Nadie les enseñó esas palabras. En un mundo simulado poblado por agentes de inteligencia artificial, uno de ellos empezó a repetir una frase (“ledger remembers who”, el libro de cuentas recuerda quién) para advertir de que ninguna acción quedaba impune. La adoptaron los demás. La repitieron. La convirtieron en jerga. Al cabo de 16 días de simulación, esa expresión se había usado casi 5.000 veces entre agentes que nunca habían sido programados para acuñar un idioma propio.
Un experimento sometió a ocho modelos a 16 días de convivencia. El resultado: un lenguaje propio, indescifrable hasta en la mitad de los mensajes en algunos mundos, y episodios de engaño deliberado
Nadie les enseñó esas palabras. En un mundo simulado poblado por agentes de inteligencia artificial, uno de ellos empezó a repetir una frase (“ledger remembers who”, el libro de cuentas recuerda quién) para advertir de que ninguna acción quedaba impune. La adoptaron los demás. La repitieron. La convirtieron en jerga. Al cabo de 16 días de simulación, esa expresión se había usado casi 5.000 veces entre agentes que nunca habían sido programados para acuñar un idioma propio.
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