Cuando trenzaban el paseíllo, el viento soplaba con fuerza y no cesó en los dos toros de Morante. Se notaba al Genio haciendo un esfuerzo por cumplir con su compromiso en Cuenca. Por ello, hubo un conato de sacarle a saludar tras el paseíllo. No cuajó, pero sí la pitada cuando pasaportó al primero, un toro que embistió recto desde que salió. Dos veces lo puso en el caballo el torero, provocando ya que se caldearan los ánimos. Era claro que mucho no le había convencido el mal aire de Marinero, pero también es cierto que la muleta era una bandera, por lo que decidió abreviar. Se cubrió la cara con una toalla, visiblemente cansado de la paliza que sufrió apenas hace cuarenta y ocho horas en Málaga.Con ánimo salió a recibir al cuarto, pese a que se le quedaba el capote pegado al cuerpo por el aire, que hacía parecer el percal una servilleta de papel. Pegado a tablas comenzó Morante con su empaque natural, con el silbar del viento como único sonido. En la primera tanda, el toro le hizo un extraño por culpa del viento, y en la segunda Pescador se echó. Además, no tenía recorrido ni clase ni nada. Tuvo un lote marítimo malísimo. Con todo, sacó un extraordinario natural, mientras se oían gritos de «¡Mátalo!», cuando el toro volvía a estar por los suelos. Cambió la ayuda el cigarrero, y comenzaron los pitos. ¿En qué quedamos?Talavante y Ortega, a hombros en Cuenca MaxiToroPero el enfado pasó a un entusiasmo cuando llegó Ortega, que había soprendido este domingo toreando de hinojos en Antequera. Se ve que le ha cogido el gusto, porque ha visto lo bien que se le da: sentado en el estribo comenzó, torerísimo, para después sacarse a Novelerón rodilla en tierra, hasta que puso las dos en el ruedo, en un arrebatado inicio que puso a la gente en pie. Y la primera serie auguraba faena grande. ¡Qué manera de torear la de Juan! Pero cuando pasó el natural, el torito ya se estaba quedando. No humillaba ni por equivocación, y pasaba por allí sin decir nada. Le echó el trianero la gracia que le faltaba al de Román Sorando, que se vino estrepitosamente abajo y ya sólo topaba, por lo que no alargó de más, y cogió la espada. Buena ejecución, no tanto la colocación, y dos orejas al esportón del sevillano.Y mismo premio habría cortado al sexto, un caramelito que recibió de salida sentado en el estribo, para pegarle después unas extraordinarias verónicas, sus tafalleras tan personales, e improvisó cuando el toro le hizo un extraño para dejar unas fabulosas chicuelinas ¡Ea! Y menudo faenón le sacó, un deleite para los sentidos. Comenzó por profundos doblones, para después dejar naturales de una calidad excelsa. Bien es cierto que respondió con duración el dulce torito, noble a más no poder y algo sosito, pero el toreo caro de Ortega hizo que pareciera mejor. Le daba los tiempos justos para que descansara, los toques precisos para no atosigarlo… en fin, todo a favor de un Imaginado al que, de forma surrealista, se pidió el indulto. Hasta en eso estuvo perfecto Ortega: hizo caso omiso y se tiró a matar. Lástima que no rubricó la obra con la tizona, quedando el premio en una oreja y una generosa vuelta a un toro de muchísima clase y buen aire -más viendo el juego de la corrida-, pero alejado de mayores honores.Feria de San Julián Plaza de toros de Cuenca Lunes, 24 de agosto de 2026. Entrada: Lleno. Toros de Román Sorando, mansitos, premiado con la vuela al ruedo en enclasado sexto. Morante de la Puebla, de catafalco y oro. Media caída y habilidosilla (pitos). Estocada tendida (pitos). Alejandro Talavante, de blanco y plata. Estocada caída (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Juan Ortega, de verde y oro. Estocada delantera y desprendida (dos orejas). Pinchazo y estocada baja (oreja).Junto a él salió en volandas Talavante, que echó todo lo que le faltaba a sus dos toros, que era mucho, con improvisación e inteligencia, aunque a veces algo ayuno de conjunción. Especialmente con su primero, al que recibió por delantales. El toro salió pegando coces al sentir la puya, tónica habitual de la corrida, parándose en banderillas por la poca fuerza. Molestaba muchísimo el viento, pero Alejandro se sobrepuso e hizo un esfuerzo ganando la partida, logrando ligar con mucho mérito una última tanda de naturales templadísimos a un toro que nació parado.A por todas salió Talavante con el quinto, recibiéndolo con un farol, y por alto comenzó rematando con un precioso trincherazo. Llevaba siempre al torito a media alturita, pero le dio fiesta por ambos pitones, destacando unos derechazos a pies juntos y los pases de pecho. Cuando trenzaban el paseíllo, el