Son los dos ministros más longevos -junto a Luis Planas- del gabinete de Pedro Sánchez. Llevan desde 2018 al frente de las carteras de Defensa e Interior, dos de los ministerios considerados de Estado y con un peso político importante. Pero ni Margarita Robles ni Fernando Grande-Marlaska son afiliados al Partido Socialista.Ambos dirigentes políticos se conocieron hace ya varias décadas, cuando los dos ostentaban altas responsabilidades en la judicatura, a lado de la madrileña Plaza de la Villa de París. Robles era vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) cuando Marlaska, al que entrevistó, logró la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Un tiempo más tarde, el recién elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, llamó a la magistrada Robles para ofrecerle ser la candidata a la alcaldía de Madrid. Rechazó el ofrecimiento. Pero la jueza sí aceptó, en 2016, ir de número dos de la lista socialista por la Comunidad de Madrid al Congreso de los Diputados. Iba a hacer tándem con Sánchez. Fue el inicio de una de las relaciones profesionales más longevas del hoy presidente.El desembarco de Margarita Robles en la Cámara Baja fue por todo lo alto. La renuncia de Pedro Sánchez al escaño para no avalar la investidura de Mariano Rajoy dejó a una independiente -con experiencia de gestión política durante los gobiernos de Felipe González-, al frente del grupo parlamentario socialista. En ese mismo periodo Marlaska abandonaba la Audiencia Nacional para ir al Consejo General del Poder Judicial que Robles había dejado atrás para volver al ruedo político.La entrada en el GobiernoAunque la relación entre ambos no ha sido nunca especialmente buena, según fuentes del entorno de ambos, las cosas se acabaron de torcer en 2018, cuando, contra todo pronóstico, Sánchez gana la moción de censura contra Mariano Rajoy y se ve obligado a conformar un gabinete ministerial a toda prisa. Robles, que era su mano derecha en el Congreso y le había demostrado una «lealtad profunda» que algunos ponen en duda, tenía todas las papeletas para ocupar un puesto importante en el nuevo Ejecutivo. Se quedó, tras exigir recuperar las competencias del hoy vilipendiado Centro Nacional de Inteligencia (CNI), con el Ministerio de Defensa. Precisamente tener bajo su mando ese organismo le da acceso a mucha información de su jefe.Pero la sorpresa saltó con el fichaje de Fernando Grande-Marlaska para ser ministro del Interior. Aunque el vasco afincado en Madrid tenía un gran currículum en la lucha contra el terrorismo de ETA, llegó al CGPJ de la mano del Partido Popular. Y nadie sabía de su cercanía al flamante recién elegido presidente del Gobierno. Horas después de la toma de posesión de ambos, a principios del mes de junio, Robles y Marlaska mantuvieron la primera gran bronca como compañeros de trabajo a cuenta del nombramiento del director de la Guardia Civil. Al ser un cuerpo militar, la titular de Defensa logró colar a su amigo Felix Azón como máximo responsable del Instituto Armado. Tres años después, al ser refrendado en el cargo, Marlaska logró desplazarlo. Ahora Marlaska tiene un mayor control de la Benemérita, que investiga a la esposa de Sánchez y a su entorno más íntimo.Los choques previos a CeutaLa existencia o no de avisos de lo que acabó ocurriendo en Ceuta los días 30 y 31 de julio es el desencadenante de una enemistad manifiesta. Era habitual escuchar en privado como ambos ministros se lanzaban pullas. Pero hacerlo en público, en sede parlamentaria, auspiciando un comunicado con el membrete del Gobierno contra una ministra de ese Gobierno, no era nada habitual. De hecho, ha sido traspasar una línea roja importante.Los desencuentros, aparte del reciente por la gestión de la información previa al asalto, se han reproducido durante distintas emergencias. Esas tiranteces aparecen especialmente cuando Interior y Defensa tienen que coordinar Policía, Guardia Civil, Fuerzas Armadas, protección civil e inteligencia. La relación se ha caracterizado por discrepancias sobre quién debe asumir determinadas responsabilidades y cómo debe organizarse la respuesta del Estado.En varias de esas crisis, como en la del hantavirus en Tenerife o en los incendios de la sierre oeste de Madrid y Ávila, la ministra de Defensa ha quedado apartada de todo el mando de dirección de la emergencia. Una decisión incomprensible, teniendo en cuenta que han sido las distintas unidades de las Fuerzas Armadas, tanto las terrestres como el Ejército del Aire y del Espacio y la