Los primeros años de vida de una persona son los más importantes a nivel mental. Esto se debe a que el cerebro alcanza el 80% de su tamaño adulto a los tres años y se forman millones de conexiones neuronales.Gran parte del comportamiento de los adultos vienen condiciones por lo que vivieron durante su infancia. Incluido el cariño y el afecto que expresan en sus relaciones personales.Así lo explica la psicóloga María Martín-Gamero en sus redes sociales. «Hay personas supercariñosas y otras que parece que tienen que pagar por dar un abrazo», afirma.La forma de expresar el cariñoLa psicóloga asegura que «la forma en la que expresamos cariño no es un rasgo fijo de nuestra personalidad, sino que puede estar muy relacionado con nuestra historia de apego».Es decir, Martín-Gamero explica que ser cariñoso o no puede depender de «cómo aprendimos a relacionarnos durante nuestra infancia». Y esto tiene que ver con el entorno más cercano.«Si has crecido en entornos donde el contacto físico, la vulnerabilidad, la validación eran lo habitual, para ti el afecto podrá sentirse como una fuente de seguridad, de conexión», sostiene.No obstante, en la personas que ha crecido con padres más fríos y un contacto físico menor, su «sistema nervioso aprendió a protegerse del rechazo o de la sobreestimulación reduciendo e incluso desconectando tu necesidad de afecto».Para la especialista, esto explica que el cariño puede ser «incómodo o invasivo» en algunas personas, en lugar de ser algo seguro. Por lo que deja claro que no mostrar cariño no significa que no le importes a a esa persona , pues se relaciona con el afecto «de una forma muy diferente».«Esto también puede explicar por qué a veces dos personas se quieren y sienten que hablan lenguajes afectivos completamente diferentes. Entender esto puede cambiar muchísimo la forma en la que interpretamos lo que ocurre en nuestros vínculos», concluye la experta. Los primeros años de vida de una persona son los más importantes a nivel mental. Esto se debe a que el cerebro alcanza el 80% de su tamaño adulto a los tres años y se forman millones de conexiones neuronales.Gran parte del comportamiento de los adultos vienen condiciones por lo que vivieron durante su infancia. Incluido el cariño y el afecto que expresan en sus relaciones personales.Así lo explica la psicóloga María Martín-Gamero en sus redes sociales. «Hay personas supercariñosas y otras que parece que tienen que pagar por dar un abrazo», afirma.La forma de expresar el cariñoLa psicóloga asegura que «la forma en la que expresamos cariño no es un rasgo fijo de nuestra personalidad, sino que puede estar muy relacionado con nuestra historia de apego».Es decir, Martín-Gamero explica que ser cariñoso o no puede depender de «cómo aprendimos a relacionarnos durante nuestra infancia». Y esto tiene que ver con el entorno más cercano.«Si has crecido en entornos donde el contacto físico, la vulnerabilidad, la validación eran lo habitual, para ti el afecto podrá sentirse como una fuente de seguridad, de conexión», sostiene.No obstante, en la personas que ha crecido con padres más fríos y un contacto físico menor, su «sistema nervioso aprendió a protegerse del rechazo o de la sobreestimulación reduciendo e incluso desconectando tu necesidad de afecto».Para la especialista, esto explica que el cariño puede ser «incómodo o invasivo» en algunas personas, en lugar de ser algo seguro. Por lo que deja claro que no mostrar cariño no significa que no le importes a a esa persona , pues se relaciona con el afecto «de una forma muy diferente».«Esto también puede explicar por qué a veces dos personas se quieren y sienten que hablan lenguajes afectivos completamente diferentes. Entender esto puede cambiar muchísimo la forma en la que interpretamos lo que ocurre en nuestros vínculos», concluye la experta. Los primeros años de vida de una persona son los más importantes a nivel mental. Esto se debe a que el cerebro alcanza el 80% de su tamaño adulto a los tres años y se forman millones de conexiones neuronales.Gran parte del comportamiento de los adultos vienen condiciones por lo que vivieron durante su infancia. Incluido el cariño y el afecto que expresan en sus relaciones personales.Así lo explica la psicóloga María Martín-Gamero en sus redes sociales. «Hay personas supercariñosas y otras que parece que tienen que pagar por dar un abrazo», afirma.La forma de expresar el cariñoLa psicóloga asegura que «la forma en la que expresamos cariño no es un rasgo fijo de nuestra personalidad, sino que puede estar muy relacionado con nuestra historia de apego».Es decir, Martín-Gamero explica que ser cariñoso o no puede depender de «cómo aprendimos a relacionarnos durante nuestra infancia». Y esto tiene que ver con el entorno más cercano.«Si has crecido en entornos donde el contacto físico, la vulnerabilidad, la validación eran lo habitual, para ti el afecto podrá sentirse como una fuente de seguridad, de conexión», sostiene.No obstante, en la personas que ha crecido con padres más fríos y un contacto físico menor, su «sistema nervioso aprendió a protegerse del rechazo o de la sobreestimulación reduciendo e incluso desconectando tu necesidad de afecto».Para la especialista, esto explica que el cariño puede ser «incómodo o invasivo» en algunas personas, en lugar de ser algo seguro. Por lo que deja claro que no mostrar cariño no significa que no le importes a a esa persona , pues se relaciona con el afecto «de una forma muy diferente».«Esto también puede explicar por qué a veces dos personas se quieren y sienten que hablan lenguajes afectivos completamente diferentes. Entender esto puede cambiar muchísimo la forma en la que interpretamos lo que ocurre en nuestros vínculos», concluye la experta. RSS de noticias de bienestar
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