La historia de un pueblo también se escribe a través de las personas que, sin hacer ruido, dejan una huella imborrable en varias generaciones. Es el caso de don José Camacho Marfil , el popular ‘cura Pepe’, fallecido en la mañana del miércoles 1 de julio a los 94 años , tras una vida entregada al sacerdocio y al acompañamiento de miles de prieguenses en algunos de los momentos más importantes de sus vidas. La misa funeral ha sido oficiada por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, cocelebrada por otros cinco sacerdotes del municipio prieguense. Con su fallecimiento desaparece una figura que trascendía el ámbito estrictamente religioso. Para muchos fue el sacerdote que bautizó a sus hijos, bendijo cientos de matrimonios, despidió a familiares y compartió incontables conversaciones en la calle, siempre con un trato sencillo y una palabra amable. Su ministerio estuvo marcado por la cercanía, una cualidad que terminó convirtiéndolo en uno de los rostros más queridos y respetados de Priego de Córdoba.Nacido en Priego de Córdoba el 19 de noviembre de 1931, en la calle Málaga, estudió sus primeras letras en la escuela de su tía Pura Melendo, ingresó siendo muy joven en el Seminario de los Jesuitas de Málaga y posteriormente continuó su formación en el Seminario de Córdoba. Don José Camacho Marfil recibió la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1957 , iniciando un ministerio que se prolongó durante más de seis décadas. Aunque su origen estaba lejos de la comarca de la Subbética, fue en Priego donde encontró su verdadera casa, dedicando aquí prácticamente toda su vida pastoral. Fue nombrado Hijo Predilecto de su localidad natal en el año 2006.Noticia relacionada general No No Antonio Evans, la despedida por edad del párroco eterno de San Nicolás Luis MirandaSu labor no se limitó a una única parroquia. A lo largo de los años atendió diversas comunidades rurales del término municipal, acercando la vida religiosa a las aldeas y manteniendo un contacto permanente con vecinos que recuerdan todavía sus visitas, su disponibilidad y su compromiso con quienes vivían más alejados del núcleo urbano. Aquella labor silenciosa contribuyó a fortalecer el vínculo entre la Iglesia y el mundo rural en una época de profundos cambios sociales.Especialmente estrecha fue también su relación con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que ejerció durante años como capellán. Su presencia junto a la corporación dejó una profunda impronta, participando activamente en la vida de una de las instituciones con mayor arraigo devocional de Priego. Para generaciones de hermanos, el ‘cura Pepe’ formó parte inseparable de la historia reciente de la hermandad.Trato directo y cercaníaPero si algo definió a don José fue la normalidad con la que entendía el sacerdocio. Nunca buscó protagonismo. Su autoridad nacía del ejemplo cotidiano, de una forma de ejercer el ministerio basada en la escucha, la disponibilidad y el trato directo con las personas. Esa cercanía hizo que el apelativo de ‘cura Pepe’ terminara sustituyendo casi por completo a su nombre, reflejando el afecto con el que era conocido por vecinos de todas las edades.Aunque hace aproximadamente una década dejó de ejercer responsabilidades pastorales de forma activa debido a su avanzada edad, nunca abandonó del todo su vocación. Desde la Fundación Mármol , donde residía en los últimos años y situada junto a la iglesia de San Francisco, continuó celebrando diariamente la eucaristía mientras su estado de salud se lo permitió. Aquellas celebraciones mantenían vivo el compromiso que había adquirido siendo un joven sacerdote y que conservó hasta prácticamente el final de su vida.Quienes compartieron con él esos últimos años destacan la serenidad con la que afrontó la vejez y la fidelidad a una rutina marcada por la oración, la celebración de la misa y el contacto con quienes acudían a visitarlo. Incluso alejado de la actividad parroquial, seguía siendo una referencia moral y espiritual para numerosos fieles que encontraban en él el mismo sacerdote cercano de siempre.Aunque dejó de ejercer hace una década, el cura Pepe continuó celebrando diariamente la eucaristíaCon su despedida concluye una etapa de la historia religiosa local representada por sacerdotes cuya vida transcurría estrechamente unida a la de sus vecinos , compartiendo alegrías, dificultades y esperanzas. El ‘cura Pepe’ perteneció a esa generación de pastores que entendían la parroquia como una familia y que hicieron de la sencillez su mayor virtud. La historia de un pueblo también