UME, las que han llevado el peso de la gestión.El papel de Sánchez entre ellosLa relación entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska es «irreconciliable». Eso es lo que dicen personas de su entorno que les conocen bien y que comparten muchas horas con ellos. Pero mientras sigan formando parte de un mismo Consejo de Ministros, ambos tienen que cohabitar dentro de una lealtad institucional que esta semana ha saltado por los aires. Y eso preocupa sobremanera en el Partido Socialista.El «bochornoso espectáculo» que «hemos visto durante las últimas horas», con reproches entre ellos y una sensación de «batalla campal» dentro del propio Ejecutivo, no ha gustado en las filas del PSOE. Y aunque casi nadie que no se juegue algo en esto -que los hay como Ángel Víctor Torres- no defiendan ni a un ministro ni al otro, teniendo en cuenta que con ellos no hay una relación orgánica especial, muchos señalan a Sánchez.Entre altos cargos del Gobierno y del partido circula el mensaje de que «el presidente es el responsable de garantizar, como principal garante de la institución, que dos ministros no sometan al Gobierno de la nación a un espectáculo tan bochornoso como el que hemos visto». «El liderazgo también es eso, se demuestra cuando hay crisis a solucionar en España, no solo tratando de liderar respuestas internacionales que está muy bien», indica otro dirigente, que dice con firmeza que «a veces hay que conocer más a tu país antes de querer conocer el resto». Son los dos ministros más longevos -junto a Luis Planas- del gabinete de Pedro Sánchez. Llevan desde 2018 al frente de las carteras de Defensa e Interior, dos de los ministerios considerados de Estado y con un peso político importante. Pero ni Margarita Robles ni Fernando Grande-Marlaska son afiliados al Partido Socialista.Ambos dirigentes políticos se conocieron hace ya varias décadas, cuando los dos ostentaban altas responsabilidades en la judicatura, a lado de la madrileña Plaza de la Villa de París. Robles era vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) cuando Marlaska, al que entrevistó, logró la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Un tiempo más tarde, el recién elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, llamó a la magistrada Robles para ofrecerle ser la candidata a la alcaldía de Madrid. Rechazó el ofrecimiento. Pero la jueza sí aceptó, en 2016, ir de número dos de la lista socialista por la Comunidad de Madrid al Congreso de los Diputados. Iba a hacer tándem con Sánchez. Fue el inicio de una de las relaciones profesionales más longevas del hoy presidente.El desembarco de Margarita Robles en la Cámara Baja fue por todo lo alto. La renuncia de Pedro Sánchez al escaño para no avalar la investidura de Mariano Rajoy dejó a una independiente -con experiencia de gestión política durante los gobiernos de Felipe González-, al frente del grupo parlamentario socialista. En ese mismo periodo Marlaska abandonaba la Audiencia Nacional para ir al Consejo General del Poder Judicial que Robles había dejado atrás para volver al ruedo político.La entrada en el GobiernoAunque la relación entre ambos no ha sido nunca especialmente buena, según fuentes del entorno de ambos, las cosas se acabaron de torcer en 2018, cuando, contra todo pronóstico, Sánchez gana la moción de censura contra Mariano Rajoy y se ve obligado a conformar un gabinete ministerial a toda prisa. Robles, que era su mano derecha en el Congreso y le había demostrado una «lealtad profunda» que algunos ponen en duda, tenía todas las papeletas para ocupar un puesto importante en el nuevo Ejecutivo. Se quedó, tras exigir recuperar las competencias del hoy vilipendiado Centro Nacional de Inteligencia (CNI), con el Ministerio de Defensa. Precisamente tener bajo su mando ese organismo le da acceso a mucha información de su jefe.Pero la sorpresa saltó con el fichaje de Fernando Grande-Marlaska para ser ministro del Interior. Aunque el vasco afincado en Madrid tenía un gran currículum en la lucha contra el terrorismo de ETA, llegó al CGPJ de la mano del Partido Popular. Y nadie sabía de su cercanía al flamante recién elegido presidente del Gobierno. Horas después de la toma de posesión de ambos, a principios del mes de junio, Robles y Marlaska mantuvieron la primera gran bronca como compañeros de trabajo a cuenta del nombramiento del director de la Guardia Civil. Al ser un cuerpo militar, la titular de Defensa logró colar a su amigo Felix Azón como máximo responsable del Instituto Armado. Tres años