Entrar en el Museo del Romanticismo es como acceder a una capilla de Roberta Marrero (1972-2024). El lugar le pertenece y proclama su veneración. Por si alguien lo dudaba, en el ábside se alza un autorretrato de la artista como Joan Crawford que exclama: «It is Marrero, bitch!» («¡Es la Marrero, zorra!»). La identificación con la estrella de Hollywood no es solo estética –ambas comparten una mirada intensa y unos rasgos casi escultóricos–, el gesto condensa tres claves: la construcción activa de la propia mitología; el rostro como máscara protectora frente a la mirada ajena; y la apropiación de una imagen de villana que desborda el ideal femenino convencional. Hay en ello una voluntad de abrazar lo divino y lo grotesco. En su frente, una palabra: ARTE; en la cabellera, un mantra: «Have Your Own Voice» (ten tu propia voz); alrededor, conceptos recurrentes: miedo, punk, caos, 666… Junto al autorretrato, seis obras componen una sátira del sistema del arte: en una, la Sagrada Familia se convierte en alegoría de su mercado, con Jesús niño como artista pobre y clientes, galeristas y coleccionistas circulando por los cielos. La Virgen María dice: «El arte es una revelación», frase que reaparece en una escena protagonizada por Bambi, herido como San Sebastián. Los animales atravesados por flechas son habituales en Marrero; de ahí que la litofanía decimonónica de porcelana ‘La caza del ciervo’, expuesta al lado, encuentre un eco natural en su imaginario. Hay otros diálogos fecundos con piezas y motivos de la colección del museo: un oráculo, una mártir…De arriba abajo, detalle de los ‘collages’ titulados ‘San Sebastián’, ‘Self portrait with House on Fire’ y ‘Be an Artist. Die Young’ Roberta MarreroIconografía religiosa, cultura pop –por mucho que renegase de la eti- queta–, símbolos místicos, estética punk, camp y espíritu romántico se mezclan en un cóctel explosivo que excita y embelesa sin emborrachar. En sus vívidos ‘collages’ y dibujos apropiacionistas, A4, satánicos y poéticos, irónicos y afinados, hay un exceso armónico, valga la paradoja. El comisario, Julio Pérez Manzanares, articula el resto de las obras en cuatro núcleos temáticos que se contaminan entre sí: autorretratos, deseo, amor y muerte. Son los asuntos vertebrales de una producción alimentada por referentes de épocas y disciplinas diversas: Pizarnik, Genet y Rimbaud; Patti Smith, Bowie, Amy Winehouse, Michael Jackson y Madonna; Tom of Finland, Costus, Ocaña y Warhol; Divine, Marilyn y Elsa Lanchester, entre otros. arte_abc_0724Lo interesante es que estos referentes no son citas externas, sino voces incorporadas a su identidad. Sus ‘collages’ coreografían estrellas y antihéroes, travestis y proscritos, entre mensajes de una crudeza íntima y descarnada. «¿Quién quiere ser una sola cosa cuando puede ser miles?», pregunta en uno de sus poemas, expuesto junto a otro de Baudelaire que comienza: «¡Yo soy la herida y el cuchillo!». Roberta Marrero ‘Yo soy la navaja y la herida’ Lugar: Museo del Romanticismo (Madrid) Dirección: C/ San Mateo, 13 Comisario: Julio Pérez Manzanares Clausura: Hasta el 31 de enero de 2027 Valoración: ****En Marrero conviven el cuerpo flechado y la mano que dispara, la vulnerabilidad de quien recibe el golpe y la irreverencia de quien lo devuelve convertido en imagen. «Tanto desear tener un corazón para esto», llora el Hombre de Hojalata. En este templo pagano también acecha el reverso oscuro del dandismo romántico: la fascinación por la tragedia. En diálogo con el inquietante óleo de Eugenio Lucas ‘Alegoría del suicidio’, la obra ‘BAADY’ lanza una consigna que oscila entre la provocación y el presagio: «Be an Artist, Die Young». Entrar en el Museo del