Una humillación colectiva, jaleada por el resto y con un claro objetivo: señalar al teleoperador que menos servicios o productos lograse colocar. Para más inri, las víctimas de estos castigos eran ciudadanos extranjeros en situación irregular; es decir, personas vulnerables a las que se explotaba en una quincena de ‘call centers’ repartidos entre Madrid capital y la localidad de Fuenlabrada . Un entramado al que la Policía Nacional ha logrado echar el guante, con la detención de cuatro hombres y tres mujeres acusados de un delito continuado contra los derechos de los trabajadores.En un vídeo, al que ha tenido acceso ABC, se observa a un joven estampar una tarta en la cara de una de las víctimas, mientras varios individuos inician una cuenta atrás y después celebran la acción. Y todo ello, en presencia de sus compañeros y con otros de los presentes grabando la sonrojante escena con sus teléfonos móviles. Entre los arrestados hay españoles, peruanos, colombianos y venezolanos, los cuales, para mantener bajo su yugo a los afectados (todos ellos procedentes de Latinoamérica), dibujaban en la pizarra de cada local un ranking diario en función de las contrataciones conseguidas.Un método que utilizaban para asegurarse de que todos sus empleados trabajasen sin descanso para llegar a los objetivos marcados. Para ello, los responsables de los negocios les entregaban un guion perfectamente estructurado, basado en la persuasión y la confusión, cuya única finalidad era confundir a las personas que estuvieran al otro lado del teléfono. Y si no lo conseguían, lo siguiente eran los citados tartazos y otras aberraciones similares.Una crueldad que contrastaba con los anuncios laborales que se ofrecían: «Nuestros puntos fuertes: cenas o comidas de equipo, cheques gasolina, juegos incentivales, premios por logros. Retribuciones: se recompensa por cumplir ciertos objetivos», rezaba el mensaje de uno de estos ‘call center’, ubicado en la calle Agustín Durán (en el distrito de Salamanca), donde trabajaban hasta una quincena de teleoperadores sin permiso de trabajo.La realidad, en cambio, era radicalmente opuesta. Los explotadores, prevaliéndose de su posición, impedían a sus empleados exigir ningún derecho, entre ellos, jornadas con horarios legales, días de descanso obligatorios, vacaciones, retribuciones justas o seguros médicos ante la posibilidad de cualquier accidente laboral. Una humillación colectiva, jaleada por el resto y con un claro objetivo: señalar al teleoperador que menos servicios o productos lograse colocar. Para más inri, las víctimas de estos castigos eran ciudadanos extranjeros en situación irregular; es decir, personas vulnerables a las que se explotaba en una quincena de ‘call centers’ repartidos entre Madrid capital y la localidad de Fuenlabrada . Un entramado al que la Policía Nacional ha logrado echar el guante, con la detención de cuatro hombres y tres mujeres acusados de un delito continuado contra los derechos de los trabajadores.En un vídeo, al que ha tenido acceso ABC, se observa a un joven estampar una tarta en la cara de una de las víctimas, mientras varios individuos inician una cuenta atrás y después celebran la acción. Y todo ello, en presencia de sus compañeros y con otros de los presentes grabando la sonrojante escena con sus teléfonos móviles. Entre los arrestados hay españoles, peruanos, colombianos y venezolanos, los cuales, para mantener bajo su yugo a los afectados (todos ellos procedentes de Latinoamérica), dibujaban en la pizarra de cada local un ranking diario en función de las contrataciones conseguidas.Un método que utilizaban para asegurarse de que todos sus empleados trabajasen sin descanso para llegar a los objetivos marcados. Para ello, los responsables de los negocios les entregaban un guion perfectamente estructurado, basado en la persuasión y la confusión, cuya única finalidad era confundir a las personas que estuvieran al otro lado del teléfono. Y si no lo conseguían, lo siguiente eran los citados tartazos y otras aberraciones similares.Una crueldad que contrastaba con los anuncios laborales que se ofrecían: «Nuestros puntos fuertes: cenas o comidas de equipo, cheques gasolina, juegos incentivales, premios por logros. Retribuciones: se recompensa por cumplir ciertos objetivos», rezaba el mensaje de uno de estos ‘call center’, ubicado en la calle Agustín Durán (en el distrito de Salamanca), donde trabajaban hasta una quincena de teleoperadores sin permiso de trabajo.La realidad, en cambio, era radicalmente opuesta. Los explotadores, prevaliéndose de su posición, impedían a sus empleados exigir ningún derecho, entre ellos, jornadas con horarios legales, días de descanso obligatorios, vacaciones, retribuciones justas o seguros médicos ante la posibilidad de cualquier accidente laboral. Una humillación colectiva, jaleada por el resto y con un claro objetivo: señalar al teleoperador que menos servicios o productos lograse colocar. Para más inri, las víctimas de estos castigos eran ciudadanos extranjeros en situación irregular; es decir, personas vulnerables a las que se explotaba en una quincena de ‘call centers’ repartidos entre Madrid capital y la localidad de Fuenlabrada . Un entramado al que la Policía Nacional ha logrado echar el guante, con la detención de cuatro hombres y tres mujeres acusados de un delito continuado contra los derechos de los trabajadores.En un vídeo, al que ha tenido acceso ABC, se observa a un joven estampar una tarta en la cara de una de las víctimas, mientras varios individuos inician una cuenta atrás y después celebran la acción. Y todo ello, en presencia de sus compañeros y con otros de los presentes grabando la sonrojante escena con sus teléfonos móviles. Entre los arrestados hay españoles, peruanos, colombianos y venezolanos, los cuales, para mantener bajo su yugo a los afectados (todos ellos procedentes de Latinoamérica), dibujaban en la pizarra de cada local un ranking diario en función de las contrataciones conseguidas.Un método que utilizaban para asegurarse de que todos sus empleados trabajasen sin descanso para llegar a los objetivos marcados. Para ello, los responsables de los negocios les entregaban un guion perfectamente estructurado, basado en la persuasión y la confusión, cuya única finalidad era confundir a las personas que estuvieran al otro lado del teléfono. Y si no lo conseguían, lo siguiente eran los citados tartazos y otras aberraciones similares.Una crueldad que contrastaba con los anuncios laborales que se ofrecían: «Nuestros puntos fuertes: cenas o comidas de equipo, cheques gasolina, juegos incentivales, premios por logros. Retribuciones: se recompensa por cumplir ciertos objetivos», rezaba el mensaje de uno de estos ‘call center’, ubicado en la calle Agustín Durán (en el distrito de Salamanca), donde trabajaban hasta una quincena de teleoperadores sin permiso de trabajo.La realidad, en cambio, era radicalmente opuesta. Los explotadores, prevaliéndose de su posición, impedían a sus empleados exigir ningún derecho, entre ellos, jornadas con horarios legales, días de descanso obligatorios, vacaciones, retribuciones justas o seguros médicos ante la posibilidad de cualquier accidente laboral. RSS de noticias de espana
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