Es cierto, que Cuvillo no lidió en Colmenar , precisamente, la mejor corrida de su temporada, pero no lo es menos que varios de los ejemplares de la divisa gaditana, tuvieron buena condición, apuntaron calidad, y permitieron expresarse a sus lidiadores. Sucedió que al lote procedente de El Grullo le faltó chispa, transmisión, como se dice en el argot, para que el espectáculo tuviera un desarrollo exitoso. Los fallos con el acero, y la falta de paladar del público colmenareño, que todo hay que decirlo, hicieron el resto.Porque, por ejemplo, Juan Ortega tuvo una tarde muy torera. Desde el saludo, capotero, farol de rodillas incluido, al que hizo segundo, un jabonero corto de manos, de muy buenas hechuras, al que luego bordó un quite por delantales. Se vino el de Cuvillo a menos en el último tercio, y los muletazos de Ortega, apenas trascendieron.Tuvo más importancia la faena al quinto, un animal que tuvo calidad y clase en su embestida y que permitió una faena de Ortega construida con tacto y delicadeza. Una obra que hubiera sido valorada en plazas donde el toreo se siente, y se paladea. Pongan ustedes el ejemplo que quieran. Con todo, seguramente le hubieran pedido una oreja si hubiera matado al toro con pericia.Otra oreja pudo haber cortado Pablo Aguado del que hizo sexto, un animal que, sin la calidad de sus hermanos, en cambio, contó una virtud de la que carecieron estos: movilidad. Como el de Cuvillo se «meneó», la obra de Aguado llegó más al tendido, sobre todo el inicio y algunos naturales que tuvieron compostura y buen dibujo. A la hora de entrar a matar, sin embargo, el astado le sorprendió, y el torero, en lugar de volverlo a cuadrar, decidió meter el brazo, la espada se fue al sótano y le pidió sumar un trofeo que al menos hubiera maquillado el resultado del espectáculo.Colmenar Viejo Plaza de toros de La Corredera Lunes, 31 de agosto de 2026. Casi tres cuartos. Toros de Núñez del Cuvillo, de buenas hechuras, distinta tipología, nobles, con calidad, y medidos de empuje. Más deslucido el tercero. El sexto tuvo más movilidad y transmisión. Alejandro Talavante, de azul pavo y oro: pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio); estocada baja (silencio). Juan Ortega, de maquillaje y oro: cuatro pinchazos y estocada (silencio); estocada perpendicular y dos descabellos (ovación tras aviso). Pablo Aguado, de canela y oro: pinchazo y estocada casi entera (silencio); estocada baja (silencio tras aviso). Saludó en banderillas Iván García.En primer lugar, se topó Aguado con el animal más deslucido del festejo, el más serio también, con el que nunca se descompuso, lo intentó pese a los derrotes y la bruta acometida del animal, pero tampoco lo mató bien. Abrió plaza Talamante, con un ejemplar colorado que sirvió, y al que el extremeño, muleteo con limpieza y reposo en una labor que quizá se vio demasiado fácil desde el tendido. No trascendió, como tampoco lo hizo su obra ante el cuarto, un animal más reservón, al que le buscó el fondo con paciencia el torero, pero sin ningún eco. Es cierto, que Cuvillo no lidió en Colmenar , precisamente, la mejor corrida de su temporada, pero no lo es menos que varios de los ejemplares de la divisa gaditana, tuvieron buena condición, apuntaron calidad, y permitieron expresarse a sus lidiadores. Sucedió que al lote procedente de El Grullo le faltó chispa, transmisión, como se dice en el argot, para que el espectáculo tuviera un desarrollo exitoso. Los fallos con el acero, y la falta de paladar del público colmenareño, que todo hay que decirlo, hicieron el resto.Porque, por ejemplo, Juan Ortega tuvo una tarde muy torera. Desde el saludo, capotero, farol de rodillas incluido, al que hizo segundo, un jabonero corto de manos, de muy buenas hechuras, al que luego bordó un quite por delantales. Se vino el de Cuvillo a menos en el último tercio, y los muletazos de Ortega, apenas trascendieron.Tuvo más importancia la faena al quinto, un animal que tuvo calidad y clase en su embestida y que permitió una faena de Ortega construida con tacto y delicadeza. Una obra que hubiera sido valorada en plazas donde el toreo se siente, y se paladea. Pongan ustedes el ejemplo que quieran. Con todo, seguramente le hubieran pedido una oreja si hubiera matado al toro con pericia.Otra oreja pudo haber cortado Pablo Aguado del que hizo sexto, un animal que, sin la calidad de sus hermanos, en cambio, contó una virtud de la que carecieron estos: movilidad. Como el de Cuvillo se «meneó», la obra de Aguado llegó más al tendido, sobre todo el inicio y algunos naturales que tuvieron compostura y buen dibujo. A