se escribe a través de las personas que, sin hacer ruido, dejan una huella imborrable en varias generaciones. Es el caso de don José Camacho Marfil , el popular ‘cura Pepe’, fallecido en la mañana del miércoles 1 de julio a los 94 años , tras una vida entregada al sacerdocio y al acompañamiento de miles de prieguenses en algunos de los momentos más importantes de sus vidas. La misa funeral ha sido oficiada por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, cocelebrada por otros cinco sacerdotes del municipio prieguense. Con su fallecimiento desaparece una figura que trascendía el ámbito estrictamente religioso. Para muchos fue el sacerdote que bautizó a sus hijos, bendijo cientos de matrimonios, despidió a familiares y compartió incontables conversaciones en la calle, siempre con un trato sencillo y una palabra amable. Su ministerio estuvo marcado por la cercanía, una cualidad que terminó convirtiéndolo en uno de los rostros más queridos y respetados de Priego de Córdoba.Nacido en Priego de Córdoba el 19 de noviembre de 1931, en la calle Málaga, estudió sus primeras letras en la escuela de su tía Pura Melendo, ingresó siendo muy joven en el Seminario de los Jesuitas de Málaga y posteriormente continuó su formación en el Seminario de Córdoba. Don José Camacho Marfil recibió la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1957 , iniciando un ministerio que se prolongó durante más de seis décadas. Aunque su origen estaba lejos de la comarca de la Subbética, fue en Priego donde encontró su verdadera casa, dedicando aquí prácticamente toda su vida pastoral. Fue nombrado Hijo Predilecto de su localidad natal en el año 2006.Noticia relacionada general No No Antonio Evans, la despedida por edad del párroco eterno de San Nicolás Luis MirandaSu labor no se limitó a una única parroquia. A lo largo de los años atendió diversas comunidades rurales del término municipal, acercando la vida religiosa a las aldeas y manteniendo un contacto permanente con vecinos que recuerdan todavía sus visitas, su disponibilidad y su compromiso con quienes vivían más alejados del núcleo urbano. Aquella labor silenciosa contribuyó a fortalecer el vínculo entre la Iglesia y el mundo rural en una época de profundos cambios sociales.Especialmente estrecha fue también su relación con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que ejerció durante años como capellán. Su presencia junto a la corporación dejó una profunda impronta, participando activamente en la vida de una de las instituciones con mayor arraigo devocional de Priego. Para generaciones de hermanos, el ‘cura Pepe’ formó parte inseparable de la historia reciente de la hermandad.Trato directo y cercaníaPero si algo definió a don José fue la normalidad con la que entendía el sacerdocio. Nunca buscó protagonismo. Su autoridad nacía del ejemplo cotidiano, de una forma de ejercer el ministerio basada en la escucha, la disponibilidad y el trato directo con las personas. Esa cercanía hizo que el apelativo de ‘cura Pepe’ terminara sustituyendo casi por completo a su nombre, reflejando el afecto con el que era conocido por vecinos de todas las edades.Aunque hace aproximadamente una década dejó de ejercer responsabilidades pastorales de forma activa debido a su avanzada edad, nunca abandonó del todo su vocación. Desde la Fundación Mármol , donde residía en los últimos años y situada junto a la iglesia de San Francisco, continuó celebrando diariamente la eucaristía mientras su estado de salud se lo permitió. Aquellas celebraciones mantenían vivo el compromiso que había adquirido siendo un joven sacerdote y que conservó hasta prácticamente el final de su vida.Quienes compartieron con él esos últimos años destacan la serenidad con la que afrontó la vejez y la fidelidad a una rutina marcada por la oración, la celebración de la misa y el contacto con quienes acudían a visitarlo. Incluso alejado de la actividad parroquial, seguía siendo una referencia moral y espiritual para numerosos fieles que encontraban en él el mismo sacerdote cercano de siempre.Aunque dejó de ejercer hace una década, el cura Pepe continuó celebrando diariamente la eucaristíaCon su despedida concluye una etapa de la historia religiosa local representada por sacerdotes cuya vida transcurría estrechamente unida a la de sus vecinos , compartiendo alegrías, dificultades y esperanzas. El ‘cura Pepe’ perteneció a esa generación de pastores que entendían la parroquia como una familia y que hicieron de la sencillez su mayor virtud. La historia de un pueblo también se escribe a través de las