<p><a href=»https://www.elmundo.es/loc/2022/02/06/61fd2938e4d4d8d85c8b45d4.html»>Viktor Orban, primer ministro de Hungría</a> y <strong>mandatario más veterano de la UE</strong>, admite haber sido de joven un chaval difícil, impulsivo y pendenciero. Trabajó en el campo durante las cosechas, una experiencia que luego reutilizó en su personaje político de <i>country boy</i>. Pero si hay una afición que sirve para explicar a Orban casi por completo, hay que hablar del fútbol: es una obsesión identitaria, su primera apuesta estética y el molde de su marca política. Jugó de joven, más tarde llegó al banquillo en el equipo de su pueblo, Felcsút, y <strong>ha convertido el fútbol en condimento de su proyecto nacional</strong>. Fundó la Puskás Academy en Felcsút y la desproporción entre el pequeño pueblo y su estadio (con el pegadizo nombre de Pancho Arena, 3.500 asientos para una aldea de 2.000) se ha vuelto uno de los símbolos visuales del orbanismo. Quienes mejor lo conocen dicen que ahí se ve su carácter: competitivo, obstinado, incapaz de concebir la idea de no ganar.</p>
El premier húngaro lleva 16 años seguidos en el poder. Casado y con cinco hijos, fue ‘country boy’ pero también un becario de Soros
<p><a href=»https://www.elmundo.es/loc/2022/02/06/61fd2938e4d4d8d85c8b45d4.html»>Viktor Orban, primer ministro de Hungría</a> y <strong>mandatario más veterano de la UE</strong>, admite haber sido de joven un chaval difícil, impulsivo y pendenciero. Trabajó en el campo durante las cosechas, una experiencia que luego reutilizó en su personaje político de <i>country boy</i>. Pero si hay una afición que sirve para explicar a Orban casi por completo, hay que hablar del fútbol: es una obsesión identitaria, su primera apuesta estética y el molde de su marca política. Jugó de joven, más tarde llegó al banquillo en el equipo de su pueblo, Felcsút, y <strong>ha convertido el fútbol en condimento de su proyecto nacional</strong>. Fundó la Puskás Academy en Felcsút y la desproporción entre el pequeño pueblo y su estadio (con el pegadizo nombre de Pancho Arena, 3.500 asientos para una aldea de 2.000) se ha vuelto uno de los símbolos visuales del orbanismo. Quienes mejor lo conocen dicen que ahí se ve su carácter: competitivo, obstinado, incapaz de concebir la idea de no ganar.</p>
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