Tras incendios de gran magnitud como el registrado en Niebla durante este verano, una de las primeras decisiones que suelen repetirse es la necesidad de «limpiar el monte» . Alberto Puig Higuera (miembro de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía) considera que este planteamiento generalizado reduce un fenómeno que define como de «máxima complejidad multifactorial». A su parecer, la ecuación que explica los incendios forestales es mucho más compleja y también lo son sus posibles soluciones.El biólogo asegura que hablar de «monte limpio» o «monte sucio» responde más a un pensamiento tradicional que a criterios ecológicos. Desde un punto de vista técnico, un espacio natural debe analizarse por su estado de conservación, degradación o por su evolución ecológica, pero no en función de si parece más o menos despejado. « No tiene sentido técnico ni científico hablar de si está limpio o sucio», resume.La prevención de incendios debe basarse en la complejidad de los ecosistemas andaluces y tener en cuenta la ecología de cada territorio. El hecho de aplicar soluciones de forma igual sobre grandes terrenos puede terminar perjudicando precisamente los sistemas naturales que se pretende proteger.Un bosque natural no necesita estar despejadoAlberto Puig pone como ejemplo el bosque mediterráneo o atlántico maduro. Cuando alcanza su óptimo ecológico, explica, conviven en él distintos estratos de vegetación : herbáceo, subarbustivo, arbustivo y arbóreo. Esa heterogeneidad, con zonas más abiertas y otras más densas, forma parte de su funcionamiento natural. De ahí una de sus afirmaciones más llamativas: «Un bosque natural «ideal», con sus zonas claras y zonas densas, tiene que estar «sucio»». Con ello no reivindica el abandono , sino que cuestiona la idea de que toda vegetación baja, rama seca o matorral deba eliminarse sistemáticamente. En un bosque bien conservado, señala, apenas debería ser necesaria la intervención humana y no serían precisos ni grandes desbroces ni la incorporación de animales herbívoros ajenos al propio ecosistema. El problema, por tanto, no es decidir de forma genérica si hay que retirar o no combustible vegetal, sino determinar en qué lugares es necesaria la intervención y en cuáles puede resultar contraproducente.Dónde sí es necesario actuar para prevenir incendiosFuera de los montes mejor conservados, el biólogo reconoce que buena parte del paisaje andaluz está formado por masas vegetales muy diferentes , con espacios rurales y naturales fragmentados y mezclados entre sí. En estos territorios, explica, sí puede ser necesario intervenir y manejar la vegetación.También asegura que hay que prestar atención a las zonas en las que viviendas, cortijos, naves agrícolas o núcleos de población colindan con pinares, matorrales o masas forestales. El biólogo advierte de que en estas zonas el riesgo de incendio aumenta considerablemente y que la prioridad debe ser la autoprotección comunitaria.Es precisamente en estos puntos donde considera adecuado realizar «limpieza de vegetación» , creando discontinuidades verticales y horizontales que dificulten la propagación del fuego. A estas actuaciones añade otras medidas como mejorar la geolocalización, tener caminos suficientemente anchos o reforzar la señalización.Paisaje de Niebla tras los incendios del verano en 2026Ganadería y actividad rural frente al fuegoEl biólogo ambiental también rechaza convertir la ganadería extensiva en otra solución universal. Para el experto, pensar que basta con introducir rebaños en los montes vuelve a simplificar un problema que necesita respuestas adaptadas a cada territorio.También considera que es más importante evitar aquellas prácticas agrícolas, ganaderas y forestales imprudentes o negligentes que se sitúandetrás de buena parte de los incendios en Andalucía. Su planteamiento se resume en una idea sencilla: «Si no hay causa, no hay incendios» . Al mismo tiempo, apuesta por impulsar la producción de corcho, setas, miel, plantas aromáticas, resinas, artesanía, caza, pesca, ganadería o quesos para mantener la actividad económica y presencia humana en los espacios rurales.No existen recetas simples contra los incendiosAl preguntarle sobre si habría que corregir alguna idea errónea sobre los incendios forestales, Alberto Puig elegiría precisamente la creencia de que pueden resolverse mediante «recetas simples e inmediatas». Los incendios, sostiene, son fenómenos extraordinariamente complejos que afectan a paisajes forestales, naturales y zonas de interfaz de características muy diferentes. Por eso defiende que la prevención debe diseñarse de forma local y comarcal, adaptándose a las particularidades de cada territorio y a la población que vive en él. La conclusión vuelve al punto de partida de la entrevista: no existe una respuesta válida para todos los montes. «En algunos espacios naturales en riesgo habrá que «limpiar», pero en otros, en la mayoría, lo contrario: habrá que revegetar », explica. Tras incendios de gran magnitud