Inger Platou quiere a sus dos hijos, el mayor a punto de cumplir 35 años y el menor de 33, adoptados en Colombia. Tras innumerables intentos fallidos de quedarse embarazada, aceptó que nunca podría ser madre biológica y optó por esa alternativa. Durante las muchas pruebas médicas realizadas en búsqueda de la causa de su esterilidad, supo ya en edad adulta que se le había instalado un anticonceptivo DIU en su adolescencia sin su consentimiento. Tenía unos 13 años y ni siquiera sus padres lo supieron . Ahora será una de las mujeres groenlandesas que recibirá una indemnización por parte de Dinamarca de 40.000 euros.El Parlamento danés ha aprobado hoy esta compensación para las groenlandesas sometidas a este tratamiento sin su consentimiento o sin suficiente consentimiento entre 1960 y 1991. El estado de Dinamarca, en ejercicio de sus competencias sanitarias sobre el territorio autónomo de Groenlandia, llevó a cabo esta política sobre mujeres de la etnia inuit. «La compensación afecta sólo a la punta del iceberg del problema», se ha quejado Qarsoq Høegh-Dam, diputado del Folketing por el partido groenlandés Naleraq, «es lo mínimo que podemos hacer».Un informe de 2025 ha demostrado que al menos 4.070 mujeres groenlandesas fueron sometidas a la inserción de DIU por este procedimiento a finales de 1970. La ministra de Sanidad y Asuntos Eclesiásticos, Ida Auken, del Partido Social Demócrata, ha reconocido que «no creo que se pueda poner en palabras el sufrimiento causado y el dolor que han pasado estas mujeres». La primera ministra Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen han pedido públicamente disculpas en nombre tanto de Dinamarca como de Groenlandia y han condenado la intención de evitar la reproducción de esta etnia autóctona de la isla ártica.Entre las décadas de 1960 y 1990, miles de niñas y mujeres inuit de Groenlandia fueron sometidas a la inserción de dispositivos intrauterinos (DIU) sin su consentimiento, en el marco de una campaña de planificación familiar dirigida por las autoridades sanitarias danesas. La magnitud del programa, su duración y sus consecuencias han convertido este episodio en uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea del Reino de Dinamarca.Las investigaciones periodísticas y oficiales coinciden en que al menos 4.500 mujeres y niñas recibieron DIU entre 1966 y 1975, aunque algunos casos continuaron hasta 1991, cuando Groenlandia asumió la gestión de su propio sistema sanitario. La televisión pública danesa DR reveló el año pasado que las afectadas incluían adolescentes de 12 a 14 años, muchas de ellas sin información previa ni autorización familiar. El programa, conocido como spiralsagen («caso espiral»), tenía como objetivo declarado reducir la elevada tasa de natalidad en Groenlandia y evitar embarazos no deseados. En apenas cinco años, la tasa de natalidad se redujo a la mitad. Aproximadamente a la mitad de las mujeres groenlandesas en edad fértil se les colocó un DIU en los primeros años del programa y varias fuentes coinciden en que los últimos casos documentados ocurrieron a principios de los años 90, cuando la responsabilidad sanitaria había pasado ya del Estado danés al gobierno autónomo groenlandés. En 2022, Dinamarca y Groenlandia acordaron una investigación conjunta de dos años para esclarecer responsabilidades. En septiembre de 2025, se publicó un informe histórico que reconstruyó el programa y sus efectos, seguido de las disculpas oficiales. «No podemos cambiar lo que ha pasado. Pero podemos asumir la responsabilidad», ha reconocido Frederisen. «Demasiadas mujeres fueron afectadas de una manera que dejó huellas profundas en vidas, familias y comunidades. Es demasiado tarde y demasiado poco», ha lamentado Nielsen En adelante, Groenlandia presentará dos informes que evalúan si las acciones danesas podrían encajar en la definición jurídica de genocidio, un debate que ha cobrado fuerza entre los líderes inuit. La diputada Aki-Matilda Høegh-Dam y otros responsables groenlandeses han calificado la campaña como «genocidio cultural». El Gobierno groenlandés subraya que el caso no solo afectó a las víctimas directas, sino que dejó un trauma que «ha marcado a la sociedad a lo largo de