kilómetros de su farmacia está la plaza de Olavide, cuyas calles aledañas se han convertido en un constante abrir y cerrar de negocios que ven en la permanencia una utopía. «El alquiler ya es caro de por sí, pero hay mucha gente que se ha ido porque lo han subido muchísimo», cuenta la empleada de una tintorería de la zona, mientras pliega con delicadeza las recién lavadas servilletas de un restaurante cercano. Acude a recogerlas con un carrito, sin furgoneta, todo a mano. Gracias a este tipo de servicios, el local se mantiene abierto y pueden permitirse contratar varios trabajadores. «Te reinventas», cuenta, pues no ha sido fácil competir con las lavanderías de autoservicio. «Es más barato y la gente va más», declara. Al salir de su local, en las calles se vislumbran espacios cuyo desaliño delata un largo tiempo de abandono.Más allá del centroEl centro de Madrid parece ser el foco de un debate que lleva tiempo instalado en la ciudadanía y que volvió a emerger tras el cierre de la librería Tipos Infames . Pero aunque el fenómeno sea más sonado en esta zona, no es exclusivo de ella. «El centro es turístico y por lo menos tienes garantizado el tránsito del ciudadano, otros barrios ni siquiera eso», advierte Armando Rodríguez, presidente de la Confederación de Comercio de Madrid (Cocem). En Alcobendas, «hay señoras que no pueden comprarse unas medias porque no hay mercerías ni tiendas». «Tienen que pedir a sus hijas que las lleven a un centro comercial», asegura Pilar, propietaria de una tienda de moda para comuniones, eventos y bebés en Alcobendas, Queens & Babies, que linda con San Sebastián de los Reyes. Pasear por este municipio es presenciar una sucesión de locales cerrados. Así lo cuenta Patricia Bardullas, propietaria de la cerrada librería infantil El Movimiento del Caracol, que trata de sobrevivir, aunque no sea con tienda física. Hace meses, tuvo que despedirse del lugar que vio nacer porque el dueño del local tenía «otros planes» para él. Ahora, trata de encontrar un nuevo espacio al que mudarse, pero «los alquileres están desorbitados». «Casi todos los locales los están haciendo viviendas», cuenta.124 comercios cerrados al mes en Madrid en 2025 «Dejamos de habitar los barrios, pero la gente tendrá que comprar en algún sitio y, cuantos menos comercios haya, más fácil será para las grandes empresas lucrarse», asegura. Temen que la desaparición de negocios propicie que el consumidor se olvide de los que todavía resisten.Todos los consultados coinciden en que ninguna administración ofrece soluciones a su problema. Al contrario. «Es una sangría a nivel fiscal», arguye Patricia. «Poner en marcha las cuatro últimas medidas que ha dictado el Ministerio de Trabajo puede tener un impacto de 6.000 o 7.000 euros. En una gran empresa no tiene repercusión, en pequeños comercios sí. Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño», declara el presidente de Cocem. Y en la Comunidad de Madrid, «a nivel presupuestario, la dotación de promoción del comercio es insignificante en relación a lo que representa». Rodríguez asegura que uno de los principales problemas, además de la ausencia de un diagnóstico real de la situación, es la incertidumbre que enfrentan los jóvenes que deben decidir si heredan los negocios. «No quiero que mi hija se meta en esto, estoy convencida de que mi generación es la última», sentencia la propietaria de Queens & Babies. Ha visto a muchos de sus vecinos bajar la persiana, y también a fabricantes españoles que, en consecuencia, se ven obligados a abandonar su trabajo.«Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño» Armando Rodríguez Presidente de CocemComo último acto desesperado, son muchos los que tratan de reinventarse, como la tintorería que da servicio a restaurantes, la tienda de comuniones que ahora vende ropa para bebés o los quioscos que ofrecen, junto a periódicos y revistas, cafés o chicles. Pero, para muchos, el esfuerzo no sirve para mantener vivo el negocio. «No está en tu mano porque la gente cada vez compra más online y son muy pocos los que se acuerdan de nosotros. No se puede competir con las grandes porque no se apoya nuestro producto», asegura Pilar. El dueño de la tienda de discos coincide. Con un orgullo melancólico, acaricia la portada roja de uno de sus vinilos mientras recuerda que una pantalla es la pared que bloquea un acercamiento con la realidad. Pero admite ser uno más de los subordinados a esta tendencia a la que el mundo parece haberse doblegado. Como la mayoría, cada vez compra más por Internet. Patricia, la librera, lo tiene claro: «Compras fácil, pero hipotecas tu futuro». Una certeza les acompaña cuando, cada mañana, abren sus negocios. Serán, eso creen algunos, la última generación de comerciantes de proximidad, pues el transcurso de los años ha conformado una capital a golpe de cierre . Las cifras reflejan la presión que se ciñe sobre quienes abren sus puertas cada día sin más superficie que los metros cuadrados que ocupan. En la Comunidad de Madrid, cerraron 124 comercios al mes durante 2025 , según datos de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos. En toda España, cada mes desaparecieron 1.132 pequeños negocios.José Antonio, al ser preguntado sobre su situación, enumera sin urgencia las múltiples dificultades que cada mes enfrenta para mantener viva la tienda de vinilos y CD’s que su padre abrió en la calle Montera en los 80, cuando «Montera era movida tras movida». Recuerda el frenético ir y venir de madrileños en busca de ese algo, de una sensación. La subida del alquiler fue determinante para que trasladasen el establecimiento a Postigo de San Martín hace más de 25 años.Cuando llegaron a este local todavía se pagaba en pesetas y su alquiler equivalía a unos 1.000 euros al mes, cuantía que con el tiempo se ha elevado varios miles de euros. «Hay que vender mucho para sacar esa cantidad de alquiler», dice. Y podrían subírselo, pero la propietaria respeta la antigüedad y su puntualidad con los pagos. A la renta se añaden los impuestos trimestrales, su cuota de autónomo y la de sus hermanos, además del porcentaje que reservan para su madre. Entre sus clientes habituales también se escondían propietarios de comercios de la zona, con quien compartía música y conversaciones. Uno de ellos, propietario de una tienda de alpargatas manufacturadas, hubo de cerrar «porque no conseguía pagar el alquiler». Su caso dista mucho de ser una excepción, pues hace años que el centro, convertido en una suerte de escaparate para turistas, ha relegado a un desagradecido segundo plano a los comercios de proximidad. Pero todavía resisten establecimientos de toda la vida, disimulados entre tabernas con apariencia castiza pero cuyas cartas se visten con imágenes de los platos del menú. Cerca de Sol, en una calle con su mismo nombre, sobrevive un establecimiento de 1860, la Farmacia La Victoria.Aunque su actividad no ha cambiado, sí lo ha hecho la identidad de la zona. «Cuando llegué había zapaterías, joyerías, papelerías y ópticas, un tejido comercial muchísimo más amplio del que hay ahora», cuenta Francisca Yeste, la actual dueña, que lleva 26 años tras su mostrador. Una mujer para por delante de un comercio centenario en el centro de Madrid. tania sieiraHa presenciado la metamorfosis de la sociedad a través de un vaivén de comercios que, en los últimos años, se ha intensificado. Dice comprender la diversificación del consumo, pero no puede evitar lamentar la pérdida del trato cercano con los vendedores de las inmediaciones y con unos clientes que, de vecinos, han pasado a ser turistas. «Es una población flotante, no sabemos a quién vamos a atender porque fijos no tenemos muchos», asegura, mientras un empleado atiende a un par de extranjeros.A dos kilómetros de su farmacia está la plaza de Olavide, cuyas calles aledañas se han convertido en un constante abrir y cerrar de negocios que ven en la permanencia una utopía. «El alquiler ya es caro de por sí, pero hay mucha gente que se ha ido porque lo han subido muchísimo», cuenta la empleada de una tintorería de la zona, mientras pliega con delicadeza las recién lavadas servilletas de un restaurante cercano. Acude a recogerlas con un carrito, sin furgoneta, todo a mano. Gracias a este tipo de servicios, el local se mantiene abierto y pueden