como el registrado en Niebla durante este verano, una de las primeras decisiones que suelen repetirse es la necesidad de «limpiar el monte» . Alberto Puig Higuera (miembro de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía) considera que este planteamiento generalizado reduce un fenómeno que define como de «máxima complejidad multifactorial». A su parecer, la ecuación que explica los incendios forestales es mucho más compleja y también lo son sus posibles soluciones.El biólogo asegura que hablar de «monte limpio» o «monte sucio» responde más a un pensamiento tradicional que a criterios ecológicos. Desde un punto de vista técnico, un espacio natural debe analizarse por su estado de conservación, degradación o por su evolución ecológica, pero no en función de si parece más o menos despejado. « No tiene sentido técnico ni científico hablar de si está limpio o sucio», resume.La prevención de incendios debe basarse en la complejidad de los ecosistemas andaluces y tener en cuenta la ecología de cada territorio. El hecho de aplicar soluciones de forma igual sobre grandes terrenos puede terminar perjudicando precisamente los sistemas naturales que se pretende proteger.Un bosque natural no necesita estar despejadoAlberto Puig pone como ejemplo el bosque mediterráneo o atlántico maduro. Cuando alcanza su óptimo ecológico, explica, conviven en él distintos estratos de vegetación : herbáceo, subarbustivo, arbustivo y arbóreo. Esa heterogeneidad, con zonas más abiertas y otras más densas, forma parte de su funcionamiento natural. De ahí una de sus afirmaciones más llamativas: «Un bosque natural «ideal», con sus zonas claras y zonas densas, tiene que estar «sucio»». Con ello no reivindica el abandono , sino que cuestiona la idea de que toda vegetación baja, rama seca o matorral deba eliminarse sistemáticamente. En un bosque bien conservado, señala, apenas debería ser necesaria la intervención humana y no serían precisos ni grandes desbroces ni la incorporación de animales herbívoros ajenos al propio ecosistema. El problema, por tanto, no es decidir de forma genérica si hay que retirar o no combustible vegetal, sino determinar en qué lugares es necesaria la intervención y en cuáles puede resultar contraproducente.Dónde sí es necesario actuar para prevenir incendiosFuera de los montes mejor conservados, el biólogo reconoce que buena parte del paisaje andaluz está formado por masas vegetales muy diferentes , con espacios rurales y naturales fragmentados y mezclados entre sí. En estos territorios, explica, sí puede ser necesario intervenir y manejar la vegetación.También asegura que hay que prestar atención a las zonas en las que viviendas, cortijos, naves agrícolas o núcleos de población colindan con pinares, matorrales o masas forestales. El biólogo advierte de que en estas zonas el riesgo de incendio aumenta considerablemente y que la prioridad debe ser la autoprotección comunitaria.Es precisamente en estos puntos donde considera adecuado realizar «limpieza de vegetación» , creando discontinuidades verticales y horizontales que dificulten la propagación del fuego. A estas actuaciones añade otras medidas como mejorar la geolocalización, tener caminos suficientemente anchos o reforzar la señalización.Paisaje de Niebla tras los incendios del verano en 2026Ganadería y actividad rural frente al fuegoEl biólogo ambiental también rechaza convertir la ganadería extensiva en otra solución universal. Para el experto, pensar que basta con introducir rebaños en los montes vuelve a simplificar un problema que necesita respuestas adaptadas a cada territorio.También considera que es más importante evitar aquellas prácticas agrícolas, ganaderas y forestales imprudentes o negligentes que se sitúandetrás de buena parte de los incendios en Andalucía. Su planteamiento se resume en una idea sencilla: «Si no hay causa, no hay incendios» . Al mismo tiempo, apuesta por impulsar la producción de corcho, setas, miel, plantas aromáticas, resinas, artesanía, caza, pesca, ganadería o quesos para mantener la actividad económica y presencia humana en los espacios rurales.No existen recetas simples contra los incendiosAl preguntarle sobre si habría que corregir alguna idea errónea sobre los incendios forestales, Alberto Puig elegiría precisamente la creencia de que pueden resolverse mediante «recetas simples e inmediatas». Los incendios, sostiene, son fenómenos extraordinariamente complejos que afectan a paisajes forestales, naturales y zonas de interfaz de características muy diferentes. Por eso defiende que la prevención debe diseñarse de forma local y comarcal, adaptándose a las particularidades de cada territorio y a la población que vive en él. La conclusión vuelve al punto de partida de la entrevista: no existe una respuesta válida para todos los montes. «En algunos espacios naturales en riesgo habrá que «limpiar», pero en otros, en la mayoría, lo contrario: habrá que revegetar », explica. Tras incendios de gran magnitud como el registrado en Niebla