El título de la exposición de Abigail Lazkoz (Bilbao, 1972) en Azkuna Zentroa nos traslada a una ‘reflexión filosófica’ que puede resultar familiar: ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ parece una de esas descripciones que hacemos cuando no sabemos muy bien cómo nombrar algo, cómo definir a ese otro que causa familiaridad y al tiempo extrañeza; algo que nos produce rechazo y a la vez atracción. En esta reflexión a la que nos traslada la artista, no sabemos si debemos clasificar y definir cada cosa que nos rodea, física o emocionalmente, o dejar que se pierda en un todo extraño. Comisariada por Yara Sonseca, utiliza como punto de partida un relato de Kafka (‘Una cruza’) que, escrito en 1917, hizo comenzar a Lazkoz en el DA2 de Salamanca un trabajo que ahora se complementa con obras más recientes y ayuda a releer parte de las realizadas entonces. Algo que, en el contexto de esta muestra, ayuda a entender la meta reflexiva hacia la que nos pretende hacer llegar la artista.Si profundizamos en ello, nosotros mismos mutamos dependiendo del contexto al que nos enfrentamos cada día, intentando no perder la esencia de lo que somos. ¿O quizás sí? Somos expertos en mimetizarnos, en adoptar gestos, discursos, códigos de vestimenta y hasta opiniones para reconocernos en los demás y conseguir que estos nos reconozcan y sentirnos parte de un grupo. En las imágenes, de arriba abajo, las obras de Abigail Lazkoz «Toque de queda» (2001); fragmento de «Doraemon» (2011), y «Sirena» (2021)Una lectura que, precisamente hoy, viene al caso, pues es evidente que la polarización de los grupos lleva a muchos a posicionarse en lugares radicales que obligan a perder la diversidad, la riqueza individual y a quedar diluidos en una amalgama en la que perder esencia. La muestra de Lazkoz, que casi se asemeja a la revisión de un test de Rorschach, en blanco y negro, con el que interpretar imágenes, tiene una lectura positiva dentro de esta nebulosa de la que hablamos: nos invita a desconfiar de esa necesidad de encajar, a valorar lo positivo de lo que despunta entre formas que parecen diluir los límites. Al fin y al cabo, tampoco tenemos tan claro dónde termina el animal y empieza el humano, por mucho que nos guste pensar que hemos resuelto definitivamente la cuestión. Seguimos siendo animales sociales, contradictorios, capaces de comportarnos como un rebaño y, al tiempo, convencernos de que cada uno de nuestros movimientos responde a una decisión individual. Quizá, por eso, la criatura kafkiana nos resulte cercana: no es ni una cosa ni otra, y en esa indefinición hay algo más interesante que cualquier clasificación: en esa indefinición, en realidad, es donde encontramos nuestro punto común alejado de individualidades. arte_abc_0724Es así como también se construye la lectura en sala: el recorrido permite detenerse en esas relaciones, en obras de diferentes momentos que se encuentran con nuevas producciones, estableciendo conexiones que no dependen de una ordenación cronológica, de modo que el visitante puede diseñar su propio espacio de mímesis donde el dibujo se expande, cambia de escala y se relaciona con la arquitectura. Abigail Lazkoz ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ Lugar: Azkuna-Centroa (Bilbao) Dirección: Plaza Arriquibar, 4 Comisaria: Yara Sonseca Clausura: Hasta el 17 de enero de 2027 Valoración: ****Y lo hace de tal forma que las asociaciones que aparecen provienen absolutamente de su interpretación, sin más explicación, dejando que las obras despierten una reflexión personal gracias al lúcido trabajo de Sonseca, que mirar la obra de Lazkoz en una continuidad que deja que todas las piezas se conviertan en ese todo uno. El título de la exposición de Abigail Lazkoz (Bilbao, 1972) en Azkuna Zentroa nos traslada a una ‘reflexión filosófica’ que puede resultar familiar: ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ parece una de esas descripciones que hacemos cuando no sabemos muy bien cómo nombrar algo, cómo definir a ese otro que causa familiaridad y al tiempo extrañeza; algo que nos produce rechazo y a la vez atracción. En esta reflexión a la que nos traslada la artista, no sabemos si debemos clasificar y definir cada cosa que nos rodea, física o emocionalmente, o dejar que se pierda en un todo extraño. Comisariada por Yara Sonseca, utiliza como punto de partida un relato de Kafka (‘Una cruza’) que, escrito en 1917, hizo comenzar a Lazkoz en el DA2 de Salamanca un trabajo que ahora se complementa con obras más recientes y ayuda a releer parte de las realizadas entonces. Algo que, en el contexto de esta muestra, ayuda a entender la meta reflexiva hacia la que nos pretende hacer llegar la artista.Si profundizamos en ello, nosotros mismos mutamos dependiendo del contexto al que nos enfrentamos cada día, intentando no perder la esencia de lo que somos. ¿O quizás sí? Somos expertos en mimetizarnos, en adoptar gestos, discursos, códigos de vestimenta y hasta opiniones para reconocernos en los demás y conseguir que estos nos reconozcan y sentirnos parte de un grupo. En las imágenes, de arriba abajo, las obras de Abigail Lazkoz «Toque de queda» (2001); fragmento de «Doraemon» (2011), y «Sirena» (2021)Una lectura que, precisamente hoy, viene al caso, pues es evidente que la polarización de los grupos lleva a muchos a posicionarse en lugares radicales que obligan a perder la diversidad, la riqueza individual y a quedar diluidos en una amalgama en la que perder esencia. La muestra de Lazkoz, que casi se asemeja a la revisión de un test de Rorschach, en blanco y negro, con