Venía a borrar a todo el que se pusiera por delante y a triunfar al precio que fuera. Aarón Palacio ha despertado una afición que hacia tiempo no se ilusionaba con un torero aragonés como están demostrando las pasiones que despierta el joven torero de Biota, en las Cinco Villas. El pasado domingo, en Las Ventas, dejó su impronta y se llevó el respeto de la afición madrileña. En Zaragoza le esperaba su gente en una tarde que no podía fallar al precio que fuera. Y no falló, y eso que hubo de sortear zancadillas en la organización de un festejo que ha distado mucho del relumbrón que se presumía en el cartel. Aarón salió a por todas desde los faroles de rodillas con que recibió al primero de su lote. Los ayudados por alto con la muleta abrieron una faena asentada, que por el pitón derecho tuvo mucho más que buen hacer. Muletazos encajados, con sentimiento, que si no tuvieron la continuidad deseada fue por un toro a menos al que le costaba arrancarse. Esta vez cundió el desánimo al atascarse con la espada. El frenazo con los aceros no le hizo mella y se fue a portagayola a recibir al que cerró plaza con una explosión de toreo de capote de rodillas que hizo de la Misericordia un manicomio. Y el mismo comienzo de alta tensión para la faena de muleta. El toro se dejaba, sin más, y el aragonés se plantó con sones de jota brava y se lo pasó muy cerca en tandas con una y otra mano, con remates de imaginación e inspiración, de torero al que le funciona bien la cabeza delante del toro. Firme siempre y la estocada que le valió, sin discusión, las dos orejas y la feliz salida a hombros. Una puerta grande disfrutada tanto o más por una plaza eufórica.La actuación de entrega, ambición y buen toreo de Aarón Palacio, solapa, sin duda, un tarde totalmente a la contra de lo que debería ser un cartel del mayor brillo, de expectación desbordada y con el respeto debido a una afición en masa que puso el ‘No hay billetes’ a las pocas horas de anunciarse. La tarde no se merecía una corrida entre zambombos de 650 kilos y la falta de casta y sangre brava. Y fea, sobre todo fea. Un saldo de García Jiménez, o sea de la casa Matilla, que para más inri está detrás, o delante, que no se sabe a ciencia cierta, de la nueva empresa de la Misericordia.Sebastián Castella en la Misericordia Ramón CometMorante venía a pedir perdón por la espantada del año pasado cuando dejó colgados a los aficionados sin su presencia. Se le agradeció el gesto de abanderar el homenaje al cirujano Carlos Val-Carreres, y su disposición. Vio como el inválido primero se iba para los corrales y con el sobrero de Domingo Hernández, de bueyunas formas, se esforzó y le sacó algún natural con su aquel. Hasta la banda se arrancó en esa absurda carrera por dar una imagen de gran tarde, cuando lo que ocurre en el ruedo es poca cosa. Morante puso orden y dijo que aquello tan cargado de bombo no correspondía.Feria del Pilar Plaza de toros de la Misericordia (Zaragoza) Viernes, 16 de octubre de 2026. Quinta de feria. ‘ No hay billetes’. Se lidiaron toros de García Jiménez y un sobrero, el primero, de Domingo Hernández, un saldo de presentación y juego. Morante de la Puebla, de cariñena y oro. Dos pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio). Estocada (ovación tras petición). Sebastián Castella, de grana y oro. Estocada. Aviso (oreja). Estocada desprendida. Aviso. (Vuelta al ruedo tras petición). Aarón Palacio, de negro y oro. Tres pinchazos y cinco descabellos. Aviso (ovación). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.Con el cuarto llegó el perdón definitivo. Otro con más de seiscientos kilos que, además, fue lidiado de forma horrenda. El de la Puebla comenzó la faena arrebatado con unos ayudados por alto que cautivaron y encendieron la mecha de una faena de sugestiones e ilusiones. Apuntó con muletazos made in Morante, más a derechas, y los apuntes sirvieron para que el público se imaginara, sintiera más que viera.Morante al natural en Zaragoza Ramón CometPor su parte, Sebastián Castella se empleó a fondo en dos faenas largas, interminables. Se llevó un trofeo del segundo, al que José Chacón banderilleó con maestría, en uno de los momentos de la corrida, y le pudo cortar otro al quinto, pero el presidente dijo no. Venía a borrar a todo