durante este verano, una de las primeras decisiones que suelen repetirse es la necesidad de «limpiar el monte» . Alberto Puig Higuera (miembro de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía) considera que este planteamiento generalizado reduce un fenómeno que define como de «máxima complejidad multifactorial». A su parecer, la ecuación que explica los incendios forestales es mucho más compleja y también lo son sus posibles soluciones.El biólogo asegura que hablar de «monte limpio» o «monte sucio» responde más a un pensamiento tradicional que a criterios ecológicos. Desde un punto de vista técnico, un espacio natural debe analizarse por su estado de conservación, degradación o por su evolución ecológica, pero no en función de si parece más o menos despejado. « No tiene sentido técnico ni científico hablar de si está limpio o sucio», resume.La prevención de incendios debe basarse en la complejidad de los ecosistemas andaluces y tener en cuenta la ecología de cada territorio. El hecho de aplicar soluciones de forma igual sobre grandes terrenos puede terminar perjudicando precisamente los sistemas naturales que se pretende proteger.Un bosque natural no necesita estar despejadoAlberto Puig pone como ejemplo el bosque mediterráneo o atlántico maduro. Cuando alcanza su óptimo ecológico, explica, conviven en él distintos estratos de vegetación : herbáceo, subarbustivo, arbustivo y arbóreo. Esa heterogeneidad, con zonas más abiertas y otras más densas, forma parte de su funcionamiento natural. De ahí una de sus afirmaciones más llamativas: «Un bosque natural «ideal», con sus zonas claras y zonas densas, tiene que estar «sucio»». Con ello no reivindica el abandono , sino que cuestiona la idea de que toda vegetación baja, rama seca o matorral deba eliminarse sistemáticamente. En un bosque bien conservado, señala, apenas debería ser necesaria la intervención humana y no serían precisos ni grandes desbroces ni la incorporación de animales herbívoros ajenos al propio ecosistema. El problema, por tanto, no es decidir de forma genérica si hay que retirar o no combustible vegetal, sino determinar en qué lugares es necesaria la intervención y en cuáles puede resultar contraproducente.Dónde sí es necesario actuar para prevenir incendiosFuera de los montes mejor conservados, el biólogo reconoce que buena parte del paisaje andaluz está formado por masas vegetales muy diferentes , con espacios rurales y naturales fragmentados y mezclados entre sí. En estos territorios, explica, sí puede ser necesario intervenir y manejar la vegetación.También asegura que hay que prestar atención a las zonas en las que viviendas, cortijos, naves agrícolas o núcleos de población colindan con pinares, matorrales o masas forestales. El biólogo advierte de que en estas zonas el riesgo de incendio aumenta considerablemente y que la prioridad debe ser la autoprotección comunitaria.Es precisamente en estos puntos donde considera adecuado realizar «limpieza de vegetación» , creando discontinuidades verticales y horizontales que dificulten la propagación del fuego. A estas actuaciones añade otras medidas como mejorar la geolocalización, tener caminos suficientemente anchos o reforzar la señalización.Paisaje de Niebla tras los incendios del verano en 2026Ganadería y actividad rural frente al fuegoEl biólogo ambiental también rechaza convertir la ganadería extensiva en otra solución universal. Para el experto, pensar que basta con introducir rebaños en los montes vuelve a simplificar un problema que necesita respuestas adaptadas a cada territorio.También considera que es más importante evitar aquellas prácticas agrícolas, ganaderas y forestales imprudentes o negligentes que se sitúandetrás de buena parte de los incendios en Andalucía. Su planteamiento se resume en una idea sencilla: «Si no hay causa, no hay incendios» . Al mismo tiempo, apuesta por impulsar la producción de corcho, setas, miel, plantas aromáticas, resinas, artesanía, caza, pesca, ganadería o quesos para mantener la actividad económica y presencia humana en los espacios rurales.No existen recetas simples contra los incendiosAl preguntarle sobre si habría que corregir alguna idea errónea sobre los incendios forestales, Alberto Puig elegiría precisamente la creencia de que pueden resolverse mediante «recetas simples e inmediatas». Los incendios, sostiene, son fenómenos extraordinariamente complejos que afectan a paisajes forestales, naturales y zonas de interfaz de características muy diferentes. Por eso defiende que la prevención debe diseñarse de forma local y comarcal, adaptándose a las particularidades de cada territorio y a la población que vive en él. La conclusión vuelve al punto de partida de la entrevista: no existe una respuesta válida para todos los montes. «En algunos espacios naturales en riesgo habrá que «limpiar», pero en otros, en la mayoría, lo contrario: habrá que revegetar », explica. RSS de noticias de espana/andalucia
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