generaciones».Plazo demasiado cortoLas afectadas podrán solicitar el reembolso hasta el 1 de septiembre de 2028 y la Asociación de Compensación de Pacientes está planeando tres viajes a Groenlandia para informar a las mujeres sobre esta posibilidad en varios lugares de la isla, no sin dejar de mostrar ciertas reticencias. La asociación considera que la compensación debería otorgarse por delito y no por mujer y que el plazo para presentar la solicitud es demasiado ajustado. «Son casos muy traumáticos, estas mujeres están descubriendo ahora algo sobre ellas mismas que les cuesta asumir y no es fácil reaccionar con rapidez «, dice Steve Sandgreen, miembro del consejo del Consejo de Derechos Humanos de Groenlandia.«Cuando tenía 20 años, fuñi al médico para por enfermedad inflamatoria pélvica y, cuando terminó el examen, me informaron que el causante era un DIU que me habían instalado a finales de los años 70, cuando vivía Maniitsoq, en el oeste de Groenlandia», relata Inger. Afirma que «es muy duro, te explicas muchas cosas, y de alguna manera sigues adelante, pero ahora, cuando todo ha salido a la luz, de alguna manera vuelves a revivirlo todo y a volver a este estado de parálisis en el que te quedas cuando te das cuenta de que alguien te robó la vida, incluso te sientes culpable por haber sido tan ignorante y no haber podido defender a los hijos que no tuviste». Inger Platou quiere a sus dos hijos, el mayor a punto de cumplir 35 años y el menor de 33, adoptados en Colombia. Tras innumerables intentos fallidos de quedarse embarazada, aceptó que nunca podría ser madre biológica y optó por esa alternativa. Durante las muchas pruebas médicas realizadas en búsqueda de la causa de su esterilidad, supo ya en edad adulta que se le había instalado un anticonceptivo DIU en su adolescencia sin su consentimiento. Tenía unos 13 años y ni siquiera sus padres lo supieron . Ahora será una de las mujeres groenlandesas que recibirá una indemnización por parte de Dinamarca de 40.000 euros.El Parlamento danés ha aprobado hoy esta compensación para las groenlandesas sometidas a este tratamiento sin su consentimiento o sin suficiente consentimiento entre 1960 y 1991. El estado de Dinamarca, en ejercicio de sus competencias sanitarias sobre el territorio autónomo de Groenlandia, llevó a cabo esta política sobre mujeres de la etnia inuit. «La compensación afecta sólo a la punta del iceberg del problema», se ha quejado Qarsoq Høegh-Dam, diputado del Folketing por el partido groenlandés Naleraq, «es lo mínimo que podemos hacer».Un informe de 2025 ha demostrado que al menos 4.070 mujeres groenlandesas fueron sometidas a la inserción de DIU por este procedimiento a finales de 1970. La ministra de Sanidad y Asuntos Eclesiásticos, Ida Auken, del Partido Social Demócrata, ha reconocido que «no creo que se pueda poner en palabras el sufrimiento causado y el dolor que han pasado estas mujeres». La primera ministra Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen han pedido públicamente disculpas en nombre tanto de Dinamarca como de Groenlandia y han condenado la intención de evitar la reproducción de esta etnia autóctona de la isla ártica.Entre las décadas de 1960 y 1990, miles de niñas y mujeres inuit de Groenlandia fueron sometidas a la inserción de dispositivos intrauterinos (DIU) sin su consentimiento, en el marco de una campaña de planificación familiar dirigida por las autoridades sanitarias danesas. La magnitud del programa, su duración y sus consecuencias han convertido este episodio en uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea del Reino de Dinamarca.Las investigaciones periodísticas y oficiales coinciden en que al menos 4.500 mujeres y niñas recibieron DIU entre 1966 y 1975, aunque algunos casos continuaron hasta 1991, cuando Groenlandia asumió la gestión de su propio sistema sanitario. La televisión pública danesa DR reveló el año pasado que las afectadas incluían adolescentes de 12 a 14 años, muchas de ellas sin información previa ni autorización familiar. El programa, conocido como spiralsagen («caso espiral»), tenía como objetivo declarado reducir la elevada tasa de natalidad en Groenlandia y evitar embarazos no deseados. En apenas cinco años, la