el que se pusiera por delante y a triunfar al precio que fuera. Aarón Palacio ha despertado una afición que hacia tiempo no se ilusionaba con un torero aragonés como están demostrando las pasiones que despierta el joven torero de Biota, en las Cinco Villas. El pasado domingo, en Las Ventas, dejó su impronta y se llevó el respeto de la afición madrileña. En Zaragoza le esperaba su gente en una tarde que no podía fallar al precio que fuera. Y no falló, y eso que hubo de sortear zancadillas en la organización de un festejo que ha distado mucho del relumbrón que se presumía en el cartel. Aarón salió a por todas desde los faroles de rodillas con que recibió al primero de su lote. Los ayudados por alto con la muleta abrieron una faena asentada, que por el pitón derecho tuvo mucho más que buen hacer. Muletazos encajados, con sentimiento, que si no tuvieron la continuidad deseada fue por un toro a menos al que le costaba arrancarse. Esta vez cundió el desánimo al atascarse con la espada. El frenazo con los aceros no le hizo mella y se fue a portagayola a recibir al que cerró plaza con una explosión de toreo de capote de rodillas que hizo de la Misericordia un manicomio. Y el mismo comienzo de alta tensión para la faena de muleta. El toro se dejaba, sin más, y el aragonés se plantó con sones de jota brava y se lo pasó muy cerca en tandas con una y otra mano, con remates de imaginación e inspiración, de torero al que le funciona bien la cabeza delante del toro. Firme siempre y la estocada que le valió, sin discusión, las dos orejas y la feliz salida a hombros. Una puerta grande disfrutada tanto o más por una plaza eufórica.La actuación de entrega, ambición y buen toreo de Aarón Palacio, solapa, sin duda, un tarde totalmente a la contra de lo que debería ser un cartel del mayor brillo, de expectación desbordada y con el respeto debido a una afición en masa que puso el ‘No hay billetes’ a las pocas horas de anunciarse. La tarde no se merecía una corrida entre zambombos de 650 kilos y la falta de casta y sangre brava. Y fea, sobre todo fea. Un saldo de García Jiménez, o sea de la casa Matilla, que para más inri está detrás, o delante, que no se sabe a ciencia cierta, de la nueva empresa de la Misericordia.Sebastián Castella en la Misericordia Ramón CometMorante venía a pedir perdón por la espantada del año pasado cuando dejó colgados a los aficionados sin su presencia. Se le agradeció el gesto de abanderar el homenaje al cirujano Carlos Val-Carreres, y su disposición. Vio como el inválido primero se iba para los corrales y con el sobrero de Domingo Hernández, de bueyunas formas, se esforzó y le sacó algún natural con su aquel. Hasta la banda se arrancó en esa absurda carrera por dar una imagen de gran tarde, cuando lo que ocurre en el ruedo es poca cosa. Morante puso orden y dijo que aquello tan cargado de bombo no correspondía.Feria del Pilar Plaza de toros de la Misericordia (Zaragoza) Viernes, 16 de octubre de 2026. Quinta de feria. ‘ No hay billetes’. Se lidiaron toros de García Jiménez y un sobrero, el primero, de Domingo Hernández, un saldo de presentación y juego. Morante de la Puebla, de cariñena y oro. Dos pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio). Estocada (ovación tras petición). Sebastián Castella, de grana y oro. Estocada. Aviso (oreja). Estocada desprendida. Aviso. (Vuelta al ruedo tras petición). Aarón Palacio, de negro y oro. Tres pinchazos y cinco descabellos. Aviso (ovación). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.Con el cuarto llegó el perdón definitivo. Otro con más de seiscientos kilos que, además, fue lidiado de forma horrenda. El de la Puebla comenzó la faena arrebatado con unos ayudados por alto que cautivaron y encendieron la mecha de una faena de sugestiones e ilusiones. Apuntó con muletazos made in Morante, más a derechas, y los apuntes sirvieron para que el público se imaginara, sintiera más que viera.Morante al natural en Zaragoza Ramón CometPor su parte, Sebastián Castella se empleó a fondo en dos faenas largas, interminables. Se llevó un trofeo del segundo, al que José Chacón banderilleó con maestría, en uno de los momentos de la corrida, y le pudo cortar otro al quinto, pero el presidente dijo no. Venía a borrar a todo el que se pusiera por