personas que, sin hacer ruido, dejan una huella imborrable en varias generaciones. Es el caso de don José Camacho Marfil , el popular ‘cura Pepe’, fallecido en la mañana del miércoles 1 de julio a los 94 años , tras una vida entregada al sacerdocio y al acompañamiento de miles de prieguenses en algunos de los momentos más importantes de sus vidas. La misa funeral ha sido oficiada por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, cocelebrada por otros cinco sacerdotes del municipio prieguense. Con su fallecimiento desaparece una figura que trascendía el ámbito estrictamente religioso. Para muchos fue el sacerdote que bautizó a sus hijos, bendijo cientos de matrimonios, despidió a familiares y compartió incontables conversaciones en la calle, siempre con un trato sencillo y una palabra amable. Su ministerio estuvo marcado por la cercanía, una cualidad que terminó convirtiéndolo en uno de los rostros más queridos y respetados de Priego de Córdoba.Nacido en Priego de Córdoba el 19 de noviembre de 1931, en la calle Málaga, estudió sus primeras letras en la escuela de su tía Pura Melendo, ingresó siendo muy joven en el Seminario de los Jesuitas de Málaga y posteriormente continuó su formación en el Seminario de Córdoba. Don José Camacho Marfil recibió la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1957 , iniciando un ministerio que se prolongó durante más de seis décadas. Aunque su origen estaba lejos de la comarca de la Subbética, fue en Priego donde encontró su verdadera casa, dedicando aquí prácticamente toda su vida pastoral. Fue nombrado Hijo Predilecto de su localidad natal en el año 2006.Noticia relacionada general No No Antonio Evans, la despedida por edad del párroco eterno de San Nicolás Luis MirandaSu labor no se limitó a una única parroquia. A lo largo de los años atendió diversas comunidades rurales del término municipal, acercando la vida religiosa a las aldeas y manteniendo un contacto permanente con vecinos que recuerdan todavía sus visitas, su disponibilidad y su compromiso con quienes vivían más alejados del núcleo urbano. Aquella labor silenciosa contribuyó a fortalecer el vínculo entre la Iglesia y el mundo rural en una época de profundos cambios sociales.Especialmente estrecha fue también su relación con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que ejerció durante años como capellán. Su presencia junto a la corporación dejó una profunda impronta, participando activamente en la vida de una de las instituciones con mayor arraigo devocional de Priego. Para generaciones de hermanos, el ‘cura Pepe’ formó parte inseparable de la historia reciente de la hermandad.Trato directo y cercaníaPero si algo definió a don José fue la normalidad con la que entendía el sacerdocio. Nunca buscó protagonismo. Su autoridad nacía del ejemplo cotidiano, de una forma de ejercer el ministerio basada en la escucha, la disponibilidad y el trato directo con las personas. Esa cercanía hizo que el apelativo de ‘cura Pepe’ terminara sustituyendo casi por completo a su nombre, reflejando el afecto con el que era conocido por vecinos de todas las edades.Aunque hace aproximadamente una década dejó de ejercer responsabilidades pastorales de forma activa debido a su avanzada edad, nunca abandonó del todo su vocación. Desde la Fundación Mármol , donde residía en los últimos años y situada junto a la iglesia de San Francisco, continuó celebrando diariamente la eucaristía mientras su estado de salud se lo permitió. Aquellas celebraciones mantenían vivo el compromiso que había adquirido siendo un joven sacerdote y que conservó hasta prácticamente el final de su vida.Quienes compartieron con él esos últimos años destacan la serenidad con la que afrontó la vejez y la fidelidad a una rutina marcada por la oración, la celebración de la misa y el contacto con quienes acudían a visitarlo. Incluso alejado de la actividad parroquial, seguía siendo una referencia moral y espiritual para numerosos fieles que encontraban en él el mismo sacerdote cercano de siempre.Aunque dejó de ejercer hace una década, el cura Pepe continuó celebrando diariamente la eucaristíaCon su despedida concluye una etapa de la historia religiosa local representada por sacerdotes cuya vida transcurría estrechamente unida a la de sus vecinos , compartiendo alegrías, dificultades y esperanzas. El ‘cura Pepe’ perteneció a esa generación de pastores que entendían la parroquia como una familia y que hicieron de la sencillez su mayor virtud. RSS de noticias de espana/andalucia
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