tasa de natalidad se redujo a la mitad. Aproximadamente a la mitad de las mujeres groenlandesas en edad fértil se les colocó un DIU en los primeros años del programa y varias fuentes coinciden en que los últimos casos documentados ocurrieron a principios de los años 90, cuando la responsabilidad sanitaria había pasado ya del Estado danés al gobierno autónomo groenlandés. En 2022, Dinamarca y Groenlandia acordaron una investigación conjunta de dos años para esclarecer responsabilidades. En septiembre de 2025, se publicó un informe histórico que reconstruyó el programa y sus efectos, seguido de las disculpas oficiales. «No podemos cambiar lo que ha pasado. Pero podemos asumir la responsabilidad», ha reconocido Frederisen. «Demasiadas mujeres fueron afectadas de una manera que dejó huellas profundas en vidas, familias y comunidades. Es demasiado tarde y demasiado poco», ha lamentado Nielsen En adelante, Groenlandia presentará dos informes que evalúan si las acciones danesas podrían encajar en la definición jurídica de genocidio, un debate que ha cobrado fuerza entre los líderes inuit. La diputada Aki-Matilda Høegh-Dam y otros responsables groenlandeses han calificado la campaña como «genocidio cultural». El Gobierno groenlandés subraya que el caso no solo afectó a las víctimas directas, sino que dejó un trauma que «ha marcado a la sociedad a lo largo de generaciones».Plazo demasiado cortoLas afectadas podrán solicitar el reembolso hasta el 1 de septiembre de 2028 y la Asociación de Compensación de Pacientes está planeando tres viajes a Groenlandia para informar a las mujeres sobre esta posibilidad en varios lugares de la isla, no sin dejar de mostrar ciertas reticencias. La asociación considera que la compensación debería otorgarse por delito y no por mujer y que el plazo para presentar la solicitud es demasiado ajustado. «Son casos muy traumáticos, estas mujeres están descubriendo ahora algo sobre ellas mismas que les cuesta asumir y no es fácil reaccionar con rapidez «, dice Steve Sandgreen, miembro del consejo del Consejo de Derechos Humanos de Groenlandia.«Cuando tenía 20 años, fuñi al médico para por enfermedad inflamatoria pélvica y, cuando terminó el examen, me informaron que el causante era un DIU que me habían instalado a finales de los años 70, cuando vivía Maniitsoq, en el oeste de Groenlandia», relata Inger. Afirma que «es muy duro, te explicas muchas cosas, y de alguna manera sigues adelante, pero ahora, cuando todo ha salido a la luz, de alguna manera vuelves a revivirlo todo y a volver a este estado de parálisis en el que te quedas cuando te das cuenta de que alguien te robó la vida, incluso te sientes culpable por haber sido tan ignorante y no haber podido defender a los hijos que no tuviste». Inger Platou quiere a sus dos hijos, el mayor a punto de cumplir 35 años y el menor de 33, adoptados en Colombia. Tras innumerables intentos fallidos de quedarse embarazada, aceptó que nunca podría ser madre biológica y optó por esa alternativa. Durante las muchas pruebas médicas realizadas en búsqueda de la causa de su esterilidad, supo ya en edad adulta que se le había instalado un anticonceptivo DIU en su adolescencia sin su consentimiento. Tenía unos 13 años y ni siquiera sus padres lo supieron . Ahora será una de las mujeres groenlandesas que recibirá una indemnización por parte de Dinamarca de 40.000 euros.El Parlamento danés ha aprobado hoy esta compensación para las groenlandesas sometidas a este tratamiento sin su consentimiento o sin suficiente consentimiento entre 1960 y 1991. El estado de Dinamarca, en ejercicio de sus competencias sanitarias sobre el territorio autónomo de Groenlandia, llevó a cabo esta política sobre mujeres de la etnia inuit. «La compensación afecta sólo a la punta del iceberg del problema», se ha quejado Qarsoq Høegh-Dam, diputado del Folketing por el partido groenlandés Naleraq, «es lo mínimo que podemos hacer».Un informe de 2025 ha demostrado que al menos 4.070 mujeres groenlandesas fueron sometidas a la inserción de DIU por este procedimiento a finales de 1970. La ministra de Sanidad y Asuntos Eclesiásticos, Ida Auken, del Partido Social Demócrata, ha reconocido que «no creo que se pueda poner en