la hora de entrar a matar, sin embargo, el astado le sorprendió, y el torero, en lugar de volverlo a cuadrar, decidió meter el brazo, la espada se fue al sótano y le pidió sumar un trofeo que al menos hubiera maquillado el resultado del espectáculo.Colmenar Viejo Plaza de toros de La Corredera Lunes, 31 de agosto de 2026. Casi tres cuartos. Toros de Núñez del Cuvillo, de buenas hechuras, distinta tipología, nobles, con calidad, y medidos de empuje. Más deslucido el tercero. El sexto tuvo más movilidad y transmisión. Alejandro Talavante, de azul pavo y oro: pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio); estocada baja (silencio). Juan Ortega, de maquillaje y oro: cuatro pinchazos y estocada (silencio); estocada perpendicular y dos descabellos (ovación tras aviso). Pablo Aguado, de canela y oro: pinchazo y estocada casi entera (silencio); estocada baja (silencio tras aviso). Saludó en banderillas Iván García.En primer lugar, se topó Aguado con el animal más deslucido del festejo, el más serio también, con el que nunca se descompuso, lo intentó pese a los derrotes y la bruta acometida del animal, pero tampoco lo mató bien. Abrió plaza Talamante, con un ejemplar colorado que sirvió, y al que el extremeño, muleteo con limpieza y reposo en una labor que quizá se vio demasiado fácil desde el tendido. No trascendió, como tampoco lo hizo su obra ante el cuarto, un animal más reservón, al que le buscó el fondo con paciencia el torero, pero sin ningún eco. Es cierto, que Cuvillo no lidió en Colmenar , precisamente, la mejor corrida de su temporada, pero no lo es menos que varios de los ejemplares de la divisa gaditana, tuvieron buena condición, apuntaron calidad, y permitieron expresarse a sus lidiadores. Sucedió que al lote procedente de El Grullo le faltó chispa, transmisión, como se dice en el argot, para que el espectáculo tuviera un desarrollo exitoso. Los fallos con el acero, y la falta de paladar del público colmenareño, que todo hay que decirlo, hicieron el resto.Porque, por ejemplo, Juan Ortega tuvo una tarde muy torera. Desde el saludo, capotero, farol de rodillas incluido, al que hizo segundo, un jabonero corto de manos, de muy buenas hechuras, al que luego bordó un quite por delantales. Se vino el de Cuvillo a menos en el último tercio, y los muletazos de Ortega, apenas trascendieron.Tuvo más importancia la faena al quinto, un animal que tuvo calidad y clase en su embestida y que permitió una faena de Ortega construida con tacto y delicadeza. Una obra que hubiera sido valorada en plazas donde el toreo se siente, y se paladea. Pongan ustedes el ejemplo que quieran. Con todo, seguramente le hubieran pedido una oreja si hubiera matado al toro con pericia.Otra oreja pudo haber cortado Pablo Aguado del que hizo sexto, un animal que, sin la calidad de sus hermanos, en cambio, contó una virtud de la que carecieron estos: movilidad. Como el de Cuvillo se «meneó», la obra de Aguado llegó más al tendido, sobre todo el inicio y algunos naturales que tuvieron compostura y buen dibujo. A la hora de entrar a matar, sin embargo, el astado le sorprendió, y el torero, en lugar de volverlo a cuadrar, decidió meter el brazo, la espada se fue al sótano y le pidió sumar un trofeo que al menos hubiera maquillado el resultado del espectáculo.Colmenar Viejo Plaza de toros de La Corredera Lunes, 31 de agosto de 2026. Casi tres cuartos. Toros de Núñez del Cuvillo, de buenas hechuras, distinta tipología, nobles, con calidad, y medidos de empuje. Más deslucido el tercero. El sexto tuvo más movilidad y transmisión. Alejandro Talavante, de azul pavo y oro: pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio); estocada baja (silencio). Juan Ortega, de maquillaje y oro: cuatro pinchazos y estocada (silencio); estocada perpendicular y dos descabellos (ovación tras aviso). Pablo Aguado, de canela y oro: pinchazo y estocada casi entera (silencio); estocada baja (silencio tras aviso). Saludó en banderillas Iván García.En primer lugar, se topó Aguado con el animal más deslucido del festejo, el más serio también, con el que nunca se descompuso, lo intentó pese a los derrotes y la bruta acometida del animal, pero tampoco lo mató bien. Abrió plaza Talamante, con un ejemplar colorado que sirvió, y al que el extremeño, muleteo con limpieza y reposo en una labor que quizá se vio demasiado fácil desde el tendido. No trascendió, como tampoco lo hizo su obra ante el cuarto, un animal más reservón, al que le buscó el fondo con paciencia el torero, pero sin ningún eco. RSS de noticias de cultura
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