permitirse contratar varios trabajadores. «Te reinventas», cuenta, pues no ha sido fácil competir con las lavanderías de autoservicio. «Es más barato y la gente va más», declara. Al salir de su local, en las calles se vislumbran espacios cuyo desaliño delata un largo tiempo de abandono.Más allá del centroEl centro de Madrid parece ser el foco de un debate que lleva tiempo instalado en la ciudadanía y que volvió a emerger tras el cierre de la librería Tipos Infames . Pero aunque el fenómeno sea más sonado en esta zona, no es exclusivo de ella. «El centro es turístico y por lo menos tienes garantizado el tránsito del ciudadano, otros barrios ni siquiera eso», advierte Armando Rodríguez, presidente de la Confederación de Comercio de Madrid (Cocem). En Alcobendas, «hay señoras que no pueden comprarse unas medias porque no hay mercerías ni tiendas». «Tienen que pedir a sus hijas que las lleven a un centro comercial», asegura Pilar, propietaria de una tienda de moda para comuniones, eventos y bebés en Alcobendas, Queens & Babies, que linda con San Sebastián de los Reyes. Pasear por este municipio es presenciar una sucesión de locales cerrados. Así lo cuenta Patricia Bardullas, propietaria de la cerrada librería infantil El Movimiento del Caracol, que trata de sobrevivir, aunque no sea con tienda física. Hace meses, tuvo que despedirse del lugar que vio nacer porque el dueño del local tenía «otros planes» para él. Ahora, trata de encontrar un nuevo espacio al que mudarse, pero «los alquileres están desorbitados». «Casi todos los locales los están haciendo viviendas», cuenta.124 comercios cerrados al mes en Madrid en 2025 «Dejamos de habitar los barrios, pero la gente tendrá que comprar en algún sitio y, cuantos menos comercios haya, más fácil será para las grandes empresas lucrarse», asegura. Temen que la desaparición de negocios propicie que el consumidor se olvide de los que todavía resisten.Todos los consultados coinciden en que ninguna administración ofrece soluciones a su problema. Al contrario. «Es una sangría a nivel fiscal», arguye Patricia. «Poner en marcha las cuatro últimas medidas que ha dictado el Ministerio de Trabajo puede tener un impacto de 6.000 o 7.000 euros. En una gran empresa no tiene repercusión, en pequeños comercios sí. Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño», declara el presidente de Cocem. Y en la Comunidad de Madrid, «a nivel presupuestario, la dotación de promoción del comercio es insignificante en relación a lo que representa». Rodríguez asegura que uno de los principales problemas, además de la ausencia de un diagnóstico real de la situación, es la incertidumbre que enfrentan los jóvenes que deben decidir si heredan los negocios. «No quiero que mi hija se meta en esto, estoy convencida de que mi generación es la última», sentencia la propietaria de Queens & Babies. Ha visto a muchos de sus vecinos bajar la persiana, y también a fabricantes españoles que, en consecuencia, se ven obligados a abandonar su trabajo.«Quien pierde y siempre va a perder es el pequeño» Armando Rodríguez Presidente de CocemComo último acto desesperado, son muchos los que tratan de reinventarse, como la tintorería que da servicio a restaurantes, la tienda de comuniones que ahora vende ropa para bebés o los quioscos que ofrecen, junto a periódicos y revistas, cafés o chicles. Pero, para muchos, el esfuerzo no sirve para mantener vivo el negocio. «No está en tu mano porque la gente cada vez compra más online y son muy pocos los que se acuerdan de nosotros. No se puede competir con las grandes porque no se apoya nuestro producto», asegura Pilar. El dueño de la tienda de discos coincide. Con un orgullo melancólico, acaricia la portada roja de uno de sus vinilos mientras recuerda que una pantalla es la pared que bloquea un acercamiento con la realidad. Pero admite ser uno más de los subordinados a esta tendencia a la que el mundo parece haberse doblegado. Como la mayoría, cada vez compra más por Internet. Patricia, la librera, lo tiene claro: «Compras fácil, pero hipotecas tu futuro». RSS de noticias de espana
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