Romanticismo es como acceder a una capilla de Roberta Marrero (1972-2024). El lugar le pertenece y proclama su veneración. Por si alguien lo dudaba, en el ábside se alza un autorretrato de la artista como Joan Crawford que exclama: «It is Marrero, bitch!» («¡Es la Marrero, zorra!»). La identificación con la estrella de Hollywood no es solo estética –ambas comparten una mirada intensa y unos rasgos casi escultóricos–, el gesto condensa tres claves: la construcción activa de la propia mitología; el rostro como máscara protectora frente a la mirada ajena; y la apropiación de una imagen de villana que desborda el ideal femenino convencional. Hay en ello una voluntad de abrazar lo divino y lo grotesco. En su frente, una palabra: ARTE; en la cabellera, un mantra: «Have Your Own Voice» (ten tu propia voz); alrededor, conceptos recurrentes: miedo, punk, caos, 666… Junto al autorretrato, seis obras componen una sátira del sistema del arte: en una, la Sagrada Familia se convierte en alegoría de su mercado, con Jesús niño como artista pobre y clientes, galeristas y coleccionistas circulando por los cielos. La Virgen María dice: «El arte es una revelación», frase que reaparece en una escena protagonizada por Bambi, herido como San Sebastián. Los animales atravesados por flechas son habituales en Marrero; de ahí que la litofanía decimonónica de porcelana ‘La caza del ciervo’, expuesta al lado, encuentre un eco natural en su imaginario. Hay otros diálogos fecundos con piezas y motivos de la colección del museo: un oráculo, una mártir…De arriba abajo, detalle de los ‘collages’ titulados ‘San Sebastián’, ‘Self portrait with House on Fire’ y ‘Be an Artist. Die Young’ Roberta MarreroIconografía religiosa, cultura pop –por mucho que renegase de la eti- queta–, símbolos místicos, estética punk, camp y espíritu romántico se mezclan en un cóctel explosivo que excita y embelesa sin emborrachar. En sus vívidos ‘collages’ y dibujos apropiacionistas, A4, satánicos y poéticos, irónicos y afinados, hay un exceso armónico, valga la paradoja. El comisario, Julio Pérez Manzanares, articula el resto de las obras en cuatro núcleos temáticos que se contaminan entre sí: autorretratos, deseo, amor y muerte. Son los asuntos vertebrales de una producción alimentada por referentes de épocas y disciplinas diversas: Pizarnik, Genet y Rimbaud; Patti Smith, Bowie, Amy Winehouse, Michael Jackson y Madonna; Tom of Finland, Costus, Ocaña y Warhol; Divine, Marilyn y Elsa Lanchester, entre otros. arte_abc_0724Lo interesante es que estos referentes no son citas externas, sino voces incorporadas a su identidad. Sus ‘collages’ coreografían estrellas y antihéroes, travestis y proscritos, entre mensajes de una crudeza íntima y descarnada. «¿Quién quiere ser una sola cosa cuando puede ser miles?», pregunta en uno de sus poemas, expuesto junto a otro de Baudelaire que comienza: «¡Yo soy la herida y el cuchillo!». Roberta Marrero ‘Yo soy la navaja y la herida’ Lugar: Museo del Romanticismo (Madrid) Dirección: C/ San Mateo, 13 Comisario: Julio Pérez Manzanares Clausura: Hasta el 31 de enero de 2027 Valoración: ****En Marrero conviven el cuerpo flechado y la mano que dispara, la vulnerabilidad de quien recibe el golpe y la irreverencia de quien lo devuelve convertido en imagen. «Tanto desear tener un corazón para esto», llora el Hombre de Hojalata. En este templo pagano también acecha el reverso oscuro del dandismo romántico: la fascinación por la tragedia. En diálogo con el inquietante óleo de Eugenio Lucas ‘Alegoría del suicidio’, la obra ‘BAADY’ lanza una consigna que oscila entre la provocación y el presagio: «Be an Artist, Die Young». Entrar en el Museo del Romanticismo es como acceder a