palabras el sufrimiento causado y el dolor que han pasado estas mujeres». La primera ministra Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen han pedido públicamente disculpas en nombre tanto de Dinamarca como de Groenlandia y han condenado la intención de evitar la reproducción de esta etnia autóctona de la isla ártica.Entre las décadas de 1960 y 1990, miles de niñas y mujeres inuit de Groenlandia fueron sometidas a la inserción de dispositivos intrauterinos (DIU) sin su consentimiento, en el marco de una campaña de planificación familiar dirigida por las autoridades sanitarias danesas. La magnitud del programa, su duración y sus consecuencias han convertido este episodio en uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea del Reino de Dinamarca.Las investigaciones periodísticas y oficiales coinciden en que al menos 4.500 mujeres y niñas recibieron DIU entre 1966 y 1975, aunque algunos casos continuaron hasta 1991, cuando Groenlandia asumió la gestión de su propio sistema sanitario. La televisión pública danesa DR reveló el año pasado que las afectadas incluían adolescentes de 12 a 14 años, muchas de ellas sin información previa ni autorización familiar. El programa, conocido como spiralsagen («caso espiral»), tenía como objetivo declarado reducir la elevada tasa de natalidad en Groenlandia y evitar embarazos no deseados. En apenas cinco años, la tasa de natalidad se redujo a la mitad. Aproximadamente a la mitad de las mujeres groenlandesas en edad fértil se les colocó un DIU en los primeros años del programa y varias fuentes coinciden en que los últimos casos documentados ocurrieron a principios de los años 90, cuando la responsabilidad sanitaria había pasado ya del Estado danés al gobierno autónomo groenlandés. En 2022, Dinamarca y Groenlandia acordaron una investigación conjunta de dos años para esclarecer responsabilidades. En septiembre de 2025, se publicó un informe histórico que reconstruyó el programa y sus efectos, seguido de las disculpas oficiales. «No podemos cambiar lo que ha pasado. Pero podemos asumir la responsabilidad», ha reconocido Frederisen. «Demasiadas mujeres fueron afectadas de una manera que dejó huellas profundas en vidas, familias y comunidades. Es demasiado tarde y demasiado poco», ha lamentado Nielsen En adelante, Groenlandia presentará dos informes que evalúan si las acciones danesas podrían encajar en la definición jurídica de genocidio, un debate que ha cobrado fuerza entre los líderes inuit. La diputada Aki-Matilda Høegh-Dam y otros responsables groenlandeses han calificado la campaña como «genocidio cultural». El Gobierno groenlandés subraya que el caso no solo afectó a las víctimas directas, sino que dejó un trauma que «ha marcado a la sociedad a lo largo de generaciones».Plazo demasiado cortoLas afectadas podrán solicitar el reembolso hasta el 1 de septiembre de 2028 y la Asociación de Compensación de Pacientes está planeando tres viajes a Groenlandia para informar a las mujeres sobre esta posibilidad en varios lugares de la isla, no sin dejar de mostrar ciertas reticencias. La asociación considera que la compensación debería otorgarse por delito y no por mujer y que el plazo para presentar la solicitud es demasiado ajustado. «Son casos muy traumáticos, estas mujeres están descubriendo ahora algo sobre ellas mismas que les cuesta asumir y no es fácil reaccionar con rapidez «, dice Steve Sandgreen, miembro del consejo del Consejo de Derechos Humanos de Groenlandia.«Cuando tenía 20 años, fuñi al médico para por enfermedad inflamatoria pélvica y, cuando terminó el examen, me informaron que el causante era un DIU que me habían instalado a finales de los años 70, cuando vivía Maniitsoq, en el oeste de Groenlandia», relata Inger. Afirma que «es muy duro, te explicas muchas cosas, y de alguna manera sigues adelante, pero ahora, cuando todo ha salido a la luz, de alguna manera vuelves a revivirlo todo y a volver a este estado de parálisis en el que te quedas cuando te das cuenta de que alguien te robó la vida, incluso te sientes culpable por haber sido tan ignorante y no haber podido defender a los hijos que no tuviste». RSS de noticias de sociedad
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