después, al ser refrendado en el cargo, Marlaska logró desplazarlo. Ahora Marlaska tiene un mayor control de la Benemérita, que investiga a la esposa de Sánchez y a su entorno más íntimo.Los choques previos a CeutaLa existencia o no de avisos de lo que acabó ocurriendo en Ceuta los días 30 y 31 de julio es el desencadenante de una enemistad manifiesta. Era habitual escuchar en privado como ambos ministros se lanzaban pullas. Pero hacerlo en público, en sede parlamentaria, auspiciando un comunicado con el membrete del Gobierno contra una ministra de ese Gobierno, no era nada habitual. De hecho, ha sido traspasar una línea roja importante.Los desencuentros, aparte del reciente por la gestión de la información previa al asalto, se han reproducido durante distintas emergencias. Esas tiranteces aparecen especialmente cuando Interior y Defensa tienen que coordinar Policía, Guardia Civil, Fuerzas Armadas, protección civil e inteligencia. La relación se ha caracterizado por discrepancias sobre quién debe asumir determinadas responsabilidades y cómo debe organizarse la respuesta del Estado.En varias de esas crisis, como en la del hantavirus en Tenerife o en los incendios de la sierre oeste de Madrid y Ávila, la ministra de Defensa ha quedado apartada de todo el mando de dirección de la emergencia. Una decisión incomprensible, teniendo en cuenta que han sido las distintas unidades de las Fuerzas Armadas, tanto las terrestres como el Ejército del Aire y del Espacio y la UME, las que han llevado el peso de la gestión.El papel de Sánchez entre ellosLa relación entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska es «irreconciliable». Eso es lo que dicen personas de su entorno que les conocen bien y que comparten muchas horas con ellos. Pero mientras sigan formando parte de un mismo Consejo de Ministros, ambos tienen que cohabitar dentro de una lealtad institucional que esta semana ha saltado por los aires. Y eso preocupa sobremanera en el Partido Socialista.El «bochornoso espectáculo» que «hemos visto durante las últimas horas», con reproches entre ellos y una sensación de «batalla campal» dentro del propio Ejecutivo, no ha gustado en las filas del PSOE. Y aunque casi nadie que no se juegue algo en esto -que los hay como Ángel Víctor Torres- no defiendan ni a un ministro ni al otro, teniendo en cuenta que con ellos no hay una relación orgánica especial, muchos señalan a Sánchez.Entre altos cargos del Gobierno y del partido circula el mensaje de que «el presidente es el responsable de garantizar, como principal garante de la institución, que dos ministros no sometan al Gobierno de la nación a un espectáculo tan bochornoso como el que hemos visto». «El liderazgo también es eso, se demuestra cuando hay crisis a solucionar en España, no solo tratando de liderar respuestas internacionales que está muy bien», indica otro dirigente, que dice con firmeza que «a veces hay que conocer más a tu país antes de querer conocer el resto». Son los dos ministros más longevos -junto a Luis Planas- del gabinete de Pedro Sánchez. Llevan desde 2018 al frente de las carteras de Defensa e Interior, dos de los ministerios considerados de Estado y con un peso político importante. Pero ni Margarita Robles ni Fernando Grande-Marlaska son afiliados al Partido Socialista.Ambos dirigentes políticos se conocieron hace ya varias décadas, cuando los dos ostentaban altas responsabilidades en la judicatura, a lado de la madrileña Plaza de la Villa de París. Robles era vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) cuando Marlaska, al que entrevistó, logró la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Un tiempo más tarde, el recién elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, llamó a la magistrada Robles para ofrecerle ser la candidata a la alcaldía de Madrid. Rechazó el ofrecimiento. Pero la jueza sí aceptó, en 2016, ir de número dos de la lista socialista por la Comunidad de Madrid al Congreso de los Diputados. Iba a hacer tándem con Sánchez. Fue el inicio de una de las relaciones profesionales más longevas del hoy presidente.El desembarco de Margarita Robles en la Cámara Baja fue por todo lo alto. La renuncia de Pedro Sánchez al escaño para no avalar la investidura de Mariano Rajoy dejó a una independiente -con experiencia de gestión política durante los gobiernos de Felipe González-, al frente del grupo parlamentario socialista. En ese mismo periodo Marlaska abandonaba la Audiencia Nacional para ir al Consejo General del Poder Judicial que Robles había dejado