Un joven francés negro vestido de Napoleón durante la manifestación del 17 de octubre se ha convertido en una de las imágenes más virales de las protestas en Francia. La imagen del emperador, encarnada por un joven galo de origen migrante que reivindica uno de los emblemas de la historia de su país, contrasta con los discursos políticos que presentan la inmigración como una amenaza para la identidad nacional. Las protestas están siendo instrumentalizadas en este sentido no sólo por formaciones galas que han hecho de esta cuestión una de sus banderas ideológicas, sino también por muchos gobiernos adscritos a la derecha dura que vinculan directamente lo que está sucediendo en Francia a la inmigración. Pero tan cierto es este aprovechamiento de la situación como que existe una realidad insoslayable, el llamado problema de la inmigración en las periferias -el fenómeno de las banlieues-, ante el que los expertos denuncian hace muchos años la incapacidad para dar respuesta de las autoridades. Y el problema de segregación urbana, las dificultades de integración económica y las tensiones identitarias que aquejan a las periferias de las ciudades grandes y medianas en un país como Francia es innegable que vuelven a asomarse en el peor estallido violento de los últimos 20 años.
Las ‘banlieues’ se convierten en el epicentro del nuevo estallido social en el país galo
Un joven francés negro vestido de Napoleón durante la manifestación del 17 de octubre se ha convertido en una de las imágenes más virales de las protestas en Francia. La imagen del emperador, encarnada por un joven galo de origen migrante que reivindica uno de los emblemas de la historia de su país, contrasta con los discursos políticos que presentan la inmigración como una amenaza para la identidad nacional. Las protestas están siendo instrumentalizadas en este sentido no sólo por formaciones galas que han hecho de esta cuestión una de sus banderas ideológicas, sino también por muchos gobiernos adscritos a la derecha dura que vinculan directamente lo que está sucediendo en Francia a la inmigración. Pero tan cierto es este aprovechamiento de la situación como que existe una realidad insoslayable, el llamado problema de la inmigración en las periferias -el fenómeno de las banlieues-, ante el que los expertos denuncian hace muchos años la incapacidad para dar respuesta de las autoridades. Y el problema de segregación urbana, las dificultades de integración económica y las tensiones identitarias que aquejan a las periferias de las ciudades grandes y medianas en un país como Francia es innegable que vuelven a asomarse en el peor estallido violento de los últimos 20 años.
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