Acilia Plecusa nació esclava, pero consiguió ser una de las mujeres más influyentes de la Bética romana allá por el siglo II después de Cristo. Le gustaba reconocerse como singiliense, es decir, nacida en Singilia Barba, a unos siete kilómetros de la actual Antequera (Málaga, 41.849 habitantes), donde fue muy relevante tras pasar de la esclavitud a la libertad y ejercer finalmente de respetable matrona. Su ciudad, en la que ella misma financió varias estatuas, tenía un tamaño mediano, pero contaba con poderío económico gracias a su fértil vega, repleta de olivos. Por eso tenía circo, foro, termas, edificios públicos y grandes mausoleos como en el que ella fue enterrada. También había un teatro que ha dado una gran alegría: una excavación ha constatado que la mayor parte de los sillares de su graderío están intactos, algo que se desconocía. Es como si hubieran quedado congelados en el tiempo durante 1.500 años, una auténtica rareza por su gran conservación y ausencia de expolio, según los investigadores.
Las primeras excavaciones en este yacimiento permiten comprobar que los sillares del recinto permanecen intactos y abren la puerta a un proyecto arqueológico de mayor envergadura
Acilia Plecusa nació esclava, pero consiguió ser una de las mujeres más influyentes de la Bética romana allá por el siglo II después de Cristo. Le gustaba reconocerse como singiliense, es decir, nacida en Singilia Barba, a unos siete kilómetros de la actual Antequera (Málaga, 41.849 habitantes), donde fue muy relevante tras pasar de la esclavitud a la libertad y ejercer finalmente de respetable matrona. Su ciudad, en la que ella misma financió varias estatuas, tenía un tamaño mediano, pero contaba con poderío económico gracias a su fértil vega, repleta de olivos. Por eso tenía circo, foro, termas, edificios públicos y grandes mausoleos como en el que ella fue enterrada. También había un teatro que ha dado una gran alegría: una excavación ha constatado que la mayor parte de los sillares de su graderío están intactos, algo que se desconocía. Es como si hubieran quedado congelados en el tiempo durante 1.500 años, una auténtica rareza por su gran conservación y ausencia de expolio, según los investigadores.
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