el que interpretar imágenes, tiene una lectura positiva dentro de esta nebulosa de la que hablamos: nos invita a desconfiar de esa necesidad de encajar, a valorar lo positivo de lo que despunta entre formas que parecen diluir los límites. Al fin y al cabo, tampoco tenemos tan claro dónde termina el animal y empieza el humano, por mucho que nos guste pensar que hemos resuelto definitivamente la cuestión. Seguimos siendo animales sociales, contradictorios, capaces de comportarnos como un rebaño y, al tiempo, convencernos de que cada uno de nuestros movimientos responde a una decisión individual. Quizá, por eso, la criatura kafkiana nos resulte cercana: no es ni una cosa ni otra, y en esa indefinición hay algo más interesante que cualquier clasificación: en esa indefinición, en realidad, es donde encontramos nuestro punto común alejado de individualidades. arte_abc_0724Es así como también se construye la lectura en sala: el recorrido permite detenerse en esas relaciones, en obras de diferentes momentos que se encuentran con nuevas producciones, estableciendo conexiones que no dependen de una ordenación cronológica, de modo que el visitante puede diseñar su propio espacio de mímesis donde el dibujo se expande, cambia de escala y se relaciona con la arquitectura. Abigail Lazkoz ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ Lugar: Azkuna-Centroa (Bilbao) Dirección: Plaza Arriquibar, 4 Comisaria: Yara Sonseca Clausura: Hasta el 17 de enero de 2027 Valoración: ****Y lo hace de tal forma que las asociaciones que aparecen provienen absolutamente de su interpretación, sin más explicación, dejando que las obras despierten una reflexión personal gracias al lúcido trabajo de Sonseca, que mirar la obra de Lazkoz en una continuidad que deja que todas las piezas se conviertan en ese todo uno. El título de la exposición de Abigail Lazkoz (Bilbao, 1972) en Azkuna Zentroa nos traslada a una ‘reflexión filosófica’ que puede resultar familiar: ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ parece una de esas descripciones que hacemos cuando no sabemos muy bien cómo nombrar algo, cómo definir a ese otro que causa familiaridad y al tiempo extrañeza; algo que nos produce rechazo y a la vez atracción. En esta reflexión a la que nos traslada la artista, no sabemos si debemos clasificar y definir cada cosa que nos rodea, física o emocionalmente, o dejar que se pierda en un todo extraño. Comisariada por Yara Sonseca, utiliza como punto de partida un relato de Kafka (‘Una cruza’) que, escrito en 1917, hizo comenzar a Lazkoz en el DA2 de Salamanca un trabajo que ahora se complementa con obras más recientes y ayuda a releer parte de las realizadas entonces. Algo que, en el contexto de esta muestra, ayuda a entender la meta reflexiva hacia la que nos pretende hacer llegar la artista.Si profundizamos en ello, nosotros mismos mutamos dependiendo del contexto al que nos enfrentamos cada día, intentando no perder la esencia de lo que somos. ¿O quizás sí? Somos expertos en mimetizarnos, en adoptar gestos, discursos, códigos de vestimenta y hasta opiniones para reconocernos en los demás y conseguir que estos nos reconozcan y sentirnos parte de un grupo. En las imágenes, de arriba abajo, las obras de Abigail Lazkoz «Toque de queda» (2001); fragmento de «Doraemon» (2011), y «Sirena» (2021)Una lectura que, precisamente hoy, viene al caso, pues es evidente que la polarización de los grupos lleva a muchos a posicionarse en lugares radicales que obligan a perder la diversidad, la riqueza individual y a quedar diluidos en una amalgama en la que perder esencia. La muestra de Lazkoz, que casi se asemeja a la revisión de un test de Rorschach, en blanco y negro, con el que interpretar imágenes, tiene una lectura positiva dentro de esta nebulosa de la que hablamos: nos invita a desconfiar de esa necesidad de encajar, a valorar lo positivo de lo que despunta entre formas que parecen diluir los límites. Al fin y al cabo, tampoco tenemos tan claro dónde termina el animal y empieza el humano, por mucho que nos guste pensar que hemos resuelto definitivamente la cuestión. Seguimos siendo animales sociales, contradictorios, capaces de comportarnos como un rebaño y, al tiempo, convencernos de que cada uno de nuestros movimientos responde a una decisión individual. Quizá, por eso, la criatura kafkiana nos resulte cercana: no es ni una cosa ni otra, y en esa indefinición hay algo más interesante que cualquier clasificación: en esa indefinición, en realidad, es donde encontramos nuestro punto común alejado de individualidades. arte_abc_0724Es así como también se construye la lectura en sala: el recorrido permite detenerse en esas relaciones, en obras de diferentes momentos que se encuentran con nuevas producciones, estableciendo conexiones que no dependen de una ordenación cronológica, de modo que el visitante puede diseñar su propio espacio de mímesis donde el dibujo se expande, cambia de escala y se relaciona con la arquitectura. Abigail Lazkoz ‘Cordero, mitad gato, casi perro’ Lugar: Azkuna-Centroa (Bilbao) Dirección: Plaza Arriquibar, 4 Comisaria: Yara Sonseca Clausura: Hasta el 17 de enero de 2027 Valoración: ****Y lo hace de tal forma que las asociaciones que aparecen provienen absolutamente de su interpretación, sin más explicación, dejando que las obras despierten una reflexión personal gracias al lúcido trabajo de Sonseca, que mirar la obra de Lazkoz en una continuidad que deja que todas las piezas se conviertan en ese todo uno. RSS de noticias de cultura
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