atrás para volver al ruedo político.La entrada en el GobiernoAunque la relación entre ambos no ha sido nunca especialmente buena, según fuentes del entorno de ambos, las cosas se acabaron de torcer en 2018, cuando, contra todo pronóstico, Sánchez gana la moción de censura contra Mariano Rajoy y se ve obligado a conformar un gabinete ministerial a toda prisa. Robles, que era su mano derecha en el Congreso y le había demostrado una «lealtad profunda» que algunos ponen en duda, tenía todas las papeletas para ocupar un puesto importante en el nuevo Ejecutivo. Se quedó, tras exigir recuperar las competencias del hoy vilipendiado Centro Nacional de Inteligencia (CNI), con el Ministerio de Defensa. Precisamente tener bajo su mando ese organismo le da acceso a mucha información de su jefe.Pero la sorpresa saltó con el fichaje de Fernando Grande-Marlaska para ser ministro del Interior. Aunque el vasco afincado en Madrid tenía un gran currículum en la lucha contra el terrorismo de ETA, llegó al CGPJ de la mano del Partido Popular. Y nadie sabía de su cercanía al flamante recién elegido presidente del Gobierno. Horas después de la toma de posesión de ambos, a principios del mes de junio, Robles y Marlaska mantuvieron la primera gran bronca como compañeros de trabajo a cuenta del nombramiento del director de la Guardia Civil. Al ser un cuerpo militar, la titular de Defensa logró colar a su amigo Felix Azón como máximo responsable del Instituto Armado. Tres años después, al ser refrendado en el cargo, Marlaska logró desplazarlo. Ahora Marlaska tiene un mayor control de la Benemérita, que investiga a la esposa de Sánchez y a su entorno más íntimo.Los choques previos a CeutaLa existencia o no de avisos de lo que acabó ocurriendo en Ceuta los días 30 y 31 de julio es el desencadenante de una enemistad manifiesta. Era habitual escuchar en privado como ambos ministros se lanzaban pullas. Pero hacerlo en público, en sede parlamentaria, auspiciando un comunicado con el membrete del Gobierno contra una ministra de ese Gobierno, no era nada habitual. De hecho, ha sido traspasar una línea roja importante.Los desencuentros, aparte del reciente por la gestión de la información previa al asalto, se han reproducido durante distintas emergencias. Esas tiranteces aparecen especialmente cuando Interior y Defensa tienen que coordinar Policía, Guardia Civil, Fuerzas Armadas, protección civil e inteligencia. La relación se ha caracterizado por discrepancias sobre quién debe asumir determinadas responsabilidades y cómo debe organizarse la respuesta del Estado.En varias de esas crisis, como en la del hantavirus en Tenerife o en los incendios de la sierre oeste de Madrid y Ávila, la ministra de Defensa ha quedado apartada de todo el mando de dirección de la emergencia. Una decisión incomprensible, teniendo en cuenta que han sido las distintas unidades de las Fuerzas Armadas, tanto las terrestres como el Ejército del Aire y del Espacio y la UME, las que han llevado el peso de la gestión.El papel de Sánchez entre ellosLa relación entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska es «irreconciliable». Eso es lo que dicen personas de su entorno que les conocen bien y que comparten muchas horas con ellos. Pero mientras sigan formando parte de un mismo Consejo de Ministros, ambos tienen que cohabitar dentro de una lealtad institucional que esta semana ha saltado por los aires. Y eso preocupa sobremanera en el Partido Socialista.El «bochornoso espectáculo» que «hemos visto durante las últimas horas», con reproches entre ellos y una sensación de «batalla campal» dentro del propio Ejecutivo, no ha gustado en las filas del PSOE. Y aunque casi nadie que no se juegue algo en esto -que los hay como Ángel Víctor Torres- no defiendan ni a un ministro ni al otro, teniendo en cuenta que con ellos no hay una relación orgánica especial, muchos señalan a Sánchez.Entre altos cargos del Gobierno y del partido circula el mensaje de que «el presidente es el responsable de garantizar, como principal garante de la institución, que dos ministros no sometan al Gobierno de la nación a un espectáculo tan bochornoso como el que hemos visto». «El liderazgo también es eso, se demuestra cuando hay crisis a solucionar en España, no solo tratando de liderar respuestas internacionales que está muy bien», indica otro dirigente, que dice con firmeza que «a veces hay que conocer más a tu país antes de querer conocer el resto». RSS de noticias de espana
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