No sé vosotros, pero yo me quedo colgada cuando encuentro una incógnita horrible pisando fuerte en la habitación; se convierte en el elefante capaz de desvelarme en la noche, aunque, como decía el poeta Paul Éluard, siempre vendrá el alba para disolver a los monstruos. La incertidumbre es tan incómoda como una señorita de compañía no solicitada. Ha llegado una nueva versión remasterizada del fin del mundo, una advertencia de que todo va muy deprisa y que chocaremos si no se toman las medidas pertinentes. Desde el Pantocrátor atemorizando con sus deditos al alza a los fieles, poca cosa ha cambiado: guerra fría o nuclear, el efecto 2000, la vuelta a los escenarios de Il Divo… La Humanidad ya no sabe cómo rubricar cada cierto tiempo un final reciclado con suficiente épica, aunque yo lo imagino bajo las órdenes cipotudas de Christopher Nolan.
La incertidumbre es tan incómoda como una señorita de compañía no solicitada
No sé vosotros, pero yo me quedo colgada cuando encuentro una incógnita horrible pisando fuerte en la habitación; se convierte en el elefante capaz de desvelarme en la noche, aunque, como decía el poeta Paul Éluard, siempre vendrá el alba para disolver a los monstruos. La incertidumbre es tan incómoda como una señorita de compañía no solicitada. Ha llegado una nueva versión remasterizada del fin del mundo, una advertencia de que todo va muy deprisa y que chocaremos si no se toman las medidas pertinentes. Desde el Pantocrátor atemorizando con sus deditos al alza a los fieles, poca cosa ha cambiado: guerra fría o nuclear, el efecto 2000, la vuelta a los escenarios de Il Divo… La Humanidad ya no sabe cómo rubricar cada cierto tiempo un final reciclado con suficiente épica, aunque yo lo imagino bajo las órdenes cipotudas de Christopher Nolan.
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