delante y a triunfar al precio que fuera. Aarón Palacio ha despertado una afición que hacia tiempo no se ilusionaba con un torero aragonés como están demostrando las pasiones que despierta el joven torero de Biota, en las Cinco Villas. El pasado domingo, en Las Ventas, dejó su impronta y se llevó el respeto de la afición madrileña. En Zaragoza le esperaba su gente en una tarde que no podía fallar al precio que fuera. Y no falló, y eso que hubo de sortear zancadillas en la organización de un festejo que ha distado mucho del relumbrón que se presumía en el cartel. Aarón salió a por todas desde los faroles de rodillas con que recibió al primero de su lote. Los ayudados por alto con la muleta abrieron una faena asentada, que por el pitón derecho tuvo mucho más que buen hacer. Muletazos encajados, con sentimiento, que si no tuvieron la continuidad deseada fue por un toro a menos al que le costaba arrancarse. Esta vez cundió el desánimo al atascarse con la espada. El frenazo con los aceros no le hizo mella y se fue a portagayola a recibir al que cerró plaza con una explosión de toreo de capote de rodillas que hizo de la Misericordia un manicomio. Y el mismo comienzo de alta tensión para la faena de muleta. El toro se dejaba, sin más, y el aragonés se plantó con sones de jota brava y se lo pasó muy cerca en tandas con una y otra mano, con remates de imaginación e inspiración, de torero al que le funciona bien la cabeza delante del toro. Firme siempre y la estocada que le valió, sin discusión, las dos orejas y la feliz salida a hombros. Una puerta grande disfrutada tanto o más por una plaza eufórica.La actuación de entrega, ambición y buen toreo de Aarón Palacio, solapa, sin duda, un tarde totalmente a la contra de lo que debería ser un cartel del mayor brillo, de expectación desbordada y con el respeto debido a una afición en masa que puso el ‘No hay billetes’ a las pocas horas de anunciarse. La tarde no se merecía una corrida entre zambombos de 650 kilos y la falta de casta y sangre brava. Y fea, sobre todo fea. Un saldo de García Jiménez, o sea de la casa Matilla, que para más inri está detrás, o delante, que no se sabe a ciencia cierta, de la nueva empresa de la Misericordia.Sebastián Castella en la Misericordia Ramón CometMorante venía a pedir perdón por la espantada del año pasado cuando dejó colgados a los aficionados sin su presencia. Se le agradeció el gesto de abanderar el homenaje al cirujano Carlos Val-Carreres, y su disposición. Vio como el inválido primero se iba para los corrales y con el sobrero de Domingo Hernández, de bueyunas formas, se esforzó y le sacó algún natural con su aquel. Hasta la banda se arrancó en esa absurda carrera por dar una imagen de gran tarde, cuando lo que ocurre en el ruedo es poca cosa. Morante puso orden y dijo que aquello tan cargado de bombo no correspondía.Feria del Pilar Plaza de toros de la Misericordia (Zaragoza) Viernes, 16 de octubre de 2026. Quinta de feria. ‘ No hay billetes’. Se lidiaron toros de García Jiménez y un sobrero, el primero, de Domingo Hernández, un saldo de presentación y juego. Morante de la Puebla, de cariñena y oro. Dos pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio). Estocada (ovación tras petición). Sebastián Castella, de grana y oro. Estocada. Aviso (oreja). Estocada desprendida. Aviso. (Vuelta al ruedo tras petición). Aarón Palacio, de negro y oro. Tres pinchazos y cinco descabellos. Aviso (ovación). Estocada (dos orejas). Salió a hombros.Con el cuarto llegó el perdón definitivo. Otro con más de seiscientos kilos que, además, fue lidiado de forma horrenda. El de la Puebla comenzó la faena arrebatado con unos ayudados por alto que cautivaron y encendieron la mecha de una faena de sugestiones e ilusiones. Apuntó con muletazos made in Morante, más a derechas, y los apuntes sirvieron para que el público se imaginara, sintiera más que viera.Morante al natural en Zaragoza Ramón CometPor su parte, Sebastián Castella se empleó a fondo en dos faenas largas, interminables. Se llevó un trofeo del segundo, al que José Chacón banderilleó con maestría, en uno de los momentos de la corrida, y le pudo cortar otro al quinto, pero el presidente dijo no. RSS de noticias de cultura
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