viento soplaba con fuerza y no cesó en los dos toros de Morante. Se notaba al Genio haciendo un esfuerzo por cumplir con su compromiso en Cuenca. Por ello, hubo un conato de sacarle a saludar tras el paseíllo. No cuajó, pero sí la pitada cuando pasaportó al primero, un toro que embistió recto desde que salió. Dos veces lo puso en el caballo el torero, provocando ya que se caldearan los ánimos. Era claro que mucho no le había convencido el mal aire de Marinero, pero también es cierto que la muleta era una bandera, por lo que decidió abreviar. Se cubrió la cara con una toalla, visiblemente cansado de la paliza que sufrió apenas hace cuarenta y ocho horas en Málaga.Con ánimo salió a recibir al cuarto, pese a que se le quedaba el capote pegado al cuerpo por el aire, que hacía parecer el percal una servilleta de papel. Pegado a tablas comenzó Morante con su empaque natural, con el silbar del viento como único sonido. En la primera tanda, el toro le hizo un extraño por culpa del viento, y en la segunda Pescador se echó. Además, no tenía recorrido ni clase ni nada. Tuvo un lote marítimo malísimo. Con todo, sacó un extraordinario natural, mientras se oían gritos de «¡Mátalo!», cuando el toro volvía a estar por los suelos. Cambió la ayuda el cigarrero, y comenzaron los pitos. ¿En qué quedamos?Talavante y Ortega, a hombros en Cuenca MaxiToroPero el enfado pasó a un entusiasmo cuando llegó Ortega, que había soprendido este domingo toreando de hinojos en Antequera. Se ve que le ha cogido el gusto, porque ha visto lo bien que se le da: sentado en el estribo comenzó, torerísimo, para después sacarse a Novelerón rodilla en tierra, hasta que puso las dos en el ruedo, en un arrebatado inicio que puso a la gente en pie. Y la primera serie auguraba faena grande. ¡Qué manera de torear la de Juan! Pero cuando pasó el natural, el torito ya se estaba quedando. No humillaba ni por equivocación, y pasaba por allí sin decir nada. Le echó el trianero la gracia que le faltaba al de Román Sorando, que se vino estrepitosamente abajo y ya sólo topaba, por lo que no alargó de más, y cogió la espada. Buena ejecución, no tanto la colocación, y dos orejas al esportón del sevillano.Y mismo premio habría cortado al sexto, un caramelito que recibió de salida sentado en el estribo, para pegarle después unas extraordinarias verónicas, sus tafalleras tan personales, e improvisó cuando el toro le hizo un extraño para dejar unas fabulosas chicuelinas ¡Ea! Y menudo faenón le sacó, un deleite para los sentidos. Comenzó por profundos doblones, para después dejar naturales de una calidad excelsa. Bien es cierto que respondió con duración el dulce torito, noble a más no poder y algo sosito, pero el toreo caro de Ortega hizo que pareciera mejor. Le daba los tiempos justos para que descansara, los toques precisos para no atosigarlo… en fin, todo a favor de un Imaginado al que, de forma surrealista, se pidió el indulto. Hasta en eso estuvo perfecto Ortega: hizo caso omiso y se tiró a matar. Lástima que no rubricó la obra con la tizona, quedando el premio en una oreja y una generosa vuelta a un toro de muchísima clase y buen aire -más viendo el juego de la corrida-, pero alejado de mayores honores.Feria de San Julián Plaza de toros de Cuenca Lunes, 24 de agosto de 2026. Entrada: Lleno. Toros de Román Sorando, mansitos, premiado con la vuela al ruedo en enclasado sexto. Morante de la Puebla, de catafalco y oro. Media caída y habilidosilla (pitos). Estocada tendida (pitos). Alejandro Talavante, de blanco y plata. Estocada caída (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Juan Ortega, de verde y oro. Estocada delantera y desprendida (dos orejas). Pinchazo y estocada baja (oreja).Junto a él salió en volandas Talavante, que echó todo lo que le faltaba a sus dos toros, que era mucho, con improvisación e inteligencia, aunque a veces algo ayuno de conjunción. Especialmente con su primero, al que recibió por delantales. El toro salió pegando coces al sentir la puya, tónica habitual de la corrida, parándose en banderillas por la poca fuerza. Molestaba muchísimo el viento, pero Alejandro se sobrepuso e hizo un esfuerzo ganando la partida, logrando ligar con mucho mérito una última tanda de naturales templadísimos a un toro que nació parado.A por todas salió Talavante con el quinto, recibiéndolo con un farol, y por alto comenzó rematando con un precioso trincherazo. Llevaba siempre al torito a media alturita, pero le dio fiesta por ambos pitones, destacando unos derechazos a pies juntos y los pases de pecho. Cuando trenzaban el paseíllo, el viento soplaba con