Aunque la historia parece guiarse muchas veces por corrientes imparables y colectivas, algunos quiebros notables se deben a la acción de un único individuo o de un grupo reducido. Un momento de genialidad o estupidez puede mover un milímetro la trayectoria de un país y hacer que, con el tiempo, se desvíe irremediablemente hacia la victoria o el desastre. El ex primer ministro británico David Cameron y el referéndum del Brexit son un buen ejemplo de lo segundo. En otras ocasiones, la influencia de un personaje carismático seduce a quienes le rodean y les hace cómplices de la tiranía y el abuso.
Las elecciones de noviembre definirán el resto del mandato, y un puñado de funcionarios honestos puede ser decisivo para salvar el proceso
Aunque la historia parece guiarse muchas veces por corrientes imparables y colectivas, algunos quiebros notables se deben a la acción de un único individuo o de un grupo reducido. Un momento de genialidad o estupidez puede mover un milímetro la trayectoria de un país y hacer que, con el tiempo, se desvíe irremediablemente hacia la victoria o el desastre. El ex primer ministro británico David Cameron y el referéndum del Brexit son un buen ejemplo de lo segundo. En otras ocasiones, la influencia de un personaje carismático seduce a quienes le rodean y les hace cómplices de la tiranía y el abuso.
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