una capilla de Roberta Marrero (1972-2024). El lugar le pertenece y proclama su veneración. Por si alguien lo dudaba, en el ábside se alza un autorretrato de la artista como Joan Crawford que exclama: «It is Marrero, bitch!» («¡Es la Marrero, zorra!»). La identificación con la estrella de Hollywood no es solo estética –ambas comparten una mirada intensa y unos rasgos casi escultóricos–, el gesto condensa tres claves: la construcción activa de la propia mitología; el rostro como máscara protectora frente a la mirada ajena; y la apropiación de una imagen de villana que desborda el ideal femenino convencional. Hay en ello una voluntad de abrazar lo divino y lo grotesco. En su frente, una palabra: ARTE; en la cabellera, un mantra: «Have Your Own Voice» (ten tu propia voz); alrededor, conceptos recurrentes: miedo, punk, caos, 666… Junto al autorretrato, seis obras componen una sátira del sistema del arte: en una, la Sagrada Familia se convierte en alegoría de su mercado, con Jesús niño como artista pobre y clientes, galeristas y coleccionistas circulando por los cielos. La Virgen María dice: «El arte es una revelación», frase que reaparece en una escena protagonizada por Bambi, herido como San Sebastián. Los animales atravesados por flechas son habituales en Marrero; de ahí que la litofanía decimonónica de porcelana ‘La caza del ciervo’, expuesta al lado, encuentre un eco natural en su imaginario. Hay otros diálogos fecundos con piezas y motivos de la colección del museo: un oráculo, una mártir…De arriba abajo, detalle de los ‘collages’ titulados ‘San Sebastián’, ‘Self portrait with House on Fire’ y ‘Be an Artist. Die Young’ Roberta MarreroIconografía religiosa, cultura pop –por mucho que renegase de la eti- queta–, símbolos místicos, estética punk, camp y espíritu romántico se mezclan en un cóctel explosivo que excita y embelesa sin emborrachar. En sus vívidos ‘collages’ y dibujos apropiacionistas, A4, satánicos y poéticos, irónicos y afinados, hay un exceso armónico, valga la paradoja. El comisario, Julio Pérez Manzanares, articula el resto de las obras en cuatro núcleos temáticos que se contaminan entre sí: autorretratos, deseo, amor y muerte. Son los asuntos vertebrales de una producción alimentada por referentes de épocas y disciplinas diversas: Pizarnik, Genet y Rimbaud; Patti Smith, Bowie, Amy Winehouse, Michael Jackson y Madonna; Tom of Finland, Costus, Ocaña y Warhol; Divine, Marilyn y Elsa Lanchester, entre otros. arte_abc_0724Lo interesante es que estos referentes no son citas externas, sino voces incorporadas a su identidad. Sus ‘collages’ coreografían estrellas y antihéroes, travestis y proscritos, entre mensajes de una crudeza íntima y descarnada. «¿Quién quiere ser una sola cosa cuando puede ser miles?», pregunta en uno de sus poemas, expuesto junto a otro de Baudelaire que comienza: «¡Yo soy la herida y el cuchillo!». Roberta Marrero ‘Yo soy la navaja y la herida’ Lugar: Museo del Romanticismo (Madrid) Dirección: C/ San Mateo, 13 Comisario: Julio Pérez Manzanares Clausura: Hasta el 31 de enero de 2027 Valoración: ****En Marrero conviven el cuerpo flechado y la mano que dispara, la vulnerabilidad de quien recibe el golpe y la irreverencia de quien lo devuelve convertido en imagen. «Tanto desear tener un corazón para esto», llora el Hombre de Hojalata. En este templo pagano también acecha el reverso oscuro del dandismo romántico: la fascinación por la tragedia. En diálogo con el inquietante óleo de Eugenio Lucas ‘Alegoría del suicidio’, la obra ‘BAADY’ lanza una consigna que oscila entre la provocación y el presagio: «Be an Artist, Die Young». RSS de noticias de cultura
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