fuerza y no cesó en los dos toros de Morante. Se notaba al Genio haciendo un esfuerzo por cumplir con su compromiso en Cuenca. Por ello, hubo un conato de sacarle a saludar tras el paseíllo. No cuajó, pero sí la pitada cuando pasaportó al primero, un toro que embistió recto desde que salió. Dos veces lo puso en el caballo el torero, provocando ya que se caldearan los ánimos. Era claro que mucho no le había convencido el mal aire de Marinero, pero también es cierto que la muleta era una bandera, por lo que decidió abreviar. Se cubrió la cara con una toalla, visiblemente cansado de la paliza que sufrió apenas hace cuarenta y ocho horas en Málaga.Con ánimo salió a recibir al cuarto, pese a que se le quedaba el capote pegado al cuerpo por el aire, que hacía parecer el percal una servilleta de papel. Pegado a tablas comenzó Morante con su empaque natural, con el silbar del viento como único sonido. En la primera tanda, el toro le hizo un extraño por culpa del viento, y en la segunda Pescador se echó. Además, no tenía recorrido ni clase ni nada. Tuvo un lote marítimo malísimo. Con todo, sacó un extraordinario natural, mientras se oían gritos de «¡Mátalo!», cuando el toro volvía a estar por los suelos. Cambió la ayuda el cigarrero, y comenzaron los pitos. ¿En qué quedamos?Talavante y Ortega, a hombros en Cuenca MaxiToroPero el enfado pasó a un entusiasmo cuando llegó Ortega, que había soprendido este domingo toreando de hinojos en Antequera. Se ve que le ha cogido el gusto, porque ha visto lo bien que se le da: sentado en el estribo comenzó, torerísimo, para después sacarse a Novelerón rodilla en tierra, hasta que puso las dos en el ruedo, en un arrebatado inicio que puso a la gente en pie. Y la primera serie auguraba faena grande. ¡Qué manera de torear la de Juan! Pero cuando pasó el natural, el torito ya se estaba quedando. No humillaba ni por equivocación, y pasaba por allí sin decir nada. Le echó el trianero la gracia que le faltaba al de Román Sorando, que se vino estrepitosamente abajo y ya sólo topaba, por lo que no alargó de más, y cogió la espada. Buena ejecución, no tanto la colocación, y dos orejas al esportón del sevillano.Y mismo premio habría cortado al sexto, un caramelito que recibió de salida sentado en el estribo, para pegarle después unas extraordinarias verónicas, sus tafalleras tan personales, e improvisó cuando el toro le hizo un extraño para dejar unas fabulosas chicuelinas ¡Ea! Y menudo faenón le sacó, un deleite para los sentidos. Comenzó por profundos doblones, para después dejar naturales de una calidad excelsa. Bien es cierto que respondió con duración el dulce torito, noble a más no poder y algo sosito, pero el toreo caro de Ortega hizo que pareciera mejor. Le daba los tiempos justos para que descansara, los toques precisos para no atosigarlo… en fin, todo a favor de un Imaginado al que, de forma surrealista, se pidió el indulto. Hasta en eso estuvo perfecto Ortega: hizo caso omiso y se tiró a matar. Lástima que no rubricó la obra con la tizona, quedando el premio en una oreja y una generosa vuelta a un toro de muchísima clase y buen aire -más viendo el juego de la corrida-, pero alejado de mayores honores.Feria de San Julián Plaza de toros de Cuenca Lunes, 24 de agosto de 2026. Entrada: Lleno. Toros de Román Sorando, mansitos, premiado con la vuela al ruedo en enclasado sexto. Morante de la Puebla, de catafalco y oro. Media caída y habilidosilla (pitos). Estocada tendida (pitos). Alejandro Talavante, de blanco y plata. Estocada caída (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Juan Ortega, de verde y oro. Estocada delantera y desprendida (dos orejas). Pinchazo y estocada baja (oreja).Junto a él salió en volandas Talavante, que echó todo lo que le faltaba a sus dos toros, que era mucho, con improvisación e inteligencia, aunque a veces algo ayuno de conjunción. Especialmente con su primero, al que recibió por delantales. El toro salió pegando coces al sentir la puya, tónica habitual de la corrida, parándose en banderillas por la poca fuerza. Molestaba muchísimo el viento, pero Alejandro se sobrepuso e hizo un esfuerzo ganando la partida, logrando ligar con mucho mérito una última tanda de naturales templadísimos a un toro que nació parado.A por todas salió Talavante con el quinto, recibiéndolo con un farol, y por alto comenzó rematando con un precioso trincherazo. Llevaba siempre al torito a media alturita, pero le dio fiesta por ambos pitones, destacando unos derechazos a pies juntos y los pases de pecho. RSS de noticias de cultura
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